EN DEFENSA DEL FERVOR





Alberto Díaz comenta: Zagajewski bucea en las características del poeta ideal y nos dice que es "aquel que es capaz de asumir y controlar la oscilación entre ironía y fervor, humor y misticismo, realidad y trascendentalidad". Y propone como tal a su admirado Czeslaw Milosz
Descubrir a un poeta a través de sus textos ensayísticos en prosa no deja de ser una curiosa paradoja. Quizá porque en la prosa el poeta nos muestra los mecanismos casi inconscientes que ponen en marcha su poesía y el campo de trabajo donde ella saca la quintaesencia de lo real que es siempre un poema. Lo que más sorprende en este libro es la sincera y generosa admiración de Adam Zagajewski por otros escritores y poetas, principalmente por Nietzche, Cioran y CzeslawMilosz, con el que coincide en muchas opiniones y visiones sobre el mundo que nos toca de vivir. Como éste, A.Z. "acusa a nuestra época de sentir una indiferencia total por los problemas metafísicos, confirmando con tristeza la lenta atrofia de la imaginación espiritual". Aunque, no obstante, se congratula del auge de una poesía que “aún se da la chispa de la antigua visión mágica del mundo.” Y asegura que hay que escribir "una poesía que resista el ataque de los cínicos". La temática de sus poemarios circula entre tópicos filosóficos como el tiempo, la eternidad, el silencio, la noche, la muerte o los sueños. El pasado año nuestro poeta fue noticia en España al recibir el premio Princesa de Asturias de las Letras, lo cual le catapultó hacia un relativo interés de la cultura española (aunque la mayoría de sus obras han sido traducidas y publicadas en este país). Zagajewski (Lwów, 1945), era un disidente del régimen comunista que prohibió su obra en Polonia,. Estuvo exiliado durante más de 20 años desde 1982 Alemania, Francia y Estados Unidos. Sus obras más importantes son: "Ir a Lviv" (1985), "Tierra de fuego" (1994) y "Retorno" (2003) y de ensayos como "Solidaridad y soledad" (1968) y el que hoy comentamos "En defensa del fervor" que fue publicado en "Acantilado" en 2005. Aquí, A.Z. analiza el fervor y lo sublime, antes de dejarnos páginas memorables sobre Nietzche, el arte poético, en una paradójico "Contra le poesía" y una miscelánea de temas que va desde el ocio, a las visitas a los lugares santos, el ambiente intelectual en su ciudad, Cracovia y remembranzas de un "París de tonos grises" o las gracias y desgracias de escribir en polaco, donde brilla una ironía que raramente deja de ser amable y comprensiva. Su defensa del fervor sólo es analizado en profundidad en el primero de los ensayos del libro, pero en esencia, parece reflejarse en todos los demás pues parece ser un "estilo" personal de enfocar donde hay un ahínco y un entusiasmo que reivindica el fervor y la ironía humanista que aparece con las dictaduras y la barbarie y ahora "expresa su decepción por la muerte de la esperanza utópica y la crisis de ideas causada por la erosión y el desdoro de las doctrinas que intentaban sustituir la tradicional metafísica de las convicciones religiosas por teorías políticas de carácter escatológico". Y concluye con un sartenazo a un síntoma de hoy: "A veces la ironía expresa algo más: la desorientación en medio de una realidad plural. A menudo simplemente encubre la pobreza de pensamiento. Porque si no se sabe qué hacer, lo mejor es volverse irónico". Y cita a Kolakowski con una frase demoledora: "La cultura que pierde el sentido del "sacrum", pierde el sentido por completo". La contemporaneidad no favorece, dice nuestro autor, sino una etapa de un peregrinaje eterno e interminable. Y usa un término de Platón "metaxú" que nos define a la mayoría de los ciudadanos de esta época: vivimos entre nuestro entorno, que creemos conocer, concreto y material y la trascendencia, el misterio de lo inefable. "Metaxú" es el estado de un ser que siempre está, irremediablemente, a medio camino de todo. Incluso de la búsqueda de la belleza, que "no es para los estetas, la belleza es para todo aquel que busca un camino serio; es una llamada, una promesa, tal vez no de felicidad ─como quería Sthendal─, pero sí de un gran peregrinaje eterno». Zagajewski bucea en las características del poeta ideal y nos dice que es "aquel que es capaz de asumir y controlar la oscilación entre ironía y fervor, humor y misticismo, realidad y trascendentalidad". Y propone como tal a su admirado Czeslaw Milosz, al que dedica uno de los ensayos del libro «La razón y las rosas». Esa es la labor del poeta para quien lo sublime es «una experiencia del misterio del mundo, un escalofrío metafísico, una gran sorpresa, un deslumbramiento y una sensación de estar cerca de lo inefable». En «Contra la poesía», hace una defensa de la inspiración, que "parece elevarnos por encima de la cotidianidad para que podamos contemplar el mundo con atención y fervor al mismo tiempo" . Y deberá gestionar la oscilación entre "la vida espiritual ─baluarte y base de la libertad─ y la contemplación puramente racional del mundo histórico". Ya que el poeta no puede marginarse del debate intelectual de su época y dar a su obra un sentido y un valor. Especialmente interesante es el ensayo "La poesía y la duda" en el que, a través de las citas a la obra y a la vida de Emil Cioran, Zagajewski analiza la elección de la duda por el rumano que le lleva a desechar la poesía y a acercarse al nihilismo absoluto y al suicidio como única vía para salir del "broma macabra de la vida". Y asegura, "La duda enriquece y dramatiza la poesía, pero la poesía anula la duda o por lo menos la debilita tanto que los escépticos pierden la cabeza y cierran la boca o bien se convierten en artistas". Y para combatir esa duda mortífera, Zagajewski propone una buena defensa del fervor y de la poesía. FICHA EN DEFENSA DEL FERVOR.- Adam Zagajewski.- Trad. A. Rubió y J. Slawomirski.- 215 págs.-15 €.-Ed. Acantilado. ISBN 9788496489158


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