LOGOI 76: RESPETO





 
 Mi viejo amigo y compañero de "La Vanguardia", Antoni Puigverd, se quejaba de los debates previos a las últimas elecciones y decía de ellos que son la "definitiva futbolización de la política". Y no el fútbol de la Champions, que también, sino el de las liguillas de los colegios con los padres de los pequeños jugadores convertidos en energúmenos. Como el niño del cuento que ve desnudo al rey y lo proclama ante el silencio o la vergüenza de la corte, Antoni decía que el espectáculo de la política "ha perdido conexión con la realidad social y carece de sentido de Estado". Los políticos han perdido el sentido de la corrección pública, de la contención ética, en suma de la buena educación. Diré más, es la vida pública la que se ha achabacanado y, por tanto, tenemos los políticos que nos merecemos. Escribía Ortega a principios del pasado siglo: "Quienes rompen las reglas de la buena educación se quedan sin gozar la fruición delicadísima de ejercitar íntegramente sus energías dentro de ellas... Divino juego civil de la buena educación...¡Deleite noble y señor el de vivir dentro de las reglas quebrantables, sin quebrantarlas!". Ha llovido mucho desde entonces pero parece que lo publicó ayer.

En el fondo todo es una cuestión de respeto. Olvidamos demasiadas veces que los dones, derechos y deberes de la democracia, no son dádivas graciosas sino conquistas en ejercicio permanente. Escribió Goethe: "Lo que se hereda de los mayores, hay que conquistarlo para poseerlo".  Si queremos una política digna y unos políticos acordes con el "ethos" del momento (la moral auténtica, efectiva y espontánea que informa cada vida y cada nación) hemos de establecer el respeto como norma básica  de la relación política. El respeto es la referencia ética de la buena educación. Y esta es imprescindible, en la política y en la sociedad.- ALBERTO DÍAZ RUEDA


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