LOS PUEBLOS Y LAS SOMBRAS, ÁLVARO RUIBAL





Alberto Díaz comenta: En "Los pueblos y las sombras" Ruibal nos habla de varios viajes realizados entre los años 60 y principios de los 70, en los que visitó zonas, pueblos y monumentos del territorio español, dejando un testimonio certero, lúcido, irónico y con trazos de humor inteligente y respetuoso, de los lugares y las gentes
Álvaro Ruibal, brillante escritor y periodista gallego afincado en Barcelona, ya en su madurez escribía una columna diaria en "La Vanguardia" (creo recordar que se titulaba "La calle y su mundo") y solía recalar a media mañana en la redacción de la calle Pelayo para entregar su trabajo y aprovechar para ejercer una de sus mayores virtudes intelectuales, el arte del monólogo, donde se explayaba con un estilo inigualable, satírico, zumbón, inteligente, brillante en ocasiones, lleno de metáforas y figuras de dicción de lo más llamativo, enormemente culto e informado. Dado que mi mesa estaba en pleno centro de la gran sala de redacción y yo era uno de los pocos redactores que trabajaba por las mañanas (el grueso de la redacción entraba después de comer y hasta la madrugada) el gran Ero (así firmaba su columna) se colocaba frente a mí, ( jamás se sentaba, con lo que lograba hacer creer al oyente escogido que todo era cuestión de unos minutos) y entraba al hilo de cualquier asunto de actualidad en un variadísimo y coherente discurso del que emanaban citas literarias, filosóficas, políticas y costumbristas de una enorme erudición y una no menos enorme diversión. Con una excepción bien curiosa: jamás hablaba de sí mismo y sus asuntos personales o familiares. En cambio, de los profesionales hacía un uso divertido, indiscreto, irónico y a veces sarcástico. Era un purista de la lengua y un rescatador de vocablos antiguos, cultismos u obsoletos, pasados de moda, que él hacía brillar con la lozanía de lo nuevo. La "charla" podía durar horas. A veces lamentaba tener que interrumpirle pues los de imprenta venían por el material que yo estaba preparando y el linotipista esperaba hacía rato mi original. Por casualidad o providencia ha caído en mis manos uno de los pocos libros que publicó, "Los pueblos y las sombras" y me he decidido a escribir esta reseña en homenaje a un hombre muy criticón y sardónico que era un hombre bueno en el buen sentido de la palabra. Había nacido en Santiago de Compostela a principios de siglo y muy joven marchó a Madrid a estudiar arquitectura y ciencias exactas (solía haber en sus artículos destellos de amplios conocimientos arquitectónicos y científicos) aunque acabaría seducido por el periodismo literario de altura. Trabajó a las órdenes de Juan Ramón Jiménez en El Sol, mientras asistía a las clases de Ortega en la Universidad y participaba en las tertulias literarias del Café Pombo y en algunas tascas frecuentadas por boxeadores y ciclistas profesionales (siempre sintió un interés muy intelectualizado por los deportes: sus crónicas de fútbol de tercera división firmadas con el pseudónimo de "Zaguero" estaban tan llenas de humor y de un vocabulario riquísimo y deslumbrante, que constituían piezas de estudio en la Facultad de Filología castellana. A partir de los años 40 se instala en Barcelona, fichado por La Vanguardia. Allí haría popular y admirado su seudónimo ERO con el que firmaba la columna diaria. Murió el 16 de enero de 1999, fecha en que se publicó su última columna. Unos días antes habíamos estado charlando durante dos horas seguidas para desesperación del regente de la imprenta que esperaba mi trabajo. En "Los pueblos y las sombras" Ruibal nos habla de varios viajes realizados entre los años 60 y principios de los 70, en los que visitó zonas, pueblos y monumentos del territorio español, dejando un testimonio certero, lúcido, irónico y con trazos de humor inteligente y respetuoso, de los lugares y las gentes. Resulta doblemente curioso y aleccionador leer estos reportajes literarios sobre unas tierras y unas costumbres y un tipo de personas que ya no resisten la más mínima comparación con la realidad actual de los mismos lugares, reflejados por la pluma sutil de Ero. Leer este libro es un ejercicio de nostalgia de un pasado que, sin duda, estaba marcado por unas condiciones sociopolíticas, económicas y culturales nada lisonjeras, pero donde aún determinados valores y principios populares o ambientales de signo positivo eran moneda de curso legal. Y también un goce literario salpicado de dulces arcaísmos aplicados con la irónica soltura de un amante de los clásicos. Como él escribe en su prólogo: "La España sombría y alucinante estimo que ha caducado, pero sigue dominada por la melancolía. Yo creo que se trata de la desazón y amargura de los pueblos vencidos." Alucinará el lector cuando compruebe que hay muchos otros defectos españolísimos que sólo han cambiado de disfraz pero siguen vigentes y aumentados (y el libro fue escrito, ojo, hace 46 años). Un libro que va la pena buscar (Serret tiene un excelente servicio de busca) y leer para después conservar. Despreciadores del pasado, incluso de lo bueno, abstenerse. FICHA LOS PUEBLOS Y LAS SOMBRAS.- Álvaro Ruibal ("Ero").- Biblioteca universal Planeta.-210 páginas.


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