En busca del tiempo perdido. Volumen 1: Por el camino de Swann.





Título: En busca del tiempo perdido. Volumen 1: Por el camino de Swann.

Autor: Marcel Proust

Año de publicación: 1913-1927

Nº de páginas: 3.496

Primera lectura de la obra: 1996

Segunda lectura de la obra: 2003

Tercera lectura de la obra: 2021



Marcel Proust (1871-1922) fue un novelista francés. A pesar de que había autopublicado la miscelánea Los placeres y los días (1896), y que a través del tiempo han ido apareciendo cartas, ensayos, la novela inacabada Jean Santeuil (1952), y otros textos, se puede decir que en realidad es autor de una sola obra, una novela monumental cuya redacción le ocupó gran parte del final de su vida: En busca del tiempo perdido. Esta novela, gigantesca, está dividida en siete libros. No llegó a verla publicada entera en vida, y no cabe duda de que al autor le hubiese gustado pulir la redacción de los tres últimos volúmenes, pero le sobrevino la muerte antes de que lo pudiese llevar a cabo. Pese  a estos contratiempos, la novela está completa y acabada.

El primer libro de la novela se titula Por el camino de Swann.

El Narrador entra en el relato comentando que no puede dormir y que se despierta continuamente. A partir de este momento comienza a evocar su niñez en Combray, niñez cuyo mayor tesoro era el beso buenas noches de su madre.

 

Casi al comienzo del libro, se encuentra el famoso episodio de la madalena. En él nos habla Proust de la capacidad de rememoración que puede poseer el repetir un gesto que parecía olvidado, y con ello nos hace ver que la memoria involuntaria tiene más potencia y capacidad de evocación que la memoria voluntaria.

Hay en la infancia del Narrador dos caminos que parten desde la casa de su tía Leoncia y que mantienen direcciones contrarias entre sí. Uno es el lado de Méséglise, en cuyo trayecto se encuentra la casa de Vinteuil, personaje a quien el mal hacer de su hija sume en una gran tristeza. El otro lado es el camino de Guermantes, lleno de flores de espino y de recorrido más largo, y paraje casi mitológico por lo que representan los duques de Guermantes en el haber mental del Narrador y sus padres.

Al final de esta parte del libro, que el autor titula Combray, se prologa el siguiente apartado, titulado Unos amores de Swann. Los hechos acaecidos en esta segunda parte tienen lugar antes del nacimiento del Narrador, lo cual no es óbice para que éste los conozca en profundidad.

En la segunda parte del primer libro de la novela nos encontramos con un joven Swann que conoce a una muchacha no muy guapa (para él) y que tiene en su haber un pasado y un presente no muy decorosos. A pesar de esto, Odette, que es como se llama ella, frecuenta la casa de los Verdurin, un matrimonio que aspira a ascender en la escala social. Y allí va a parar Swann, quien está muy acostumbrado a relacionarse con lo más granado de la época, para acabar enamorándose de Odette y por tanto descender de esa escala voluntariamente. Aquí el Narrador aborda por vez primera en la novela el tema de los celos, tema que disecciona en profundidad, y que llegará a su eclosión, en los libros La prisionera y La fugitiva. En el salón de los Verdurin, Swann escucha la sonata de Vinteuil, y las sensaciones que le transmiten cierta frase de la pieza musical le hacen transportarse a un mundo que sólo la música puede reconocer, y reconocerse en él.

Este primer libro tiene una tercera parte más corta que las dos precedentes, titulada Nombres de tierras. El nombre. Aquí, el Narrador comienza a relacionarse con quien será su primer amor, adolescente como él, la pelirroja Gilberta, hija de Swann y de Odette. El salto temporal respecto al episodio anterior es muy grande: el Narrador vuelve a su presente en la novela, y en él el matrimonio Swann está establecido como tal y tiene una hija, algo que el final de la parte anterior no hacía presagiar, pero sí la primera parte, Combray, porque en ella ya aparece nombrada Gilberta, cuando en uno de sus paseos el Narrador la vislumbra. Esta chica en principio parece inalcanzable para el Narrador, pero lenta y progresivamente se irá éste aproximando a ella, algo, esto, que sucede en el libro segundo de la novela: A la sombra de las muchachas en flor.


(Sigue reseña)


Pedro Carbonell Castillero





Articles relacionats


comentaris

No hi ha cap comentari a aquest article

comenta
El comentari s'ha enviat correctament i està pendent de validació.