LOGOI 6: CUIDADORAS





Michel Onfray habla en "La escultura de sí" de ciertos principios de comportamiento que ya analizaban Diógenes, Epicuro, Marco Aurelio, Pirrón o Epicteto. Prescindiendo de los elementos desgranados por este combativo filósofo francés, quiero centrarme en una reflexión sobre un "territorio ético totalmente al margen de la supuestas virtudes cristianas de la renuncia y el sacrificio" que en ese texto se hace referido al sujeto pensante.  Yo quiero adentrarme en el reflejo especular del "otro". Un otro que hace suyos los principios y prácticas autoaplicadas para esa "escultura de sí" pero las enfoca, de una forma altruista y desinteresada en otra persona. Es decir aquellas personas  escasas -aunque seguramente todos habremos conocido una o dos en el curso de nuestra vida- que dedican una gran parte de su energía personal en cuidar a otras personas, cercanas o no  a ellas mismas. Cuidar en el sentido amplio de "cura" de cuerpo y alma. Y no hablo de cuidadores por "obligación", ya sean a sueldo -alguno también hay de esa clase especial- ni  de los que se sienten constreñidos por razones legales, profesionales, de parentesco, de religión (obsérvese que no hablo de ética), de costumbre, de herencia familiar, de patología compensatoria, sino de personas que hacen ofrenda de sus cuidados, ocasionales o continuos, sin esperar recompensa, agradecimiento ni reconocimiento  alguno. Son personas de gran energía interior que la encauzan hacia una vía altruista y generosa. He comprobado empíricamente que toda esa energía empleada les alimenta a ellos mismos, más tarde o más temprano, en forma de  una gratificación raramente visible y no mensurable. Un observador paciente y atento -si tiene la fortuna de asistir al trabajo de uno de esos cuidadores durante el tiempo suficiente (a veces es la esposa o marido de alguien, una hermana/o, una vecina/o o una amiga/o, incluso un simple conocido/a ocasional) comprueba cómo esa persona  de la que "emana" esa facultad de saber cuidar a otro, va acumulando en sí misma –como si los recibiera "en reciprocidad"– los efectos salutíferos y psicosomáticos  del ejercicio de la "vida buena" de la que hablaban los filósofos antiguos citados: equilibrio psicológico, bienestar, sensación de alegría, vigor y energía. He estado buscando las razones científicas que podrían "demostrar" esa interacción entre la acción gratuita y bondadosa y los beneficios personales que recibe el sujeto de la acción, sin buscarlos, ni desearlos. La única condición "sine qua non" para que ese "trasvase" se produzca es que sea un acción espontáneamente generosa y altruista. Ya he renunciado a esa indagación escéptica de las posibles causas del fenómeno. Acepto lo que he visto como admito aquellos fenómenos de la física cuántica que hasta hace poco tiempo eran considerados terreno de la magia, la fantaciencia o la espiritualidad.
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