Pedro Gomez al Serret Forums

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¡Cariño, no te pierdas!

“En buen momento se me ocurrió pasar el fin de semana con este botarate. ¡Turismo rural! ¡Lugares con encanto! Yo que odio el campo, lleno de bichos y sin ningún tipo de confort”, piensa Pilar malhumorada, achinando los ojos para entrever, tras la cortina de agua, la carretera difuminada con el vaho de los cristales, entre pasada y pasada del limpiaparabrisas. Sujeta en la mano, como un talismán, el teléfono móvil en estado cataléptico desde hace dos horas, al que echa continuamente incrédulas miradas. Involuntariamente pisa un freno inexistente en cada una de las innumerables curvas, a pesar de que circulan a una velocidad irrisoria y si algo tiene José en exceso, es prudencia.

Prudencia que no le impidió considerar una excelente idea realizar una excursión a un entrañable rincón del Maestrazgo para poner a prueba su capacidad de convicción con Pilar y las prestaciones de su nuevo “todoterreno”. A juzgar por los recientes acontecimientos, debe felicitarse por la elección del flamante vehículo que se comporta con la entereza y profesionalidad que cabe esperar, sin embargo, no puede decirse lo mismo de su amiga, tensa, disgustada y al borde de la histeria. Le gusta mucho la chica, guapa, un poco pija y terriblemente esquiva, y él, hombre paciente y perseverante, lleva tiempo cercándola con resultados poco alentadores. Pretendía y esperaba que el contacto obligado durante estos dos días la predispusiera a una relación más estrecha, pero no contaba, por supuesto, con una combinación tan nefasta de los elementos, así que ahora a lo máximo que aspira es a que ella no lo mande al cuerno definitivamente.

Desde luego, no podían haber empezado peor. Con las primeras nieves, media Barcelona había decidido dirigirse a la montaña y tardaron lo indecible para salir. Cuando dejaron la autopista, era noche cerrada y bien por la ancestral impericia de las hembras para descifrar los mapas, bien por el poco interés que la copiloto ponía en ello, después de trotar largo tiempo con una lluvia torrencial por carreteras secundarias y algún que otro tramo de pista pedregosa, puede decirse que están irremediablemente perdidos. El hecho de no haber encontrado en todo el trayecto ni un miserable pueblo o caserío donde preguntar, acentúa la impresión de irrealidad y confiere a su inocente desorientación la magnitud ominosa de un cuento de terror, y aunque José es un hombre de temple, no puede evitar contagiarse de la aprensión de Pilar ni sacudirse la sensación de hallarse en un inextricable laberinto. Por si fuera poco, el piloto luminoso le hace guiños maliciosos indicándole la precariedad del depósito de gasóleo. No dice nada al respecto para no inquietar más a su compañera, pero ésta se ha dado cuenta y tras un par de alarmadas imprecaciones, ha pulsado frenética, una y otra vez, la tecla de emergencias del móvil, hablar con alguien, al menos, aunque no podamos indicar nuestra ubicación, ya nos buscarán, pero, inexplicablemente, después de alardear durante tanto rato su disponibilidad para “sólo emergencias”, el maldito aparato se ha saltado las más elementales normas de conducta y, aparentemente, ha fenecido: se ha apagado como la llama de una vela y no hay forma de devolverle la vida. José aduce, para conjurar los malos augurios de Pilar, que seguramente se ha terminado la batería, demasiado tiempo manteniéndolo innecesariamente activo cuando era evidente que no había cobertura y, ya se sabe, esto produce más desgaste y...

-¡Pero, no, de ninguna manera! -Grita ella- ¿Me tomas por idiota? Estaba recién cargado cuando he salido de casa.

-Bueno, pues se ha descargado. ¡Mira! ¡A la derecha! Allí al fondo se ve una luz, debe ser una masía.

-¡¡¡Cuidadoooo!!!

Con la emoción del hallazgo y la escasa visibilidad ha girado demasiado rápido para enfilar por un sendero en dirección al objetivo avistado, y se ha metido en la cuneta.

-Tranquila, mujer, no pasa nada, tiene tracción en las cuatro ruedas y si pongo la reductora...

-¡Tranquila, dice! ¡No pasa nada! ¡Y una mierda! ¡Mecagoenelcampo y en los aprendices de boy scout!

Como era de esperar, ni reductora ni nada, el motor emite unos agónicos carraspeos y vuelve al sueño de los justos. ¡Hala, como en las películas, ahora sólo falta que aparezca un tipo con una sierra mecánica!

José trata de contemporizar y, de paso, tranquilizarse a sí mismo:

-Aceptemos la realidad y no saquemos las cosas de quicio: Nos hemos perdido, se ha terminado el gasoil y la batería del móvil.

-Y está lloviendo a cántaros –puntualiza la chica.

-Sí, está lloviendo. Podemos quedarnos aquí toda la noche, tengo mantas, y esperar la luz del día. Y también tengo chubasqueros y botas...

-¿Tenías previsto rematar la excursión con una jornada de pesca? –interrumpe sarcástica Pilar.

-Si amaina un poco –sigue José, ignorando la pulla-, y si te apetece, podemos salir y acercarnos a la masía. No debe estar lejos. ¿Ves la luz?

