EL SILENCIO EN LA ERA DEL RUIDO





 Alberto Díaz sugiere:No es pues un libro de filosofía, sino de vivencias que pueden leerse en clave filosófica si al lector le place. Como escribe en la página 100 de su libro: "Durante miles de años, las personas que han vivido aisladas consigo mismas, como los monjes en las montañas, los eremitas, la gente del mar, los pastores de ovejas y los descubridores que regresan  a casa, han tenido la certeza de que los misterios de la vida se hallaban en el silencio. Esta es la cuestión"
 Es un libro atractivo para leer, pero algo deslavazado, articulado en una forma caprichosa, como a impulsos. No sigue una linea de pensamiento donde se adivine una coherencia determinada, pero resulta agradable y en cierta forma instructivo. Que nadie espere descubrimiento alguno sobre el silencio. Volveremos sobre clichés, fórmulas. definiciones o aproximaciones de todos más o menos conocidas. Lo singular de este libro es el autor. Es un  aventurero acostumbrado a las experiencias extremas y casi todas ellas entrañan la soledad y el silencio como materia habitual. Por lo tanto sabe de qué está hablando y aunque quizá no lo elabore como lo haría Heiddeger, Kant o Aristóteles (qué falta nos hace) la simplicidad y autenticidad de lo que cuenta es, en definitiva, lo que da valor a este libro.

Se trata de un tipo que atravesó la Antártida a pie: más de 1300 kms y 52 días caminando él solito,  o se larga al  Everest  o apareja un barco y  cruza el Atlántico, mientras nos narra con absoluta sencillez que se las ha visto con un oso polar en el Ártico, cruzó de cabo a rabo Nueva York por las alcantarillas e hizo lo mismo por la soleada California. La mayoría de las veces con la única compañía de su cuerpo y su mirada atenta. Es un editor y filósofo noruego (decidió fundar una editorial mientras lavaba los platos de la cena y se preguntaba cómo alimentar a una familia de mujer y tres hijas) que se ha planteado el tema del silencio porque ese ha sido el ingrediente personal más permanente en todas sus experiencias. Se ha propuesto hacerse compañero inseparable de la práctica del silencio personal y nos habla de ello en un libro de  174 páginas, sobriamente ilustrado y de una presentación sencilla y blanca, al estilo Beatle o al estilo Polo Norte, según como se mire.

No es pues un libro de filosofía, sino de vivencias que pueden leerse en clave filosófica si al lector le place. Como escribe en la página 100 de su libro: "Durante miles de años, las personas que han vivido aisladas consigo mismas, como los monjes en las montañas, los eremitas, la gente del mar, los pastores de ovejas y los descubridores que regresan  a casa, han tenido la certeza de que los misterios de la vida se hallaban en el silencio. Esta es la cuestión".

Pues eso, amigo lector, embárquese en este viaje pertrechado con el poema de Olav H. Hauge, "A la hora de la verdad, es/ muy poco lo necesario, y eso/ siempre lo ha sabido el corazón".  O dese cuenta de la importancia del silencio en la música, "son los silencios repentinos de Beethoven los que estimulan el cerebro o hace que nos salgan chispas de la cabeza la cabeza" (pág. 129). O el reconocimiento de que  él vive (como muchos de nosotros) para, en palabras de Blake, "Ver un mundo en un grano de arena/y un cielo en una flor silvestre; tener el infinito en la palma de la mano y la eternidad en una hora".

Y para sorprendernos un poco, nuestro aventurero amigo nos informa que los seres humanos tenemos menos capacidad de concentración que los peces de colores. Los hombres perdemos hoy la concentración al cabo de ocho segundos -en el año 2000 eran doce- mientras que en  los peces de colores el promedio es de nueve segundos".  Sólo la acción y el silencio que la debe acompañar evita el peligro de acabar siendo émulos de los peces de colores y de ser capaz de responder a las tres preguntas capitales a las que Kagge trata de responder con treinta y tres  pequeños capítulos en su libro: ¿Qué es el silencio?¿Dónde está? y ¿Por qué es más importante que nunca?  De la primera nos da un buen número de respuestas válidas aunque no originales. De la segunda se supone que a partir de uno mismo. Y la tercera podría ser, apunto yo, superar en concentración, coherencia, inteligencia y sensibilidad a los peces de colores. Es broma. Él dice en algún lugar, "Es bueno para conseguir tus propósitos: para relajarse, encontrarse y conocerse a sí mismo, y dejar de vivir a través de los otros y la identidad de la masa. Es mentalmente sano y, además, enseña que la vida no es tan corta como parece: es una máquina para extender el tiempo".

Y para terminar, cito: "Erling Kagge defiende que el silencio podemos encontrarlo en cualquier momento, en cualquier lugar, y que la cuestión es ser consciente y aprovecharlo cuando aparece delante de nuestras narices. El editor noruego “crea” sus silencios al subir una escalera, al ordenar un armario o concentrándose en la respiración. “La riqueza potencial de ser una isla para nosotros mismos”, escribe, “debemos llevarla siempre dentro”."

Y una nota científica publicada en los periódicos. Julio Díaz, un investigador, doctor en Física, jefe del departamento de epidemiología de Instituto de Salud Carlos III,  ha publicado una cuarentena de trabajos científicos en los que trata de demostrar que la contaminación acústica es tan dañina como la atmosférica. Según sus estudios el ruido debilita el sistema inmune, agrava enfermedades como el Parkinson, la demencia o la esclerosis múltiple e incrementa la mortalidad por causas respiratorias, cardiovasculares y diabetes.

FICHA

EL SILENCIO EN LA ERA DEL RUIDO.- Erling Kagge.- Trad. Carmen Montes.- Ed. Taurus. 174 págs. 16,90 euros.- ISBN 9788430618736




comentaris

No hi ha cap comentari a aquest article

comenta
El comentari s'ha enviat correctament i està pendent de validació.