La escultura de sí





Alberto Díaz Rueda comenta del libro de Onfray que es un vehemente alegato por la filosofía como arte de buscar la excelencia, una determinación ética –y estética–que no desdeña la pasión y se niega a enclaustrarse en la erudición o en la moralina. http://www.nullediesinelinea.es/2015/01/la-escultura-de-si.html
En la Piazza San Zanipollo de Venecia hay una estatua ecuestre de bronce del artista Andrea de Verrocchio que representa al Condotiero Bartolomeo Colleoni. Cuando el filósofo francés MIchel Onfray pasea una tarde por allí, la ve por primera vez y tiene una especie de epifanía, un deslumbramiento, "aquello que desde hacía tiempo se buscaba dentro de mí se resolvió de repente y tomó la forma de una fascinación". Y concluye: "Es una figura de excelencia, un emblema del Renacimiento que asocia calma y quietud, fuerza y determinación, temperamento de artista y voluntad de reinar sobre sí antes que cualquier otra forma de imperio" (pág.21). El Condotiero y su estilo de vida se convierte para Onfray en un símbolo de aquél "querer hacer de su vida una obra de arte", que marca caminos de excelencia para el filósofo y el motivo central de su libro "La escultura de sí". Junto al Condotiero Onfray reivindica las figuras literarias y filosóficas del "anarco" de Jünger que inyecta su voluntad de poder en ese vivir cada instante como si fuera el último, en el "héroe barroco" de Gracián, en el Cortesano de Castiglione en el "Caballero" de Lulio, en el "dandi" de Baudelaire o el "Hombre multiplicado" de Marinetti, todos en busca de la afirmación de un yo denso, fuerte y creativo. Nietzche sobre todo, pero también, Hegel y Schiller. Para Onfray "no hay moral sin la decisión feroz de estructurar la existencia a través de la voluntad" (pag,81) y la materia sobre la que se aplica es la vida cotidiana. Apasionado, de expresión barroca y no fácil de seguir (y a veces de entender) el libro de Onfray es un vehemente alegato por la filosofía como arte de buscar la excelencia, una determinación ética –y estética–que no desdeña la pasión y se niega a enclaustrarse en la erudición o en la moralina. Dotado de una enorme -y agobiante a menudo- facilidad de expresión y de un lenguaje barroco, autorreferencial, exquisito hasta el retruécano y de largos y complejos circunloquios, pero también de belleza, intuición, audacia e ingenio, Onfray justifica su reputación de "martillo de ortodoxias" y de joven rebelde (ya no tan joven y más cáustico que revolucionario) fustigador de acomodados y autocomplacientes figurones filosóficos. .Machacar al modo de Nietzche las virtudes tradicionales y correctas ( la contención, la humildad, el perdón…), reivindicando la energía, lo sublime y lo virtuoso. Una estética de la moral que eleve y afirme al ser humano, sólo aceptando el yugo disciplinario de su propia voluntad. Su objetivo es el poder sobre sí mismo. Onfray, como Pirrón y los epicúreos buscan un hedonismo bien entendido, abierto a los placeres y rechazando el sufrimiento. Propone la cortesía como regla de comportamiento y relación con los otros y sugiere el término "eumetría" como arte de alejar a los otros que despreciamos o ignoramos y de acercar a los que respetamos o admiramos. Y así seguir una ética "de la inmanencia sostenida por nociones como las de individualismo libertario, utilitarismo festivo o erótica solar". A pesar de la sugestión y brillantez en bastantes páginas de este denso ensayo, sigo prefiriendo al Onfray de la "Contrahistoria de la filosofía", aunque no al del sesgado y rabioso libro sobre "Freud. El crepúsculo de un ídolo". Por cierto, atractiva edición de Errata Naturae. No se pierda el lector acercarse a la última página del libro (sin numerar) donde está la justificación de edición y lea el texto que los editores han colocado allí junto al dibujo de portada. FICHA LA ESCULTURA DE SÍ.-Michel Onfray.-Trad. Irene Antón.- Ed. ErrataNaturae.-221 págs


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