-Sí, al final del túnel...

Efectivamente, en medio de la negrura destaca una pálida luz, aunque la apreciación del chico peca de optimista, pues es imposible calibrar la distancia que la separa de la pareja.

-Hace rato que tengo pis y ver caer tanta agua no ayuda mucho –dice ella-. Si para un poco saldré, pero ¿no será peligroso? ¿No habrá jabalís, osos, serpientes, ¡qué sé yo!? El campo me da un repelús... ¡Ay, por Dios, qué desastre! ¡Me estoy meando!

-Parece que llueve menos –Mira las gotas a través del foco de luz del coche y en voz queda, casi tímidamente, manifiesta:- Yo también quiero ir al lavabo.

-¡Al lavabo! –Repite ella despectiva- ¡Toma, y yo! Pero ¿Dónde demonios vamos a encontrar un lavabo? Tú lo tienes fácil, pero yo tendré que agacharme, sin ver nada, y con todos esos bichos por ahí... ¡Habrá sapos! ¡Y arañas! ¡Qué horror! Me subirán por las piernas y ¡Aggghs! ¡No quiero ni pensarlo! ¿Qué puedo hacer?

Lo mismo se pregunta él y no porque le den miedo los bichos, bueno, un poco, comprende perfectamente los reparos de Pilar, no es un gran conocedor de la fauna ni de su comportamiento, pero no lo tiene tan fácil como imagina la chica. Si sólo fuera mear... No le apetece comentar detalles que no contribuirán a mejorar su imagen, pero él tiene, desde hace rato, a causa de la tensión y los nervios acumulados, unos terribles retortijones, aviso ineludible de que su depósito, al contrario que el del coche, está lleno y precisa un pronto vaciado. ¿Qué reacción tendrá un jabalí si se topa con un tipo en cuclillas y con los pantalones bajados? Ha oído decir que son agresivos. Desde luego, no le hace ninguna gracia abonar el bosque de forma tan rudimentaria, pero la necesidad aprieta, nunca mejor dicho y sí, parece que está dejando de llover, sólo unas gotitas, habrá que arriesgarse.

-Mira, yo voy a salir –dice José poniéndose el anorac-. Espérame si quieres, no tardaré.

-¡No! ¡Espera! No me dejes sola. Ya te he dicho que me estoy meando.

-Si dejamos los faros encendidos agotaremos la batería –Comenta pensativo el hombre, antes de cerrar la puerta. Los apaga y las tinieblas lo envuelven todo. La mujer chilla.

-¡Enciende eso! ¿Para qué quieres la batería si no tenemos gasoil?

Obedece y los vuelve a encender. No hay más remedio. De lo contrario no pueden dar un paso. Pilar está tan asustada que no se atreve a separarse del vehículo, se apoya en él como un pollito buscando el reconfortante calor de la madre. José, apurado, comienza a andar en busca de la intimidad precisa para su cometido, cuestión de alejarse lo indispensable del haz de luz, encontrar un buen árbol y parapetarse tras él emboscado en los abundantes matojos.

-¿Adónde vas? –Vuelve a gritar la chica-. No quiero quedarme sola. ¡Ven!

-Vuelvo enseguida. –Contesta sin dejar de andar, no tiene el cuerpo para parlamentos.

El miedo propicia extrañas reacciones. Pilar pensaba orinar allí mismo, total, no hay nadie que pueda verla y, en cambio, ella sí puede distinguir el menor movimiento en la broza alertándola de la presencia de algún reptil. Esperaba que el chico hiciera otro tanto en el lado opuesto del coche, pero ante su súbito alejamiento, olvidando el propósito inicial y sus fundados recelos, ha salido disparada en pos del explorador, en cuatro zancadas le ha dado alcance y también ha dado al traste con las esperanzas de una defecación inminente y privada.

No hay más remedio, pues, que dar una explicación si quiere que Pilar suelte el brazo al que se aferra cual tabla de salvación. Con tacto y excesivos circunloquios refiere su necesidad: Que por favor, sólo será un momento; es que… tengo que hacer algo más que pis, ¿entiendes? Que tengo un menester… Algo que nadie puede hacer por mí. ¡Que me estoy cagando, vamos! Entonces, como si el espíritu del bosque quisiera remarcar la evidencia, al dar un paso, en lugar del razonable crujido de las ramas, el bochornoso e inconfundible sonido de una ventosidad acentúa sus palabras. La primera, perfectamente audible, es ignorada educadamente, pero la segunda, coincidiendo también con una zancada, hace que ambos se paren en seco. Él, mirando en todas direcciones, más extrañado que avergonzado; ella, mirándole a él, escandalizada.

-Bueno, chico, contente –dice Pilar, apartándose.

-Pero si yo no...

Y al dar otro paso, un cuesco fenomenal atruena el bosque. Otro paso, otra resonante flatulencia. Otro, y la vibración sacude las hojas de los árboles. José corre ofuscado hacia la penumbra acompañado de una clamorosa secuencia de pedorretas variadas.

