EL SENTIDO DE UN FINAL





Alberto Díaz comenta: En todo caso, ha sido un placer releer a Barnes y lo que escribí sobre él: sólo ha cambiado de una forma muy sutil mi valoración sobre la construcción literaria de la trama, la defectuosa definición del personaje de Verónica y lo forzado del final encubierto.
Dirigida por el director inglés Ritesh Batra acaba de estrenarse la versión cinematográfica de "El sentido de un final" de Julián Barnes, con guión de Nick Payne y con un soberbio Jim Broadbent como su dubitativo y nostálgico protagonista y Charlotte Rampling como su misteriosa primera novia y desencadenante de la acción. Le película resulta ser más clara en sus conclusiones pero también un poco más irritantes en la pasividad y auto mendacidad del protagonista. En 2011 se publicó la novela de Barnes, que obtuvo el premio Man Booker y un revuelo crítico a mi entender exagerado. El 28 de diciembre de 2012 en este mismo blog escribí una reseña sobre el libro traducido al castellano por Jaime Zulaika. Aprovechando la aparición de la película, he vuelto a leer la novela por pura curiosidad personal filosófica. Me atrae su tema básico, la memoria y sus manipulaciones en cuestiones emocionales, la edad y su recorrido desde la juventud a la vejez relacionada con la presencia omnívora de la muerte. Barnes y yo pertenecemos a la misma generación y, con las lógicas diferencias de educación (ambos somos universitarios, pero Barnes tuvo una formación de alto estilo inglés, a años luz cualitativos de la española), sociedad y país, me resultan muy familiares las circunstancias que menciona la novela e incluso los puntos de vista del protagonista (aunque presumo que no es autobiográfica, hay mucho del "zeitgeist" de aquellos tiempos que compartimos) y recuerdo cómo me irritó la auto complaciente y turbia figura de Tony Webster, el protagonista de la historia, negándome a considerarlo un "producto lógico de la época". No hacía mucho en aquélla primera lectura que hice de la novela en que Barnes había publicado un libro de ensayo, que tiene sutilmente algo que ver con el tema básico de su novela. "Nada que temer", el citado ensayo, tiene que ver con el paso de la vida, la cercanía potencial de la muerte, la necesidad de una cierta ética, el efecto disgregador del tiempo y la función ambigua y fuertemente inexacta de la memoria. Es decir, las imperfecciones con las que funciona nuesra memoria sobre todo cuando la aplicamos a los episodios que vivimos en el pasado sobre amistad, amor o comportamientos y ética personal. El paso del tiempo varía los contenidos y muchas veces las conclusiones. Justamente el "leith motiv" de novela de Barnes. Ya dije en su día que la novela no estaba a la altura de otras obras de este autor. Quizá la melancolía del tema y la conocida obsesión de Barnes por el paso del tiempo y la cercanía del fin contagió las páginas de su narración, donde apunta, menos que otras veces, la juguetona y ácida ironía del autor, su humor en diálogos y descripciones y la fuerza de sus personajes. Como en el caso de Auster, parece que el éxito y la molicie que supone desde el punto de vista intelectual saber que, sea como fuere, lo próximo que publicas tendrá un público fiel que acudirá en masa a las librerías, hace que se resienta la calidad y la ambición renovadora que todo creador literario debe mantener. Ya desde la primera página, un magnífico conjunto de propuestas aparentemente surrealistas que luego quedarán explicitadas en la lectura del libro, se nos advierte cuál será el meollo del libro, su espíritu: "...lo que acabas recordando no es siempre lo mismo que lo que has presenciado" y en la página 12, "...ya no tengo la seguridad de que algunos sucesos fueran reales, al menos recuerdo con claridad las impresiones que dejaron" (lo cual no deja de ser sorprendente). Asistimos, a través de la voz del narrador perteneciente a un joven, Tony Webster, a la presentación de su pandilla en el colegio (y luego en la Universidad) y a la aparición de un nuevo miembro, Adrian, cuya inteligencia y personalidad les motivará a través de la vida, aunque sobre todo es la decisión y acto de suicidarse la que creará el motivo causal del desarrollo de la trama. En la que, como es preceptivo, conoceremos la relación amorosa, breve y conflictiva, que años más tarde constituirá el nudo argumental de la relación entre Tony y su admirado Adrian. Impulsada por dos motores argumentales, el pasado juvenil y primeros amores de Tony y su madurez, donde la presencia y testimonios de los amigos, modificará y aclarará muchos de los hechos narrados como auténticos de la primera parte, la novela camina algo cansinamente hacia ese "sentido de un final" (título insulso y trasparente, que llama la atención en un autor que titula muy bien sus libros) que no sorprende demasiado y que en sus detalles se hará muy previsible. Obra menor pues en el conjunto literario de Barnes, lo cual no disminuye la calidad intrínseca de ese opus, pero alerta al lector informado en el sentido de que uno no debe fiarse demasiado de los ditirambos de la prensa y las editoriales, incluso de los premios –esta novela obtuvo del Man Booker Price– a la hora de leer un libro. De alguna manera, si ustedes me permiten, la brillante frase que el personaje de Adrian cita -de un autor francés- en la novela respecto a la historia, "esa certidumbre que se produce en el punto en que las imperfecciones de la memoria se cruzan con las deficiencias de la documentación" (pag.28), podría aplicarse a "El sentido de un final", que quedaría como "el resultado literario que se produce en el punto en el que la imperfección del trabajo de un escritor dotado se cruza con las deficiencias en el desarrollo de un buen argumento". Pero para satisfacción del lector, apuntemos también que la novela nos brinda momentos y comentarios en los que la afilada inteligencia de Barnes brilla con todo su esplendor. Y así, en una reflexión del protagonista sobre el tiempo, escribe: "...el tiempo primero nos encalla y después nos confunde. Creíamos ser maduros cuando lo único que hacíamos es estar a salvo. Pensábamos que éramos responsables cuando solo éramos cobardes. Lo que llamábamos realismo resultó ser una manera de evitar las cosas en lugar de afrontarlas. El tiempo... que nos den tiempo suficiente y nuestras decisiones más sólidas parecerán temblorosas, nuestras certezas, fantasiosas" (pág.120). Como ven lúcida y admirablemente bien expresado. A veces, Barnes logra recordarnos la excelencia de otra pluma magistral, la del mismísimo Will Shakespeare. ¿O no? Por otra parte la película aclara mejor la clave de lectura de la novela (manipulando eso sí su trama) que no es el supuesto personaje central, Tony, de memoria tambaleante a merced de las emociones, no de Verónica o Adrián, del que sólo conocemos algún destello de ingenio y poco más, sino de alguien -lean la novela o vean la película. no desvelo más- relacionado con los tres y que pasa en elipsis forzosa toda la trama y aparece en tres breves secuencias en la película. Quizá en esa elipsis se basa la fuerza de la novela de Barnes y nos da una cierta medida de su talento habitual. En todo caso, ha sido un placer releer a Barnes y lo que escribí sobre él: sólo ha cambiado de una forma muy sutil mi valoración sobre la construcción literaria de la trama, la defectuosa definición del personaje de Verónica y lo forzado del final encubierto. FICHA EL SENTIDO DEL FINAL.-Julián Barnes.-Trad. Jaime Zulaika.- Ed. Anagrama. 186 págs.
Articles relacionats


comentaris

No hi ha cap comentari a aquest article

comenta
El comentari s'ha enviat correctament i està pendent de validació.