El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha





Título:El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
Autor: Miguel de Cervantes
Año de publicación: 1605-1615
Nº de páginas: 874
Primera lectura de la obra: 1996
Segunda lectura de la obra: 1999
Tercera lectura de la obra: 2003
Cuarta lectura de la obra: 2020

Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616) es el más famoso escritor español. La crítica especializada lo sitúa en la cima de la literatura universal, junto a otros pocos autores, tales como: William Shakespeare, Dante Alighieri, Homero, Marcel Proust o James Joyce.
No cabe duda de que a un libro tan estudiado a lo largo de los siglos como El Quijote, pocas aportaciones novedosas se le pueden hacer, por tanto me limitaré a destacar aspectos que a mí me han llamado la atención. Advierto de que escribo esta reseña dando por sentado que todo el mundo como mínimo ha oído hablar del libro y de su argumento 
Cualquiera que en algún momento de su vida haya mostrado interés por la literatura sabe que la obra hoy reseñada consta de dos partes, la primera publicada en 1605 y la segunda en 1615. Diez años de diferencia son bastantes, y seguramente Cervantes, cuando en 1614 se publicó el Quijote apócrifo de Avellaneda, ya había avanzado mucho en la redacción de su segunda parte del libro. Avellaneda (que es un seudónimo de alguien que nunca se llegó a identificar) se metió con Cervantes y con su obra y sus personajes literarios. Esto le sentó muy mal a Cervantes; no sólo porque la segunda parte apócrifa tiene bastante menos nivel que la obra cervantina, sino porque hacía de su inmortal pareja unos personajes casi siniestros, sucios y estúpidos. Cervantes, ante esto, se apresuró en escribir lo que le restaba de su segunda parte para darle fin, y es aquí cuando acaba de rematar la inmortalidad de su obra, pues, como ejemplo y para que se observe el colosal ejercicio metaliterario, casi al final del libro hace que aparezca un tal don Álvaro Tarfe. Este personaje es, después de Quijote y Sancho, el principal en la obra de Avellaneda. En el Quijote cervantino, don Álvaro se da cuenta de que ha estado con unos falsos Quijote y Sancho, y, ante el alcalde del lugar, testifica y firma que los verdaderos Quijote y Sancho son los del libro cervantino. Esto, que en la novela resulta casi anecdótico debido a la colosal importancia que tiene en su conjunto la obra, es un ejercicio sin parangón en la literatura universal, como ejemplo de cómo la ficción y la realidad se pueden mezclar para producir Arte.
Se producen tres salidas caballerescas por parte de don Quijote en todo el libro; dos en la primera parte y la tercera en la segunda parte. En la primera salida (muy breve), don Quijote es armado caballero por un ventero y luego, al marchar de la venta, tiene un percance con un labrador que está castigando a un muchacho empleado suyo. Aplica ahí justicia caballeresca y luego regresa a casa, donde se produce la tan famosa quema de libros. Muchos críticos consideran que en realidad esta primera salida es una novela corta, o puede que una protonovela que da comienzo al vasto y complejo conjunto que es la totalidad de la obra. La segunda salida, ya junto a Sancho Panza, se da toda ella en el primer libro. Aquí la novela empieza a adquirir forma y los sucesos se van encadenando sin solución de continuidad: batalla con los molinos de viento, combate con el vizcaíno, encuentro con los cabreros y romance de Marcela y Grisóstomo, el simpatiquísimo episodio con los yangüeses, en el que Rocinante realiza una escapada en busca de la yeguada, etc. Y así, episodio tras episodio, hasta que don Quijote y Sancho se encuentran con el cura y el barbero, que intentan llevarlos de retorno al pueblo. Hasta que se produce la llegada al pueblo, hay intercalados varios relatos, y dos de ellos son independientes respecto a las aventuras de nuestros héroes. Se trata de la novela corta El curioso impertinente y del relato del cautivo. Estas piezas breves, además de encontrarse casi seguidas en el libro, interrumpen la novela y hacen que el ritmo se ralentice, y que el lector sienta extrañamiento y añoranza por no poder continuar con las hazañas de don Quijote y Sancho. Luego hay también un relato muy extenso que se integra en las aventuras de don Quijote y Sancho e interactúa con ellos; se trata de las cuitas amorosas entre Dorotea, Cardenio, Fernando y Luscinda.