Como artista ovacionado abandonando el escenario, una vez sale fuera del foco de luz, vuelve la calma. Desde su rincón oscuro puede ver a Pilar de pie, indecisa, y adivinar su gesto adusto, su mueca de profundo desagrado. ¿Cómo ha podido ocurrir? ¿Qué broma o, lo que es peor, qué bromista...? Porque él no ha sido, ¡Por Dios, ¿Cómo iba él ...?! ¿O sí? Su vientre se contrae y lo imperioso de la necesidad hace que deje las preguntas para más tarde. Aprovechando la invisibilidad de su aislamiento, empieza a bajarse los pantalones. Está en cuclillas, a punto para soltar la primera carga cuando el chillido de la mujer le paraliza. Mira pero no ve nada. Pilar le llama a gritos, desesperada, y él comprende el motivo evidente de su crispación: se han apagado las luces. El vehículo que les iluminaba, su último amparo, se ha extinguido como otrora lo hizo el teléfono. Interrumpido su cometido, haciendo un esfuerzo para calmarse, trata de hacerse oír. Quizás, piensa, si consigue dominar la situación, recupere también el respeto de su compañera. Afortunadamente, ésta no puede verle, pues la imagen de José, de pie, con los pantalones en los tobillos, bramando estúpidas consignas para serenarse, no es la más adecuada para que una dama confíe en el caballero que va a sacarla del laberinto. Están tan nerviosos que no consiguen establecer un código auditivo: ambos gritan a la vez, sin que uno entienda al otro y, a continuación, agotados, callan al mismo tiempo. El silencio espectral hace que reanuden sus llamadas “¡Joséeee! ¡Pilaaaaar!” Como si fuera el inicio de un villancico. ¡"No te muevas!” Ha conseguido escuchar ella entre el fuego cruzado de contraseñas. “No te muevas del sitio o te perderás, ya voy yo hacia ti” Olvidando momentáneamente su precaria indumentaria, al dar el primer paso se traba el chico con sus pantalones y va de bruces al suelo. Se estremece y se revuelve con el tacto frío y húmedo de la maleza.

-¡Joséeeee! ¿Dónde estás? ¡Joséeeee, por favor! -solloza la mujer en algún lugar del bosque.

-Tranquila Pilar, ya voy. Me he caído pero... -No me he hecho nada, iba a añadir, cuando el tacto inconfundible pero invisible de una cálida mano acariciando sus nalgas le hace callar preso del pánico- ¿Qué? ¿Quién? ¿Qué pasa? –Gira y bracea en la oscuridad, arañándose con algunas ramas.

-¡Joséeeee! ¿Qué haces?

“¡Subirme los pantalones! Subirme cuanto antes los malditos pantalones, eso es lo que debo hacer”, piensa José, olvidado ya, con tanto ajetreo, el motivo inicial de la bajada. Ha conseguido arrodillarse y busca frenético el cinturón enrollado en las piernas. Lo encuentra, intenta ponerse en pie pero vuelve trastabillar y cae sentado. Está tan liado, física y emocionalmente, que considera lo mejor empezar por el principio, es decir, quitarse los pantalones, que se han ovillado en sus piernas y, una vez destrincada la madeja, volvérselos a poner. Tranquiliza por enésima vez a Pilar, quién a estas alturas, lejos de estar tranquila está además convencida de que todos sus problemas son fruto de la ingente estupidez de su compañero, a quien considera un gafe y un patoso temerario. Por tanto, haciendo acopio de valor, decide prescindir de él y encaminarse hacia la luz de la casita que, una vez acostumbrada a la oscuridad y gracias a la tajada de luna que aparece intermitente entre nubarrones, no parece tan lejana. Dice: “Voy hacia la casa, ya vendrás” y sin esperar respuesta, escudriñando el suelo, agradeciendo la inestimable protección de sus gruesas botas, con los brazos extendidos como una sonámbula para apartar ramas y siniestras aves nocturnas, se pone en marcha.

