Los lobos cambian el río: Francesc Miralles





Título: Los lobos cambian el río

Autor: Francesc Miralles

Año de publicación: 2021

Nº de páginas: 312

Editorial: Ediciones Obelisco


Francesc Miralles es un escritor barcelonés nacido en 1968 que se ha especializado en los libros de autoayuda, aunque también ha escrito numerosos relatos y novelas. Los lobos cambian el río, un relato autobiográfico que contiene reminiscencias de los libros de autoayuda, es el primer libro suyo que leo.

La obra abarca desde la niñez del autor, hablando al principio de sus padres, hasta sus treinta y pocos años.

Miralles nos habla de su vida como lo que es (la suya y la de cualquiera): una oportunidad de sentir la existencia como un cúmulo de experiencias, y de personas que entran y salen de ellla dejando en nosotros su impronta, de las que se puede aprender aunque resulten ser individuos de los que haya que mantener distancias.

Guardando un gran cariño hacia su madre y cierta desafección hacia su padre, se nos muestra el autor como una persona desorientada que busca su lugar en el mundo con escasa fortuna, sobre todo en sus primeros años de vida. Trabajos desgradables se mezclan con los viajes al extranjero y unos estudios que no acaban de cuajar, hasta que al cabo de mucho tiempo encuentra la motivación de llevarlos a cabo: ser consciente de que se puede cumplir con las expectativas que los demás esperan de uno mismo. Tampoco se muestra Miralles como un galán precisamente. Todo lo contrario: digamos que “no se entera” con las chicas.

Todas las vicisitudes que se narran a lo largo del libro llevan a que el lector pase las páginas con una sonrisa de comprensión en los labios, porque ciertamente no puede evitarse cierto reflejo autor-lector en ellas, y más si el lector pertenece a la misma generación que el autor, pues se coincide en las modas y en la sociedad de las distintas épocas.

En la obra se describen viajes en verdad épicos, como el que lleva a cabo con JR a Grecia. Pero los que marcan de verdad la vida de Miralles son los dos viajes que describe a la guerra de los Balcanes, donde lo vivido y lo visto en ella lo harán volver varias veces posteriormente, una vez acabada la guerra.

En este libro Miralles nos habla de todo. Por motivos de extensión, a veces pasa superficialmente sobre algunos temas que resultan de verdadero interés, como por ejemplo la creación y la creatividad en los individuos. Sobre esto, hay un diálogo en el libro que me ha llamado la atención:

—Para crear, ¿es mejor estar triste o alegre?

—Los dos extremos son buenos —me contestó en una ocasión—, porque nos despiertan emociones profundas. Si estás triste, bajas a los abismos y tienes acceso a una sensibilidad que normalmente está oculta. Y si estás muy alegre, te conectas de forma muy fuerte con la vida. […] Los estados intermedios no favorecen la creatividad.

Este fragmento y lo que sigue me llamó la atención porque hay una enfermedad mental que antes se llamaba psicosis maníaco depresiva y ahora a las personas que la sufren se les llama bipolares. Se caracteriza porque el individuo nunca se halla en un estado emocional intermedio, sino que o bien está exultante y alegre, o bien se encuentra sumido en una profunda depresión. Es una forma de locura que ha afectado a grandes creadores universales, como por ejemplo Virginia Woolf. Quizás la locura o algunas formas de ella están más relacionadas con el creador y el genio de lo que podamos pensar.

 

La narración, aunque es fácil de seguir, no resulta lineal en el tiempo: el narrador da saltos arbitrarios hacia adelante y hacia atrás dependiendo de lo que en ese momento le resulte adecuado contar. La prosa es sencilla y el estilo resulta ameno; además hay que añadir el enorme oficio del autor, que al final de cada capítulo (muchos y muy cortos) te deja con la miel en los labios para que continúes con la lectura.

De un libro autobiográfico, qué mejor que realizar una apostilla en su reseña para narrar algo vivido que a lector y autor incumben.

En mayo de 2019, Octavio, el librero del pueblo donde yo me había afincado, quien también es promotor cultural, me comentó que iban a venir a su librería, para firmar ejemplares, dos autores que me resultarían interesantes. Octavio sabe desde el primer momento en que le conocí que yo escribo y me autoedito, por lo que me señaló que podía ser bueno para mí conocer a Francesc Miralles y Jordi Campoy, que estaban de gira de promoción juntos con sendos libros que acababan de publicar.

El día señalado fui con mi mujer. Después de un breve intercambio de palabras, compré yo la novela de Campoy y mi mujer el Ikigai de Miralles. Hechas las fotos de rigor, marchamos porque había otros clientes esperando turno.

