AUTOBIOGRAFÍA DE CH. DARWIN





 
 ¡He aquí un hombre!  Ese es el comentario que musité al  pasar la última página de la excelente "Autobiografía de Charles Darwin", editada de manera notable por Nordica, con las ilustraciones deliciosas de Iban Barrenetxea. Es difícil encontrar en el mundo científico la sencilla naturalidad, la ecuanimidad, humildad e integridad de la que Darwin hace gala al escribir sobre la propia obra y la de los demás científicos de su tiempo y especialidad. En opinión de Freud, Darwin, Marx y Newton, junto a él mismo forman la primera fila del cambio de paradigma científico del hombre y su realidad, el fin del racionalismo  idealista que ha dominado el pensamiento científico y social durante siglos.

Al igual que las ideas de darwinismo, la evolución de las especies, la del hombre y el viaje del Beagle, forman parte del bagaje cultural elemental de cualquier estudiante de bachiller, la auténtica dimensión humana y científica de Charles Darwin  ha quedado limitada a estudios superiores y salvo a la ayuda de algunos artículos (y una excelente película inglesa, "Creation" de 2009) nadie  sabe gran cosa del genial científico, de vida enfermiza y algo dramática. Le edición de este libro, preparada originalmente por la dinámica Nora Barlow, nieta de Darwin, que murió con 104 años después de coronar la edición de las memorias completas de su abuelo ( en las dos ediciones anteriores hubo censura de algunos párrafos y opiniones de carácter religioso de Darwin que fueron juzgadas no publicables por sus familiares directos, principalmente su esposa Emma.

Lo cierto es que Darwin escribió sus memorias porque "me divertiría y podría interesar a mis hijos y mis nietos". Y añade "he tratado de escribir el siguiente relaro sobre mí mismo como si fuera un muerto en el otro mundo que recapitulara su vida. Eso no me ha resultado difícil, porque mi vida pronto tocará a su fin, ni tampoco me he preocupado por cuestiones de estilo". y efectivamente es un libro sencillo, sin florituras ni complejidades, directo, honesto y claro. Compone el retrato de un hombre de familia, volcado en el amor a los suyos y en un absorbente trabajo permanente, posible de realizar porque, como él mismo dice en sus memorias, no ha necesitado ganarse la vida, debido a su fortuna personal. A pesar de su humildad, Darwin fue consciente de la carga revolucionaria de sus descubrimientos ( e incluso la padeció familiar y socialmente)

Cuando Darwin muere en 1882,  abrazado por su esposa Emma, sin duda  captaría el terror de su mujer ante la idea -a su parecer fantástica-  de que iba a perder a su marido por toda la eternidad. Precisamente en este libro Darwin argumenta: "Poco a poco dejé de creer en la cristiandad como una revelación divina...el descreimiento fue tan gradual que no sentí ninguna pena y desde entonces no he dudado ni por un segundo que mi conclusión era correcta...De hecho me cuesta creer que alguien pueda desear que el cristianismo  sea cierto, porque de ser así, parece decir muy claramente que los hombres que no creen, y esto incluiría a mi padre, a mi hermano y a casi todos mis mejores amigos, serán castigados eternamente. Y esta es una doctrina odiosa". Y apostilla: "No parece que haya más designio en la variabilidad de los seres orgánicos y en la acción de la selección natural del que hay en la dirección en la que sopla el viento".

Particularmente me han encantado algunos comentario que respaldan la probidad y sencillez de Darwin. Como cuando dice : "siempre que me topaba con un dato publicado, una nueva observación o idea que fuera opuesta a las mías, la anotaba sin falta y enseguida, pues me había dado cuenta por experiencia de que tales datos e ideas eran más propensos a borrarse de la memoria que los favorables ". O..."Es beneficioso demorar la publicación de un libro pues tras un largo intervalo, una persona puede criticar su propia obra casi tan bien como si fuera de otro". O..."me alegro de haber evitado las controversias o enredarme en polémicas, pues rara vez traían algo bueno y causaban una lastimosa pérdida de tiempo y de sosiego." O..."Parece que hay una especie de fatalidad en mi mente, que me induce a empezar expresando de forma equivocada o torpe mis afirmaciones o proposiciones. En otro tiempo solía pensar las frases antes de escribirlas, pero desde hace varios años he descubierto que ahorro tiempo garabateando páginas enteras con la mayor rapidez posible y con malísima letra, abreviando la mitad de las palabras, y corrigiéndola luego pausadamente. A menudo las frases escritas aprisa de este modo son mejores de las que pudiera haber escrito tras larga meditación."

Algunas confesiones personales de Darwin son enternecedoras como cuando se acusa de pérdida de sensibilidad artística porque ya no le atraen la poesía o la música que fueron en su juventud un apoyo y un placer elevado, ya que "La pérdida de estas aficiones supone una merma de felicidad y puede ser perjudicial para el intelecto, y más probablemente para el carácter moral, pues debilita el lado emotivo de nuestra naturaleza". O la de no considerarse un escéptico ya que "es una condición intelectual que creo perjudicial para el progreso de la ciencia. Es aconsejable un cierto escepticismo en un científico para evitar mucha pérdida de tiempo, pero me he encontrado con no pocas personas a las que estoy seguro que este escepticismo ha impedido llevar a cabo experimentos u observaciones que hubieran resultado directa o indirectamente útiles."

FICHA

AUTOBIOGRAFÍA DE CHARLES DARWIN.- Trad. de Iñigo Jáuregui.-Ilustraciones de Iban Barrenetxea.- Nordica Libros.-161 págs.- ISBN  9788417651220





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