EL ARTE DE VER LAS COSAS





Alberto Díaz comenta: En un viaje a Inglaterra y Escocia, Burroughs es capaz de caminar decenas de kilómetros diarios y dedicar 34 páginas del libro para escuchar el canto del ruiseñor o investigar durante semanas los comportamientos sociales de arañas, abejas o serpientes, así como de todo tipo de pájaros, a los que conoce por sus trinos
Excelentemente editado por Errata Naturae (a la que sólo falta añadir un pequeño prólogo sobre la personalidad, vida y obras del autor, algo un poco más serio y  enjundioso que la simple solapilla de portada). Este conjunto de pequeños ensayos del norteamericano John Burroughs (1837-1921) hará las delicias de todos los que aman la Naturaleza en estado puro, sin envasar en paquetes turísticos, sin invasiones de ecólogos tecnocráticos, gente que, como anuncia el título del libro y del primer ensayo, conocen y practican "el arte de ver las cosas", técnica natural que cualquier   lector de los filósofos clásicos griegos y latinos ya ha aprendido si ha digerido bien lo estudiado. Cuando murió, a los 83 años, las cosas en su tierra y menos en el resto del mundo aún no se habían puesto tan alarmantes como ahora. Sus libros inspiraron al movimiento civil de conservación de la Naturaleza en su país (lo que ha evitado, incidentalmente, que mantuviera genialmente en casi todo el gran país  y  más en Canadá) y debería ser de lectura obligatoria en todos los institutos de enseñanza media españoles. Sin llegar a igualar la fama de Henry David Thoreau (aunque a mí en particular me parece mucho más "auténtico") nuestro autor es, como nos recuerdan sus editores y en palabras del poeta Walt Whitman "el genuino hombre de los bosques, el único nativo entre los árboles". Fue "The Grand Old Man of Nature" para todo el país, en el que su popularidad era continuamente alimentada por ensayos naturalistas, -"Wake-Robin", el primero, apareció en 1871- y literarios de una riqueza descriptiva y científico divulgativa asombrosa. Lamentablemente, después de su muerte (falleció durante un viaje en tren) fue decayendo su fama, lo cual hace esta "recuperación" de estos editores doblemente valiosa, aunque algunos de los planteamientos y juicios parezcan obsoletos. Para mi siguen teniendo encanto...natural. Las raíces filosóficos de muchos de estos ensayos dejan ver la cercanía de nuestro autor con el mundo dinámico y peculiar de su mentor intelectual, Ralph Waldo Emerson.  Su nombre corona una de las cumbres de las tres montañas que forman la "cordillera Burroughs" en forma de placa con una frase suya de amor a la belleza de la Tierra en su conjunto. Pero no se equivoquen, aunque Emerson llamara a Burroughs "un granjero alerta e inquisitivo...todo curiosidad y atención" (¡menudo piropo!) el tipo no tenía nada de simple, banal o tosco. Era agudo como una flecha y sutil como una flor silvestre.  Aquilaten esta observación espigada de su ensayo "Una perspectiva sobre la vida": "...compartir la gran vida soleada y dichosa de la Tierra...y ser capaz de ver que la falta, el pesar y el sufrimiento del mundo son una parte  necesaria del curso natural, una fase de la ley de crecimiento y desarrollo que recorre el universo, amarga en su aplicación personal, pero iluminadora desde la perspectiva de la vida en su conjunto. Sin muerte y decadencia, ¿cómo iba a continuar la vida?". Estoicismo de alta calidad. El elegante Marco Aurelio hubiera firmado sin pensarlo estas líneas clarividentes. Para mí, Burroughs, es el presidente supremo de la "Orden de los caminantes" una mística andariega de la que me siento miembro honorífico desde que en mi adolescencia me perdía por los montes de Collcerola. Y de ese placer lleno de esfuerzo sano, dotes de observación y disfrute ambiental (mas respeto a todo lo que vive, animal o planta, hasta las piedras) están llenos estos 16 ensayos reunidos en este libro. Déjenme añadir esta cita, aunque todo el mundo lo haga: “Si tuviera que señalar los tres recursos más preciados de la vida, diría que son los libros, los amigos y la naturaleza; y el más magnífico de todos ellos, al menos el más constante y el que siempre está a mano, es la naturaleza… una mina inagotable de aquello que conmueve el corazón, atrae a la mente y dispara la imaginación. Salud para el cuerpo, estímulo para el intelecto y alegría para el alma”. En un viaje a Inglaterra y Escocia, Burroughs es capaz de caminar decenas de kilómetros diarios y dedicar 34 páginas del libro para escuchar el canto del ruiseñor o investigar durante semanas los comportamientos sociales de arañas, abejas o serpientes, así como de todo tipo de pájaros, a los que conoce por sus trinos. Eso hace un poco difíciles de disfrutar muchas páginas de este libro debido al menos en mi caso a mis escasos conocimientos sobre biología animal, sobre fitología y las 300.000 especies del Reino Vegetal y otras ciencias naturales. Sin embargo, es tan transparente el amor de este hombre por la Naturaleza y su mirada tan limpia, atenta e inteligente, que el placer de leerle supera su inconsciente  complejidad de fanático naturalista. FICHA EL ARTE DE VER LAS COSAS.- John Burroughs.- Trad. Ana González Hortelano.- Ed. Errata Naturae.- 323 págs. ISBN 9788416544851


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