Él sólo ha oído “...casa, vendrás”. Da igual, al menos ha dejado de azorarle con su miedo infantil. Tiene el culo frío y no se permite pensar sobre qué puede estar sentado, pero se ha quitado las botas y también los pantalones con las perneras enroscadas en los calzoncillos como anguilas. Normal que se enredase, si al tacto aprecia que las dos prendas parecen un destornillador. Después de varias vueltas las enarbola triunfante, listas para ser de nuevo ocupadas. Y entonces, justo cuando iba a ponérselas y las sujetaba con ambas manos confiado, le son arrebatadas por una fuerza incorpórea, un zarpazo o un soplo de aire. De nuevo manotea, se levanta, da vueltas sobre sí mismo escrutando la maleza y grita “¡Pilar!” “¡No estoy para bromas!” Porque tiene que ser ella, ¿Quién si no? Se está pitorreando, la muy ladina. “¿Dónde estás? ¡Dame los pantalones!” Pilar no responde ni le oye. Pilar avanza cautelosamente, aprovechando la luz que se cuela por los resquicios de las nubes. José busca en vano, tanteando cual gallinita ciega la presencia de su compañera o la procelosa rama en la que tal vez se han enganchado sus ropas. Juraría haber oído una risita, una risita de conejil, a ras de tierra, pero los conejos no ríen. La luna se oculta de nuevo, juguetona, y deja a nuestros amigos otra vez en tinieblas. Tiene frío pero ve imposible, con semejante oscuridad, encontrar su vestimenta, si es que la ha perdido. Vuelve a llamar a su compañera, por la fuerza de la costumbre, sin esperar respuesta. Pensando en el penoso aspecto que ofrece, se quita el anorac y se lo ata a la cintura, cubriendo de esta manera el trasero y, vislumbrando entre ramas la titilante lucecita de la masía, avanza también en esa dirección. Afortunadamente ha conservado sus botas y puede triscar a gusto, aunque las zarzas y otras lindezas campestres le arañan inmisericordes las pantorrillas. Levantando excesivamente los pies para evitar las desolladuras, no tarda en tropezar y caer de nuevo. Tras la conmoción inicial, cuerpo a tierra, percibe con nitidez el inequívoco ruidito de un ser moviéndose cerca. Se levanta aterrado y con tal ímpetu, que una rama le golpea la frente y le tira de rebote en la hojarasca. Unos graznidos lejanos retruenan en el bosque y son contestados por un lastimero aullido. Por si fuera poco, la maleza a su alrededor rebulle como removida por cientos de reptiles y se oyen siseos y risitas, silbidos y gorgoteos. Se lleva las manos a la cabeza, aturdido por el golpe y paralizado por el miedo. El aleteo de un ave nocturna le lleva a creer que es un vampiro atraído por la sangre que mana de la herida que la caída le ha producido en la sien. Vuelve a gritar (¡Qué pesado!) el nombre de Pilar, deseando convencerse de que es ella la causante de los extraños fenómenos y por eso no contesta a sus llamadas, parecía tener mucho miedo al principio, pero quizás fingía, las mujeres son en eso grandes expertas.

Con la adjudicación de los inexplicables fenómenos a su pérfida compañera, José asegura el nudo de su anorac y reemprende la marcha más tranquilo, pensando en la forma de seguirle el juego y darle un buen susto a la chica, que no debe andar muy lejos.

Efectivamente, o ella es la reina del camuflaje o ahora sí se ha enganchado en una rama, pues a los pocos pasos, el rudimentario taparrabos le ha sido arrebatado como antes los pantalones. Esta vez no dice nada, sólo maldice en voz baja, “¡Ya me las pagarás, zorra!” Un obstáculo. “¿Qué es eso que me impide el paso?” Avanza el pie y toca. Mira. Es el tronco de un árbol caído o talado. Puede pasar por encima y está en ello, a horcajadas, cuando es agredido en la retaguardia con un sonoro cachete. Más risitas, el ruido de pies que se alejan y un fuerte crujido, como si un gran bulto chocase contra un árbol, seguido de un llanto infantil que se pierde paulatinamente en lontananza. “¡Hombre, parece que se ha la pegado!” piensa José satisfecho. “¡Me alegro! Aunque... quizás se ha hecho daño. ¿La llamo? ¡Bah, ya he hecho bastante el primo! Si quiere seguir con su estúpido juego, allá ella. Aún se perderá”.

El frío le aguijonea y le recuerda su ridículo aspecto, por ello barrunta que si Pilar se extravía no podrá él recuperar sus ropas y ¿cómo va a presentarse en plena noche a unos masoveros con las vergüenzas al aire? Pensarán que es un loco exhibicionista y le azuzarán los perros o le coserán a perdigones. Maldice la inconsciencia de la chica y su particular sentido del humor pero comprende que no tiene más remedio que llamarla, buscarla y convencerla del peligro que comporta su imprudente e impertinente jueguecito. Empieza, pues, a dar voces.

