LA MÍSTICA DE LAS MONTAÑAS





Alberto Díaz comenta: Tres escritores nos ofrecen sus historias, todas regidas por un elemento común: la montaña, su belleza, sus exigencias, sus peligros y su poderoso atractivo, características todas en trance de deterioro progresivo
El agua fue nuestro tema de reflexión y alarma en anteriores artículos de este blog. Analicé tres libros que enfocaban la cuestión esencial para la supervivencia de cambiar nuestras actitudes y percepciones hacia el agua como elemento vital que la naturaleza nos proporciona generosamente y que estamos dilapidando de una forma vergonzante y suicida. En esta ocasión he reunido tres títulos dispares, entre narrativa y ensayo autobiográfico, en los que el motivo básico es la montaña. Otro legado que, dada nuestra forma de entender el desarrollo y el progreso, el deporte y el ocio, el consumismo y la falta de respeto e ignorancia, corre un evidente peligro. Y que, como en el caso del agua, su mala gestión y los intereses económicos invasivos están causando daños irreparables a nuestro entorno ecológico. La falta de conciencia que existe sobre el hecho, científicamente demostrado, de la interrelación entre todos los seres vivientes, animales y vegetales, nos hace cosificar y usar con criterios utilitaristas a animales, árboles, lagos, ríos y montañas, manipulando los entornos y creando con ánimo especulativo desequilibrios ecológicos (cuyos efectos perniciosos ya comienzan a ser noticia de cada día y aún así no somos globalmente conscientes del mal que hacemos). Somos parte de ese entorno, no sus propietarios, aunque nos comportamos como inicuos explotadores inconscientes del delicado equilibrio natural que rompemos de acuerdo con nuestra desmesurada avidez. Tres hombres han escrito sendos libros sobre la montaña: no desde un punto de vista deportivo, competitivo o no (las fotos y películas de larguísimas y sinuosas colas de alpinistas de todo el mundo tratando de subir al Everest con agencias de "todo pagado", han herido la sensibilidad de miles de montañeros que aman y respetan la soledad y el silencio de las altas cumbres) sino desde el corazón, la experiencia íntima, el dolor y el sufrimiento y ese amor y respeto que es el sello distintivo en el que nos reconocemos unos y otros y que llega directo a nuestros corazones. El italiano Paolo Cognetti, autor de "Las ocho montañas" (Random House), el suizo Maurice Chappaz con "La alta ruta" (Periférica) y el austríaco Robert Seethaler con "Toda una vida" (Salamandra), son los tres escritores que convocamos para leer sus historias y vivencias. Todas regidas por un elemento común: la montaña, su belleza, sus exigencias, sus peligros y su poderoso atractivo, características todas en peligro de deterioro progresivo. Paolo Cognetti escribe la historia de Pietro, un chico de ciudad, que descubre la montaña gracias a la apasionada afición de sus padres hacia la naturaleza y en particular las montañas y los bosques. En los ascensos sigue a su padre montañero fanático y compensatorio de una vida de oficina que odiaba. Como nos cuenta Pietro-Paolo, su padre tenía "reglas escuetas y claras: la primera adoptar un ritmo y mantenerlo sin detenerse; la segunda, no hablar; la tercera, ante un cruce, elegir siempre el camino que asciende". El niño conocerá a Bruno, hijo de un albañil de la zona donde veranea, tienen once años los dos y este será el contrapunto natural de la pasión paterna, algo dura y desmedida. La mezcla de ambos creará en Paolo-Pietro el enorme amor a las montañas y el mundo rural junto a las gentes que lo recorren y habitan. Se convierte en un canto a la amistad como vínculo sagrado, fortalecido por la propia montaña. Como dice en "El muchacho silvestre", un libro anterior que es casi el ensayo previo, el cuaderno de notas de "Las ocho montañas": "En torno no había más que bosque, los prados y aquellos restos abandonados; en el horizonte, las montañas que cierran el Valle de Aosta al sur, hacia el Gran Paradiso; y luego una fuente excavada en un tronco, los restos de un murete en piedra seca, un torrente borboteaba. Aquello iba a ser mi mundo..." Ese lenguaje austero y poético a menudo se vuelve directo y práctico: "encontraba una virtud elástica en las rocas, que no absorbían el paso como la tierra o la hierba, sino que devolvían a las piernas su propia fuerza, brindaban al cuerpo el impulso para continuar". Por esta novela -no es autobiográfica, dice el autor- Cognetti ha sido galardonado con el Premio Strega 2017 y al mismo tiempo la versión de lectores jóvenes del mismo premio