LOGOI 51: TDA GLOBAL





 
 Observen con atención y cierto disimulo a las personas que les rodean, en el trabajo, por las calles, en el deporte, a las salidas de los coles o en sus actitudes cuando el hijo/a  juega un partido de fútbol o de básquet. ¿No les recuerdan  los síntomas del TDA (trastorno por déficit de atención) a nivel global?  Decía Ortega hace más de 70 años: “ Casi todo el mundo está alterado, y en la alteración el hombre pierde su atributo más esencial: la posibilidad de medi­tar, de recogerse dentro de sí mismo y precisarse qué es lo que cree, lo que de ver­dad estima y lo que de verdad detesta: el poder de ensimismarse.” Pero Ortega nos dice que la técnica  “es la que lo permite.” Hoy es justamente la técnica la que, con efecto paradójico, nos roba tanto la atención que nos impide ensimismarnos al modo orteguiano y  produce más bien un fenómeno de dispersión. Los psiquiatras le llaman “síndrome de despolarización atentiva”, ya que la atención tiene tantos polos de atracción que pierde la capacidad  de atender a una sola cosa y así comprenderla y gestionarla. Un investigador italiano nos informa que los seres humanos tenemos menos capacidad de concentración que los peces de colores. Los humanos perdemos hoy la concentración al cabo de cinco segundos -en el año 2000 eran doce- mientras que en  los peces de colores el promedio es de nueve segundos. Kant pensaba  que el trabajo intelectual disciplinado (o físico), el silencio y la soledad ocasional disminuyen  el peligro de acabar envidiando a los peces de colores. El parloteo incesante de la tele, el móvil, los ordenadores,  acompañados por los ruidos ciudadanos, familiares o sociales, es el caldo de cultivo de nuestro TDA global.  Otro científico ha demostrado que la contaminación acústica es tan dañina como la atmosférica. El ruido debilita el sistema inmune, agrava enfermedades como el Parkinson, la demencia o la esclerosis múltiple e incrementa la mortalidad por causas respiratorias, cardiovasculares y diabetes. Debemos aprender a ensimismarnos, de espaldas a las pantallas. –ALBERTO DÍAZ RUEDA
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