LA FIESTA EN EL JARDÍN





 Alberto Diaz Rueda comenta: La delicadeza de sus textos, la profundidad de sus personajes, el cuidado por los detalles aparentemente banales que muestran un rasgo de carácter del personaje o poetizan un lugar, sugieren una emoción o desvelan un misterio, una contradicción, una debilidad. Es un universo femenino dotado de una inteligencia y una sensibilidad  que fascina al lector,
 La neozelandesa Katherine Mansfield, que falleció con 34 años víctima de la tuberculosis en 1923 es, sin lugar a dudas, una de las creadoras de la narrativa corta moderna. A mi entender, superior a Chejov, con quien se la comparó por el estilo y la temática, y envidiada y admirada a partes iguales por Virginia Woolf, sólo llegó a publicar tres libros de relatos , "En una pensión alemana" (1911), "Felicidad y otros cuentos" (1920) y el que hoy comentamos, publicado poco antes de su fallecimiento. Como Kafka y otros autores "traicionados" por su amigos  y familiares, el marido de la Mansfield,  el crítico y editor John Middleton, se negó a cumplir la petición de su esposa de que quemara todos "sus papeles" tras su muerte. Posteriormente se publicaron varios libros de cuentos, un Diario, correspondencia y un poemario. 

La delicadeza de sus textos, la profundidad de sus personajes, el cuidado por los detalles aparentemente banales que muestran un rasgo de carácter del personaje o poetizan un lugar, sugieren una emoción o desvelan un misterio, una contradicción, una debilidad. Es un universo femenino dotado de una inteligencia y una sensibilidad  que fascina al lector, lo atrapa y juega con él. Un mundo en el que los varones generalmente hacen un papel secundario, espectadores o actores perplejos ante un mundo misterioso y atractivo en el que las cosas  más cotidianas parecen tener un valor esquivo, significativo, simbólico o sentimental en el mejor sentido de la palabra. Hay una mujer especialmente dotada, tal vez por su corta existencia llena de enfermedades y sufrimiento o su inteligencia ávida de emociones y llena de poesía. "Y la tarde perfecta floreció lentamente, se fue marchitando lentamente y lentamente dejó caer sus pétalos" (pág. 30). "La fiesta en el jardín", el primero de los cuentos tiene un regusto amargo e irónico que muestra la decepción de Laura, la pequeña de la casa que pretendía anular la fiesta por la terrible muerte de un hombre joven y humilde que vivía cerca de la mansión de la familia protagonista, de la clase alta, en una casucha llena de niños, sus hijos. "Esto no es la vida", resume la niña la miseria que ha visto al llevar una cesta llena de los alimentos sobrantes de la fiesta a la chabola donde vive la familia del muerto.

La voz tan personal de la Mansfield resuena en relatos como "El cansancio de Rosabel", donde los sueños de una bella dependienta sobre una pareja de alta posición, ocupando ella el lugar de la otra dama, acaba cuando "Ya los dedos fríos de la aurora tocaron la mano que Rosabel tenía fuera del cobertor"  y Rosabel sonríe porque "su herencia era aquél trágico optimismo, que tantas veces es la única herencia de la juventud". O nos desconcierta con el vaivén emocional de otra muchacha en "El vaivén del péndulo" o la de la maestra de canto "madura" (sólo tiene treinta años pero sigue soltera) a la que su pretendiente abandona en principio. Y también en la historia de amor inconcluso en "Algo infantil, pero muy natural". O nos emociona en "La niña" ante una pequeña aterrorizada por la enorme figura de su padre, gritón y autoritario. En todos los relatos brilla como una piedra preciosa la dolorida sensibilidad de la autora, su visión crítica, avergonzada de la mezquindad de las personas, la crueldad inesperada y sin sentido de otras y todo ello con un estilo cuidadoso, suave y certero en la adjetivación y agudo como un estilete en las observaciones ante los gestos y actitudes de las personas, hombres y mujeres. En la descripción de los hechos late el mensaje más o menos oculto que el talento de la escritora nos hace llegar, ese contenido mágico que tienen algunas situaciones, donde se revela la naturaleza humana, en su inocencia o su malicia, en su humor o su nostalgia, en la pena y las alegrías súbitas y casi infantiles. La alargada sombra de Jane Austen parece influir tanto como Chejov en K.M. Una Austen trasladada a principios del siglo XX, en el que la emancipación femenina ya comienza a despuntar. Es el mismo mundo de matices, de clarooscuros, de soledades y encuentros, de malentendidos y opacidades sin posible explicación, a veces sombríos y absurdos, otras deslumbrantes y por debajo de todo una ironía sutil y elegante que muestra más que define y ataca los prejuicios de género que en esa  época aún eran demasiado evidentes y dolorosos.

No se pierda este bello conjunto de relatos.

FICHA

LA FIESTA EN EL JARDÍN.- Katherine Mansfield.- Ediciones Espuela de Plata.- Trad. José María Souvirón.-161 págs. ISBN 9788417146573




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