TIEMPO DE MAGOS

 Hacía tiempo que no disfrutaba tanto con un libro de historia de la filosofía como con "Tiempo de magos" del filósofo y periodista Wolfram Eilenberger que ha logrado la hazaña de escribir una especie de "Vidas Paralelas" no sobre emperadores o filósofos romanos y griegos, sino con grandes filósofos de nuestro ayer más cercano, la por él bautizada "gran década de la filosofía", de 1919 a 1929. Diez años prodigiosos en los que las vidas y los acontecimientos personales e intelectuales de cuatro pensadores de primera fila, Ludwig Wittgenstein, Walter Benjamin, Martin Heiddegger y Ernst Cassirer, marcaron de una forma indeleble, decisiva, la especulación filosófica, social y científica de todo el siglo XX y se extiende sobre el XXI.

La gracia del libro estriba en la habilidad con la que el autor va engarzando las vidas de estos cuatro hombres,con sus penurias, vacilaciones, contradicciones, logros e ideas, tejiendo un tapiz que tiene la virtud de mostrar de una forma sencilla y atractiva los entrecruzamientos de los cuatro. No sólo en el entorno geográfico y político social a los que pertenecen por vivir en la misma época y países cercanos entre sí, sino en la esencia conceptual de sus ideas, todas ellas  (quizá con la excepción del muy ortodoxo Cassirer), de tan difícil sustantación y definibilidad que resulta una hazaña intelectual hacerlas digeribles al lector. Como elementos hábiles de hacer amena la lectura, Eilenberger escoge anécdotas vitales -muchas de ellas bastante poco conocidas- que van perfilando las figuras de estos pensadores tan controvertido como Heiddegger,  tan contradictorio y desdichado como Benjamin, o el difícil trato con el autista genial y no menos desdichado, Wittgenstein.

Destaco la anécdota del examen de doctorado de Wittgenstein en la Universidad de Cambrige en 1929, ante un tribunal formado por los filósofos Bertrand Russell y G.E. Moore, entre otros. Un cuarentón Wittgenstein que sólo había publicado una obra (que nadie había entendido) y que trabajaba como maestro de escuela tras haber rechazado su herencia, una fortuna extraordinaria, se presenta ante el tribunal, se niega a dar demasiadas explicaciones de sus ideas y ante sus asombrados jueces se levanta, da unos golpecitos amistosos en los hombros a Russell y Moore y les espeta: "No se preocupen, sé que jamás lo entenderán". Evidentemente fue aprobado. No por la soberbia un poco cómoda y excesiva de la frase sino porque todos los examinadores de forma unánime sabían que estaban ante un genio irrefutable.

Los cuatro pensadores analizados en este libro son altamente creativos, impertinentes y revolucionarios. Forman una extraña conjunción mágica del pensamiento especulativo. Son centroeuropeos, tres alemanes y un austríaco y han vivido una época convulsa con la  República de Weimar, la I Guerra Mundial, la llegada del nazismo y la II Guerra mundial. Nuestro autor va intercalando las cuatro historias separadas en capítulos donde de forma simpática e ilustrativa nos define las posturas y actividades de sus biografiados. Por ejemplo empieza en 1919, el año en que "el doctor Benjamin huye de su padre, el subteniente Wittgenstein comete un suicidio económico, el profesor auxiliar Heidegger abandona la fe y monsieur Cassirer trabaja en el tranvía para inspirarse".

Los cuatro pensadores parecen buscar una respuesta adecuada y moderna a la pregunta de Kant, ¿Qué es el hombre"  y llegar en su análisis a muy distintas conclusiones. Y es aquí en lo que Eilenberger logra su mejor acierto: hacernos inteligibles las difíciles ideas y planteamientos del oscuro Heiddeger, del místico Wittgenstein o del brillante pero enigmático Benjamin y, por supuesto, del olvidado Cassirer que tuvo la genialidad apenas reconocida de usar el lenguaje y los símbolos para dar su versión de lo que es la naturaleza humana.

