LA ALTA RUTA





Alberto Díaz Rueda comenta: Chappaz nos cuenta con un lirismo dramático y emocionante el esfuerzo que hace y el regalo de belleza, paz y desafío, el vértigo y la embriaguez del esfuerzo. Esa especie de obsesión silenciosa que acoge la subida permanente y fatigosa, cuando respirar cuesta un enorme esfuerzo y la mirada va bebiendo gota a gota la magnífica y a veces aterradora soledad y belleza de los parajes
No había oído hablar de él. A pesar de ser montañero, de humildes cumbres, mis calados en la literatura alpina es breve y se ajusta a algunos clásicos (entre ellos el soberbio James Salter de "En solitario"). Pero el título "La alta ruta" y la sugestiva foto de portada y una apresurada lectura de los textos editoriales (a los que no suelo prestar demasiada atención, y perdonen) me atrajeron lo suficiente para investigar quién era ese Maurice Chappaz (fallecido con 93 años en 2009), un escritor dotado de una singular capacidad lírica y metafísica para describir sus caminatas. Chappaz fue un hombre singular con una gran producción literaria en novelas, relatos y poesía, además de erigirse en defensor y paladín de la defensa ecológica de muchos rincones de su país. Viajero contumaz, montañista -que no alpinista- y vagabundo, propietario de viñedos, periodista, obrero en las obras de la gran presa de la Grande-Dixense situada en el cantón de Valais, defensor a ulytrazan de la pureza natural del bosque de Finges, caminante fervoroso por países de Asia, América y Europa, me recuerda un poco la figura iconoclasta de dos escritores italianos que compartían con él una diversidad creativa extraordinaria y un amor a la tierra y a la montaña casi místico, el poeta y montañero Erri de Luca, novelista, albañil, mecánico y revolucionario. Y también la del ermitaño Mauro Corona, escritor, alpinista y escultor italiano cuya novela-documento sobre su pueblo natal devastado por el desastre de la presa del Vajont, "Fantasmas de piedra" es una de las grandes novelas italianas del siglo XX. La alta ruta es una de las travesías montañeras preferida por los deportistas ya que conecta Chamonix con Zermatt a través de glaciares, un universo lunar nevado, apenas turbado por algún ocasional esquiador de fondo o un alpinista. Chappaz nos cuenta con un lirismo dramático y emocionante el esfuerzo que hace y el regalo de belleza, paz y desafío, el vértigo y la embriaguez del esfuerzo. Esa especie de obsesión silenciosa que acoge la subida permanente y fatigosa, cuando respirar cuesta un enorme esfuerzo y la mirada va bebiendo gota a gota la magnífica y a veces aterradora soledad y belleza de los parajes. No se trata de engrosar una lista de logros ascendentes, de cumbres holladas, de gestas deportivas, no, de ningún modo. Aquí hay una suerte de viaje iniciático en el que el autor se reta as í mismo y se abre fatigosamente a el mundo de maravillas que le rodea. Desde el Mont Blanc hasta el Mont Rose, la famosa travesía por los glaciares suizos es sobre todo una ruta mítica, un reto casi místico que, incluso, despierta elementos de un profundo erotismo, de una sensibilidad exacerbada. Pero él confiesa en su introducción: "Mi amplia porción de fracaso, mi inexistencia en el alpinismo puro me permite escribir este libro" . Y añade: "Me limito a la travesía de los glaciares de abril a junio...cuento las tormentas...los pasos de altura...lo absoluto del desierto nevado con el completo olvido del punto de partida, el vertiginoso círculo de las cimas blancas..."mientras avanzo escribo con manchas de color, con gritos...según el dictado de un sentimiento interior inconfesable...la única razón de las ascensiones y de los amores: la dialéctica del Me persigo y huyo de mí". Tal vez el desbocado y permanente lirismo de Chappaz y su empeño en transformar su travesía en un relato iniciático interior, junto a su propensión a complejas metáforas y razonamientos profundos y algo herméticos, hace un poco difícil su lectura. A pesar de momentos delicados y certeros como cuando nos dice que al amanecer "todas las ramas de los árboles tienen esta mañana manguitos blancos" o cuando anuncia "parto con los esquís para escapar del trabajo. Sin explicaciones. La ciudad: el estruendo, la cancelación de mí mismo. Parto sin meta hacia lo que no tiene meta. Como un animal que retorna a sus ancestros". (pág.33) O cuando nos habla de otros alpinistas: "Aquellos que sin cesar lamen las montañas son únicamente pensativos y concisos. ¿Qué les produce esas arrugas?. Contra una puerta, los solitarios observan las nubes con una especie de huraña meditación".O canta la figura del guía en el refugio: "Los veo recibir a los cándidos sin manifestarles el mínimo desprecio y felicitar a los duros de las cimas sin la mínima envidia" (pág. 59). Si, pero hay que ir leyendo con lupa para aislar momentos muy hermosos, inmersos en una exaltada narración subjetiva en la que a menudo el autor se dirige a sí mismo. En la cima, "esquiamos...cantamos a la tirolesa en una danza final de adoración" Y se pregunta después lo que ha descubierto allí: "El exilio unido al edén" (pág. 141). Libro notable y excesivo. Cito su biografía: "Maurice Chappaz nació en Lausana en 1916 y falleció en Martigny, cantón del Valais, Suiza, el 15 de enero de 2009. Infancia entre Martigny y la abadía de Châble. Estudios de Letras. Durante la guerra entró en contacto con grandes escritores suizos de lengua francesa como Ramuz, Crisinel, Matthey o Roud. Conoció a su futura esposa, la novelista S. Corinna Bille, en 1942. Es a ella a quien evoca en el relato lírico Grandes journées de printemps (Grandes viajes de primavera, 1944). En esa difícil época Chappaz sufre una crisis tanto ética como estética, perceptible en el Testament du Haut-Rhône (Testamento del Alto Rhone, 1953). A partir de 1957 se estableció como viticultor en Veyras, convirtiéndose en un adalid de la defensa de las tradiciones campesinas de su país. En Portrait des Valaisans en légende et en vérité (Retrato de valisanos en leyenda y en realidad, 1965) y Le Match Valais-Judée (El partido valisano-judío, 1968) reconstruye, a través de leyendas y de anécdotas, un paraíso ya perdido por un progreso mal entendido. A esta idea de defensa de los valores rurales se une una tendencia, en cierto modo nómada, presente en sus numerosos viajes a Italia, Laponia y Nepal. Tras un viaje a Rusia, el último con S. Corinna Bille, que falleció en 1979, pasó temporadas en Pekín y en el Líbano. Sus reflexiones sobre la muerte, iniciadas en 1966 con Office des morts (Oficio de muertos), se continúan en 1984, en À rire et à mourir (A reír y a morir), un relato en varias voces, en el que evoca a personajes desaparecidos. De 1987 es Le Livre de C., un devastador y bellísimo testimonio en recuerdo de Bille." FICHA LA ALTA RUTA.- Maurice Chappaz.- Trad. Rafael-José Díaz.- E. Periférica.- 158 págs. 15,20 euros.- ISBN 9788416291588


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