LA PARADOJA DE LA SABIDURÍA





 Alberto Díaz comenta: Goldberg titula su libro como "La paradoja de la sabiduría" ya que pretende demostrar que al contrario que lel resto de los órganos del cuerpo humano, el cerebro parece que mejora con la edad. 
 La longevidad tiene en la mayoría de las ocasiones elementos inevitables de deterioro físico y por supuesto psíquico. Es evidente que la incidencia y gravedad de éstos depende de muchos factores y es prácticamente imprevisible, aunque lógicamente hay variables que constituyen factores determinantes, por ejemplo el tipo de vida saludable o no que la persona lleve (y también la que llevó predominantemente en el pasado), las actividades que siguen presentes en la vida de la persona de edad, las actitudes y comportamientos, todos ellos en los planos, físico, mental, psicológico e incluso espiritual. Añadiendo consideraciones económico-sociales y sanitarias que influyen muy directamente. Pero en casi todos los casos (también hay excepciones, Bertrand Russell, por ejemplo, conservó la lucidez y la inteligencia y capacidades físicas notables hasta su muerte, pasados los noventa) de personas longevas, siempre existe el peligro de la aparición no sólo de enfermedades tipo Alzehimer, Parkinson o alguna demencia senil sino, deterioros apreciables de memoria, concentración y dificultad de aprendizaje en el plano psíquico y cerebral y disfunciones motoras u orgánicas (también dependientes en parte del cerebro). Y es precisamente el cerebro y su continua ejercitación la premisa que subyace en el texto de Elkhonon Goldberg, un neurocientífico norteamericano de origen ruso y judío para más señas (lo cual suele ser garantía de inteligencia), antiguo discípulo del fundador de la neurología, Alexander Luria. 

Goldberg nos invita a un apasionante paseo por las distintas partes del cerebro y las unciones vitales y comunicativas que controlan, desde el habla y la memoria a la visión, los pensamientos y percepciones, el dolor, el placer, en suma, desde las actividades más triviales, mover los dedos de la mano o el brazo, caminar o dormir, hasta las más complejas, comprensión, estudio., simbolización, creatividad.

Dice Russell en un trabajo sobre "Cómo envejecer" que "los que tienen preocupaciones impersonales (es decir al servicio de otros intereses que no sean debidos al ego) intensas, que impliquen actividades apropiadas, les será más fácil conseguir una vejez afortunada...es decir despreocupada por el número de sus años y aun menos de la probable brevedad de su futuro". Y esto es lo que Goldberg reivindica constantemente:  si bien el envejecimiento produce una merma generalizada   y aparentemente irreversible en nuestras facultades, no afecta a todas nuestras habilidades y tampoco con la misma intensidad. Incluso nos pone ejemplos de personas con principios de enfermedades como Alzheimer o demencias que persistieron en sus actividades (nos habla de artistas o políticos conocidos).

Y la buena noticia es que hay algo que mejora con la edad: el reconocimiento de patrones en la resolución de problemas que nos lleva a saltarnos muchos pasos en esa actividad gracias a nuestra experiencia y capacidad de relacionar situaciones presentes con semejantes en el pasado y saber qué medidas eficaces tomar. Eso que es una de las características que asociamos con el hombre "sabio", su competencia y su habilidad relacional. Y eso, es resultado de la experiencia...y de la edad.

El mensaje de Goldberg insiste en un optimismo basado en sus propias investigaciones: algunas de nuestras capacidades se conservan intactas con la edad y es posible utilizarlas para frenar el envejecimiento cerebral ejercitándolas. El conocimiento y gestión de las emociones y la ejercitación incesante de la memoria son algunas de las fórmulas magistrales que el autor nos recomienda intensa y fundamentadamente. Por ello Goldberg titula su libro como "La paradoja de la sabiduría" ya que pretende demostrar que al contrario que lel resto de los órganos del cuerpo humano, el cerebro parece que mejora con la edad. O, para ser más exacto: el cerebro no funciona peor o mejor que en la juventud, funciona de manera diferente, aprovechando todo lo que ha prendido en su vida: y si estas ha sido muy activa y creativa, tanto mejor. Las conexiones sinápticas que se establecen de forma inusual y sorprendente, las ideas nuevas, los enfoques más eficaces de problemas viejos o actuales, suelen ser producto de cerebros maduros de personas de edad avanzada. De ahí que culturas tradicionales más sabias que la nuestra valoran la vejez de algunos de sus miembros, estableciendo consejos de ancianos o senados. Gente que logra transferir sus capacidades del hemisferio derecho (creatividad, exploración, novedades, relación con la juventud) sus capacidades al izquierdo (donde tiene acceso a los patrones bien desarrollados de un experto).

Goldberg dedica su libro "a mis compañeros 'baby boomers', la generación de los testarudos", es decir a todas las personas que entran en una etapa nueva en la vida, la de la "adolescencia de la madurez", en las que sus actividades carecen del gravamen de tenerse que ganar la vida (suelen ser personas ya jubiladas o mayores que pueden capitalizar su experiencia acumulada) y de una forma generosa y sin pretensiones económicas practican profesiones u oficios creativos sin pensar en el retiro o el "dolce far niente". Como dijo Einstein: "Cuando se deja de aprender, se empieza a morir".  La curiosidad permanente, inagotable, gozosa, es la condición básica de los "baby boomers".

FICHA

LA PARADOJA DE LA SABIDURÍA.-Elkhonon Goldberg.- Editorial Crítica, colección Drakontos de bolsillo, 328 páginas, Trad. Joan Lluís Riera ISBN: 9788484329473.




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