¡CÓMO PUEDES COMER ESO!





Alberto Díaz comenta: Se engaña en el peso, en las fechas de caducidad, se alteran las características del producto, se falsifica información, se usa masivamente aditivos, supuestamente autorizados, con los que se alteran sabor y color, conservar, para reducir calorías, para que brille más, para que cruja, etc. Únanse a estos los colorantes, los aromatizadores (muchos de ellos atiborrados de pesticidas) o los envases de cartón reciclado (altamente cancerígenos).
Lo que el hombre es, su manera de vivir, incluso de pensar, se decide en la oficina del estómago. No de una forma directa, sino de manera lenta y progresiva (a no ser que nos enfrentemos a una intoxicación alimentaria, por supuesto: entonces la cosa es rápida y a veces funesta. Somos lo que comemos, dicen los clásicos. Después de leer este libro, escrito por una persona conocedora del intríngulis de las industrias alimentarias, uno piensa que no es sorprendente la deriva patológica global de los ciudadanos del siglo XXI. El autor, Christophe Brusset, es un ingeniero francés que ha trabajado durante más de veinte años en la industria agroalimentaria en empresas de toda Europa, Estados Unidos y Canadá. Viene pues del centro neurálgico de la civilización occidental, pero dada la globalización, con relaciones intensas con mercados, proveedores y empresas del ámbito repartidas por todo el mundo. Se supone que sabe muy bien de lo que habla. Nos desvela las manipulaciones, errores, engaños, estafas y horrores que ponen en cuestión gran parte de la alimentación que consumimos. Nuestra salud está en peligro y lleva años estándolo, hasta el punto que uno piensa si no será ese, junto con la contaminación, las guerras y el estrés caótico de la vida actual, los cuatro nuevos jinetes del apocalipsis. como dice el autor: "Hoy en día muere más gente por comer demasiado y mal que por no comer suficiente". Las violaciones de las leyes y reglamentos alimentarios en todo el mundo parece ser cosa habitual, los "agujeros" legales por donde se cuelan productos químicos son tan grandes como inoperantes los supuestos controles que se realizan sobre productos, elementos químicos, industrias de transformación y envasado...en suma en todo el proceso que lleva del producto en sí mismo hasta le mesa del consumidor y su estómago. Las prácticas fraudulentas forman parte de la práctica cotidiana de dicha industria, bien asesorada de abogados para cercenar inmediatamente cualquier intento de desvelar el rostro tramposo de un Mago de Oz potencialmente letal, bien protegido por una opacidad maliciosa y una ley del silencio corporativa. El panorama que nos desvela Brusset es como un tapiz de trapacería, inconciencia, irresponsabilidad, fraude criminal y estupidez peligrosa: lasaña que contenía carne de caballo vendida como carne de buey, té verde chino con restos de pesticidas, azafrán español que se cultiva en Irán, mermeladas de la fruta que usted quiera sin rastros de la fruta en cuestión, guindilla india en la que se encuentran habitualmente excrementos de ratón, leche infantil china contaminada con melanina (sustancia tóxica que aumenta el índice de proteínas para llegar al tope que se exige), miel turca con azúcar industrial líquido, pimentón ionizado en Sudáfrica… un auténtico patio de Monipodio donde todas las granujerías y cambalaches tienen su asiento. La lectura de este libro escandaliza y nos convence...porque es cosa de simple sentido común. Los millones de kilos de "finas hierbas de las Provenza" es imposible que sean de allí (como los carísimos puros habanos que se venden en todo el mundo es imposible racionalmente que se produzcan en la isla de Cuba). Por eso uno se cree el resultado del análisis que nos proporciona Brusset: el tomillo es de Marruecos, la albahaca y la mejorana de Egipto, el romero de Túnez... Se engaña en el peso, en las fechas de caducidad, se alteran las características del producto, se falsifica información, se usa masivamente aditivos, supuestamente autorizados, con los que se alteran sabor y color, conservar, para reducir calorías, para que brille más, para que cruja, etc. Únanse a estos los colorantes, los aromatizadores (muchos de ellos atiborrados de pesticidas) o los envases de cartón reciclado (altamente cancerígenos). Bueno, dejémoslo aquí. Aún tiemblo de horror al pensar en los peligros alimenticios a los que estamos expuestos. Por tanto tomen buena nota de los consejos que reparte el amigo Brusset (me pregunto qué precio pagará ese ingeniero por su libro de denuncia) y traten de paliar en lo posible tales peligros, ay, tan evidentes y cotidianos. Como escribe este autor: "no confíes en nadie, mantente atento y, sobre todo, ¡sé exigente! Eres tú quien, frente a los estantes de las tiendas, decide comprar o no lo que le presentan. Utiliza ese poder para lograr cambiar las cosas". FICHA ¡Cómo puedes comer eso!.- Christophe Brusset.- Trad. Palmira Feixas.- Ed. Península, 2017.-19,90 €.- ISBN 9788499425801.


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