Nos dice brillantemente Eilenberg: "Era previsible que la vieja pregunta de Kant acerca del hombre condujera, según se asumiera la respuesta de Cassirer o la de Heidegger, a dos ideales completamente opuestos de evolución cultural y política, tomar partido por una humanidad con iguales derechos formada por todos los seres que utilizan los signos [Cassirer] se oponía al coraje elitista de ser auténtico [Heidegger]; la esperanza de una domesticación civilizadora de las profundas angustias del hombre se enfrentaba a la exigencia de exponerse radicalmente a ellas; el compromiso con el pluralismo y la diversidad de las formas culturales contradecía el presentimiento de una inevitable pérdida de la individualidad en esa sobreabundancia; la continuidad moderadora se oponía a una voluntad de ruptura total y de nuevo comienzo".

Desde el  Tractatus logico-philosophicus, de Wittgenstein, a La filosofía de las formas simbólicas, de Cassirer, o el "Ser y tiempo" de Heidegger, o las ideas dinámicas aunque caóticas de Benjamin, son convertidas por nuestro autor en las raíces nutricias de la filosofía del siglo XX. Y lo explica en una entrevista: “Los cuatro son los padres fundadores de las escuelas que aún dominan la discusión: Heidegger, del existencialismo, la hermenéutica y la deconstrucción; Benjamin, de la teoría crítica y la Escuela de Fráncfort. Wittgenstein, de la filosofía analítica. Y creo que los estudios culturales no serían lo mismo sin Cassirer”.

Es este un libro apasionante no sólo para los estudiantes y lectores de filosofía, sino para cualquier lector que sienta curiosidad por la historia de las ideas  que han modificado y condicionado el siglo en el que vivimos.

FICHA

TIEMPO DE MAGOS.- Wolfram Eilenberger- Tra. Joaquín Chamorro.- Ed. Taurus.- 383 págs.- 22,90 EUROS.- ISBN 9788430622085



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Jesús Callejo vuelve al #Matarranya de la mano de Carlos Ollés, y firmará ejemplares mañana sábado 29/06 en #LLibreriaSerret

Jesús Callejo

 

Jesús Callejo Cabo es licenciado en Derecho por la Universidad de Valladolid y durante veinte años ejerció como letrado en varios puestos de la Administración Pública. Desde entonces sustituyó la palabra «ministerio» por la de «misterio» para dedicarse a la edición, investigación y divulgación de temas históricos, etnográficos, antropológicos y «fronterizos con la ciencia». 

Ha publicado diversos libros sobre estos temas, entre los que destacan Guía de los seres mágicos de España, Breve historia de la brujería, Secretos medievales, Las profecías del Tercer Milenio, La España extraña (en colaboración con Javier Sierra), El alma de las flores, Fiestas sagradas, Sabiduría ancestral de las plantas y La España fabulosa. En La Esfera ha publicado recientemente, con gran éxito, Grandes misterios de la arqueología. Viajes al encuentro de lugares sagrados (2017).

Durante trece años fue  miembro del programa La Rosa de los Vientos de Juan Antonio Cebrián, en Onda Cero Radio, y ha participado como experto en documentales y programas de TV (Cuarto Milenio, Otros Mundos, Rastreadores de misterios, UNED en La 2, Doce o El punto sobre la historia, entre otros). En la actualidad colabora en la sección «El cronovisor» de SER Historia y es director del programa radiofónico La Escóbula de la Brújula (Podium Podcast-Prisa) desde su creación en el año 2013.

 

Otros libros del autor

Grandes misterios de la arqueología

 

Territorios talismán

 

¿Existen ciudades talismánicas?

¿Hay personas y lugares protegidos por el destino?

¿Quiénes son los guardianes de las pirámides?

¿Por qué Jerusalén y La Meca se consideran ombligos del mundo?

¿Existe un ángel custodio en Zaragoza, Valencia y Barcelona?

