DEL BUEN USO DE LA LENTITUD





 Alberto Díaz comenta: Sansot ya nos dice que a sus ojos  la lentitud "era sinónimo de ternura, de respeto, de la gracia de la que los hombres y los elementos a veces son capaces" y que no se trata de "un  rasgo de carácter, sino una elección vital: convendría no precipitar el tiempo ni dejarse atropellar por él, una tarea saludable, urgente, en una sociedad que nos acucia, a veces con nuestro consentimiento".
 A partir de la publicación de este libro (1998) y a raíz de la aparición años después del libro del canadiense Carl Honoré (Elogio de la lentitud) con una propuesta de filosofía práctica de lo  "slow" , la lentitud, en aspectos tales como el comer, el pasear, el relacionarse o el trabajar (aunque el movimiento apareció en Italia en los ochenta aplicado sólo a la alimentación),se ha implementado en occidente un modelo de vida más lenta y equilibrada, en mayor contacto con la Naturaleza, apostando más por la solidaridad que por la competitividad, por la tranquilidad  y la capacidad inherente al ser humano educado de gozar de la vida. En realidad es el mensaje que nos trasmitieron ya los estoicos y epicúreos en Grecia y Roma, los hinduístas y los budistas en Asia y los sufíes en Arabia. Desgraciadamente la sociedad de consumo lo ha banalizado y está inserto en una moda más, explotada por el marketing, mal digerida y desnaturalizada. Sin embargo su profunda verdad queda de manifiesto en algunas personas, instituciones y actvidades que han apostado por cambiar sus formas de percepción del vivir. Por esta razón he rescatado este libro de mi biblioteca para darle una nueva vida recomendando su atenta lectura.

Nuestro autor. Pierre Sansot (que tenía setenta años cuando lo escribió y fallecería siete años más tarde de verlo publicado con éxito) refleja los defectos de estilo y claridad de los filósofos franceses de las ultimas décadas del siglo XX, una cierta complejidad ligeramente pedante y una intelectualización excesiva en forma y concepto de las ideas que exponen. Aún así, logra mostrarnos su razonado entusiasmo por la idea clave del libro: la lentitud en pensamiento y acto como una forma precisa y efectiva (y eficiente) de vivir los múltiples aspectos y funciones de la existencia. Su mensaje era políticamente incorrecto entonces y sigue siéndolo (incluso más hoy en día). Nuestra forma de vivir urbana en esta primera mitad del siglo XXI está en abierta contradicción con los serenos postulados de la lentitud. Y en eso nos equivocamos...gravemente.

Sansot ya nos dice que a sus ojos  la lentitud "era sinónimo de ternura, de respeto, de la gracia de la que los hombres y los elementos a veces son capaces" y que no se trata de "un  rasgo de carácter, sino una elección vital: convendría no precipitar el tiempo ni dejarse atropellar por él, una tarea saludable, urgente, en una sociedad que nos acucia, a veces con nuestro consentimiento". Nos propone una recorrido moroso (como debe ser) por conceptos tales como el vagar, escuchar, aprender a aburrirse, soñar ("con una conciencia crepuscular, pero alerta y sensible"), saber esperar, establecerse en una suerte de provincia interior, al margen de las megalópolis o el urbanismo intenso e invasivo, en el escribir sin prisas, en disfrutar de un vaso de vino o en primar la medida sobre la moderación, de acoger el mundo y de no olvidarnos del si-mismo en el proceso.

De una forma profética y natural, Sansot nos recuerda una y otra vez la felicidad de saber apreciar la vida, el momento. "Pienso que vivir, constituye en lo que a mí respecta una oportunidad que no me será concedida una segunda vez...porque valoro a cada momento la suerte que tengo de estar vivo...la vida misma como ondulación, como despliegue, la vida en pequeñas gotas más que como un río impetuoso...una luz más que una fuerza". Y acaba un libro lleno de sabiduría amable y serena, un poco irónica: "Mañana nacerá un nuevo día...acompañaré la luz hasta su desaparición y a la noche hasta su desgarro...vestiré este mundo harapiento con un atuendo real...mañana volveré a valorar la suerte de estar vivo todavía".

 Pierre Sansot nos propone su versión del arte del buen vivir, ese vagabundeo interior que nos causa la mirada atenta y lenta. o un callejear que no detiene el tiempo, sino se adapta a él . Nos acerca a la poesía de la vida. La lentitud es mesura y templanza; no indica falta de agilidad ni de interés, aboga por el aprecio del detalle y el mimo de lo aparentemente insignificante y tratar de comprender el curso lento de la existencia. A pesar de que como nos dice, con un guiño, "los seres lentos no tienen buena reputación". Ironiza: “Con la edad, muchos apresuran el paso. Se dan cuenta de que hay muchas cosas que ver, muchos platos que probar, muchos países que visitar, muchas existencias con las que codearse. ¿Cómo se explica semejante bulimia?... Esperan descubrir por fin sus pasiones. El pensamiento de la muerte les incita a no dejarlo para más tarde… Por indolencia, y también porque me parece improbable agotarlo todo, y porque me fue posible encontrar la felicidad allí donde yo la situaba, manifiesto menos gula y prisa… Sé lo que alejó de todo esto: la palabrería, la mezquindad, y en el fondo, ‘las vanidades’… Pienso que lo esencial no se apresa. ¿Quién soy? ¿Quién fui? ¿En qué circunstancias he hecho daño a mis semejantes?... Como apenas salgo de mi casa, atribuyen mi inmovilidad al cansancio y a una falta de curiosidad… No sospechan que emprenderé otro viaje que me llevará hasta la infancia. Mi pasado aún no ha adquirido forma. Aún tengo que recorrerlo, acabarlo, vivirlo con unos colores más vivos…”.

FICHA

DEL BUEN USO DE LA LENTITUD.- Pierre Sansot.-Trad. Mercedes Corral y  Jean-Michel Pikias,  Ed. Tusquets Editores,  193 págs. ISBN 8483106523




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