CARA Y CRUZ DEL FUTURO DE LA HUMANIDAD









 Alberto Díaz comenta: Para comprender y reflexionar sobre esta ecuación de realismo, pesimismo y optimismo, les sugiero la lectura de tres libros, cada uno de ellos de un valor documental, lógico, científico y político de primer orden. 
 Estamos viviendo una época especialmente complicada. Necesitamos un compromiso dinámico e incesante con la cultura con mayúsculas. Es decir, yendo a la raíz etimológica de la palabra, con el cultivo del conocimiento de la realidad y las formas de preservar los saberes, las técnicas y la historia de la humanidad, los valores genuinos de la personalidad humana y el amparo y cuidado de las condiciones en las que es posible prosperar como género y preservar el conjunto del hábitat en el que vivimos, nuestro bastante esquilmado planeta. Todo eso es Cultura. Ella nos define y nos hace crecer. Pues bien, la Cultura está en peligro apocalíptico una vez más. Como lo estuvo en varias ocasiones en el malhadado siglo XX y en el XXI tiene todos los números para superar aquella marea terrorífica de muertes y destrucción. De eso trata este artículo -ojalá no tenga nada de profético-  y también de dos visiones optimistas que ponen entre paréntesis el horror y ofrecen varios "remedios" o cautelas para frenar esa dinámica de la mayor barbaridad que podría cometer la humanidad: la guerra global. Una hecatombe que podría desencadenarse en cualquier momento tras un análisis objetivo de la situación mundial, el inestable equilibrio entre las grandes potencias y los líderes más poderosos y peligrosos que hemos tenido la mala suerte de traer simultáneamente a esta misma época.

Para comprender y reflexionar sobre esta ecuación de realismo, pesimismo y optimismo, les sugiero la lectura de tres libros, cada uno de ellos de un valor documental, lógico, científico y político de primer orden. "La guerra futura" de Lawrence Freedman, un experto británico en historia de los conflictos bélicos, catedrático universitario y alto funcionario de gabinetes estatales dedicados al estudio de posibles escenarios bélicos, es el primero de ellos. "En defensa de la Ilustración" de Steven Pinker, es el segundo. Pinker es un defensor de los valores de aquél movimiento histórico: la razón, la ciencia y el humanismo. En su libro nos envía un cauteloso pero optimista mensaje de esperanza. Y el tercero es "Fact Fulness", donde el trío familiar sueco compuesto por Hans Rosling, Ola Rosling y Anna Rosling nos demuestra cómo los prejuicios y el mal uso de los datos y estadísticas, de la información en suma, condicionan una visión del mundo errónea que facilita una deriva peligrosa hacia el desastre cuando, como ellos demuestran con datos comprobables, "las cosas está mucho mejor de lo que piensas".

Por razones metodológicas (y simbólicas) empecemos por la "cruz" de la situación. La cruz en la que se puede estar clavando el mundo que conocemos y sobre todo al mundo al que aspiramos. El libro de Freedman es brillante, pero también alarmante y desazonador. Ya en la primera parte, analiza las actitudes de británicos, estadounidenses y franceses ante las brutales amenazas de Hitler y peor aún hacia sus actos de expansión bélica territorial.  La guerra que se anunciaba con tanta evidencia y salvajismo era "demasiado horrible para imaginársela". Los políticos y gobiernos prefirieron en general aceptar  una política de apaciguamiento y tolerancia hacia Hitler, porque la alternativa de la guerra generalizada era como dijo el inglés Chamberlain "horrible, descabellado e increíble". Parece ser un estereotipo humano, vemos llegar el huracán pero siempre pensamos que nos vendrá hacia nosotros, aunque la evidencia (y la historia) muestran que había suficientes señales como para saber que nos arrasaría. Este es el nudo de la cuestión que Freedman demuestra en su libro: realmente, ¿nos sorprendería que Trump y Corea del Norte, la China emergente y expansiva y un Putin agresivo, el fanatismo yihadista y algunos otros conflictos con la espoleta dispuesta, hicieran cabalgar los jinetes del Apocalipsis? Y si es así de qué manera ocurriría, cómo serán las guerras que se avecinan, el género de la ciberguerra y el papel de los robots y los drones en el escenario de destrucción localizada o masiva. Todo ello explicado en un contexto realista, lógico y horriblemente plausible.

