ILUMINACIONES de Walter Benjamín





Alberto Díaz comenta: No es un término espiritual o religioso para Benjamín. La iluminación la crea la imagen tratada y analizada -aunque sin dejar de rechazar la reproducción en serie de la imagen como un empobrecimiento estético y una perdida de valor cultural- cuyos elementos no reductibles producen en la sensibilidad del artista una especie de revelación que apunta hacia la reconversión del tiempo histórico (en el que Benjamín insiste en el papel de la memoria y el olvido y en la manipulación de la historia por parte de los vencedores y el olvido por los vencidos).
Leer la introducción de Jordi Ibáñez a este libro da una idea aproximada, aunque sorprendente, del estado complejo y trabajoso de la recopilación de los escritos salvados del gran pensador alemán, que se suicidó en Port Bou durante la segunda guerra mundial debido a un cúmulo desdichado de malentendidos y graves temores de Benjamín (que temía como tantos otros intelectuales judíos de la época caer en manos de la Gestapo: recuerden el caso también lamentable de Stefan Zweig que hemos comentado en estas pàginas en varias ocasiones). Ibáñez Fanés es uno de los prologuistas escogidos, el profesor de la Pompeu Fabra ha escrito un texto para acompañar las traducciones (“revisadas y anotadas”) hechas entre 1971 y 1975 por Jesús Aguirre (histórico director editorial de Taurus) y por Roberto Blatt en 1991. En todo caso y salvando el aparente caos de los textos recopilados cabe esperar según los estudiosos de la obra de Benjamín que la presente antología (primera que se publica en nuestro país) recoja los textos fundamentales que fueron saliendo a través de los años en cuatro volúmenes de "Iluminaciones" y un par de los "Discursos interrumpidos". El libro que Taurus nos ofrece tiene el interés enorme de dar a conocer a uno de los críticos culturales "más originales e indispensables del siglo XX". Quizá uno de los pensadores más urbanitas que han existido, con su fascinanción por las grandes ciudades (especialmente Paris) y el papel del artista que se se convierte en un "flaneur" (paseante sin puntos de llegada) como Baudelaire y alimenta su creatividad con la fugaz y continuamente cambiante ciudad, en una dialéctica marxista donde las calles, los pasajes, la arquitectura entren en relación con la revolución humana que levanta adoquines o construye barricadas. Conocer las reflexiones que el inteligente y minucioso pensador -un experto bobliófilo, especializado en libros infantiles- realiza sobre figuras como Charles Baudelaire, Marcel Proust, Franz Kafka o Bertold Brecht y sus respectivas obras, es un alimento intelectual de primer orden, sin duda. A Baudelaire le interpreta en clave política y lo considera como "el poeta destructor de la banalidad de la vida moderna capitalista". Sorprende en el desarrollo del pensamiento crítico de Benjamín las páginas lúcidas que dedica a la traducción como forma y estilo literario. Y dentro de su adscripción al momento técnicamente revolucionario que ya anunciaba sus adelantos, la hipótesis crítica que vincula las facilidades de reproducción de las obras de arte con la esencia de su valor como tal y el cambio que supone frante al observador el hecho de la fácil adquisibilidad de una copia técnicamente perfecta. Para ello, Benjamín, nos habla de una acuarela, "Angelus novus" (comprada por el pensador en 1920) como símbolo emblemático de su manera de percibir el arte como algo irrepetible.Para Benjamin el arte es contemplado desde una perspectiva materialista pero también espiritual y trascendente: el arte en como una lanzadera simbólica que sirve de puente con el pasado. Pero ese símbolo está en transición en el siglo XX ya que la reproductibilidad técnica ocupa un lugar propio de los procedimientos artísticos y a consecuencia de ello se está transformando la percepción estética y amentado exponencialmente el poder de la imagen en sí. Frente a esto (la fotografía) hay algo que se mantiene irreductible, el aura de la obra de arte que procede del pasado y la tradición. Y ese aura produce la fascinación del observador y justifica el valor único de la obra. El estilo de Benjamín, complejo, lleno de vueltas y revueltas persiguiendo la claridad de la idea expuesta, en unos textos de exigente lucidez, es lo que suele reivindicar el carácter sagrado del lenguaje- es un desafío para cualquier traductor. Como Wittgenstein es aficionado a un estilo cuajado de citas (ver su "Libro de los Pasajes") creando una especie de mosaico de textos. Un escritor tan pulcro y puntilloso como Coetzee escribió al respecto: "Su método característico, ­entrar en un tema en ángulo, avanzar paso a paso de una recapitulación perfectamente lograda a la siguiente­ es tan instantáneamente reconocible como inimitable, ya que requiere un agudo intelecto, un aprendizaje ligeramente gastado, y un estilo de prosa que, una vez que dejó de pensar en sí mismo como el doctor Benjamin, se convirtió en una maravilla de precisión y concisión." Absolutamente de acuerdo incluso en la indirecta a la pedantería intelectual de Benjamín que proclama en 1934, en plena persecución nazi de los artistas no afectos a Hitler que los artistas son "los nuevos rebeldes de la historia" y se se autoproclama portavoz de la "vanguardia artística más radical", ya que "el siglo XX y la guerra ha borrado la capacidad de narrar, se presciende del pasado y se alimenta una nueva forma de barbarie". En ese contexto aún es posible la "iluminación". No es un término espiritual o religioso para Benjamín. La iluminación la crea la imagen tratada y analizada -aunque sin dejar de rechazar la reproducción en serie de la imagen como un empobrecimiento estético y una perdida de valor cultural- cuyos elementos no reductibles producen en la sensibilidad del artista una especie de revelación que apunta hacia la reconversión del tiempo histórico (en el que Benjamín insiste en el papel de la memoria y el olvido y en la manipulación de la historia por parte de los vencedores y el olvido por los vencidos). FICHA ILUMINACIONES.- Walter Benjamin.- Traducción: Roberto Blatt y Jesús Aguirre.- Ed. Taurus.-Clásicos Radicales.- 480 páginas, 19,90 euros.ISBN 978-84-306-1938-2


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