EL PASEO





 Alberto Díaz comenta: Walser sigue a los clásicos del "tempus capere" (aprovechar la ocasión). Un tiempo que hay que saber esperar tanto como no perder.

Robert Walser, un escritor suizo de habla alemana nacido en 1878 y muerto en 1956, durante una escapada (literal) de un sanatorio psiquiátrico suizo en plena nevada. Su obra tiene las virtudes y defectos de la azarosa época que le tocó vivir: se llevó lo peor del siglo XX. Es un vagabundo profesional que va haciendo todo tipo de empleos para sobrevivir, cambiando continuamente de residencia y sin dejar de escribir, como muchos otros escritores, pintores y poetas. Walser comenzó publicando poemas y tratando de hacer fortuna en el teatro con nulo éxito. En Berlin formó parte, junto a su hermano el pintor Karl Waser (que en vida tuvo más éxito que él) de una ambulante grey de artistas enamorados del arte por el arte. Entre sus obras destacamos "Los hermanos Tanner", Jakob von Gunten (que él consideraba su mejor obra), "El ayudante" y "El paseo". Tuvo amistad con Kafka y Musil (cuyos estilos comparten sólo una cosa con Walser, la continua autoreferencia directa o indirecta) Psicologicamente era una persona inestable y aquejado de periódicas depresiones que cursaban algunas veces con internamientos en centros psiquiátricos.

Carl Seelig, un amigo personal de Walser, publicó un libro de conversaciones durante el,periodo más ausente y silencioso del autor desde 1936 y que se llamó "Paseos con Robert Walser", en referencia a "El Paseo" el libro de 1917 que hoy comentamos. En este corto libro del escritor podemos ver su estilo directo, personalísimo y en decidida comunicación directa con el lector, al que le confiesa sus dudas, vacilciones, encuentros y hallazgos o temores. Es una invitación descarada a que el lector le acompañe en su paseo ya que "está cansado de escribir" y decide de pronto pasear en un "estado de ánimo romántico y extravagante" .

Las confesiones y reflexiones del autor tienen cierta profundidad psicológica y literaria, a la vez que un descaro sin pizca de arrogancia. Todo es la palabra y la escritura y la vida que pasea junto a él no es más que potencial material literario en el que incluye al propio lector, que ha de refrenar su impaciencia ante algunas frases engoladas y otras artificiosas. Pero hay un hálito curioso que ata corto al lector, la sospecha de que tras ese palabreo incesante se muestra un tipo que hasta cuando nos fastidia sentimos vibrar en él la Literatura.

"Sin pasear estaría muerto". Lo escribió el suizo en su libro, profética y paradójicamene, ya que por pasear murió. Walser fue un poeta y un filósofo nato, un hombre que respiraba a través de la reflexión. No es muy conocido en el mundo popular de las letras o de la filosofía. Solía escribir microgramas, pequeñas reflexiones sobre lecturas, pensamientos sobre hechos de cada día, lo más cotidiano o lo más banal. Como escribe Menchu Gutiérrez en el prólogo de la edición española de este libro (Siruela 2016): "Todo resplandece en los paseos de Walser, en los que se mezclan arrebatos y caídas, en los que las ideas se elevan y abisman con la más extraña naturalidad...Walser defiende las miniaturas de la cotidianidad... él dota de materialidad a los fantasmas sin cuerpo del camino y, a su vez, éstos lo animan a él y le dan forma...el amante del vagabundeo vuelve una y otra vez al camino, ese que se ve siempre como si fuera la primera vez".

Walser sigue a los clásicos del "tempus capere" (aprovechar la ocasión). Un tiempo que hay que saber esperar tanto como no perder. Y es el tiempo que se hace camino. en el que coincido plenamente con el autor. Walser merece una lectura atenta. Y no se trata del "peri patós" de Aristóteles, el paseo reflexivo en compañía, dialogando sobre filosofía. El paseo de Walser es otra cosa, es una especie de comunión sensual, poética e intelectual o  enfrentamiento en los mismos términos con el complejo y variado medio ambiente  por donde pasa: "su cuidadosa mirada tiene que vagar y deslizarse por doquier, desinteresada y carente de egoísmo; tiene que ser siempre capaz de disolverse en la percepción y percepción de las cosas y ha de postergarse y olvidarse de sí mismo, sus quejas, necesidades o privaciones..." ¿Excesivo? Quizá si.

Tal vez lo que más desconcierta al lector de hoy sea el estilo narrativo de Walser, su caótica sensibilidad aplicada a paletadas sobre el lienzo de la página, su tendencia a la disgresión disparatada, el surrealismo de las figuras que va mostrando y los diálogos y monólogos rebuscados y retóricos en los que se aprecia un cierto desequilibrio, una desmesura que recuerda al Nietzsche más desbordado o un Kafka sin la brida de su lucidez. No es un autor para cualquier lector. En cuanto al motivo central estrictamente, el pasear, el caminante,  atestiguo después de decenas de años de practicar esa forma de andar por senderos y montañas de toda España, que esa actividad es más que un deporte o una actividad saludable...es el reflejo activo de una forma de vida.

FICHA

EL PASEO.- Robert Walser. TRad. y prólogo de Menchu Gutiérrez. Ed. Siruela,. 85 págs. ISBN 9788416964512


 


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