LOGOS 44: SILENCIO (II)





 
 El capuchino italiano Giovanni Pozzi, un erudito petrarquesco y humanista, catedrático de literatura italiana en la Universidad de Friburgo, autor de varios libros sobre el barroco italiano, se dejó seducir por la tentación mística con un librito inclasificable "Tacet" ( Ed.Siruela). Ya me ocupo del libro en sí en otro momento y lugar y  aquí, como una chispa reflexiva, comento una metáfora que cierra el librito denso y sugestivo del pensador italiano. Es apenas una página y media intitulada "Las estancias de la soledad y el silencio". Hay una relación obvia entre la soledad y el silencio, aunque uno puede estar solo y ensordecido por "sonidos" externos o internos. O puede estar acompañado por alguien  o en medio de los estruendos  de la multitud y llevar el silencio dentro de sí. Como Wittgenstein,  que en una sucia, ruidosa y peligrosa trinchera de la I Guerra Mundial escribió parte de su "Tractatus", una de las piezas filosóficas clave de nuestro tiempo. W. es emblemático en este tema,  pues cerró toda una etapa de su vida con la frase "de lo que no se puede hablar es mejor callarse" y se pasó seis años como maestro de escuela en una aldea de los Alpes austríacos, guardando un porfiado silencio filosófico y dejando la enseñanza porque quería unir soledad a su silencio.

Por eso a pesar de la lejanía filosófica que existe entre los autores clásicos chinos y griegos que mencionaba en el primer logoi  (36) dedicado al silencio, insisto en el tema debido a la sencilla pero cuidadosa metáfora que Pozzi usa: la celda y el libro son las  estancias del silencio y la soledad. Una unión posible pues la celda, estancia de la soledad,  "se encuentra en el centro del hombre, en el corazón que nunca duerme, vigilante en la escucha...una celda secreta donde se encuentra todo el bien que no es un bien particular, ese bien que siéndolo todo, no es ningún otro bien".  Mientras el libro, estancia del silencio, "es el depósito de la memoria, el antídoto para el caos del olvido, lugar donde la palabra yace, pero siempre en vela, dispuesta a acudir silenciosamente al encuentro de quien la necesite....repleto de palabras, calla". Soledad y silencio que se manifiestan de forma plena en el hombre que lee atentamente, absorbido por las palabras y las ideas y sensaciones que éstas le sugieren, resonando en el silencio. ¿Qué mejor parábola para ilustrar la soledad y el silencio en el individuo? Los que amamos a los libros y la lectura podemos confirmar esa especie de "comunión mística" entre nuestro cerebro (que abandona las demandas del Otro y se en-si-misma en su "no sufrir compañía")  y el libro que sostenemos entre nuestras manos y al que nos entregamos en un silente diálogo potencial que casi siempre es sólo una escucha que también reclama silencio. Soledad y silencio, el binomio complementario que místicos y filósofos de toda tendencia y condición han reclamado como escenario y condición creativa. Montaigne, Kant, Descartes, Pirrón, Marco Aurelio, Séneca, compartieron un estilo de vida que unía los dos elementos. Y somos legión los "lletraferits" que acogemos en lo más hondo del corazón esta observación final de Pozzi en su pequeño y sugestivo libro .- ALBERTO DÍAZ RUEDA


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