LOGOI 50: ALTERIDAD





 
 Siempre necesitas a un Otro, real, imaginario, externo o introyectado, para conocerte a tí mismo. Tus análisis precisan referencias comparativas y estimativas, a veces de forma consciente y a menudo inconsciente. Y lo mismo ocurre con tus percepciones y con el motor de tus deseos o de tus rechazos. En tu vida cotidiana casi todo lo que haces tiene una motivación inconsciente de alteridad, La alteridad es inevitable y generalmente ignorada,cuando no negada de forma sistemática.

Necesitamos a un Otro para llegar a tener cierta conciencia de cómo somos y en alguna medida de qué somos. El psicoanálisis y la psicología profunda han trabajado la alteridad a veces con notable acierto y otras veces auxiliándose de la mitología. Freud nos habló, y utilizó en sus argumentos de técnica analítica, el mito ancestral del ser completo en la noche de la humanidad, un ser que unía en sí los dos sexos, dos cuerpos completos, uno de cada sexo, unidos por la espalda. Su completud perfecta les hizo soberbios y se declararon iguales a los dioses. Estos, indignados (recuerden que los dioses ancestrales, sobre todo los griegos y romanos, tenían los mismos defectos que los hombres, corregidos y aumentados, pero con muchísimo más poder) decidieron dividirlos y hacerlos dos individuos "distintos", separándolos y mezclándolos con otras mitades por todo el mundo. Es el cuento de la media naranja y su corolario, la dificultad de encontrar la "tuya".

Pero el mito, el símbolo, la metáfora y la metonimia reflejan una realidad palmaria: el Otro está siempre dentro de nuestra mente, lo formamos en cierta forma,para permitirnos ejercer el proceso incesante de vivir: son puntos de referencias que nos sirven de orientación y nos minimizan la sensación de soledad y abandono. El Otro es la otra cara de la moneda del ser. De tal manera que como en el mito, el Otro sigue formando parte del Uno que crees ser y como te representas a tí mismo y ante los demás. Y aun siendo un Otro es un Uno con el sí mismo que cada uno somos.

En nuestro psiquismo, en nuestra mente, en el inconsciente, somos capaces de sentir desde las variabilidades  del deseo sexual, hasta mantener actitudes y comportamientos que inciden en parámetros que tradicional y equivocada o simplificadoramente asignamos de forma arbitraria a uno u otro sexo (causándonos a veces rechazos que nos ha codificado la tradición o los tabúes cultuales y sociales). La mayoría de nuestros pensamientos, actos, deseos o pulsiones, siempre reflejan, si los analizas sin prejuicios, una referencia más o menos insconciente al Otro que habita en nuestro interior, tan escondido que sólo cuando llegas a un cierto grado de madurez y neutralidad lúcida logras vislumbrar la sombra de su alteridad, Su reconocimiento total por nuestra parte supondría un enorme avance en la madurez psíquica de la especie. Piénsenlo. Sólo los médicos y psicólogos que saben o intuyen esta realidad psíquica perciben la enorme cantidad de patologías y problemas psicológico-somáticos que podríamos evitar progresando hacia esa "unión" alegórica, simplemente reconociendo la  alteridad consustancial de nuestro psiquismo.-ALBERTO DÍAZ RUEDA



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