LOGOI 32: EL ESCLAVO





 
 El escritor ruso Leon Tosltoi, en uno de sus panfletos políticos, de los que en los últimos años de su vida se dedicó a escribir con profusión, narra una de las historias de "Las mil y una noches" a fin de ilustrar las relaciones perversas que se suelen establecer entre los gobiernos y los gobernados. Describe a un viajero que por azares del destino llega a una isla desierta. En ella encuentra a un viejo desvalido y tullido que le ruega que lo cargue sobre sus hombros para ayudarle a cruzar un arroyo. El viajero, compadecido, lo hace y cuando llega a la orilla opuesta el viejo le va pidiendo que siga llevándolo para aprovisionarse de frutos y una vez en su cabaña le deje allí en lugar seguro. El viajero lo hace y va notando que el viejo ha cerrado con sus piernas un fuerte dogal en torno a su cuello y su tono lloroso va convirtiéndose en órdenes de mal tono. Cuando intenta dejar al viejo y obligarle a bajar de su cuello, éste se niega y lo convierte en su esclavo, amenazándole con ahogarle. Dejando al margen la exageración irreal de la anécdota, Tolstoi la convierte en metáfora. En ella, el líder, el jefe, el tirano, los que gobiernan y mandan, han logrado que el pueblo (con sus votos, en una democracia)  les permitan gobernar de la misma manera que el viejo con el viajero, subido a sus hombros y atenazándoles por el cuello con las necesidades de la vida. Y a base de disciplina fortalecer su poder y privar de la "cualidad más importante de su naturaleza, la razón libre" a sus gobernados. Más adelante Tolstoi cita al escritor alemán Heinrich Schmitt: "Los gobiernos que justifican su existencia por la seguridad relativa que proporcionan a sus súbditos son comparables al bandido calabrés que prometía a los viajero que encontrarían libre el camino si les pagaba un tributo". Con una diferencia sustancial: el bandido robaba a los ricos y los gobiernos despojan preferentemente a los pobres y favorecen a los ricos que, a su vez, les apoyan y aseguran su mandato. ¿Simple? Suena a cuento capcioso para adoctrinar a gente sencilla e inocente. La época en que Tolstoi escribió su panfleto dista mucho de la nuestra. Pero, en el fondo, ahí donde anidan ciertas verdades incómodas y también bastante simples, lo que se dice reverbera, vibra con un realismo molesto y más si aplicamos el cuento a intereses no sólo económicos y políticos, sino también sociales, nacionalistas, racistas, religiosos, de psicología de masas, de burocracia entorpecedora, de fiscalidad abrumadora. ¿Es el sino del hombre tener siempre sobre sus espaldas a un tirano de muchos rostros? El problema es encontrar una solución justa y equitativa que establezca mecanismos de control para convertir los gobiernos en gestores honestos  y eficientes para los intereses de la comunidad. Y eso Tolstoi no lograba concebirlo, sino con modelos de resistencia pacífica y fórmulas vinculadas al decrecimiento y la economía sostenible, algo absolutamente utópico en nuestra época. Quizá sea un sueño imposible, minado desde que nace por un virus congénito al ser humano: la ambición codiciosa e insaciable pavoneándose en el territorio de la ignorancia y la visceralidad más irracional. Para obtener ejemplos, pongan un telediario o lean un periódico. Es plena actualidad.-ALBERTO DÍAZ RUEDA
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