EN DEFENSA DE LA CONVERSACIÓN





 Alberto Díaz comenta:  Este libro de Sherry Turkle, profesora del célebre MIT (Instituto de Tecnología de Massachusetts) psicóloga de Harvard e investigadora, pone el acento en el efecto causal potencialmente negativo con que las nuevas tecnologías están incidiendo en las costumbres y las características de los seres humanos
 Este libro de Sherry Turkle, profesora del célebre MIT (Instituto de Tecnología de Massachusetts) psicóloga de Harvard e investigadora, pone el acento en el efecto causal potencialmente negativo con que las nuevas tecnologías están incidiendo en las costumbres y las características de los seres humanos. La red digital nos va convirtiendo en simples terminales individuales que interactúan en un océano de conexiones virtuales que invaden todos los ámbitos de las relaciones humanas, desde el trabajo a los sentimientos, desde la educación a la familia, desde la diversión a la cultura. Uno de los síntomas más preocupantes y menos estudiados de ese efecto es el deterioro de un elemento relacional humano básico: la conversación. En ella se aúnan características capitales del ser humano, desde el lenguaje a la emotividad, los conocimientos y, sencillamente, el progreso, el entendimiento y la paz: es decir aquello que nos hace ser lo que somos y que, en última instancia, nos puede salvar como especie.

Para Turkle la tecnología online está provocando una huida relacional hacia la pérdida de la conversación cara a cara, lo cual produce efectos perniciosos  ya que "la conversación es la base de la democracia y los negocios, sustenta la empatía y es básica para la amistad, el amor, el aprendizaje y la productividad". Los últimos trabajos de esta científica cognitiva se basan en una serie de encuestas realizadas durante un período de cinco años en  diferentes escenarios, desde al ámbito laboral y educativo al familiar y sentimental. 

No se trata de demonizar las nuevas tecnologías de intercomunicación sino de usarlas en el contexto y momento oportunos sin permitir que monopolicen la facultad humana de comunicarse con el otro e interactuar de una forma empática, algo muy difícil si evitamos concienzudamente la relación cara a cara.

Como cuenta en su libro, resulta descorazonador comprobar empíricamente como los adolescentes y jóvenes van perdiendo la capacidad de escuchar e intervenir en las aulas, absolutamente absortos en enviar y contestar mensajes. No importa que se eleve la conexión al ámbito total del aula a través de grandes pantallas interconectadas donde se expone la materia y se invita a la  participación electrónica de los alumnos presentes en el aula e incluso de los ausentes. Con sorpresa y consternación los profesores comprueban que más de la mitad de los alumnos "están en otra cosa" mientras los pulgares de la mayoría vuelan sobre los teclados, incluso sin mirarlos en absoluto en un mundo virtual personal y excluyente que, paradójicamente, no tiene nada de íntimo. Estos jóvenes cambiar la intercomunicación íntima con la "sensación" de no estar solo mientras todo se vuelve virtual incluso del sentimientos y las emociones (a través de los emoticones, sustitutos icónicos de la emoción real).

Si la primera víctima de las guerras suele ser la verdad de lo que ocurre y por qué y para qué ocurre, la primera víctima de este "comunicarse virtualmente" es la reflexión y la autenticidad. Dentro de las estadísticas barajadas en el libro hay una condena inevitable a un modo de vida que comienza a ser menos vida real  y más escenario de actuación virtual: "Una cuarta parte de los adolescentes se conectan a un dispositivo durante los cinco primeros minutos después de despertar y envían una media de 100 mensajes de texto al día". Es una imposible y absurda lucha contra una soledad que no se sabe gestionar y a la que afrontamos con el fraude de la virtualidad electrónica.

