El Duende de Jason Webster, se encuentra en la libreria Serret





 
Cuando al final me fuí de Valderrobles, después de haber pasado la mañana en la Librería Serret, me preguntaba mientras volvía hacia Castellón y las tierras de Penyagolosa, si acababa de conocer al mejor librero del mundo.
"Ah, sí," me habían dicho algunos en los días anteriores. "Octavio. Es un fenómeno."
Fácil decirlo. Pero ¿de verdad iba a ser algo tan especial?
Cuando llegué a la Librería Serret, y ví el espacio modesto, y un montón de mis libros encima de una mesa, admito que no tenía las expectativas muy altas. Un par de horas más tarde, y después de ver como Octavio hacía que los libros volasen por la puerta, tenía la opinión muy cambiada. Jamás he visto a una persona vender tan bien tantos libros, con una mezcla de sutileza, sensibilidad, y un pellizco - sólo lo necesario - de presión. Él sonreía, yo sonreía, y los clientes salían sonriendo (o por lo menos me daba esa impresión). Ojalá, pensaba mientras firmaba uno y otro ejemplar del libro, hubiera más libreros como este. Ya no se hablaría de crisis en el mundo literario. 
A las dos de la tarde, salían los últimos clientes y cerramos la puerta. Del montón casi no quedaba nada. Días depués me encontraba en Londres, tomando té con mi editor. "¿Sabes qué?" le dije. "En algún lugar de Aragón creo haber encontrado el mejor librero del mundo."
"Pues parece que sí," me dijo cuando se lo conté. "Encontrar una librería así es como encontrar una joya perdida."



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