Agenda

Jesús Callejo ofrece una conferencia en el ciclo «Literarios 2017-2018» con su libro 'Grandes misterios de la arqueología'

 http://www.esferalibros.com/

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Jesús Callejo presenta "MATARRAÑA SECRETA" de Carlos Ollés, sábado 29/06 en Fonda Angeleta

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AUTOBIOGRAFÍA DE CH. DARWIN

 ¡He aquí un hombre!  Ese es el comentario que musité al  pasar la última página de la excelente "Autobiografía de Charles Darwin", editada de manera notable por Nordica, con las ilustraciones deliciosas de Iban Barrenetxea. Es difícil encontrar en el mundo científico la sencilla naturalidad, la ecuanimidad, humildad e integridad de la que Darwin hace gala al escribir sobre la propia obra y la de los demás científicos de su tiempo y especialidad. En opinión de Freud, Darwin, Marx y Newton, junto a él mismo forman la primera fila del cambio de paradigma científico del hombre y su realidad, el fin del racionalismo  idealista que ha dominado el pensamiento científico y social durante siglos.

Al igual que las ideas de darwinismo, la evolución de las especies, la del hombre y el viaje del Beagle, forman parte del bagaje cultural elemental de cualquier estudiante de bachiller, la auténtica dimensión humana y científica de Charles Darwin  ha quedado limitada a estudios superiores y salvo a la ayuda de algunos artículos (y una excelente película inglesa, "Creation" de 2009) nadie  sabe gran cosa del genial científico, de vida enfermiza y algo dramática. Le edición de este libro, preparada originalmente por la dinámica Nora Barlow, nieta de Darwin, que murió con 104 años después de coronar la edición de las memorias completas de su abuelo ( en las dos ediciones anteriores hubo censura de algunos párrafos y opiniones de carácter religioso de Darwin que fueron juzgadas no publicables por sus familiares directos, principalmente su esposa Emma.

Lo cierto es que Darwin escribió sus memorias porque "me divertiría y podría interesar a mis hijos y mis nietos". Y añade "he tratado de escribir el siguiente relaro sobre mí mismo como si fuera un muerto en el otro mundo que recapitulara su vida. Eso no me ha resultado difícil, porque mi vida pronto tocará a su fin, ni tampoco me he preocupado por cuestiones de estilo". y efectivamente es un libro sencillo, sin florituras ni complejidades, directo, honesto y claro. Compone el retrato de un hombre de familia, volcado en el amor a los suyos y en un absorbente trabajo permanente, posible de realizar porque, como él mismo dice en sus memorias, no ha necesitado ganarse la vida, debido a su fortuna personal. A pesar de su humildad, Darwin fue consciente de la carga revolucionaria de sus descubrimientos ( e incluso la padeció familiar y socialmente)

Cuando Darwin muere en 1882,  abrazado por su esposa Emma, sin duda  captaría el terror de su mujer ante la idea -a su parecer fantástica-  de que iba a perder a su marido por toda la eternidad. Precisamente en este libro Darwin argumenta: "Poco a poco dejé de creer en la cristiandad como una revelación divina...el descreimiento fue tan gradual que no sentí ninguna pena y desde entonces no he dudado ni por un segundo que mi conclusión era correcta...De hecho me cuesta creer que alguien pueda desear que el cristianismo  sea cierto, porque de ser así, parece decir muy claramente que los hombres que no creen, y esto incluiría a mi padre, a mi hermano y a casi todos mis mejores amigos, serán castigados eternamente. Y esta es una doctrina odiosa". Y apostilla: "No parece que haya más designio en la variabilidad de los seres orgánicos y en la acción de la selección natural del que hay en la dirección en la que sopla el viento".

Particularmente me han encantado algunos comentario que respaldan la probidad y sencillez de Darwin. Como cuando dice : "siempre que me topaba con un dato publicado, una nueva observación o idea que fuera opuesta a las mías, la anotaba sin falta y enseguida, pues me había dado cuenta por experiencia de que tales datos e ideas eran más propensos a borrarse de la memoria que los favorables ". O..."Es beneficioso demorar la publicación de un libro pues tras un largo intervalo, una persona puede criticar su propia obra casi tan bien como si fuera de otro". O..."me alegro de haber evitado las controversias o enredarme en polémicas, pues rara vez traían algo bueno y causaban una lastimosa pérdida de tiempo y de sosiego." O..."Parece que hay una especie de fatalidad en mi mente, que me induce a empezar expresando de forma equivocada o torpe mis afirmaciones o proposiciones. En otro tiempo solía pensar las frases antes de escribirlas, pero desde hace varios años he descubierto que ahorro tiempo garabateando páginas enteras con la mayor rapidez posible y con malísima letra, abreviando la mitad de las palabras, y corrigiéndola luego pausadamente. A menudo las frases escritas aprisa de este modo son mejores de las que pudiera haber escrito tras larga meditación."

