EL NIÑO




Dicen que una vez, hace mucho tiempo, existió un niño que era distinto a cada uno de los otros niños. Dicen que era una criatura feliz, que con sus ojos podía ver la magia serpenteante de un río en primavera, que sabía escuchar a los árboles y hablarles de tú, y que no distinguía el ayer del hoy, ni del mañana. Pero el niño creció, y sin saber cómo ni por qué, los árboles dejaron de hablarle, el río era solo agua corriente y el pasado y el futuro se borraron para dejar un incierto presente. Y dicen también, que sin su magia, no supo qué hacer en el bosque, que volvió a su aldea y aprendió cómo gobernar a los hombres. No tardó en regentar grandes tierras y en liderar aterradores ejércitos, pero cuando estaba en la cima de su poder, el hombre que había sido niño, miró dentro de él y encontró un vacío terrible, que no supo como llenar. Lo intentó conquistando más tierras, gobernando a más gentes, pero el vacío seguía allí, y como le aterraba tanto que los demás vieran que estaba vacío, intento esconderse. Mandó forjar una armadura y cubrió su rostro con una máscara de metal que no se quitaba nunca. Después, convirtió su castillo en un torreón oscuro, e hizo que todos le temieran. Por eso, muy pocos saben que cada atardecer, desde la cima de su torre, miraba ansioso lejanos horizontes, donde pensaba encontrar a alguien que llenara su vacío. Un día desapareció y nadie volvió a saber de él. Algunos dicen que encontró lo que buscaba y fue tras ello, otros que aún merodea por el mundo buscando respuestas. Lo único que se sabe seguro es que encontraron su armadura vacía, junto al cauce de un río, crecido por el deshielo de la primavera Antonio Monfort


comentaris

No hi ha cap comentari a aquest article

comenta
El comentari s'ha enviat correctament i està pendent de validació.