LA SABIDURÍA DE LA INSEGURIDAD





 Alberto Díaz comenta: El estilo dialectal, sencillo, claro y irónicamente obvio de Alan Watts, nos conduce con su habilidad habitual  a través de un análisis de la era de la ansiedad en la que vivimos
 Cuando terminaba Psicología, allá por los ochenta, en la Facultad de Barcelona,  comencé a interesarme por la llamada Psicología Profunda, deudora de Jung. Leí los libros de Abraham Maslow, que editaba Kairós, si no me equivoco (al igual que el que comento hoy, de mi admirado Alan Watts, el gurú de hippylandia) y me encantó la metáfora de la pirámide que englobaba una jerarquía muy razonable de las necesidades perentoria que el hombre ha de respetar para realizarse como persona y como individuo. Recuerdo que la seguridad era la segunda después de las necesidades básicas de supervivencia física. La seguridad era la primera necesidad que rebasaba el ámbito físico y se internaba en el psicológico. Era quizá una necesidad en la frontera de lo físico y lo psíquico. Es un hecho neurológico evidente que la sensación de inseguridad activa las hormonas y los neurotransmisores del estrés.

El estilo dialectal, sencillo, claro y irónicamente obvio de Alan Watts, nos conduce con su habilidad habitual  a través de un análisis de la era de la ansiedad en la que vivimos ( y Watts hablaba de los cincuenta del pasado siglo, imagínense si pudiera vernos por un agujerito del cielo de los filósofos: pediría que lo sellaran de nuevo a perpetuidad), naturalmente del tiempo y los cambios y desazones que causa su inevitable flujo, de la sabiduría del cuerpo y de ese paso adelante mental que supone tener conciencia del mundo que nos rodea, de las cosas y de toda una serie de reflexiones conducentes a apreciar el aquí y el ahora, a transformar nuestra vida y a ejercer en la existencia un tipo de ética constructiva, una moralidad creativa que Watts nos razona a través de las palabras de San Agustín: "Ama y haz lo que quieras", unas relaciones con otras personas lejos del utilitarismo habitual o de las motivaciones que manipulan el altruismo y la generosidad que debían guiar nuestras relaciones.

Watts lo tiene claro y así nos lo dice: la seguridad es una ilusión, una sombra, un equívoco. En un segundo nos puede cambiar la vida, parcial o totalmente. En un segundo ocurre algo que nos saca literalmente de nuestro mundo ficticio de cómodas seguridades. ¿Hay solución a ésto? Watts nos dice "relájate y goza del momento". Cuanto más te resistas más te va a doler. Eso además de una norma sanitaria, es psicológica y neurológica. Acepta la inseguridad como un elemento más de la existencia y vívela sin angustiarte,: habrá cambios, pero ¿quién dice que será para peor? ¿Quién puede asegurarlo? Cuando tienes unos añitos te acostumbras a relativizar las cosas que ocurren. Muchos eventos que parecen de entrada nefastos , a la larga muestran un rostro creativo y positivo y fueron el comienzo de algo nuevo y bueno. "Ver que no es razonable preocuparse no evita la preocupación; antes bien, uno se preocupa más al constatar que no es razonable" Por tanto, Watts y Spinoza coinciden: "Abre los  ojos, experimenta que eres parte de lo que existe, esa acción tan sencilla te transformará ya que muestra a través de la comprensión y la vida que muchos de nuestros problemas más desconcertantes son pura ilusión""El temor, el dolor, el pesar y el hastío seguirán siendo problemas si no los comprendemos, pero comprenderlos requiere una mente única y no dividida. Tu y la experiencia que vives sois la misma cosa. No estáis divididos"".

Le seguridad es el apego al pasado, ya lo sabemos. A lo conocido. Es un condicionamiento que te cierra puertas y ventanas y te estrecha la vida, cuando no te amarga. No puedes vivir apegándote al pasado, reflexiona. Las soluciones y remedios de antaño no suelen ser eficaces hogaño. En el mundo en que vivimos, nos diría Watts si aún viviera, la evolución viaja en jet y los  humanos seguimos avanzando a pie. Hemos de acostumbrarnos a lo nuevo, lo desconocido, lo inesperado que suele ser incierto por definición. Para ello hay que abrir nuevos caminos y amoldarse a los cambios (o ser arrasados por ellos). Las nuevas generaciones amarían a Watts. Ellos, ustedes, saben de qué hablo: un mundo en el que el cambio es un motor programado para buscar la excelencia. Aunque, realmente, nadie sabe adónde vamos a parar, en qué dirección nos movemos. Y como dice el chiste: ¿Habrá taxi para volver? Quizá al final de nuestro camino descubramos algo que sabíamos desde el primer paso: la sabiduría de vivir consiste en aceptar la inseguridad como algo inevitable y amoldarnos a ella.

Como dice Watts, "...sólo nos parece la vida llena de significado cuando hemos visto que carece de propósito y sólo conocemos el "misterio del universo" cuando estamos convencidos de que no sabemos nada sobre él". La distancia cronológica que separa este texto de la actualidad (unos 70 años) no afecta ni un ápice a su pertinencia a las vacilaciones y defectos sociales y personales que seguimos manteniendo hoy con una obstinación rayana en la estulticia. Y sus mensaje siguen siendo útiles y sabios: "cuando dejamos de ver que nuestra vida es cambio, nos enfrentamos a nosotros mismos... la única manera de hacer que el cambio tenga sentido consiste en sumergirse en él, moverse con él, participar en el baile".

FICHA

LA SABIDURÍA DE LA INSEGURIDAD.- Alan Watts.- Trad. Jorge Fibla. Ed. Kairós.-150 págs. ISBN 9788472452800





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