Algunas confesiones personales de Darwin son enternecedoras como cuando se acusa de pérdida de sensibilidad artística porque ya no le atraen la poesía o la música que fueron en su juventud un apoyo y un placer elevado, ya que "La pérdida de estas aficiones supone una merma de felicidad y puede ser perjudicial para el intelecto, y más probablemente para el carácter moral, pues debilita el lado emotivo de nuestra naturaleza". O la de no considerarse un escéptico ya que "es una condición intelectual que creo perjudicial para el progreso de la ciencia. Es aconsejable un cierto escepticismo en un científico para evitar mucha pérdida de tiempo, pero me he encontrado con no pocas personas a las que estoy seguro que este escepticismo ha impedido llevar a cabo experimentos u observaciones que hubieran resultado directa o indirectamente útiles."

FICHA

AUTOBIOGRAFÍA DE CHARLES DARWIN.- Trad. de Iñigo Jáuregui.-Ilustraciones de Iban Barrenetxea.- Nordica Libros.-161 págs.- ISBN  9788417651220


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LOGOI 80: LA MONTAÑA VIVA

 Camino, luego existo. Lo que para Descartes era pensar como prueba ineludible del existir, para muchos de entre nosotros, la grey universal de los caminantes, sin distinciones de sexo, formación, ocupación, nacionalidad  o edad, la actividad corporal andariega por sendas o montañas, bosques o planicies desérticas, para todos los hermanos de bipedismo activo, es la función corporal del movimiento, en busca de una meta u objetivo o paseando morosamente: el peripatós aristotélico donde se unen armoniosamente Descartes y el Caminante. Escribe Nan Shepherd, montañera británica -escocesa- con un libro magistral -"La montaña viva"- sobre el macizo o cordillera de los Cairngorms, el ártico escocés: "...el cuerpo piensa mejor cuando la mente se detiene, cuando está desacoplada del cuerpo...y la mejor forma de desacoplar la mente es caminar: tras varias horas de caminata constante, (con el ritmo largo del movimiento mantenido hasta que éste se hace sensación, y no sólo conocimiento), para el cerebro, como 'centro inmóvil' del ser, la carne se vuelve transparente".

Desde Parmérides a Alcmeon de Crotona, desde Protágoras a Epicuro, pasando por los Vedantas, el Taoísmo o el Budismo Zen, (sin entrar en la filosofía de ayer Kant,  y de hoy, Heidegger) la antigüedad pensante ha confirmado lo que la Shepherd escribe y todos los montañeros sabemos: "en la montaña podría decirse que el cuerpo piensa". Después de medio siglo de calzar botas de montaña o zapatillas de senderismo, he vivido esa sensación vivificante, clarificadora, que enaltece el ánimo y nos vuelve humildes y nos integra en esa totalidad bullente de energía que se despliega a nuestro alrededor. Y no es preciso escalar ochomiles, las cumbres dejan de importar cuando dejas de competir contigo mismo: los modestos riscos majestuosos de los Puertos de Beceite, los valles profundos llenos de olivos del Matarraña rodeados de lomas  y cumbres por debajo de los mil metros, son escenarios perfectos para los que aprendemos a ver y no solo a mirar la Naturaleza. En ella, el cuerpo nos muestra la senda que lleva a la "ascensión de la interioridad", como un peregrino de los bosques y las colinas que se funde con el entorno y hacia dentro, en los recovecos de los olivares centenarios y en las graníticas aristas del Montsagre de Horta.-ALBERTO DÍAZ RUEDA

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LOGOI 79: PACTO DE ESTADO

 Uno de los grandes problemas de nuestro país, en esta hora precisa, es el de la educación. El desbarajuste político se refleja en un caos de procedimientos, sistemas, programas y propuestas (casi diez leyes de educación se han barajado entre PP y PSOE en la época "democrática"). Parece como si la estructura educativa desde el instituto a la universidad obedeciera las cambiantes mareas de la cosa política y con cada cambio de Gobierno se afanara el partido de turno en cambiar las cosas (y nunca para bien) y proponer e implementar cambios educativos de calado o superficiales que desconciertan al personal y nos van relegando en los análisis internacionales a los lugares más bajos de las clasificaciones de calidad educativa. Lo mismo pasa con la cultura y sus instituciones: el partido ganador trae su propia cantera de gentes a las que emplear y con ideas de renovación y cambio que casi nunca añaden algo cualitativo a lo ya existente, cambian y desbaratan los trabajos hechos o por realizar del anterior equipo. 

