EN DEFENSA DE LA ILUSTRACIÓN





 Alberto Díaz comenta: El optimismo de Pinker apuesta por una mayor mentalización de las sociedades y sugiere que los problemas del mundo, con nuestros medios y tecnologías, tienen solución y que hay que ponerse a ello. 
 Steven Pinker, el optimista ideólogo de los tiempos futuros hace en este libro una encendida defensa de cómo la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso, valores de la Ilustración de los siglos XVII y XVIII no han perdido vigencia y pueden tener un papel decisivo en los difíciles tiempos que nos toca vivir, con un panorama tecnológico en constante cambio y una inestabilidad financiera y política que en el pasado siglo motivaron dos guerra mundiales y multitud de sangrientas guerras localizadas.

Pinker  se basa en la idea de que  aunque la vida humana nunca será  perfecta, siempre podemos mejorar en algunos de sus aspectos y para ello qué mejor receta que aplicar los principios básicos de la Ilustración que en el siglo XVIII llevó a una parte de la Humanidad a "un baño de purificación moral" como escribió Alfred North Whitehead: la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso.

Pinker trata de convencernos de que tal vez ha llegado el momento dorado (a pesar del pesimismo o realismo de Freedman, autor de "La guerra futura") para que la Humanidad despegue de los temores, engaños y esclavitud de la Caverna platónica en la que nos ha metido el siglo XX. Como argumentos nos va ofreciendo estadísticas, gráficos, pruebas documentales donde se demuestra el aumento de esperanza de vida en casi todos los países del mundo, un abultado descenso de mortalidad por enfermedad acompañado de signos científicos esperanzadores de curación de flagelos como el cáncer, el Sida o las ETS, un nivel educativo creciente y la globalización de las nuevas tecnologías en el campo de la información, el ocio y la formación. Tal vez Pinker tiene demasiado focalizado el mundo occidental y el norteamericano y canadiense en especial, pero ello no quita interés al esfuerzo del autor por  ofrecernos motivos de esperanza en estos tiempos difíciles.

El optimismo de Pinker apuesta por una mayor mentalización de las sociedades y sugiere que los problemas del mundo, con nuestros medios y tecnologías, tienen solución y que hay que ponerse a ello. Para callar a los "augures de malas noticias" Pinker nos va desgranando citas y estadísticas de mejora mundial en ámbitos de cultura, ciencia, movimientos ciudadanos humanistas y como ejemplo recomienda una página web de periodismo económico, Quarz, que ofrece una lista de links de "buenas noticias” del año 2017 (cosa que nos parece relativista y un poco banal).

Son muchos los comentaristas políticos y sociales, e inclusos económicos que abogan por "volver al espíritu de la Ilustración", abjurando de los de un cierto romanticismo individualista que, en realidad, ya lleva años caduco ante las nuevas tecnologías y los cambios que están provocando en el género humano, desde los norteamericanos a los hindúes, de los rusos a los coreanos y a los chinos, de los ingleses a los suecos, de los alemanes a los andorranos, dejando como muestrario de desastres naturales y bélicos, hambrunas y demás flagelos (vergonzantes en pleno siglo XXI) al continente africano en general (según la ONU más de la mitad del total de las personas extremadamente pobres viven en cinco países africanos: República Centroafricana, Burundi, Republica Democratica del Congo, Liberia y Níger), con pocas y también muy occidentalizadas excepciones. En realidad el mundo está reventando por las costuras, agobiado por la corrupción generalizada, los nacionalismos violentos, las religiones fanatizadas, una economía inestable y sujeta al principio del caos y una Naturaleza planetaria que comienza a dar síntomas de estar a punto de soltar el lastre humano que le impide desarrollarse en paz, usando todas sus armas, sequías, inundaciones, huracanes, volcanes, contaminación y un amplio abanico de enfermedades inducidas probablemente  por el estilo de vida, por el abuso de uso de la tecnología o por las simples estulticia, codicia y maldad humanas. Y no es un problema de recursos que todavía más de 800 millones de personas mueran de hambre, sino de mala distribución de la riqueza: la Tierra produce con las nuevas tecnologías comida suficiente para todos los habitantes del planeta y aún más.