Y en estos escenarios lo único que sobra son los pronósticos de los "especialistas", critica Freedman, como cuando se habla de la eficacia del "primer golpe por sorpresa" (que nunca puede ser seguro) como manera de evitar guerras extensas, pasando por el papel de las sociedades civiles ante una guerra prolongada o brutalmente sanguinaria. La historia pasada nos muestra que desde las guerra coloniales europeas, a la guerra fría y su secreta virulencia, a las espadas en alto entre las grandes potencias, la lucha contra el terrorismo y la proliferación de bandas urbanas brutales en las megaciudades, los panoramas descritos por los "especialistas", generales, espías y estrategas y sus explicaciones, en ningún momento sirvieron para algo positivo. Freedman nos relaja un poco hablándonos de las obras literarias en las que se vaticinaban los horrores de la guerra del futuro, desde Orwell a Conan Doyle, Verne y H.G. Wells (que acertaron en varios aspectos de la tecnología bélica, aunque no en el sueño de que habría un futuro sin guerras en el horizonte). Pero no tarda en mostrarnos su convicción de que ese sueño es absurdo dada la condición humana y las circunstancias económicas y sociales en que vivimos. Para ello carga contra el psicólogo Steven Pinker que en su obra "Los ángeles que llevamos dentro. El declive de la violencia y sus implicaciones" sostiene que "el declive que se aprecia a largo plazo en las tasas de homicidio intencional, en los indices de crueladad estatal y en la incidencia de conflictos bélicos es un reflejo del paulatino triunfo de "nuestros mejores ángeles", la empatía, el autocontrol y la moralidad sobre los "demonios internos" de la violencia, la dominación, la venganza, el sadismo y la ideología". Freedman califica de utópica y poco cientifica la obra de Pinker y aporta datos y estadísticas que muestran un escenario nada optimista, en el que crece la comprensión de las dificultades que presenta la contención de la guerra (en el sentido de limitar potencialidad destructiva tanto en el tiempo como en el espacio) y, en segundo lugar, la existencia de investigaciones en todos los paises enfrentados sobre un tipo de fuerza decisiva capaz de asestar un mazazo inapelable al enemigo y poner fin a las contiendas de forma rápida y victoriosa. Con lo cual se olvida un principio histórico básico: una vez empezada la guerra nadie puede saber cuál va a ser su curso y menos su resultado final. Y una consecuencia lógica: dada la apabullante potencia de las nuevas tecnologías bélicas, lo más seguro es que acabemos todos metidos en una catástrofe global.

Freedman parece dominar las previsiones estratégicas de Estados Unidos y Gran Bretaña pero no tiene el mismo caudal de datos respecto a rusos, chinos o coreanos del Norte. Por tanto su análisis es tan discutible, a nivel absoluto, como lo es la teoría del "golpe aplastante" que acabará con la rendición del enemigo y una paz negociada. Pero lo más preocupante es que el escenario actual está siendo dirigido por líderes que parecen surgidos de "1984"  de Orwell. La realidad podría ser peor con gente como Trump, Putin o Kim Yong. Sin embargo, como dice Pinker en su obra, el catastrofismo es un riesgo que hay que desechar pues nos lleva al pánico y oculta posibilidades y hechos que pueden variar los desenlaces catastróficos.

Su libro "En defensa de la ilustración" escrita después de la obra criticada por Freedman, se basa en la idea de que  aunque la vida humana nunca será  perfecta, siempre podemos mejorar en algunos de sus aspectos y para ello qué mejor receta que aplicar los principios básicos de la Ilustración que en el siglo XVIII llevó a una parte de la Humanidad a "un baño de purificación moral" como escribió Alfred North Whitehead: la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso. El objetivo era "llevar al máximo el auge de todo lo humano, ya sea la vida, la salud, la felicidad, la libertad, el conocimiento, el amor o la riqueza de las experiencias".