El primer libro acaba con el regreso al pueblo y con la promesa cervantina de continuar con las aventuras de nuestros héroes en un segundo libro, donde tiene pensado llevarlos a unas justas en Zaragoza.
Cervantes interrumpe la batalla de don Quijote con el vizcaíno porque, según él, el autor de la historia no dejó nada más escrito. Luego sigue un capítulo en el que aparece el propio Cervantes en un mercado de Toledo, donde encuentra un libro escrito por un tal Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo, que, parece ser, es el verdadero autor de la obra referente a don Quijote. Siguiendo su propia ficción, Cervantes encarga a un traductor la redacción de lo que sigue en el libro. Este desdoblamiento de autorías respecto a la novela le da juego a Cervantes para introducirse de lleno en la subjetividad de la obra, y con ello ofrece un plano metaliterario que, se observará finalmente, lleva a la ficción metaliteraria a su inicio y, a la vez, a su cumbre, pues no faltan detalles como, por ejemplo, que el autor de El curioso impertinente se hubiese hospedado en la misma venta donde están don Quijote y sus acompañantes, y luego se sepa que en la maleta donde se encontraba el manuscrito de la novela corta, también haya en él el de otra novela corta: Rinconete y cortadillo, obra editada en 1613 junto a otras y cuyo título conjunto fue el de Novelas ejemplares. Este libro es también de Cervantes, y por tanto, quien se hospedó allí, en la venta que está dentro de la novela,  fue el propio Miguel de Cervantes.
Las perspectivas del juego de espejos de narradores en el libro se acrecientan en la segunda parte de la novela, pues en ella nos encontramos con que los personajes saben que fue editada la primera parte y además tuvo bastante éxito de público. Esto da lugar al análisis y crítica del propio libro y a que muchos personajes que aparecen en él sean conocedores de las andanzas de don Quijote y Sancho por haber leído el primer libro de la obra, como es el caso de los duques. Estos duques son eje fundamental de la segunda parte de la novela, ya que acogen a don Quijote y Sancho para burlarse de ellos. Incluso a Sancho le entregan una ínsula que acabará gobernando, de muy buenas maneras, durante diez días.
Hay un escollo que don Quijote salva, para así ser investido caballero andante, y es el tener una doncella a quien amar, al modo de la andante caballería. Como no tiene pareja, piensa en una lugareña de El Toboso, y partir de esto tiene a quien ofrecerle los frutos de sus victorias. Sobre lo que representa en el libro Dulcinea del Toboso (la dama idealizada por don Quijote) han corrido ríos de tinta. Desde mi punto de vista, fue, al principio, una ocurrencia de Cervantes para salvar el asunto de la falta de pareja de don Quijote, ya que lo de tener pareja es un tema que no falta en los libros de caballerías; pero con el transcurrir de la obra esa figura platónica se va afirmando en el relato, y también acaba adquiriendo proporciones gigantescas, pues es el motivo último que empuja a don Quijote a salir para ver mundo (Voltaire dijo que don Quijote se inventó pasiones para ejercitarse). La cima de la representación simbólica de Dulcinea se da lugar en el descenso de don Quijote a la cueva de Montesinos, donde se producen una serie de figuraciones que se arrastran hasta el final del libro.
