LOGOI 37: WALSER





 
 "Sin pasear estaría muerto". Lo escribió el suizo de lengua alemana Robert Walser (1878-1956). Yo llevo desde mi adolescencia hasta hoy mismo pensando lo mismo, sin elaborarlo. Walser fue un poeta y un filósofo nato, un hombre que respiraba a través de la reflexión. No es muy conocido en el mundo popular de las letras o de la filosofía. Solía escribir microgramas, pequeñas reflexiones sobre lecturas, pensamientos sobre hechos de cada día, lo más cotidiano o lo más banal. Los "logoi" nacieron como una reacción mimética a los "propos" de Alain y a los "microgramas" de Walser. Fue respetado por talentos tan soberbios como Robert Musil ("El hombre sin atributos"), Herman Hesse ("Narciso y Godmundo"), Thomas Mann ("La  montaña mágica") o Franz Kafka ("La metamorfosis", "El proceso"). Su obra está editada por Siruela en España. Pero me interesa resaltar hoy "El paseo" (publicada en alemán en 1917). Como escribe Menchu Gutiérrez en el prólogo de la edición española de 2016: "Todo resplandece en los paseos de Walser, en los que se mezclan arrebatos y caídas, en los que las ideas se elevan y abisman con la más extraña naturalidad...Walser defiende las miniaturas de la cotidianidad... él dota de materialidad a los fantasmas sin cuerpo del camino y, a su vez, éstos lo animan a él y le dan forma...el amante del vagabundeo vuelve una y otra vez al camino, ese que se ve siempre como si fuera la primera vez". Walser sigue a los clásicos del "tempus capere" (aprovechar la ocasión). Un tiempo que hay que saber esperar tanto como no perder. Y es el tiempo que se hace camino. en el que coincido plenamente con el autor. Es ese momento que nunca es neutro ni indiferente, que lleva en sí la marca de la oportunidad, que te invita a percibirla, que se abre para que te adhieras, pues es cuando las cosas que te rodean en tu camino comienzan a ser lo que son. Por eso cada camino es distinto, aunque geográficamente sea el mismo. Como totalmente diferente es el camino de subida a la montaña del que sigues para descender de ella, aunque topológicamente se trate de la misma senda, así lo constatamos  todos los caminantes. Walser merece una lectura atenta. Y no se trata del "peri patós" de Aristóteles, el paseo reflexivo en compañía, dialogando sobre filosofía. Ni las sosegadas  caminatas por el Jardín epicúreo, ni el "flaneur" parisino de Baudelaire o de Balzac. El paseo de Walser es otra cosa, es una especie de comunión sensual, poética e intelectual con el complejo y variado medio ambiente  por donde pasa: "su cuidadosa mirada tiene que vagar y deslizarse por doquier, desinteresada y carente de egoísmo; tiene que ser siempre capaz de disolverse en la percepción y percepción de las cosas y ha de postergarse y olvidarse de sí mismo, sus quejas, necesidades o privaciones..." ¿Excesivo? Quizá si. Tal vez lo que más desconcierta al lector de hoy sea el estilo narrativo de Walser, su caótica sensibilidad aplicada a paletadas sobre el lienzo de la página, su tendencia a la disgresión disparatada, el surrealismo de las figuras que va mostrando y los diálogos y monólogos rebuscados y retóricos en los que se aprecia un cierto desequilibrio, una desmesura que recuerda al Nietzsche más desbordado o un Kafka sin la brida de su lucidez. No es un autor para cualquier lector. En cuanto al motivo central estrictamente, el pasear, el caminante,  atestiguo después de decenas de años de practicar esa forma de andar por senderos y montañas de toda España, que esa actividad es más que un deporte o una actividad saludable...es el reflejo activo de una forma de vida. -ALBERTO DÍAZ RUEDA
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