Pinker trata de convencernos de que tal vez ha llegado el momento dorado (a pesar de las circunstancias y las apariencias terroríficas que nos muestra Freedman) para que la Humanidad despegue de los temores, engaños y esclavitud de la Caverna platónica en la que nos ha metido el siglo XX. Como argumentos y pruebas nos va ofreciendo estadísticas, gráficos, pruebas documentales donde se demuestra el aumento de esperanza de vida en casi todos los paises del mundo, un abultado descenso de mortalidad por enfermedad acompañado de signos cientificos esperanzadores de curación de flagelos como el cáncer o el Sida o las ETS (también según qué parte del mundo cubre los datos), un nivel educativo creciente y las facilidades increíbles hace solo diez o veinte años en el campo de la información, el ocio y la formación, de las nuevas tecnologías. Tal vez Pinker tiene demasiado focalizado el mundo occidental y el norteamericano y canadiense en especial, pero ello no quita interés al esfuerzo del autor por  ofrecernos motivos de esperanza en estos tiempos difíciles. Y para mostrarnos que no vive de espaldas a la realidad en su fascinante discurso positivista, Pinker recuerda que el advenimiento de Trump podría suponer un paso atrás en el progreso anunciado y no sólo para Estados Unidos, también para el resto del mundo dada la globalización de los peligros que el aludido sujeto es incapaz de valorar: el cambio climático, la paz, la conciencia clara de que las armas nucleares (mejoradas y ampliado su poder dese 1945) no deben ser utilizadas otra vez.

En el polo opuesto de Pinker, lo líderes populistas que comienzan a surgir en todo el mundo como una peste y ofrecen el autoritarismo y las dictaduras disfrazadas como solución, sólo ven y propagan un escenario mundial en el que "todo va mal": delincuencia, mafias, bandas urbanas, terrorismo, inmigrantes no deseados creando mayor pobreza, inseguridad y desconcierto. Y sin percatarse de que ellos forman parte del problema no de la solución aseguran con voces destempladas que ya no hay conciencia moral en el mundo. 

El optimismo de Pinker apuesta por una mayor mentalización de las sociedades y sugiere un esfuerzo para tratar de ver que los problemas del mundo, con nuestros medios y tecnologías, tienen solución y que hay que ponerse a ello. Cita una metáfora del economista Paul Romer que distingue el "optimismo complaciente" del niño que espera que todo lo que ansía le llegue como llovido del cielo, del "optimismo condicional" del niño que sueña con tener una cabaña en el árbol de su jardín y consigue primero la madera y los clavos para construirla y se ponga a ello inmediatamente. 

Precisamente algunos de los ataques más duros de Pinker también conciernen a ciertos comentaristas notables que, asustados ante la situación mundial, ya en 2016 comenzaron a certificar el bajón ético de los países de occidente, del mundo árabe y el oriental, principalmente China y Japón. Y en general consideraron que los valores de la Ilustración habían quedado en un residuo histórico nostálgico. Parece que a Pinker la "conciencia crítica"  de ciertos filósofos, profesores y pensadores, le parece excesivamente negativa.

Para callar a estos "augures de malas noticias" (con la vista muy buena, razonable  y realista, por otra parte), Pinker nos va desgranando citas y estadísticas de mejora mundial en ámbitos de cultura, ciencia. movimientos ciudadanos humanistas y recomienda una página web de periodismo económico, Quarz, que ofrece una lista de links de "buenas noticias del año 2017", como "la retirada del leopardo de las nieves de las especies en peligro de extinción, la provincia de Pakistán que había plantado 1.000 millones de árboles a lo largo de los dos años anteriores en respuesta a la inundaciones de 2015, el espectacular descenso del número de afectados por la dracunculiasis, enfermedad parasitaria invalidante causada por ingerir agua en mal estado, (de 3,5 millones de casos en 1986 a solamente 30 en 2017), y el lento pero constante aumento del número de mujeres diputadas en todo el mundo, desde el 12% de 1997 al actual 23%."

Bueno, precisamente para valorar el sesgo informativo de parcialidad o manipulación que supone el uso de datos, estadísticas y noticias, entra en liza el tercero de los libros recomendados: "Fact Fulness" de Hans Rosling y familia en el que a base de gráficos, tablas, analogías, estadísticas comparadas y demás herramientas de la información, se nos ofrecen diez razones por las que estamos equivocados sobre el mundo y por qué las cosas están mejor de lo que piensas". Lo cual en realidad supone que este comentarista apuesta por el optimismo, ya que este libro es la constatación de muchos de los puntos que Pinker ofrecía en sus dos libros citados. La guinda la pone el mismísmo Bill Gates que después de leerlo se comprometió a regalar un ejemplar a cada graduado universitario de su país.