La educación parece ser una cuestión de segundo orden para los políticos. Kant nos decía: "El hombre solo puede ser hombre por la educación. No es nada más que lo que la educación hace de él". Y dirigido a las autoridades universitarias de Königsberg en el curso 1765-1766 proponía en su oferta del trabajo a realizar: "Al alumno no hay que transportarle sino dirigirle, si es que tenemos la intención de que en el futuro sea capaz de caminar por sí mismo: no se debe enseñar pensamiento, sino enseñar a pensar".

¿No va siendo hora de que se acuda a los pactos de Estado? ¿Hace falta una situación apocalíptica para que pueblo, políticos y banderías se unan en un esfuerzo común por resolver los problemas? La educación y la cultura, no son temas accesorios. Es la base, el humus, donde florecen y crecen, o no, las condiciones básicas para un futuro basado en el progreso, la libertad, la ciencia, la seguridad y la paz. En esas cuestiones capitales no deberían intervenir las ideologías que son, en palabras de J.L.Pardo, "las coartadas perfectas para que no tengamos que pensar...un catecismo donde se nos dice lo que hay que pensar para ahorrarnos ese ejercicio que tal vez nos llevara a no reconocer tal ideología como algo cercano a nosotros: toda ideología es pereza y simpatía". Por encima de ellas a la hora de entrar en la educación y la cultura debería primar siempre el mérito y la excelencia y no el nepotismo cultural (y en definitiva, lo que parecen olvidar los políticos, el progreso de un pueblo atontado en gran parte por los medios más o menos manipulados y la tecnología absorbente de los móviles e internet).- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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LA SENSACIÓN DE LO QUE OCURRE

 El neurocientífico portugués Antonio Damasio, psicólogo y filósofo también, siempre me ha fascinado, por la profundidad de sus estudios y por la humildad con la que desarrolla sus estudios y trabajos. Sus libros "En busca de Spinoza" y "El error de Descartes" fueron un luminoso alegato filosófico y científico sobre la importancia de las emociones y los sentimientos en el desarrollo cognitivo, los procesos cerebrales y la operatividad relacional y la conducta. Damasio dirige el Instituto del Cerebro y la Creatividad en la Universidad de Los Angeles. Tan directo, claro y sencillo como el añorado Oliver Sacks, Damasio es, sin duda, uno de los neurocientíficos más respetados no sólo por su labor investigativa y divulgativa, sino por la enorme calidad y atractivo de sus libros.

En este libro, publicado en 1999, Damasio lleva su investigación a lo que se considera una de las más candentes  incógnitas de la neurociencia  sobre el cerebro: el misterio de lo que es, dónde se ubica y cómo funciona la conciencia, la sensación de ser uno mismo, la conciencia de sí. ¿Cómo podemos aplicar una percepción neurobiológica al funcionamiento de la conciencia? o lo que es más inmediato, ¿cómo sabemos cuando sabemos algo sobre algo? Damasio busca hacernos entender cómo el cerebro engendra esos patrones mentales a los que denominamos imágenes y de forma inmediata cómo ese mismo órgano crea la sensación que estamos, el uno mismo, conociendo. Es decir que cuando vamos conociendo las imágenes que nos crea el cerebro de los objetos, también aparece una sensación: la del observador que mira esas imágenes.

