Anatomía de la memoria





¿Cómo construir la historia, una historia, si partimos de esa base operativa fraudulenta? Ese es el objetivo del mexicano Eduardo Ruiz Sosa en una obra, "Anatomía de la memoria" en la que se establecen ecos y contactos, hilos argumentales y cordones umbilicales literarios con la "Anatomía de la melancolía" de Robert Burton.
La revolución estudiantil mexicana de los años setenta parece que nos queda lejos y un poco a trasmano, pero justamente de eso se trata, de revivir la memoria, función depredadora del pasado que tanto lo hace renacer como lo pervierte o lo manipula como todo sabemos de muy primera mano. ¿Cómo construir la historia, una historia, si partimos de esa base operativa fraudulenta? Ese es el objetivo del mexicano Eduardo Ruiz Sosa en una obra, "Anatomía de la memoria" en la que se establecen ecos y contactos, hilos argumentales y cordones umbilicales literarios con la "Anatomía de la melancolía" de Robert Burton. Oigan, una gozada de novela, inteligente, osada y de un sentido crítico afilado como un bisturí (metáfora más justa de lo que parece, pues en esencia somos testigos de una lección de anatomía). Atrévanse, pasen y lean. El asombro está servido. Después de 569 páginas divididas en cinco partes diseñadas como si se tratara de una exploración anatómica, con un texto estructurado con sangría francesa, Ruiz Sosa cierra su delirante novela con una petición del periodista Estiarte Salomón, el biógrafo de un joven poeta llamado Juan Pablo Orígenes e investigador de un grupo universitario de acción política armada llamado "Los enfermos" que luchó entre 1972 y 1978 contra el Gobierno mexicano con la intención de instaurar un estado revolucionario. Salomón se dirige a muchos de los que formaron parte de esa historia de violencia, tortura, asesinatos, delaciones y desapariciones y sólo dice: Dime qué tienes aunque no tengas nada. Así acaba "Anatomía de la melancolía" que va hipnotizando al lector con un estilo a menudo telegráfico, fragmentario, siempre incisivo, a veces poético o sentencioso tratando de perfilar el transcurso de la gigantesca y compleja averiguación, donde se enfrentan los pareceres y las opiniones, entre lo que pasó y lo que los protagonistas piensan que pasó o recuerdan qué pasó. Han pasado cuarenta años y en las conversaciones, en la narración, todos dicen algo y muy a menudo lo que dicen no se ajusta a lo que otros dijeron, hay lagunas y oscuridad, confusión y, cómo no, manipulación voluntaria o inconsciente. Eso convierte la frase final en un diagnóstico cifrado, clave para entender la compleja trama: habla aunque lo que dices o lo que crees no sea más que una sombra de lo que fue. No hay una verdad canónica, una trama indiscutible, una claridad que pulverice las dicotomías. La memoria individual y la colectiva van cada una por su lado de una manera sutil y a veces esencial. Y ambas con falseables. El contexto histórico es historia real no ficción, pero todo el entramado de personajes, reales o ficticios, muestran el dibujo del gran tapiz histórico desde la parte de atrás, donde los miles y miles de hilos crean una amalgama difícil de descifrar y que sólo de una manera grosera y grotesca tiene que ver con la parte visible del tapiz, cuyo dibujo forman con elementos muy pequeños de todo su volumen textual. ¿Qué es lo real? Sosa nos viene a decir que, a pesar de su complejidad, lo real es la parte de los hilos. La historia personal y colectiva, los pensamientos y las reflexiones del poeta biografiado escritas en los márgenes del libro "Anatomía de la melancolía" de Robert Burton (catálogo de humores psicológicos escrito en el siglo XVII) es el hilo de Ariadna novelesco que no nos llevará a ninguna parte, excepto a coronar el hecho de una lectura que, al final, se releva fascinante y adictiva. ¿Dónde está la verdad de lo ocurrido en la Universidad mexicana de Sinaloa durante seis años de los violentos setenta? Memoria, olvido, manipulación de la realidad, uso del mito, excusas ideológicas, mala conciencia... Da igual, como dicen en la novela, la trama es "absurda y necesaria", ya que "las palabras son lo que deshace al mundo" y en realidad la labor del narrador, hurgar en la memoria, es "tantear la ceguera de los otros". FICHA ANATOMÍA DE LA MEMORIA.- Eduardo Ruíz Sosa.- Ed. Candaya.- 573 págs.
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