Paralelamente, Pilar sigue su objetivo ajena a las responsabilidades que le otorga su compañero y ha recorrido ya una cierta distancia, la suficiente para que las conminaciones de éste le lleguen como un eco a través de los árboles. Ha encontrado un paso desbrozado que le permite avanzar con cierta soltura y que, sin duda, es la senda que conduce a la masía. “¿Qué demonios querrá este pesado?” Se dice sin detenerse. “¡Ya me alcanzará y, si no, que le zurzan!” Oye un crujido. “¿José?” pregunta escrutando a su izquierda. “José, ¿Dónde estás?”, repite más alarmada. Distingue un bulto que se mueve torpemente entre los árboles a pocos metros y paralelamente a ella. Farfulla algo incomprensible, como una letanía quejumbrosa, ajeno a su presencia y gesticulando. Está asustada y no osa moverse ni hablar, porque la sombra que ahora se perfila como un ser bajito y rechoncho no puede ser su compañero y tiene un halo irreal, le recuerda al enanito cascarrabias de los cuentos infantiles. Ahora el tipo se ha parado y callado, alertado sin duda por un grito lastimero que pone los pelos de punta a Pilar, un alarido entre humano y animal, entrecortado, que termina en un gorgoteo vomitivo. Convocado por el espeluznante graznido, el pequeñajo se ha puesto en marcha a toda prisa, dando unos saltitos grotescos acompañados de resoplidos e interjecciones. Pilar no sabe qué hacer. Desearía estar cerca de José, pero no se atreve a llamarle. El recién descubierto habitante del bosque le da muy mala espina y, si es el dueño de la masía, prefiere volver al coche antes que pasar lo que queda de noche en tan extraña compañía, pero ¿Por dónde? Si no distingue apenas nada y posiblemente ha estado andando en círculos. La única referencia es la luz de la casucha y confía en que su amigo también se dirija a ella. Sí, es lo único que puede hacer. Conforme se acerque tendrá más visibilidad y cuando esté con José se sentirá más reconfortada. Da unos pasos lentos, más por irresolución que por las dificultades del terreno y se fija, ahora que la luna está casi libre de nubes, en que hay una valla metálica a su derecha. Se acerca. La toca. Dos ascuas despuntan en la oscuridad al otro lado y se acercan a toda prisa. En un instante, una exhalación en forma de perro, grande, negro y mudo, incrusta sus fauces en la verja y expele su fétido aliento en la cara de Pilar, que recula horrorizada. El animal gruñe quedamente, muestra sus dientes, afilados e impresionantes, pero no emite ningún ladrido. Erizada como un gato, Pilar agradece la protección salvadora que la separa de la fiera, pero aún así se aparta todo lo que puede. Toma aire para darse ánimos y lo suelta aliviada al comprobar que, tal cual había venido, el animal ha desaparecido tragado por las tinieblas, pero apenas ha andado unos metros cuando un resuello a sus espaldas la paraliza. Antes de volverse ya sabe lo que va a encontrarse, pero no por ello el impacto es menor. El fantasmal mastín napolitano que ha atravesado la valla como por ensalmo, babea y la mira inescrutable a dos pasos de distancia. Cuando la mujer cree que va a ser devorada, el monstruo se aleja ágilmente como si ella no existiera, a pesar de que, extenuada con los últimos sobresaltos, Pilar cede a la histeria y empieza a llorar y chillar como una demente. Las lagrimas le impiden ver al nuevo visitante que se acerca con la cabeza ladeada por la curiosidad: un hombretón fornido y rubicundo, calzado con botas de goma por encima de las perneras de un pijama estampado con ositos y un incongruente batín acolchado que apenas cubre su voluminoso vientre. Cuando llega a su lado, le da unos toquecitos en el hombro. Pilar, desencajada, da un respingo y un grito. Se restriega los ojos, mira de abajo a arriba al tipo que permanece impasible y obsequioso, como un criado que espera recibir órdenes y le pregunta, entre hipidos, quién es. El interpelado asiente con la cabeza, mueve la boca sin decir palabra, como si hiciera un ejercicio de distensión, y sonríe mostrando una dentadura lamentable. Hace un extraño gesto con las manos y da un paso en dirección a la chica, quien hace otro tanto hacia atrás, para repeler la aproximación. El individuo redobla sus gestos y sus muecas, como poseído por una angustia interior e intenta alcanzar a la chica que al ver semejante despliegue gestual ha empezado a gritar de nuevo y a correr horrorizada, sin importarle las rasgaduras y enganchones, ni volverse para comprobar que nadie la perseguía, puesto que al ver su espanto, el mimo se ha limitado a encogerse de hombros, ajustarse el batín y volver sobre sus pasos.

Sin resuello, Pilar ha llegado a la explanada donde se encuentra la quimérica casita. Jadeando se sienta en el poyo y no tiene tiempo de preguntarse por su compañero cuando éste aparece corriendo desenfrenado, tropezando y mirando hacia atrás. Con las partes pudendas balanceándose al fresco.

-¡Una bestia, un monstruo...! -Balbucea entrecortadamente conforme se acerca a la chica, sin dejar de mirar hacia el bosque- ¡Llama a la puerta! ¡Deprisa! ¡Tienen que abrirnos antes de que llegue! -Conmina con aspavientos vehementes.

Pilar no puede apartar los ojos de la mitad inferior del chico, fascinada. Está como ida y no reacciona. Viendo su pasmo, él se cubre un instante con las manos, pero considerando el pudor un lujo superfluo en tan desesperadas circunstancias, las usa para aporrear la puerta con puñetazos pugilísticos.

-¡Abran, abran, por favor! –Se dirige a Pilar- ¡Tienen que abrirnos, me persigue un perro enorme!

En lugar del can referido, sale del bosque un individuo bajito que se impele al andar para alcanzar el ritmo que las prisas de José convocan y que sus cortas piernas le niegan. Instando al silencio conforme se acerca, al llegar se pone en jarras ante los dos intrusos, bufando iracundo y mirando descarada y reprobadoramente la desnudez de José, que vuelve a taparse como puede.

-¿Quiénes son ustedes? ¿Qué hacen aquí? –Su voz es aguda y malhumorada- ¡Cochinadas, naturalmente! ¡Sinvergüenza! ¡Gamberros! ¡No respetan nada! Esto es una propiedad particular. ¡Váyanse a hacer sus guarradas a otra parte! –Está rojo como un pimiento y señala con el brazo extendido la salida cual ángel expulsando a Adán y Eva del paraíso.

-¡Oiga, no es lo que parece...! –Aduce estúpidamente José-. Nosotros hemos tenido un percance y...

-¡Muy poca vergüenza es lo que tienen! ¡Vístase y váyanse, antes de que les vean ellos!