Pero Damasio añade dos elementos más a la dinámica de conocimiento que nos propone en el libro: las emociones y los sentimientos. Las primeras son "complejas colecciones de respuestas químicas y neuronales que conforman un patrón". Estos patrones los crea el cerebro con la finalidad de adaptar nuestro organismo a las circunstancias emergentes para mantener el equilibrio vital. Son una respuesta neurobiológica a un determinado estímulo a fin de adaptar nuestro organismo a sus demandas o rechazos. Quizá lo que Spinoza, uno de los autores más admirados por Damasio, llama el conatus, la fuerza de prevalecer de un organismo en la existencia buscando lo mejor para él, la excelencia. Son dispositivos bio reguladores que se desencadenan de forma automática sin intervención de la consciencia, pero que tienen efectos evidentes en distintas partes del cuerpo e incluso en circuitos de respuesta cerebrales, formando parte de la homeostasis corporal, la regulación vital que es parte de la salud del organismo. Como dice Damasio: "podemos educar o prevenir las emociones, pero no suprimirlas.

En cuanto a los  sentimientos, hay una relación lineal progresivas entre ambas instancias, siendo la emoción el elemento público de la reacción y los sentimientos "la experiencia mental y privada de una emoción". Y asi a las emociones universales y primarias como alegría, tristeza, miedo, ira, sorpresa o rechazo, corresponden sentimientos secundarios como celos, culpa, vergüenza, bienestar, malestar, tensión o calma.

Damasio denomina conciencia nuclear al pensamiento de tí mismo, al sentimiento de tí, como ser individual "involucrado en el proceso de conocer la propia existencia y la de otros". Y añade: "nuestra sensación de self es un estado del organismo, es otro patrón vulnerable de operaciones integradas cuya acción es general representaciones mentales de un ser viviente individual". La sensación de self tiene un precedente biológico preconsciente, el proto-self, que es "una colección coherente de patrones neuronales que cartografía, momento a momento,  el estado de la estructura física del organismo.

Damasio también nos habla de la consciencia ampliada, que "puede abarcar la vida entera del individuo" y, poética y místicamente, "instalar el mundo a su lado". Es la consecuencia de dos elementos determinantes: la habilidad de aprender y retener miles de experiencias y la capacidad de reactivar esos registros en un momento dado, aplicándose a la resolución de problemas o a la comunicación enriquecedora a un otro. Seguramente podría ser la definición neurocientífica de un bien muy preciado en la historia de la humanidad: la sabiduría.

 FICHA

LA SENSACIÓN DE LO QUE OCURRE.- Antonio Damasio.-Trad. Francisco Páez de la Cadena.- Ed. Booket, 8,95 euros.-383 págs. ISBN 9788423353408

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LOGOI 78: CAMINA Y PÌENSA

 "Es el filosofar, a una, aprender a vivir y saber morir. A causa de la inseguridad del existir en el tiempo, es la vida constantemente un ensayar". Lo escribe Karl Jaspers, un filósofo existencialista muy cercano a Nietzsche y a Kierkegaard. Pero también es un pensador influenciado por Spinoza, el Maestro Eckhart y Nicolás de Cusa, además de mostrarse muy atraído por el budismo. En realidad su mensaje sobre la vida y la aceptación de la muerte tiene raíces muy antiguas, Epicuro (que no es el vividor irresponsable y hedonista que nos han vendido) y los estoicos, desde Séneca a Epicteto, o el neoplatónico Plotino.

Una mañana caminé hacia la ermita de Sant Blai, en las montañas del Monegret, con el bello pueblo de Tivissa allí tendido a su sombra, en el valle. La ermita es una austera construcción rodeada de cipreses altivos, campos de labor en terrazas con bastiones y muretes de piedra seca, almendros en flor –como incendiados en rosa y blanco– y una soledad soleada de mediodía. Allí he meditado sobre las palabras de Jaspers, pues ese "aprender a vivir" como objetivo del filosofar está indisolublemente unido a un saber morir, como Kierkegaard no se cansa de proponer. Al igual que la belleza y vitalidad de los montes de Monegret, sus árboles y su fauna, parecen aquietarse en el recinto de San Blai y tomar un sentido único. Asciendo por un camino empinado, pura roca, a la espalda de la ermita, hacia la gran Cruz metálica clavada en la carena, roca desnuda al borde del vacío, con el pueblo, más vida, al fondo. La cruz, símbolo de la muerte, que también lo es, para muchos, de vida espiritual, debería ser el signo de esa filosofía que preconizan los autores citados: un prepararse para un buen morir a través del ejercicio del buen vivir. Y ese buen vivir, dadas las inseguridades de la existencia, es, por definición un ensayar, un probar caminos, tomar decisiones, arriesgarse. Como en la montaña el caminante debe optar y luego cumplir lo decidido, extremando el cuidado en los pasos que se dan, que ninguno es banal, todos tiene consecuencia, desde acercarnos a la meta, hasta protegernos de la caída y el error. Y vale también traer a colación la "inseguridad de la existencia" en bloque, unida a la del camino –en algunos sitios, delicado y aéreo– por lo que tiene de cura, de cuidado, de todo el cuerpo y la mente unidos, en una función común: cuando permitimos que el instinto resuelva en milésimas de segundo el paso o el movimiento que nuestras piernas o nuestras manos deben hacer para asegurar nuestro equilibrio.-ALBERTO DÍAZ RUEDA

