Nos robaron la juventud. Memoria viva de la Quinta del biberón.





 Título: Nos robaron la juventud

Autor: Víctor Amela

Ed. Plaza y Janes.

Año de publicación: 2020

Nº de páginas: 464


Víctor-Manuel Amela Bonilla (1960) es un periodista y escritor barcelonés. Desde hace muchos años publica entrevistas, junto a dos compañeros, en La Contra del diario La Vanguardia. También aparece con regularidad en radios y televisiones de alcance nacional. Como escritor, se interna siempre en la novela histórica. De él he leído La hija del capitán Groc (2016), Yo pude salvar a Lorca (2018) y el libro que ahora me ocupa.

Nos robaron la juventud, memoria viva de la quinta del biberón es un tratado histórico-periodístico, no una novela. Como indica el subtítulo, se habla sobre todo de la llamada Quinta del Biberón: muchachos de 17 y 18 años que, durante la Guerra Civil, fueron llamados a filas por las autoridades de la República, para combatir contra el bando rebelde en el frente del Segre y en la batalla del Ebro. Al construir esta obra, Amela aprovecha una serie de entrevistas que realizó a lo largo del tiempo a algunos supervivientes de dicha quinta. Se fueron publicando en La Contra de La Vanguardia cada 25 julio del año de la entrevista realizada en ese momento.

El libro consta de un prólogo, siete apartados que el autor clasifica según la afinidad de los materiales recopilados, y tres epílogos.

El prólogo es muy breve. Nos habla con connotaciones poéticas sobre detalles que previamente han contado los protagonistas de la Quinta y del libro.

En el primer apartado, que se titula Soldados sin querer, hay 18 entrevistas a distintos integrantes de la Quinta del Biberón. Como indica el título del apartado, estas personas fueron reclutadas para hacer la guerra sin contar con su consentimiento, a la fuerza. Esto llevó a que la mayoría de ellos tratasen de salvarse de la carnicería a la que habían sido expuestos. Al final de cada entrevista, Amela, de manera epistolar y con narración, entre preguntas, en segunda persona, va reconstruyendo el itinerario vital seguido por su tío, José Amela (recluta también de esa quinta, y forzado a ir al frente, como las personas entrevistadas. Este tío suyo es también coprotagonista, junto al abuelo materno del autor, Manuel Bonilla, de la novela Yo pude salvar a Lorca), durante esos días de los que tan poco se sabe, si se exceptúan estos propios testimonios y algunas cartas y documentos conservados de aquella época en aquel lugar.

Los testimonios son siempre desgarradores, la crueldad de la guerra, a la que la vida y la muerte le son indiferentes, se manifiesta a través de unas voces que la vivieron en primera persona: Salvé la piel, sí. Eso queríamos todos. Combatíamos forzados, no por convicción. Y qué triste, la retirada: vi tantas viejas y niños por los caminos, huyendo... (Simó Gallart). Luego, a otro “biberón” (Andreu Canet), le pregunta Amela: ¿Qué enseñanza extrajo de su guerra?, y le responde: Que el mundo está lleno de vividores: yo luchaba... y mis gobernantes me obligaban a pagar los sellos de las cartas que le enviaba a mi madre.

El segundo apartado se titula Cinco “biberones” de armas tomar, y está dedicado a supervivientes de esa quinta que fueron al frente voluntariamente. Son cinco entrevistas que aportan otro punto de vista hacia los mismos hechos.

El tercer apartado se titula ¿Hubo “biberones” con Franco? Aquí Amela nos habla de los “pelargones” (quintos también adolescentes que fueron reclutados por las tropas franquistas) y del requeté catalán, formado por jóvenes nacidos en Cataluña, pero que lucharon a favor de los nacionales debido a su raigambre católica y carlista.

Cartas, dietarios, memorias y un borrador es el título del cuarto apartado del libro. Aquí Amela expone las cartas desde el frente que ha conservado de su tío Josep. A la vez que las va mostrando, el autor amplifica y aclara la información sobre ellas. Luego hay otros textos de otros combatientes. A mí me han llamado la atención las memorias inéditas de Enric Sanahuja, por el hecho de estar tan bien contadas (aquí, mediante extractos escogidos por Amela), porque este hombre luchase en ambos bandos y, sobre todo, porque este texto esté aún inédito como libro, pues, en mi opinión, se trata de uno de los mejores testimonios que hay en todo el libro de Amela. Acaba este apartado con un borrador de Agustín Penón, persona que, como personaje, tiene cierta relevancia en su novela Yo pude salvar a Lorca.