Lo que Rosling pretende es enseñarnos a valorar e interpretar los datos numéricos informativos que se nos ofrecen de manera masiva, aceptando de entrada los problemas y dificultades que el mundo tiene (negarlos sería absurdo), enseñándonos a asimilar de forma correcta las estadísticas y la tendencia tan humana de prestar más atención a las historias dramáticas o alarmantes que a las positivas y esperanzadoras. Y así "los diez instintos que nos impiden ver el mundo objetivamente, tienen que ver con el miedo, el pesimismo, los tamaños desmesurados en la presentación de algunos datos o hechos, muy lejos de su justa medida, la tendencia binaria que se salta el espacio intermedio de las cosas y la polarización hacia sesgos educativos o ideológicos o religiosos. Estos instintos no nos permiten poner los hechos en perspectiva y relativizarlos.

Comienza con presentarnos un test que nos muestra de manera sorprendente los errores de interpretación más comunes en las que casi todo el mundo cae. Pero eso sólo es el principio, luego leerán datos y noticias absolutamente notables que han estado a nuestra disposición y no hemos sabido ver ni calibrar. Los autores Rosling han buscado información relevante, observan con rigor y seriedad los hechos ( a eso se refiere el título del libro, difícil de traducir) y nos explican lo que debimos leer, con una claridad meridiana y unos gráficos de gran calidad y exactitud. Tanta que, como en el caso que nos muestran los gráficos de la páginas 40 y 41, cambia sustancialmente nuestra manera de considerar el problema de la mortalidad infantil en el mundo.

Se nos dice que miles de millones de personas han salido de las cotas de pobreza total  que históricamente se mantenían casi inalteradas (aunque quedan bolsas de pobreza extrema en diversos paises), pero la regla general lleva a familias con menos hijos, más sanidad y más enseñanza, un nivel modesto de bienestar que va creciendo sin cesar (pero no es noticia relevante para casi ningún medio de comunicación). El mensaje de los Rosling no es complaciente, reconocen la gravedad de los problemas a los que debemos enfrentarnos, sino activista: en el sentido de que debemos esforzarnos en ir reparando las deficiencias y aprovechando los recursos científicos para mejorar la situación del mundo más desfavorecido, ese que según datos revelados en este libro, está formado por personas que deben vivir con menos de un euro al día, una de cada diez personas (hace cincuenta años era una de cada dos).

Ese sesgo catastrofista de los medios de comunicación (las buenas noticias no son noticia, la felicidad no nutre la historia, un periódico que sólo diera buenas noticias, cerraría al segundo número), forma parte de la condición humana y no de puede hacer  nada por remediarlo, aunque sí por suavizarlo con informaciones relevantes, honestidad  y moralidad social en los medios, mayor educación ética y en empatía  en las escuelas y universidades... Educar para que las personas decidan mejorar el mundo en la medida de sus posibilidades, porque sí hay maneras de combatir la pobreza o de evitar las guerras, si descartamos la pasividad o el pasotismo egoísta (mientras no me toque a mí). Las estadísticas nos confirman, según Rosling, que las cosas no van cada vez peor, hay que resaltar los progresos tanto como las medidas para sustentarlo. 

Destaquemos la ruptura que hace el libro de tópicos como "la brecha existente entre ricos y pobres", cuando lo cierto es que es un continuum que va desde los muy ricos a los muy pobres y está en su mayor parte ocupado por la gente que va de uno al otro. Así pues, los ingresos diarios por persona son para Rosling el indicativo principal de los modos materiales de vida, más que la cultura, la religión o el régimen político en el que viven las personas.

Hans Rosling murió el 7 de febrero de 2017 de un cáncer de páncreas. Hasta el último momento de lucidez estuvo corrigiendo las pruebas de este libro que no pudo ver publicado. Sus colaboradores, su hijo y su nuera, nos dicen al final del volumen: "El sueño de Hans de una visión del mundo basada en datos reales sigue vivo en nosotros y esperamos que siga vivo también en tí". Así sea.

 

FICHAS

LA GUERRA FUTURA.-Lawrence Freedman.-Traducción de Tomás Fernández Aúz. Crítica. Barcelona, 2019.- 592 páginas. 24,90 €.- ISBN 9788491990628

EN DEFENSA DE LA ILUSTRACIÓN.- Steven Pinker.- trad. Pablo Hermida.- En Paidós.-32 euros.-741 págs. ISBN 9788449334627

FACT FULNESS.- Hans Rosling, Ola Rosling y Anna Rosling.- Ed. Deusto. 345  págs. 22,50 euros. ISBN 9788423429967




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