EL BELICISMO VERGONZOSO DEL SIGLO XX





 
 Las I y II Guerras Mundiales constituyen dos de las mayores atrocidades cometidas por el ser humano en el supuesto nombre de Dios, el Honor, la Patria, la Libertad y... paradójica y cínicamente, la Paz y el Progreso. Entre los miles de libros publicados sobre los dos conflictos mundiales, hay que desechar los obviamente tendenciosos, los triunfalistas y los revanchistas. Pero también ha habido historiadores que han tratado de ser objetivos, han tenido acceso a mejor información (conforme pasan los años es posible el acceso a determinadas fuentes, antes cerradas) y tienen una percepción más cercana a los elementos reales de la contienda. En realidad los historiadores de ambas catástrofes tratan de encontrar razones y justificaciones causales, políticas, económicas, sociales y a veces dan con sesgos informativos inesperados, loo que aumenta la riqueza documental y permiten una visión histórica no tan alejada de lo que realmente ocurrió (cuyos detalles y complejidad jamás serán entendidos y conocidos). Lo cierto es que algunos, los que dejan entrar un sentido ético básico por la rendija de los hechos y los datos, acaban  admitiendo, en general, que las dos sangrientas y destructivas contiendas mundiales se basaron en último término, como siempre, en la salvaje, bárbara, pulsión codiciosa y genocida que embarga a menudo en nuestra historia  al ser humano sin distinción de credo, cultura, raza o nacionalidad. 

Pero al margen de estas consideraciones filosóficas y éticas, lo cierto es que los dos libros que hoy recomendamos, debidos al historiador británico James Holland, "El auge de Alemania" (La II Guerra Mundial en occidente, 1939-1941) y "El contraataque aliado" (La II Guerra Mundial...1941-1943) logran dar una idea más amplia y pormenorizada (aunque no definitiva en modo alguno) aportando algunos datos interesantes y un recto sentido común en la valoración de los hechos, incluso enfatizando la deriva que suelen tomar los historiadores desde los años clásicos en que se objetaba: "la historia la escriben los vencedores" y el "Vae victis" (Ay de los vencidos) legendaria frase del jefe de los galos al arrojar su espada a la balanza donde se estaba depositando el oro con el que los romanos se hacían pagar la retirada de los guerreros supervivientes del campo de batalla.

Holland que ha hecho de la historia y concretamente de la II GM,  una lucrativa profesión multimedia (documentales para la tv.), emplea una excelente prosa y una convincente documentación en desmontar algunos mitos creados por las potencias vencedoras sobre el potencial bélico nazi (más o menos insinuados por otros historiadores  más cercanos a los hechos bélicos y que se mantenían menos fagocitados por la propaganda aliada). Conforme uno va adentrándose en la respetable densidad de estos libros atraído por el enfoque más atento a la realidad logística y operativa de los contendientes que a las grandes lineas de la teoría estratégica, política, táctica, se va comprendiendo que el ejército alemán no era el dechado de perfección de movimientos y mecanización. Mas bien al contrario, Holland demuestra que si alguien podía presumir de logística mecanizada eran los aliados, principalmente tras la entrada de EE.UU. en el conflicto.

Tampoco la épica redentora de la Inglaterra enfrentándose cual David y su honda a un Goliat pertrechado hasta los dientes y rodeado de aviones, tanques y divisiones que se movían por el tablero bélico como corceles árabes, respondía a la realidad, sino al montaje escénico que los aliados y particularmente Londres se montó para motivar al pueblo inglés y a los países de Europa ocupados. Los alemanes no eran, ni con mucho, esa prodigiosa máquina de invadir, bien engrasada, de uniformes relucientes y armas definitivas. Su logística tenía enormes fallos y carencias y como se vio en Stalingrado y otras batallas, el nivel carencial de los soldados y la falta de camiones, aviones y tanques fue respoonsable de bastante de las derrotas y en definitiva de las retiradas alemanas. Además, como nos recuerda Holland la Gran Bretaña no estaba sola, tenía a toda la Commonwealth, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, India y Sudáfrica aportando hombres, material y alimentos.

Holland demuestra que no debemos dejarnos influir por los megadatos de movimientos de tropas, "cuanto más soldados participan en una batalla más eficiencia se pierde" y apostar por algo que ya en nuestros días es evidente: hay que potenciar la tecnología y la mecanización, o como se resumía de un modo algo duro: "más acero y menos carne". En 1940 nos dice Holland, los británicos eran la única potencia mecanizada al 100%, por 47  soldados por vehículo motorizado en Alemania. Según nuestro autor la derrota de Alemania estaba clara en el horizonte de 1941 (en diciembre los aliados se robustecen con la entrada de Rusia y Norteamérica) y fue definitiva tras la batalla de Stalingrado en 1943. La única posibilidad nazi era haber conseguido la bomba atómica, pero Hitler se decidió por los cohetes como alternativa (que solo sirvieron para aterrorizar a la población londinense) ya que la tecnología nuclear estaba en mantillas en Alemania.