Brossa y Perucho, dos “biberones (más seis coetáneos) es el título del quinto apartado del libro. Aquí Amela se detiene en comentar (y en entrevistar) anécdotas con interlocutores de cierta relevancia pública que estuvieron en el frente.

El caso del macuto perdido es el sexto apartado del libro. Aquí, debido a que un “biberón” perdió un macuto que encontró un combatiente del otro bando, Amela aprovecha para ofrecernos el episodio más novelesco del libro, en el que nos cuenta las andanzas del escurridizo macuto que se resiste a volver con su dueño original.

Turismo de trinchera es el séptimo y último de los apartados del libro. En este episodio, Amela nos devuelve a la época actual, y de la mano de Andreu Caralt y de Joaquim Aloy nos cuenta la situación en que se encuentra el territorio donde se produjeron los conflictos bélicos, y de cómo los integrantes supervivientes de la quinta se agruparon mediante asociaciones para recordar sus particulares episodios vitales durante el enfrentamiento entre ambos bandos. Cada año, el 25 de julio, los “biberones” ascienden a la cota 705 de Pàndols, uno de los puntos neurálgicos de esa batalla. En 2019 sólo subieron allí 5 “biberones”.

En el primer epílogo el autor recorre en persona la zona, próxima al Segre, donde supone que su tío escribió las cartas a su familia durante su estancia en ese frente. Amela nos aproxima, desde la distancia de las palabras de un libro, y como si éstas fuesen un telescopio que poco a poco va definiendo su enfoque, a los lugares donde Josep hizo campaña, antes de atravesar el río Ebro y acabar allí su aventura de “biberón” al ser herido por una bala que en principio se dirigía a su corazón. Finalmente, mediante una serie de avenencias casuales con personas que le van indicando los pasos a seguir, localiza la casa y se imagina a su tío redactando las cartas en el interior de ella, como si el tiempo se hubiese congelado. Es el acercamiento entre Josep y Víctor, adolescente el primero y hombre maduro el segundo, en lo que se refiere a la guerra civil española. La circunstancia es imposible que pueda darse, pero hay en ese encuentro una fractura temporal de más de ochenta años que ningunea las imposibilidades.

Los epílogos II y III son frases de despedida del libro.

Este libro es un documento histórico de primera magnitud; hay en él testimonios de muchas personas que se vieron inmersas en la locura colectiva que propició semejante conflicto en nuestro país. La sensación que le queda al lector es de que las personas nos limitamos a adaptarnos y que en realidad somos peones de unas fuerzas que están más allá de nosotros mismos. Se sobrevive (si se puede), y nada más.

Víctor Amela ha hecho con este libro un gran trabajo periodístico y de compilación, además de haberlo estructurado para darle una homogeneidad que resulta evidente, a medida que el lector se interna en sus páginas. Como buen periodista, el autor siempre se muestra imparcial, no se decanta por ningún bando. Su redacción abarca desde 1938, con los diarios y cartas de algunos “biberones”, hasta 2019, cuando Amela va en busca de la casa donde su tío compuso sus cartas desde el frente. El lenguaje utilizado es llano, accesible para cualquier persona acostumbrada a leer.

Lo estremecedor de las situaciones narradas por los “biberones” entrevistados nos lleva a pensar que situaciones así, en las que las personas vivieron al límite, no deben volver a ocurrir. El libro es una advertencia, es una llamada desde el pasado, es una reconstrucción del olvido, es el ensamblaje de piezas vitales que al autor le faltaban sobre su tío, por no haberle hecho preguntas en el momento pertinente. El libro, compuesto en gran parte por aquellos a quienes robaron la juventud, es una obra de lectura imprescindible para todos aquellos que quieran saber más sobre su pasado colectivo y sobre sí mismos.



Pedro Carbonell Castillero

26/08/2020




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