Dos obras breves de Henry Miller.





 Título: Nueva York. Ida y vuelta / Vía Dieppe-Newhaven
Autor: Henry Miller
 
Año de publicación: 1935
Nº de páginas: 194

Henry Miller (1891-1980) es un autor estadounidense de novelas de corte experimental y autobiográfico. De él he leído sus trópicos (Trópico de Cáncer y Trópico de Capricornio, publicados en 1934 y 1939 respectivamente) y la obra ahora reseñada.
En el libro hoy reseñado hay dos textos distintos. Uno es Nueva York. Ida y vuelta, una extensa carta de Miller dirigida a su amigo Alfred Perlés. El otro texto es Vía Dieppe-Newhaven, en el que el escritor habla de un fallido viaje a Inglaterra. Por lo que pone en el apéndice del libro que he leído, entiendo que estas obras no se publicaron juntas en la edición original, pero en las ediciones en español creo que nunca se encuentran separadas.
En Nueva York. Ida y vuelta, Miller nos habla de su estancia en dicha ciudad, antes de embarcarse hacia Francia en un barco holandés. Henry Miller, durante esa época, pasó por dificultades económicas; ya había publicado, el año anterior a la publicación de la citada carta, Trópico de Cáncer, pero aparte de unas buenas críticas (incluso a algunos les pareció un genio, después de haber leído el libro, según manifiesta en la propia carta a Perlés), lo que se dice ganar dinero, no ganó mucho, según deduzco por los apuros que pasa mientras aún está escribiendo esta carta. En la carta cuenta que, después de visitar a unos amigos y marchar de farra con ellos durante su estancia en Nueva York, y luego recorrer parte del país, acaba tomando el crucero Veendam para cruzar el océano y volver a París.
En realidad el texto tiene muy poco argumento, y lo que hay que tener en cuenta de él es el modo de narrar de Miller, cómo comenta que Nueva York no le gusta nada, y tampoco los estadounidenses. Más tarde, en el barco, dice que también los holandeses le caen mal. Miller, respecto a la mala opinión que tenía de la humanidad en general, recuerda en gran medida al Céline de Viaje al fin de la noche (1932). Hay que tener en cuenta que este libro se publicó un poco antes que las obras de Miller, y que éste lo leyó, impregnándose, en aquel momento, un tanto del nihilismo de Céline. Aparte de esto, ambos autores no tienen nada que ver entre sí; ambos son muy originales, y, literariamente, recorren caminos muy distintos entre sí.
Henry Miller siempre está solo aunque se encuentre rodeado de personajes. Es lo que sobre todo manifiesta en sus libros: la soledad. Luego hay temas menores pero también recurrentes en su obra, como puede ser el modo tan negativo de ver a su propio país o los enormes apuros económicos (con sus consecuencias) que pasó hasta que empezó a levantar cabeza con la edición de sus obras literarias. También hay en él la constante del filosofar. Este filosofar de Miller me parece muy vital, pero hueco, como si no se encontrase nada al otro lado de una serie de preceptos y conceptos del mundo que, mientras se leen, dejan maravillado al receptor, pero no acaban de llenarlo. Es una filosofía truncada, como un árbol en invierno al que una tempestad ha partido una rama, y dejado ésta ahí, apoyada en el suelo para que, siendo vida, otra vida la devore y deje sólo ciertos restos orgánicos de ella.
 Vía Dieppe-Newhaven es un relato. Autobiográfico, pero un relato. A mí me ha gustado más que la carta. Nos cuenta Miller que, por el placer de escuchar el idioma inglés, tiene la ocurrencia de desplazarse desde Francia a Inglaterra. En la aduana de este último país se encontrará con una serie de dificultades para poder entrar. No lo consigue y finalmente es devuelto a Francia, para bochorno y humillación de Miller, pese a que este le cuenta a los policías de la aduana que se trata del autor de Trópico de Cáncer. Esos hombres no reconocen el libro, al cual confunden con un tratado de medicina. Está claro que cuando Miller escribe este relato, ha transcurrido muy poco tiempo desde la aparición de la que en aquel momento era su única novela publicada. Hace amistad con el policía que le escolta a Francia, y de allí es despedido por otros agentes cuando regresa a París.
Ambas obras llevan en sí la fuerte impronta personal del autor, con un lenguaje de bastante nivel y que no disimula si ha de contar aspectos desagradables de la vida. En cierto modo se pueden considerar como un apéndice de su única novela puesta en el mercado, hasta ese momento en que ambas piezas fueron escritas. La línea narrativa respecto a Trópico de Cáncer no cambia, y tampoco el tratamiento de los temas.
Henry Miller influyó en muchos escritores posteriores a él: en todos los que pertenecen a la llamada generación beat y a otros como, por ejemplo, Charles Bukowski. A mi parecer, inaugura un realismo sucio a lo estadounidense, en el que se concentra gran parte de la literatura que habla de la vida marginal y obrera de este país.



Pedro Carbonell Castillero
18/05/2020


Articles relacionats


comentaris

No hi ha cap comentari a aquest article

comenta
El comentari s'ha enviat correctament i està pendent de validació.