Aunque Octavio había intercedido por mí en un momento en que pudo hablar con Miralles, quien está bien relacionado con el mundo editorial, éste no pareció hacerle mucho caso. Salí de allí con la sensación de que era un hombre frío y desinteresado por lo que acontecía en los demás.

Llevo muchos años en el mundo de la literatura. Aunque he enviado textos a editoriales, eso fue al principio de haber registrado mis primeros libros. Gravita en mí cierto desencanto con todo esto, en lo referente a ser publicado por editorial, y la verdad es que a estas alturas ya no espero demasiado de ellas.

Tuvieron que pasar poco más de dos años para encontrarme de nuevo con Miralles, hace poco, a finales de junio de 2021. También fue a instancias de Octavio. Estuvimos a punto de no poder ir mi mujer y yo debido a que nos habían surgido unos compromisos casi insoslayables, pero finalmente pudimos acudir. Esta vez se trataba de una comida juntos y venía con él Anna, su actual pareja, que también escribe.

A priori, yo no tenía claro si se esperaba algo de mí, pero de cualquier modo mis capacidades en el ámbito de la relación social son absolutamente lamentables, por lo que no me iba a preocupar de caer bien o mal, o de fallar en algún aspecto respecto a mis contertulios. Yo iba a ser yo, de cualquiera de las maneras, es decir, imperfecto, tosco y muy torpe socialmente como sólo yo sé que lo puedo ser. Lo curioso es que la impresión que me iban dando mis contertulios iba cambiando a medida que la conversación avanzaba. Ya no me parecía Miralles alguien tan impersonal como me pareció cuando nos conocimos. Su pareja, un encanto de chica: atenta, amable y discreta. Había otro contertulio: J. Miquel, un experto del mundo judío y templario de las tierras tortosinas. En otra mesa, casi pegada a la nuestra pero separada por cuestiones de protocolo por el covid, estaba una pareja, ella también escritora, y Octavio haciendo de cicerone con ellos. Como digo, yo ignoro si a nivel social estuve a la altura. Pero ellos sí ganaron peso respecto a mí. Miralles era una persona mucho más cercana a los demás de lo que había supuesto yo el día que lo conocí; además tuvo un gesto hacia sus amigos, que no voy a contar, que me impresionó, en cuanto a que lo colocaba como hombre con un alto concepto de la amistad, y como arte que se debe cultivar. A la tarde estuvimos en la presentación del libro y yo, como siempre, cometí alguna que otra torpeza que interrumpió por unos instantes la charla.

Miralles no era mi primer Miralles, aquel Miralles que sin duda ni recordaba que ya nos habíamos conocido. Encima el libro era una autobiografía, por tanto tenía que leerlo porque deseaba profundizar más en el conocimiento de esa persona, ya que había incitado mi curiosidad.

Los lobos del libro hacen referencia a los lobos del parque de Yellowstone, que había perdido a todos los ejemplares de esa especie y durante años los animales restantes iban conformando el paisaje, sobre todo las orillas de los ríos, que se encaminaban hacia la aridez, debido a la actuación más bien negativa que estaban ejerciendo sobre la naturaleza. Años más tarde se volvieron a incorporar los lobos en el parque, y éstos cambiaron la cadena trófica para bien, pues la naturaleza volvió a tomar el equilibrio primigenio. Esta explicación mal contada por mí es el sustento del título del libro, pero los lobos de Miralles en realidad son todas las personas que se le han cruzado por el camino a lo largo de la vida. Precursor del ikigai en España (un modelo de vida que se aproxima a la felicidad), budista desde hace años y católico por raigambre social y cultural, Miralles nos cuenta que la vida es un continuo aprendizaje y que cualquier persona, aunque nos haya resultado dañina, como por ejemplo los compañeros de cuando consigió un empleo como editor de mesa, o no hayamos reparado en ella en un principio y jamás volvamos a verla, pueden enseñarnos algo que en un futuro dé sus frutos.

La portada hace referencia a esas aguas del río que van modificando (símbolo de las experiencias vitales) la piedra hasta pulirla y redondearla, perfeccionándola (el hombre completado).

En definitiva, se trata de una autobiografía en la que se conocerá bien a un tímido e introvertido Miralles que poco a poco, tomando a la vida y a las personas que se le cruzan por ella como maestras, se completará, para acabar en una cima (real o imaginaria) desde la que mirará al horizonte crepuscular sabiendo que la vida no necesita preguntas porque no tiene respuestas, sino que simplemente hay que vivirla.


Pedro Carbonell Castillero

13/07/2021



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