Pilar le da un tirón al jersey. “Vámonos, no compliquemos más las cosas”, quiere decir, pero José no está dispuesto a enfrentarse de nuevo a las fauces del cancerbero, doblemente desprotegido por su desnudez, con su virilidad cual vianda expuesta en un bufet libre para la fiera canina.

-Pero es que hay un perro...

Efectivamente, subrayando sus palabras, el animal aludido sale de la maleza con el anorac de José en la boca. A mitad del claro se detiene, ladea la cabeza, escuchando, y atendiendo una llamada inaudible, echa a correr y se interna de nuevo en el bosque, sin soltar su presa.

-Es Jacinto –dice lacónicamente el hombrecillo-. Un buen perro. No hace nada.

-¡Pero se ha llevado mi anorac! –replica José viendo esfumarse la posibilidad de recuperar su prenda y la coartada para justificar su decencia.

-Si no hubiera ido desnudándose por ahí... ¿No querrá echarle la culpa al perro, verdad? ¿Acaso le ha quitado él los pantalones? ¡Animalito! ¡Es como un hijo para Eusebio! No sé qué haría sin él –Y recuperando el tono autoritario- ¡Venga, largo, váyanse! Ya está amaneciendo. No quiero que ellos les vean así, cualquier incidente los altera.

-¿Quién es Eusebio? –interviene por primera vez Pilar.

El hombrecillo la mira, como si reparara ahora en ella y, condescendiente, se aviene a una somera explicación:

-Es el guarda y dueño del perro. Un buen hombre. Sordomudo de nacimiento. Recogió a Jacinto cuando era un cachorro y algún desalmado de los que se pierden por aquí –mira por el rabillo del ojo a José- lo abandonó. Desde entonces son inseparables y el animal, bien por solidaridad o bien porque ha vivido siempre en silencio, no sabe ladrar. Eusebio lo llama con un silbato inaudible para el resto de los oídos.

-¿Y no podrían devolverme mi ropa? –aventura José esperanzado.

-Oiga, perdone, pero ¿podría decirme dónde estamos? –pregunta Pilar con toda la amabilidad del mundo.

-Están ustedes en “El paraíso perdido”, granja alternativa de integración e innovación terapéutica –recita solemnemente el anfitrión.

A José se le escapa un “¡Coño!” merecedor de una mirada increpadora por parte del orgulloso hombrecito. Pilar, muy seria, asiente e inquiere con interés:

-¿Drogadictos?

-No señora. Disminuidos psíquicos. Reciclamos papel y con él confeccionamos objetos de adorno o escritorio –Sacando pecho y levantando la barbilla, de corrido-: Una interesante y satisfactoria labor para la integración social de personas discapacitadas que ha merecido y merece el reconocimiento y admiración de todos los estamentos médicos, administrativos y sociales. Comprenderán que no pueden profanar con su irresponsable e indecorosa conducta este reducto de paz. Cualquier minucia fortuita puede alterar el frágil equilibrio que tanto nos cuesta alcanzar. Precisamente esta noche, dos de ellos, han abandonado su pabellón y he tenido que ir a buscarles al bosque. Uno ha tropezado y se ha roto la nariz. El otro, al ver la sangre, se ha desquiciado. ¡Espero que no hayan contemplado su denigrante espectáculo de fornicación! ¡Estaban realmente fuera de sí cuando los he encontrado! ¡Son como niños! Se asustan con cualquier cosa. Ahora debo ocuparme de ellos. Sigan el sendero y llegarán a la carretera.

-¿No podría utilizar el baño? –Pide humildemente Pilar, con la vejiga a punto de reventar.

-Lo siento. No puede. Su presencia produciría alteraciones imprevisibles, inconvenientes y, por tanto, desaconsejables. Pero el bosque es grande... Usted misma. ¡Adiós!

-Adiós.

Enfilan ambos el sendero, perfectamente perfilado con las primeras luces del día.

-Como pille yo al subnormal que me ha quitado los pantalones...

Pilar mira la grotesca estampa de su compañero.

-¿Qué manera es esta de hablar? ¡Cómo te oiga el pequeño gran hombre de la moderna psiquiatría! ¡Ja, ja, ja...! ¡Qué pinta tienes! ¡Ay, que me meo! ¡Ay que me meo de risa!

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L'obra catalana de Francesca Aliern

