EL RÍO DE LA CONCIENCIA





 Alberto Díaz comenta:Sus estudios clínicos de personas con trastornos neurológicos tenían una calidad literaria excelente y por todas partes se notaban los extensos conocimientos culturales del autor, desde la poesía, hasta los clásicos literarios. 
 Leer al neurólogo Oliver Sacks es un placer, que el libro sea póstumo ya no lo es tanto. Es como despedirnos de un buen amigo, un erudito  jovial, motero, deportista, escalador de montañas (tuvo un accidente practicando ese deporte que además de dañarle severamente una pierna le produjo una serie de fenómenos que le dieron material para uno de sus libros) divulgador de la ciencia desde la primera fila del asunto: siendo él mismo un investigador dotado con muchos aciertos: Si recuerdan la película "Despertares", con  Robin Williams encarnando al Dr. Sacks,   verán uno de sus experimentos (desgraciadamente fallido a la larga) en el que suministró un medicamento a unos veinte enfermos  afectados por una epidemia de encefalitis letárgica (una especie de catatónia) en los años sesenta, haciéndolos despertar durante unos meses, aunque luego casi todos volvieron al estado lamentable en el que vivían.

Sacks, que había nacido en Londres en 1933, emigró en los años sesenta a los Estados Unidos y trabajó como neurólogo en un hospital de Nueva York (donde tuvieron lugar los hechos que narra la película. Su afición a llevar registro literario de sus casos clínicos, sus investigaciones y sus estudios, le eocnvirtieron en un autor de referencia para los aficionados a la literatura médica de calidad, con éxitos de ventas para cada uno de sus títulos: "En movimiento" y "El tío Tugsteno" como biográficos, "El hombre que confundió a su mujer con un sombrero", "Un antropólogo en Marte" "Alucinaciones", "Migrañas", "Veo una voz" y otras, así como su propia Biografía terminada poco antes de morir a causa de la metástasis de un cáncer de ojo, supuestamente curado muchos años antes y que se le declaró en febrero de 2015- y que le afectó de forma fulminante el hígado, muriendo en agosto de ese año.

"El río de la conciencia" fue el último legado de Sacks. Es una colección de diez trabajos sobre distintos temas, desde Darwin y las plantas, Freud neurólogo, la memoria y su escasa fiabilidad, el yo creativo, el sistema nervioso autónomo, la conciencia (que encabeza con una cita de Borges) y el delicioso final con un título intrigante "El escotoma de la ciencia", es decir los puntos ciegos, los olvidos, distracciones y equivocaciones valorativas de la ciencia, pues como Sacks escribe: "el escotoma, sorprentemente común en todos los campos de la ciencia, implica algo más que la prematuridad; implica  una pérdida de conocimiento, un olvido de las ideas que antaño parecían firmemente establecidas y, en ocasiones, una regresión a explicaciones menos perceptivas".

Sus estudios clínicos de personas con trastornos neurológicos tenían una calidad literaria excelente y por todas partes se notaban los extensos conocimientos culturales del autor, desde la poesía, hasta los clásicos literarios.  Sin  olvida una característica muy peculiar, el protagonismo, nada narcisista, de muchos de sus libros, ya que se convertía en muchas ocasiones él mismo en el objeto de su observación clínica, indagando en sus experiencias, trastornos, pasiones y procesos de pensamiento, con tal honestidad y clarividencia que sólo eran posibles en un hombre profundamente entregado a su inagotable curiosidad científica  y su entrega absoluta a la tarea que le comprometía con sus pacientes presentes o futuros. mentales con el mismo asombro y la misma agudeza con que estudiaba a sus pacientes.

Los escritos poco conocidos de Darwin sobre las plantas y las flores o los trabajos iniciales de Freud como neurobiólogo (luego abandonados a favor del psicoanálisis) con intuiciones y trabajos tan sorprendentes como su concepción de la memoria como un "proceso de transformación y reorganización" lo cual era pura ciencia-ficción en 1890 y adelantaba en más de 50  años el concepto neurológico actual de la memoria como "un proceso esencialmente creativo en el que los recuerdos se revisan y se vuelven a categorizar permanentemente para conformar la identidad y fomentar la sensación de continuidad como individuo"..." que nuestra salud psicológica depende de nuestra capacidad de revisar y reconfigurar constantemente la memoria para permitir el crecimiento y el cambio".
Pero la memoria es falible y no se puede confiar en ella. Sacks lo comprobó tras la publicación del libro autobiográfico El tío Tungsteno, por la transcripción en primera persona de un episodio infantil durante la guerra que, en realidad, le había sido relatado por uno de sus hermanos. Y argumenta: “al parecer no existe ningún mecanismo en la mente o en el cerebro que asegure la verdad. (...) Nuestra única verdad es la verdad narrativa, las historias que nos contamos entre nosotros y a nosotros mismos".

Para terminar este breve repaso de un libro del todo aconsejable, me ha encantado sus reflexiones sobre la creatividad, la imitación y el plagio: "Todos nos apropiamos de elementos procedentes de los demás y de la cultura que nos rodea". Lo importante no es "tomar prestado" o imitar, sino lo que haces con lo que has tomado. Los libros de Sacks están cargados de referencias y citas, pero el uso que él les daba los enriquecía, y nos enriquecía a todos.

De hecho, como símbolo de lo que Sacks hacía con sus libros podría adjuntar la cita de Einstein que aparece en la página 198 del libro: "...podríamos decir que crear una nueva teoría no es como destruir un viejo granero y erigir en su lugar un rascacielos. Es más bien como subir una montaña, tener unas vistas nuevas y más amplias, descubrir conexiones inesperadas entre nuestro punto de partida y su rico entorno...pero el punto de partida sigue existiendo y aun se puede ver, aunque parece más pequeño y forma una parte diminuta de la amplia visión a la que hemos accedido...". 


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