Los críticos literarios escriben sobre la "falacia patética" que se produce cuando los autores increpan o califican los fenómenos naturales asignándoles una intencionalidad positiva o negativa: una tormenta cruel, una compasiva lluvia, un dulce atardecer. Hay una falacia patética globalizada con respecto a ese wasapear,  ese relacionarse virtual a través de pantallas, que acaban siendo una metáfora de la realidad contemplada a través de una ventana sin que nunca nos afecte personalmente.Imágenes y textos breves, dibujos y emoticones toman el lugar de nuestras emociones, ideas y sentimientos. He visto a una pareja sentada en un restaurante sin intercambiar ni una palabra, abismadas en sus respectivas pantallas, o asistentes a una boda o a un funeral que no dejan de recibir y emitir mensajes, ajenos e indiferentes a lo que ocurre a su alrededor. Vivimos en un universo paralelo y como las personas encadenadas en la cueva platónica, sólo vemos en la pantalla-muro las sombras de los objetos reales que desfilan a nuestras espaldas y que jamás llegamos a conocer. Aún más grave, estas personas de la cueva virtual-platónica ni siquiera saben que están encadenadas y sus cadenas está forjadas con bits, megas y artilugios electrónicos de última generación.

Nuestra autora no se muestra tan pesimista y sus percepciones son menos apocalípticas. Turkle abre un resquicio a la esperanza sobre la facultad de la tecnología y de las personas que la sobre emplean para encontrar una vehículo de manifestación de emociones y sentimientos que, simplemente, es distinto al habitual en el pasado reciente. Quizá pone el acento en la idea de que puede ser complementario y que ello no debería anular la capacidad conversacional sino ampliarla en cierto modo.

Quizá se debería analizar la cuestión recurriendo a la metáfora de las sillas que diseñó con ingenio el filósofo de la naturaleza Henry David  Thoreau: la conversación con nosotros mismos, el soliloquio,  de una silla, la de dos sillas cuando tenemos un interlocutor o las tres sillas cuando interviene una motivación digamos social o laboral . Por ello Turkle propone que la nueva e invasiva forma de comunicación mediante la nueva tecnología, sea la cuarta silla. Uno recuerda  la dura moraleja de la película "Her", en la que el protagonista se relaciona amorosamente con un programa informático interactivo e inteligente.

Los adolescentes se pasan horas ante las pantallas de sus móviles, tablets u ordenadores. Son incapaces de permitirse la libertad de aburrirse e imaginar juegos y actividades que les diviertan. Sus hermanos mayores, universitarios,  suelen mostrarse mucho menos empáticos de lo que era normal en los años que mis hijos o yo asistíamos a la universidad. Dirán ustedes, encogiéndose de hombros, "eso es normal. Eran otros tiempos". ¿Están seguros? ¿Creen que humanamente hablando, los deseos, pasiones, frustraciones y carencias de los jóvenes universitarios de 18 a 23 años eran tan distintos a los de ahora? ¿O solo ha cambiado la forma de satisfacerlas, remediarlas o soportarlas? Turkle nos informa que un 20 % de jóvenes entre 18 y 30 años contesta al móvil y mensajea mientras mantiene relaciones sexuales: 9 de cada 10 estudiantes envía mensajes en plena clase escolar; el 80 % duerme con sus móviles y la mitad de estos no desconecta nunca.Una gran parte de esos jóvenes sienten pavor a la hora de mantener una conversación directa persona a persona.  Otros acaban creando una personalidad falsa, virtual, favoreciendo patologías psicológicas  de dobles personalidades. Es la cuarta silla de Turkle que nos está llevando a estar más cómodos con las máquinas que con las personas ya que "tratamos a las máquinas como si fueran casi personas y tratamos a los seres humanos como si fueran máquinas" (vean "Her" y reflexionen al margen de la anécdota fílmica).

El mensaje esperanzador de Turkle se dirige a tomar conciencia del problema y crear espacios "que propicien la conversación", donde aprendamos a escucharnos, a debatir, a perder el miedo a la inmediatez que requieren las respuestas en un entorno de conversación humana directa, respetuosa y atenta para no caer en lo que decía Samuel Jhonson con ironía: "Hemos hablado bastante, pero no hemos conversado".

FICHA

EN DEFENSA DE LA CONVERSACIÓN.- Sherry Turkle.-Trad. Joan Eloi Roca.- 576 pp.11,90 euros.-Ático de los Libros.- ISBN 9788416222278





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