L'obra catalana de Francesca Aliern Una bona amiga personal, l’entranyable escriptora xertolina Paquita Aliern, s’ha convertit en els darrers anys en una de les veus narratives ebrenques actuals més representatives: pel fet que ha estat probablement l’autora més prolífica, així com perquè ha aixecat la seva veu compromesa quant al revifament de la nostra consciència territorial i la reivindicació dels nostres valors autòctons. Ella mateixa es defineix com a una gran enamorada del fet literari, tant en el seu paper d’apassionada creadora de ficció com de receptora insaciable, donat que és una gran amant de la lectura. En més d’una ocasió ha expressat que se sent un xic més còmoda quan fa ús de la llengua castellana en el camp narratiu, ja que és filla d’una època dramàtica i genocida en la qual es va silenciar completament la nostra llengua, la qual cosa va obligar a diverses generacions d’homes i de dones de lletres a tenir la seva formació en un idioma veí amb tarannà imperial. Tanmateix, en algunes de les seves novel·les més ben valorades com “No llores Laura”, “Un otoño, toda una vida”, “La Candela” i “La historia innecesaria”, ens ha deixat un testimoni més que evident de la seva lloable facilitat d’expressió (donat el seu bon domini i coneixement del parlar del Quixot i de Machado) i la seva enorme capacitat de construcció d’un/una protagonista heroi/ïna que ben sovint esdevé un personatge inoblidable per al lector. En canvi, hem de considerar com a un fet molt positiu que una literata vocacional i una enamorada de les Terres de l’Ebre com és la Paquita Aliern tingui igualment la necessitat (així com faci un exercici d’esforç i de bona voluntat) de conrear amb certa assiduïtat la llengua catalana, no com a un episodi casual de segona fila sinó com a una veritable mostra d’estima i de consideració pel llenguatge del poble. Ella mateixa reconeix que li costa més escriure en la llengua de Despuig, Vallfogona i d’Arbó, perquè no la domina al mateix nivell que la castellana. Tot i això, malgrat que ens poden acusar que ens hem deixat endur pel sentimentalisme, hem de dir que trobem l’Aliern més genuïna en algunes narracions en llengua autòctona com “La Menestrala”, en la qual fa una homenatge a un tipus de dona local que va ser determinant durant moltes dècades de la nostra història col·lectiva. En el seu conjunt de relats titulat “El batec de l’aigua”, s’endinsa amb gran destresa en els quefers quotidians de la ciutadania per fer un retrat exhaustiu d’un món que va fent camí vora l’Ebre, amb els seus olors, els seus colors, el seu batec incansable. En la darrera narració, “El Pont de la Solitud”, retorna al català, la qual cosa òbviament hem d’aplaudir per tal d’encoratjar-la a continuar conreant l’accent de l’Ebre, que amb els seus tons dialectals ens fa sentir la seva literatura com a més nostra. Val a dir que aquesta novel·la, per capacitat creativa, no té res a envejar a les seves obres més conegudes i anteriorment esmentades. Alhora que tenim un missatge per a comunicar-li: El bon domini de l’idioma propi pot arribar únicament amb l’aprofundiment en el seu ús. En un moment en què les patums literàries i polítiques d’aquest heterogeni país estan discutint quins autors haurien de ser els representants de la cultura catalana (la convidada d’honor) a un gran esdeveniment cultural com és la Fira Internacional del Llibre de Frankfurt de 2006, i donat que precisament la discussió està situada en l’ús lingüístic, el reforçament de la literatura comarcal escrita en català és importantíssim per tal de posar el nostre gra de sorra per tal que la nostra llengua sigui el veritable vehicle d’expressió literària i sense cap tipus de restriccions en la seva difusió internacional. És a dir, creiem que tot i que a menor escala, és crucial que autors com la Paquita Aliern es consolidin com a membres de primer ordre en l’ús del català, malgrat que facin ús d’una altra vehicle comunicatiu quan creguin convenient. Al mateix temps, no podríem concebre que la literatura ebrenca no estigués present en aquest certamen que podria ser decisiu per la definitiva revifalla de la nostra llengua, cas que els criteris polítics de l’espanyolisme i la influència brutal de la brunete mediàtica no la tornin a condemnar a ser una simple convidada de pedra. Tots hem hagut de plorar la desaparició recent del mestre Jesús Moncada (el qual mereixeria ser-hi en un lloc d’honor), mentre que alguns autors com el nostre “Imparable” J. Alies Adell (Vinaròs), M. Garcia Grau (Benicarló), A. Roig (Tortosa), G. Vergés (Tortosa), E. Rosales (La Ràpita), A. Carranza (Flix), haurien de ser-hi d’alguna manera presents. L’oblit de tots ells ens faria molt de mal. Emigdi Subirats
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Montse Castellà

Montse CastellàLa cantautora tortosina Montse Castellà, ha tret un nou disc basat en l'espectacle "L'escriptor inexistent", que va estrenar-se a Móra d'Ebre en motiu de la Fira del Llibre i l'Autor Ebrencs 2006. Aquest projecte va gestar-se cap al mes de desembre del 2005, quant la comissió organtizadora de la fira va demanar-li a Montse Castellà que preparés un espectacle per la cloenda de la III edició de la Fira del Llibre i l'Autor Ebrencs. L'objectiu era emmarcar-lo dins de l'activitat Espectacles Ebrencs, Lletres Nostres la qual vol aglutinar els espectacles realitzats amb motiu de la Fira del Llibre i l’Autor Ebrencs que tenen l’objectiu de fer la màxima difusió de les lletres ebrenques arreu. Més informació a l'apartat que porta el mateix nom del lloc web www.llibresebrencs.org. La idea és crear espectacles que parlin dels nostres autors, per després poder-los donar a conèixer i contractar a preus assequibles i adaptats a les necessitats d'activitats culturals relacionades amb el món del llibre i la cultura. Segons Montse Castellà: "aquest espectacle tracta sobre el paisatge, la guerra, l’exili, l’amor a la terra… Són temes comuns a molts escriptors, a moltes èpoques. Amb L’escriptor inexistent he volgut demostrar la universalitat i la intemporalitat de la literatura creant un collage literari que uneix textos de diferents autors. He seleccionat retalls de prosa i poesia d’una trentena d’escriptors, la meitat dels quals són ebrencs i de les comarques veïnes, i la resta, d’autors en llengua catalana o castellana. Retalls que, lligats adequadament, formen un nou text fins ara inexistent i que posa de manifest fins a quin punt els escriptors, sense saber-ho, estan units en el temps a través de temàtiques comunes que han marcat la seua literatura. Piano: Jordi Grisó. Recitació: Montse Llussà." Aquest disc l'ha produït la discogràfica de Pep Sala Indi Music, que també va produïr l'anterior disc de la formació Isla de Buda. Molt sort a la Montse per aquest nou treball. L’escriptor inexistent (pdf)
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Xavier Garcia Pujades

