Tomen nota, nuestro territorio ya tiene nombre definitivo: Territorio a medias. A medias entre cine y literatura, películas y libros.
Esta semana, por aquello de las casualidades, nuestro programa coincide con el lanzamiento de la nueva novela de Lorenzo Silva, Niños feroces (Destino). Hablamos de ella, y de otro libro situado en aquellos negros años del nazismo y la II Guerra Mundial, El comandante, de Jürg Amann (Tempus). Tendemos un puente al cine con el estreno de Arrietty y el mundo de los diminutos, basada en una serie clásica de libros de fantasía juvenil escrita por Mary Norton,Los incursores (Altea).
Niños feroces
Lorenzo Silva es uno de los escritores españoles con una trayectoria más sólida en la última década.
En 2000, ganó el Premio Nadal con El alquimista impaciente(Destino) y, desde entonces, ha publicado casi 30 libros entre novelas, ensayos, recopilaciones de artículos y literatura juvenil (los he contado dos veces, por si acaso).
Esta semana, se ha lanzado su última novela, Niños feroces(Destino), con la que, aparentemente, se suma a la moda de los argumentos narrados desde el presente pero relacionados con hechos de los años 30 a 50 del siglo XX.
Y uso el aparentemente con toda la intención. Niños feroces no es una novela de aventuras de corte sentimental. No lo es ni por tema, ni por la ambición literaria de Silva ni por la estructura y contenido del texto. Comparte con aquellas, eso sí, la capacidad de atraparte.
Lorenzo Silva ha explicado la escritura de esta novela en un vídeo que puede ver en este enlace.
En Niños feroces seguimos las andanzas –y las dudas– de Lázaro, un joven aprendiz de escritor, al que le cuesta dios y ayuda escribir historias largas.
Su mentor, un autor veterano, lo achaca a las consecuencias de tanto texto fragmentario que hoy se lleva. Los jóvenes lidian con blogs, Facebook, Twitter y SMS en los que a más letras, menor interés.
Lázaro, en cambio, está convencido de que lo que necesita es un gran argumento.
Y su maestro se lo regala.
Lázaro se convierte en testigo y narrador de las peripecias de Jorge García, otro joven madrileño como él, que en 1941 sale con la primera expedición de la División Azul a combatir a la Unión Soviética.
Acompañamos al joven feroz desde los campos de batalla de Krasny Bor, en Leningrado, hasta la caída de Berlín. Y hasta aquí puedo escribir, no les reventaré el final.
Lázaro hilvana la historia de Jorge con diálogos actuales y retrospectivos, lecturas de grandes autores sobre la guerra, algún viaje y vivencias relacionadas con conflictos de hoy, como la intervención española en Irak y Afganistán o las protestas del 15-M.
Silva mezcla con oficio la ficción, la historia y la documentación pura y dura con reflexiones sobre la literatura, el cine y la política.
Los personajes te conquistan y te interesan. Silva es un buen contador de historias. Las escenas de guerra –en Krasny Bor se enfrentaron 5.000 españoles a 44.000 soviéticos– sobrecogen y transmiten el miedo y la tensión de aquellos jóvenes enviados al matadero –entonces y ahora– por oscuros intereses.
Es una novela emocionante y bien trabajada pero que se frena un tanto en algunos diálogos, que suenan algo forzados, y por un exceso de detalles técnico-militares en determinados momentos. La escritura de Lázaro, el supuesto narrador, es demasiado rica y culta –algo antigua, incluso– para lo que se supone que es: un joven de hoy que aprende a escribir.
Hay, también, magníficos hallazgos. La estampa de un niño soldado alemán de 14 años, con un muñón por brazo izquierdo, aguardando en un agujero la entrada de los tanques soviéticos en Berlín, resume la historia: el chaval va a morir, lo sabe pero no le importa; sostiene impasible un lanzagranadas mientras a su alrededor todo se hunde. Morirá matando por nada. Como tantos otros niños feroces por los siglos de los siglos.