ELOGIO DE LO INSÍPIDO





 alberto Díaz comenta:La sensación que nos deja la lectura de este libro tiene que ver con aquél axioma tan caro a este autor, la mayoría de cuyas obras he disfrutado a lo largo de los años, "no importa la sabiduría ni el conocimiento que puedas adquirir, importa "la tensión y el afán de la búsqueda". O como dijo T.S. Eliot, "No cesaremos de explorar/y el fin de todas nuestras búsquedas/ será llegar donde comenzamos/y conocer ese lugar por vez primera./A través de la puerta desconocida y recordada/cuando lo último por descubrir en la tierra/ sea lo que fue nuestro comienzo".
 Cuando hace varios decenios encontré los primeros libros de zen editados por editoriales sudamericanas, en traducciones bastante objetables,  pero con un contenido intrigante, brillante y al mismo tiempo oscuro, o leí los libros del alemán Dürckheim, el norteamericano "El zen de la motocicleta" o los apuntes del jesuita  Thomas Merton, para pasar más tarde con la editorial Kier a los tomos de budismo zen de Suzuki, el término de "lo insípido" comenzaba a serme muy  familiar. El zen no tiene sabor, como un sorbo de té japonés, me decía mi maestra Berta Meneses, una monja católica y maestra zen reconocida. Al estudiar filosófica e históricamente los textos de la sabiduría china que junto a la india, dieron lugar al budismo zen, comprendí que todo nacía en el principio del Tao Te Ching.  "El Tao del que se puede hablar no es el verdadero Tao". Y las palabras enigmáticas de Lao Tsé "Al pasar por vuestra boca, el Tao es insípido y desabrido". También el zen afirma que la práctica del zen es insípida, no lleva a los fastos y gloria de la iluminación cristiana o a las visiones de las prácticas vedantas, del taoísmo mágico o la apertura hindú del chakra místico en el cerebro (la kundalini). 

Los chinos y el zen más puro lo tienen claro, la insipidez se encuentra en el punto de partida de todos los posibles, pasa desapercibido, se transforma infinitamente y como dicen los maestros taoístas "todo el mundo es capaz de distinguir los diferentes sabores, pero la insipidez del centro de todo (el Tao) es lo más difícil de apreciar, pero eso sí, se aprecia infinitamente". Allí  radica el fondo indeferenciado de las cosas, neutral y pleno, o  vacío y disponible, dispuesto a decantarse hacia un lado o al otro con la brevedad de no tomar jamás postura. Todas las escuelas de pensamiento chino, entre ellas las tres principales, taoístas, confucianistas o budistas, coinciden en ese punto, no de una forma mística o intelectual, aunque sí artística, pintura, caligrafía, poesía. Jullien hace un complejo, a veces oscuro, siempre sugerente viaje al interior de esas expresiones del pensamiento tan ajenas y a veces contradictorias o paradójicas con nuestra racionalista educación greco-romana. Nos llevan hasta el límite de lo sentido, de la palabra que lo define, de su estructura filosófica, y nos dejan desnudos delante de la insipidez: es otra dimensión que está en esta en la que vivimos.

Leer a Jullien es un ejercicio deleitoso a menudo pero también en ocasiones opaco o difícil de entender, aunque siempre nos deja con la sensación de que hay algo detrás del discurso que nos concierne y que entendemos aunque nos cuesta digerir. En la última frase del libro nos queda claro lo que se nos ha tratado de explicar: "La insipidez es la experiencia de la trascendencia reconciliada con la naturaleza y dispensa de la fe". Y es que como Jullien afirma "todo el mundo es capaz de distinguir los diferentes sabores, pero la insipidez del centro(¿el Tao?) es lo más difícil de apreciar". Pero el que lo logra accede a lo infinitamente apreciable.

La sensación que nos deja la lectura de este libro tiene que ver con aquél axioma tan caro a este autor, la mayoría de cuyas obras he disfrutado a lo largo de los años, "no importa la sabiduría ni el conocimiento que puedas adquirir, importa "la tensión y el afán de la búsqueda". O como dijo T.S. Eliot, "No cesaremos de explorar/y el fin de todas nuestras búsquedas/ será llegar donde comenzamos/y conocer ese lugar por vez primera./A través de la puerta desconocida y recordada/cuando lo último por descubrir en la tierra/ sea lo que fue nuestro comienzo".

La insipidez nos recuerda el autor, tiene  que ver, está unida al desapego interno respecto a todos los motivos y motivaciones posibles, en una tendencia permanente hacia unas mayores simplicidad y sobriedad, El Sabio, nos dice,  "saborea el desabor, actúa sin actuar y se ocupa de la desocupación...percibe que los opuestos lejos de estar bloqueados en la individualidad no dejan de condicionarse unos a otros y comunicarse entre ellos...el arte y la sabiduría consisten en dejarse llevar de un polo al otro, interviniendo lo menos posible, con el fin de disfrutar plenamente de la lógica de la realidad...y prestas atención a las cosas cuando aún son fáciles de manejar".

Lecciones de estrategia vital que están en el polo opuesto de nuestra manera occidental de acercarnos a lo "real". Pero aún con esa dificultad inherente, Jullien logra interesarnos y persistir con paciencia y tozudez en ese modo de percibir y actuar -o no actuar- en el que el concepto difícil de entender (para nosotros) de la insipidez tiene un papel clave. De lectura obligada (y trabajosa a veces) para todo estudioso o aficionado a la cultura milenaria china, a su arte, filosofía y psicología social y personal.

FICHA

ELOGIO DE LO INSÍPIDO.- François Jullien.- Trad. Anne-Helene Suarez.-172 págs. Ed Siruela.- ISBN 9788478443888



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