EL ECO DE LOS LIBRES





Alberto Díaz Rueda recomienda encarecidamente esta revista cultural
Hay algo profundamente barojiano en el nombre de esta revista - ha cumplido su primer año de vida- que me atrajo desde el primer momento. Y un cierto desafío con aroma libertario, defensa del pensamiento crítico, un guiño quijotesco, una apuesta rigurosa, seria y profundamente gratificante por la cultura. Con mayúsculas. Desde el pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Magníficamente editada y a un precio testimonial y generoso, diez euritos por una revista tamaño casi de lujo, 30x21 cms , con más de 150 páginas y un contenido de envidiable riqueza. Si además añadimos que es una empresa personal de unos cuantos locos por llevar la cultura a todos, sin subvenciones oficiales de ningún tipo - por tanto sin sus servidumbres-, con mecenas privados entre los que se cuenta, benditos sean, un bar zaragozano con nombre de cine, una editorial con nombre de cuento de Poe, un periódico semanal y, Epicuro nos asista, una casa de comidas, los dos últimos de Jaca, la cosa toma ecos que a éste crítico le son entrañablemente familiares: épocas de facultad, militancia antifascista, locura por los libros, la poesía, el cine y las muchachas (no necesariamente en ese orden), Sartre, Heiddeger, Wittgenstein y Camus en filosofía, tiempos oscuros marcados a fuego por la escritura: novelas, criticas literarias y de películas, periodismo activo, viajes como corresponsal político, el mundo...y el horizonte cerrado y sofocante en este país, tan necesitado del aire libre que sólo una cultura libre puede proporcionar. Y aquí es donde se cierra el círculo que he diseñado para presentar a mis lectores esta revista, "El eco de los libres" o lo que es igual, los ecos que provoca la libertad ejerciéndose en forma de cultura, y realizada por personas, artistas, escritores, críticos, fotógrafos y otros artífices de la cultura que se quieren libres y se dirigen a un público que ama esa misma libertad. Miguel Hernández pondría su pluma al servicio de esta revista y Unamuno y quizá, sólo quizá, Ortega (al dominante maestro madrileño le ponía nervioso el talante libertario). Y Lorca, Machado o León Felipe o Neruda..."e tanti altri". "El eco de los libres", cuyo segundo número acaba de publicarse -posiblemente será de periodicidad anual, y es una pena: se podría renunciar a tanto contenido y dar al lector la posibilidad de gozar de ella al menos dos veces al año-, es el renacimiento de una idea y de un ideal. La idea es un hecho histórico: la publicación de un diario en Huesca con ese nombre desde agosto de 1854. El ideal es traer a nuestro siglo el impulso libertario que generó aquél diario "dedicado al orden, paz y bien del pueblo" bajo el lema revolucionario de "Libertad, Igualdad y Fraternidad". He revisado entre nostálgico y admirado los dos números publicados hasta el momento, gozando de la calidad de los trabajos y de la resonancia ideológica personal que tienen algunos de ellos para mí, de la poética ingenuidad política de otros, de un surrealismo rebelde que hubiera hecho las delicias de Gómez de la Serna, del desafío que supone el "libre pensamiento", del sueño dinámico de promover la tolerancia como norma de vida. Desde un punto de vista literario, artístico e histórico, el dossier dedicado al "postismo" en el segundo número no tiene pérdida (un movimiento cultural surrealista nacido el año 1945, en una España hundida y recelosa de la postguerra que apenas levanta cabeza). Estar post (después, más allá) de los ismos: comunismo, fascismo, surrealismo, franquismo, ilusionismo, dandismo, catolicismo, espiritualismo, capitalismo, anarquismo...etc. no era sólo una hazaña impensable en la época, era una temeridad que podía pagarse con algo más que unos bofetones en cualquier comisaría. Y esto, apostar por la libertad en la palabra en una tesitura política que abominaba la libertad confundiéndola con el libertinaje, convertía en inexplicable que se llegara a producir, salvo gracias a los errores garrafales de una censura absurda y nada ilustrada o la condescendencia caprichosa del poder absoluto y la absoluta impunidad. Los trabajos que ilustran el tema son de una excelente calidad y dan una idea completa y sugestiva de los que supuso ese movimiento en la mortecina vida cultural española, con trabajos de algunos de sus fundadores, Carlos Edmundo de Ory, Eduardo Chicharro y Silvano Sernesi, y una amplia antología de poesía postista (con aportaciones actuales como la de Francisco Ferrer Lerín). También se da noticia de algunas celebridades de la época que se unieron al postismo como Gloria Fuertes, Fernando Arrabal, el poeta Ángel Crespo, el gran Miguel Labordeta y, sorpresa, el eximio Camilo José Cela. El fascinante dossier se completa con entrevistas a Antonio Beneyto, a Antonio Chicharro, el hijo de Eduardo, y otra a Emilio Gastón y Carmen Gascón. La revista tiene ambición de cobertura cultural y en sus páginas vemos artículos literarios , poesía, manifestaciones de arte, pintura, escultura, dibujos, fotografías, trabajos muy notables sobre cine, ciencia y memoria histórica, notas dedicadas al periodismo activos y las noticias -excelente el trabajo sobre el hospital de Jaca- y algunas entrevistas a artistas y literatos de muy buena factura. Me ha interesado especialmente el artículo de Buesa sobre el santo Grial en el Pirineo, el dedicado a la magnífica figura del juez anarcosindicalista Gregorio Oliván (da tema para una novela) y el trabajo de Lucía Pons sobre los humedales de la Jacetania. En resumen una sorpresa y una lección de generosidad: la de todos los que hacen posible una revista como ésta en el vacilante y casi siempre yermo paisaje cultural -desde el punto de vista popular, lejos de academicismos, intereses económicos y oficialismo- que nos rodea. Por favor, suscríbanse. Vale la pena.
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