BIBLIOFRENIA





Alberto Díaz comenta: Agudo e interesante para lectores habituales y pique la curiosidad de los que no lo son pero podrían llegar a serlo. Bibliómanos, bibliófagos, bibliofrénicos, biblioclastas (incendiarios al estilo de Fahrenheit 451, tan literario o al estilo nazi, tan estúpido) , bibliofóbicos, bibliocleptómanos, van surgiendo de las páginas de este librito,
Tal vez, el libro "Bibliofrenia" de Joaquín Rodríguez sea uno de los más agudos e interesantes para lectores habituales y pique la curiosidad de los que no lo son pero podrían llegar a serlo. Bibliómanos, bibliófagos, bibliofrénicos, biblioclastas (incendiarios al estilo de Fahrenheit 451, tan literario o al estilo nazi, tan estúpido) , bibliofóbicos, bibliocleptómanos, van surgiendo de las páginas de este librito, glosando figuras como la del millonario Henry E. Huntington, norteamericano, cuyo legado se conserva en una enorme Biblioteca que lleva su nombre en Pasadena (California); el cura don Vicente que asesinó a varios bibliófilos para completar su biblioteca; el conde Libri-Carucci, profesor de matemáticas en la Sorbona, que robó miles de ejemplares valiosísimos para pagarse una vida lujosa. Sabremos de la memoria prodigiosa de Magliabechi, bibliotecario del duque de la Toscana, que conocía el paradero y la situación cualquier libro importante no sólo en su biblioteca sino en muchas otras de Europa, detallando estantería, anaquel y clave. También la desmedida pasión de sir Thomas Phillips que reunió más de cien mil libros en sus mansiones, la historia de amor de Casanova repartida entre las mujeres y los libros (con triunfo de estos últimos en los postreros años de su vida). O el gran depredador de libros Antoine Marie-Henrie Boulard, que acumuló en varias casas de París medio millón de libros. En otra de las veinticinco "sombras" bibliomaníacas esbozadas por Rodríguez, se cuela otra reflexión impagable de nuestro autor: Cuando escribe: "el amante de los libros es polígamo, su relación con cada ejemplar es íntima y por eso cuasi carnal, y no suele estar dispuesto a establecer uniones excluyentes o estrictamente conyugales". Delicioso, ¿no les parece? NO tan deliciosa es la historia que se nos cuenta sobre el historiador y erudito prusiano Theodor Mommsen, autor de unas 1.500 obras, entre ellas la legendaria Historia de Roma. Cuando en enero de 1903 tenía ochenta y cinco años de edad, se había convertido en el deprimido pero feliz (¿puede ser esto posible,?, pues sí, a ratos) habitante solitario de una mansión biblioteca con derecho a jergón para dormir y cocina para comer sus austeras colaciones. Los libros eran "su consolacione". Incluso estaba harto de la fama que la le había dado en todo el año anterior la concesión del premio Nobel de Literatura. Un dia de fines de enero de ese año, Mommsen subió a lo más alto de la escalera que terminaba en las estanterías superiores de su biblioteca. Sacó un libro y, mientras lo hojeaba con dificultad sosteniéndolo con una sola mano, con la otra sostenía una vela que le daba la luz suficiente para poder leer. En un momento dado acercó el fuego de la vela a su blanca y profusa cabellera y esta se incendió con las consecuencias trágicas previsibles. El viejo erudito logró apagar el incendio de su cabeza, pero su rostro quedó desfigurado y padeció una serie de complicaciones lógicas dada su venerable edad. Murió diez meses después. La moraleja más jocosa, si se nos permite, es que la lectura no siempre es un remedio para casi todo y un placer en casi todos los casos. Puede constituir una severa carga y una causa de consecuencias bastante dolorosas para el lector. Basta recordar esta anécdota o aquéllas que conciernen a la "Santa" Inquisición o a determinados tiranos y psicóticos con poder. En todo caso, el repaso de Rodríguez a los 25 bibliomaníacos tiene un efecto no del todo desagradable sobre los que amamos los libros. De alguna manera sentimos que pertenecemos a una curiosa y altamente interesante comunidad, ¿no es cierto? "Bibliofrenia" es, en cualquier caso, un oportuno homenaje al libro de papel que además es una prueba ocasional de que los augures del fin del libro harían bien en dedicarse a otras cosas: las predicciones, profecías y vaticinios no son lo suyo (de hecho no lo son de casi nadie, aunque los horoscopianos se ganen muy bien la vida con los incautos) FICHA BIBLIOFRENIA.-Joaquín Rodríguez.-Ed. Melusina. -140 págs.10 euros.-ISBN 9788496614864


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