Tanto el primer tomo como el segundo destacan por la dinámica redacción, el ritmo endiablado, la riqueza de aportaciones documentales y personales testificativas, la bien fundamentada descripción de los escenarios y los contextos y circunstancias de los hechos narrados. Pero el lector no debe esperar revelaciones espectaculares sobre aspectos que aún hoy siguen encerrados bajo el manto del enigma o de las hipótesis novelescas, aunque disfrute de un acopio documental en muchos casos más exacto y pertinente respecto a lo ya publicado desde el fin de la guerra. Como no se cansa de repetir  Holland, los hechos se ven de distinta manera cuando reflejas la "economía material" de los contendientes:  “Es entonces cuando te das cuenta que Alemania no estaba preparada para la guerra. No tenía acceso al Atlántico, no tenía colonias o reservas de petróleo, ni acero ni reservas de comida suficiente… Los estadounidenses y los británicos tenían recursos de sobra y ganaron el conflicto construyendo tanques y armamentos las 24 horas del día todos las semanas del año”.

En el segundo tomo, "El contraataque aliado", éstos toman la iniciativa bélica y los enfrentamientos adquieren un sesgo distinto, Dunkerque queda en la memoria como un incomprensible fallo de Hitler y la entrada de Rusia y Estados Unidos  en el escenario dará la vuelta a la situación y acelerará la derrota nazi. Aqui Holland desmonta con argumentos la creencia que estimaba Rusia (a partir de la Operación Barbarroja)  como la clave de esa derrota y propone otros escenarios como elementos decisivos en el cambio de sesgo de la guerra, como la batalla del Atlántico con la derrota de los submarinos alemanes (tras el desciframiento de la máquina Enigma y el avance tecnológico en radares) y la campaña del norte de Africa que infligió un daño irreparable a la moral militar nazi.

Nuevamente Holland echa mano de un apabullante muestrario de personal militar y civil, testigos y participantes en los hechos, cuyos testimonios dan una riqueza y amenidad a la narración que por sí mismas elevan el valor de estos volúmenes de meros libros de historia a documentales en los que se nos ofrece el contexto humano, social, económico y civil, de hechos históricos bien conocidos que quedan insertos en una visión panorámica más completa y ganan en complejidad y poder informativo.

Pero también se nos ofrecen elementos de juicio que elevan el interés que nos produce el texto de Holland, como las indecisiones de Montgomery en el norte de Africa que permitió huir y reorganizarse a los nazis bajo el mando de Rommel, aunque éste acabaría siendo derrotado. O las fluctuaciones en la batalla del Atlántico con los U-Boote alemanes y las reticencias norteamericanas a coordinar el modo de lucha. Aspecto que cambiaría radicalmente por varios motivos, la tecnología de comunicaciones cifradas y los radares, unido a la producción asombrosa norteamericana de material y embarcaciones (los barcos Liberty como ejemplo, que se construían en pocos días cada unidad).

Al terminar la lectura de estos libros, uno se percata de que en las guerras la primera víctima es la verdad y el arma principal es la falsa información, los fake news, los mitos, las exageraciones interesadas y muchas veces la falta de sentido común y el exceso de ego militar o político. ¿Simplicidad?  No. Pura lógica operacional tal como la define Holland: "los medios y la logística necesarios para lograr que la estrategia y la táctica consigan sus objetivos". Ni Alemania era la invencible némesis de los ejércitos, ni Inglaterra era una figura desdeñable y solitaria, ni los aliados supieron oponer un frente coherente y ajustado. Los egos de algunos generales y políticos aliados entorpecieron e hicieron peligrar la derrota de los nazis que, afortunadamente, también estaban sobrados de egos, con el ego patológico de Hitler en primer término (debería analizarse hasta qué punto la vanidad mesiánica de Hitler no fue una ayuda inapreciable para la victoria aliada). Habrá que esperar  el tercer tomo.

FICHAS

EL AUGE DE ALEMANIA.- James Holland.-La II GM en occidente, 1939-1941.- 885 págs. Trad. Emilio Muñiz.- Ed. Ático de los libros.- ISBN 9788416222629

EL CONTRAATAQUE  ALIADO.- La II GM en occidente, 1941-1943.- James Holland.-Trad. Joan Eloi Roca.- 928 págs. Ed. Ático de los Libos.- 39,90 euros.- ISBN 9788417743017





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