coincidencia muy significativa por lo que tiene este libro de novela iniciática. Un replanteamiento de la propia vida que no es complaciente ni idílica con la vida en la montaña, sino realista y al mismo tiempo de una conciencia ecológica cada vez más atenta y combativa: "En Nepal van a la montaña sagrada y dan vueltas, no suben. Ellos prefieren abrazarla" y no están contagiados por la obsesión de conquistar cumbres (algo que Pietro rechaza de su padre). Como dijo con humor en alguna parte: "Para la Naturaleza sería una fiesta si se extinguiera el hombre". Más cerca de la mística montañera está "Toda una vida" de Robert Setthaler en la que se nos narra la existencia azarosa e intensa de Andreas Egger, un chiquillo de cuatro años abandonado por su madre y recogido por su brutal tío en una aldea perdida de los Alpes a principios del pasado siglo. El progreso llega a las montañas con sus ambivalentes cambios y el niño se hace hombre a base de rudo estoicismo, fuerza física y capacidad de sacrificio y de trabajo. Pero hay algo que no cambia pese a ese progreso (simbolizado por la construcción de teleféricos para deportistas en los valles y la violación técnica y humana de la montañas vírgenes): su relación casi simbiótica con los montes.. Allí Andreas encuentra el amor y allí lo pierde tras un alud (descrito de una forma excelente ,pág.64) y se va convirtiendo en un anciano fuerte y solitario que se arroba con las puestas de sol y la estoica maravilla de la leche recién ordeñada y los productos de la tierra. Novela de una belleza desgarradora que se afirma en los sentimientos y los defectos humanos con una serena comprensión. Como muestra vean el sereno balance que Andreas hace de su vida: "Que él supiera no cargaba con ninguna culpa digna de mención y nunca había caído en las tentaciones del mundo: las borracheras, la prostitución o la gula. Había construido una casa, había dormido en infinidad de camas, establos, rampas de carga y unas cuantas noches incluso en una caja de madera. Había amado. Y se había hecho una idea de hasta dónde podía llevar el amor...nunca se había visto en el apuro de creer en Dios y la muerte no le daba miedo...podía mirar atrás sin lamentos, con una media sonrisa y un gran asombro" (pág.133). En "La alta ruta", el suizo Maurice Chappaz (Lausana 1916, fallecido en 2009), nos habla de una ruta alpina mítica, la que conecta Chamonix con Zermatt, una durísima prueba que circula por glaciares y cumbres inhóspitas: es la más deportiva de las tres novelas que recomiendo y al mismo tiempo la más descriptiva en términos de interrelación del hombre con un entorno bellísimo y hostil. Es la novela del montañero-esquiador experimentado, ese tipo de persona, hombre o mujer que encuentra tal cúmulo de gratificaciones en la alta montaña que el asombroso y permanente activo de cansancio, frío, ansiedad, miedo, soledad, peligro, desastres potenciales ya sean naturales o inducidos, no logra enturbiar la serena y exultante sensación de vivir la experiencia, al precio que se deba pagar. Y Chappaz nos lo cuenta de una forma tan apasionante que uno, que es montañero aunque más modesto, siente vibrar todas las cuerdas sensibles de su amor por las cumbres y su mirada llena de poesía logra reverberar en nuestro espíritu que ya conoce momentos parecidos. A menudo el lirismo le hace proclive a las frases cortas, cargadas de significados pero un poco complejas. Me pierdo un poco en las sensaciones del esquiador Chappaz (yo soy caminante y sólo he probado las raquetas) pero en el fondo vienen a ser las mismas emociones: "Un bosque se seca al sol; la tempestad lo zarandeó hace dos días; lo mojado del humus, de las cortezas, el santo sudario húmedo de los troncos negros se disipa. La tibieza me amordaza...¡pero el olor de savia del bosque es más carnal que el de las fogatas de leña...los perfumes se empañan, se impregnan de las huellas de los animales, pájaros, corzos, urogallos, liebres...el animal, lo invisible reemplaza al dios" (pág.145)". ¡¡¡¡Por todos los dioses habidos y por haber, salvemos a las montañas de nuestros excesos prepotentes!!!! FICHAS LAS OCHO MONTAÑAS.- Paolo Cognetti.-Trad. César Palma.- Literatura Random House.- 17,90 euros.- 239 págs. ISBN 9788439734123 TODA UNA VIDA.- Robert Seethaler.- Trad.Ana Guelbenzu.-139 págs.- Ed. Salamandra.-ISBN 9788498388152 LA ALTA RUTA.- Maurice Chappaz.- Trad. Rafael José Díaz.- 158 págs. Ed. Periférica.-ISBN 9788316291588


comentaris

No hi ha cap comentari a aquest article

comenta
El comentari s'ha enviat correctament i està pendent de validació.