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DEL BUEN USO DE LA LENTITUD

 Alberto Díaz comenta: Sansot ya nos dice que a sus ojos  la lentitud "era sinónimo de ternura, de respeto, de la gracia de la que los hombres y los elementos a veces son capaces" y que no se trata de "un  rasgo de carácter, sino una elección vital: convendría no precipitar el tiempo ni dejarse atropellar por él, una tarea saludable, urgente, en una sociedad que nos acucia, a veces con nuestro consentimiento".
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De la mano de @TeresaLPellisa con @RicRuizGarzon @SusanaVallejoCh #Insólitas de excursión junto a #PabloMartínSánchez con #TextosPotentes al #Matarranya #Teruel

 

 
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LOGOI 77: ZORROS Y ERIZOS

 El sutil e irónico I. Berlin, ese pensador nacido en Letonia con el siglo XX y fallecido en Inglaterra en 1997 con 92 años de edad, se sirvió de una fábula  de Arquíloco, un poeta griego del siglo VII aC, en el que decía "muchas cosas sabe el zorro, pero el erizo sabe una sola y grande" para diferenciar a lo que calificaba de dos tipos de personas,  dos estereotipos más bien, entre los que apuntaba a filósofos, políticos, artistas o ciudadanos comunes y corrientes y los diferenciaba.¿Cuál era la característica que los diferenciaba? Los "erizos" sostienen una visión central y sistematizada de la vida. Creen en un principio ordenador y centrípeto que da sentido a la existencia. Es el caso de Dante o de Platón, de Nietzsche o de Proust, Marx o Freud. Su manera de pensar y actuar se vertebra sólidamente en torno a unas ideas capitales y coherentes, aunque cerradas y que se contentan consigo mismas, fiel y norma del acontecer.

Los "zorros" tienen una visión centrífuga de una realidad que por definición es dispersa y múltiple. El concepto de la existencia y la realidad no obedece a ninguna norma estable o coherencia estructurada, sino que respetan su diversidad dinámica. Los hechos pueden tener particularmente una coherencia, pero la totalidad, el Todo,  admite la contradicción y vive de ella, dispersándose en la multiplicidad y en un caos aparente, que es la forma como llamamos a un orden que no entendemos. Berlin ve a los zorros personificados en tipos como Aristóteles, Shakespeare. Goethe, Joyce o Balzac.

¿El cristianismo es al erizo lo que el taoísmo o el budismo es al zorro? Apuntando un poco más bajo, Berlin sugiere: "en todo erizo hay un fanático potencial; en todos los zorros hay un escéptico permanente".¿Séneca es un erizo? Su célebre frase: "Ducunt volentem fata, nolentem trahunt", (Los hados conducen a quien acata sus decisiones, a quien se resiste le arrastran), fue adoptada como lema por el filósofo e historiador alemán Oswald Spengler, autor de "La decadencia de occidente", publicado meses antes del Armisticio de la I Guerra, cuyo pesimismo cultural fue confirmado dramáticamente por la II Guerra Mundial y parece estar muy activo en nuestro siglo. ¿Vivimos en el siglo de los erizos? ¿Trump es un erizo? ALBERTO DÍAZ RUEDA

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