Por eso la lectura de un libro  como el de Steven Pinker resulta ser una especie de "baño de purificación moral" que podría tener algún efecto relevante si uno, al salir del baño, se encontrara en la vida cotidiana con algunas pruebas contundentes de que el mundo está cambiando para bien. La intención de aplicar el principio ilustrado de que "el uso de la razón y la compasión fomenta el florecimiento humano" es bienintencionada pero utópica: basta con ver qué poco razonables y compasivos son, en todas partes, una activa minoría que tiene la voz cantante. Los demás, la mayoría, oscilan entre el papel de víctima, de arrogante indiferencia, de pasotismo, de colaboración o de ignorancia culpable (mirar hacia otro lado) y, por supuesta, de mala o manipulada información. Pero esto es. justamente, el punto de vista habitual en un comentarista del estado del mundo en que vive, a base de las informaciones a las que accede. Hay que leer a los que defienden que eso no es todo, que hay pruebas también de que aquéllos nobles y honorables valores siguen funcionando.

 Y así Pinker hace un honorable esfuerzo por reformular los ideales de la Ilustración en el lenguaje y los conceptos del siglo XXI. Desde el "Atrévete a saber" kantiano que lleva a la humanidad "a la salida de su autoculpable madurez", pasando por los logros del progreso en  materia de esperanza de vida, salud, sustento, igualdad en el reparto de la riqueza, medio ambienta, paz, seguridad urbano y personal, neutralización del terrorismo, igualdad de derechos democráticos para todos, aumento del conocimiento y la tecnología, calidad de vida creciente y un derecho a la búsqueda de la felicidad a pesar de la amenazas existenciales del propio progreso que proliferan como los pececitos que acompañan a los tiburones para nutrirse con los despojos de la actividad alimentaria del escualo.

 Pero en sus últimos capítulos Pinker insiste: el progreso no es una utopía y disponemos de un margen para continuar progresando en el respeto de los principios de la Ilustración. Presenta  más de sesenta gráficos estadísticos que reflejan que el mundo se está convirtiendo en un lugar mejor (quizá por eso Pinker reclama un uso correcto y fidedigno de los datos que se publican). Y nos repite la frase del poeta, político e historiador británico Thomas Macaulay en 1830 "No podemos demostrar de manera incontestable que están en un error los que nos dicen que la sociedad ha llegado a un punto de inflexión, que ya hemos conocido nuestros mejores días. Pero eso es lo que decían antes de nosotros y con la misma razón aparente...¿En qué principios se basan quienes defienden que, cuando no vemos más que mejoras en el pasado, sólo podemos esperar que las cosas empeoren a partir de ahora".  

A pesar de todas las sospechas de excesos de optimismo, uno recomienda la lectura de este libro obstinadamente realista a pesar de todo. Estructurado en tres partes: la primera mostrando cuáles eran las ideas de la Ilustración, la segunda demostrando estadísticamente que funcionan ya y la tercera afrontando los grandes enemigos que estas ideas siguen existiendo y operando en el mundo de hoy, los populistas, los fundamentalistas y ciertos "factores de la cultura intelectual dominante": los defensores del paradigma apocalíptico, autoritaristas, tribalistas y fanáticos del pensamiento mágico (persuasión masiva de tipo emocional y patriotero, las movilizaciones populares con eslóganes venenosos y los memes virales que son difundidos y aceptados acríticamente por mayorías desmotivadas y líderes políticos descerebrados pero persuasivos dispensadores de la "banalidad del mal". 

Por tanto, vale la pena dedicar un tiempo, largo, son más de 700 páginas, a leer y razonar lo que se nos cuenta en este libro interesante y estimulante.

FICHA

EN DEFENSA DE LA ILUSTRACIÓN.- Steven Pinker.- Trad. Pablo Hermida Lazcano.- Ed. Paidós.- 763 págs. 32 euros.- ISBN 9788449334627





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