El segundo volumen de la obra comienza con la presentación de los personajes más importantes del pueblo donde viven don Quijote y Sancho. Aquí se muestra una vida lugareña casi idílica en la que don Quijote intenta recuperarse de su locura. Llega Sancho con la información de que un joven licenciado, Sansón Carrasco, ha visto (y leído) impresas las aventuras de nuestros héroes. Esto, además del cuento del barbero sobre el loco, y otros detalles, motivan a don Quijote para realizar su tercera salida. Comienza ésta con la internada por las calles de El Toboso y sigue con el encuentro con los carros de la muerte y luego, directamente, con el duelo entre don Quijote y el caballero de los Espejos, a quien el primero vence. Aquí nos encontramos con la primera victoria de don Quijote, y el ánimo que esto le dispensa sirve de motor para que el libro continúe. El caballero de los Espejos en realidad era el bachiller Sansón Carrasco disfrazado para la ocasión, con el objeto de vencer a don Quijote y hacerle regresar a casa, bajo algún tipo de juramento de caballero andante. Pero aquí el joven Sansón pierde el duelo y don Quijote sale reforzado para continuar con sus andanzas caballerescas. Luego siguen la aventura de los leones, las bodas de Camacho, el descenso a la cueva de Montesinos, el titerero, el Caballero del Verde Gabán, etc, hasta que se encuentran con la duquesa, que está de cacería. Esta mujer reconoce a los personajes, pues sus andanzas las ha leído en un libro, y los lleva como huéspedes a su castillo, donde esta su esposo el duque. La permanencia en casa de los duques ocupa el grueso de esta segunda obra y durante ella se suceden muchas aventuras, tales como la del caballo Clavileño, las cuitas de la honra de la hija de doña Rodríguez, Sancho como gobernador, etc. De ahí, para que nadie se equivoque con ellos, pues son los verdaderos don Quijote y Sancho (a esta altura de la novela se supone que Cervantes había leído ya el libro de Avellaneda), no van a a Zaragoza, sino que pasan de largo hasta Barcelona, en cuya playa, después de unas cuantas aventuras, don Quijote libra un duelo contra el caballero de la Blanca Luna, quien le vence y le hace prometer al derrotado don Quijote que regresará a su pueblo para pasar allí un año sin salir. Después de lo contado, a pocos le cabrán la duda de que este nuevo caballero es también Sansón Carrasco, quien ahora sí logra su objetivo de hacer que regresen a su villa don Quijote y Sancho. Es un regreso triste y en el que vuelven a hospedarse donde los duques; don Quijote hace testamento y Cervantes lo entierra para que no vuelvan a contarse salidas espurias de su inmortal caballero.
Yo nunca he leído un modo de narrar como el de Cervantes, tan llano y a la vez tan denso; coloquial y cercano, con expresiones tan llenas de vida y, a veces, un tanto socarronas, como: “Temerosa visión”, “graciosa historia” “cosas de mucho gusto”, “nuestro invencible caballero”, etc. Ante este lenguaje tan fresco y cercano, al lector las páginas le corren con agrado y una sonrisa de satisfacción en el rostro.
Es un libro con el que reírse, es un libro triste también. En definitiva, es un libro humano, durante el cual Sancho se quijotiza y don Quijote se sanchifica, porque ambos comparten tiempo y conversaciones entre sí; el uno transmite cosas al otro, y los dos acaban absorbiendo, el uno de la personalidad del otro y viceversa. Este libro ha permanecido en el tiempo como símbolo representativo de la condición humana, porque nadie como Cervantes ha sabido transmitir esto de semejante manera ni con tanta precisión.
El estudioso y crítico literario estadounidense Harold Bloom destacó de esta novela precisamente el hecho de que no la consideraba demasiado importante. Yo me temo que fue una cuestión de celos hacia un escritor y una lengua que, con esta novela, superó a cualquier otra obra escrita en su tan amado idioma inglés, y que hace que, por ejemplo, un titán literario como William Shakespeare quede empequeñecido si se le ha de comparar con Cervantes.
 
Pedro Carbonell Castillero
27/04/2020


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