xavier-garcia.jpg Garcia i Pujades, Xavier Vilanova i la Geltrú, Garraf 03.09.1950 Dades personals: C. Temple 8 - 43596 Horta de Sant Joan Tel. 977 435 310 A/e:  x.garcia@hotmail.com Nom/s de ploma: Xavier Garcia; Xavier Garcia El Jove ((en l'obra "Vilanovins amb llustre o) Professió: Periodista Altres dades biogràfiques: ESTUDIS: Periodisme documentalista en la sèrie Te'n recordes , de TV3 el 1993-1994. Ha publicat diversos llibres d'assaig sobre ecologia, filosofia i altres temes col·laboracions radiofòniques Associacions literàries AELC (Associació d'Escriptors en Llengua Catalana) Col.laboracions habituals en mitjans de comunicació, i en revistes científiques i culturals Avui, El Món, Serra d'Or, Xarxa Premis literaris La Selva del Camp-Ventura Gassol de relat biogràfic, 1994: Relat biogràfic sobre la seva pedagogia i patriotisme Rovira i Virgili d'assaig, 2001: Història i cultura local a Catalunya al segle XX Sebastià Juan Arbó de novel·la de Sant Carles de la Ràpita, 2002: Dietari d'anar passant Llibres publicats Prosa no de ficció Memòria de la Catalunya Nova 1957-2000, 2001 Catalunya es revolta. Barcelona: Angle, 2003 Greenpeace. Pau verda per al món. Barcelona, 2003 Prosa no de ficció (biografies) Biografia d'Esteve Fàbregas i Barri. Barcelona: Selecta, 1992 Homenots del sud. Tarragona: El Mèdol, 1994 Esteve Albert i Joan Lluís, dos homnes de cultura pirinenca. Lleida: Pagès, 1995 El meu Artur Bladé. Tarragona: El Mèdol, 1996 Homenots del sud: segona sèrie. Tarragona: Arola, 2004 Prosa no de ficció (dietaris) Dietari d'anar passant. Barcelona: Columna, 2003 Prosa no de ficció (retrats literaris) Homenets catalans. Barcelona: Pòrtic, 1976 Mes info: www.xaviergarciapujades.eu.tt
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Emigdi Subirats

Emigdi Subirats i Sebasti� (1967) resideix a Campredó (Baix Ebre). En el camp de la narrativa ha publicat tres novel·les: Tom� s Serra (2001), Vora l’Íber (2002) i Expedient 3295 (2003), i el conte La foto de l’Arnau dintre del recull col·lectiu L’Altre Nadal (Aeditors, 2006). Ha estat un dels coordinadors dels llibres Campredó orígens i actualitat (2002) i Amposta (2006). Va guanyar el premi La nostra gent (2002) amb la biografia Emili Bonet escultor, pintor... poeta (2007), mentre que amb Joan Cid i Mulet testimoni catalanista d’una ciutat i d’un temps (2007) i amb La Renaixença del catal� literari vora l’Ebre (inèdit) va aconseguir un accèssit al premi Enric Bayerri de recerca històrica 2004 i 2005 respectivament. Comissari del centenari de l’escriptor Joan Cid i Mulet, ha tingut cura del llibre “La catalanitat exiliada” (2007). Ha publicat igualment el recull poètic Ara i per sempre en el llibre col·lectiu Amb les mans obertes (2004). També ha estat el redactor dels portals d’internet www.campredo.altanet.org i www.cidimulet.org. Actualment escriu cròniques liter� ries per a la revista Mainhardt (Alcal� de Xivert), La Cabana (La Fatarella), L’Estel (Tortosa), als portals www.llibresebrencs.org i www.beaba.info, i al seu bloc d’internet blocs.mesvilaweb.cat.
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Autors Ebrencs a la Llibreria Serret

Autors Ebrencs a la Llibreria Serret El disabte Sant, va ser una jornada memorable, el Jesus Mª Tibau i la Francesca Aliern, van xalar de la seua estada a la llibreria Serret i van acabar amb totes les existències dels seus llibres...bé a continuació...el nou Bloc del Jesus Mª Tibau http://jmtibau.blogspot.com/ El passat dissabte, 7 d'abril, tant la Francesca Aliern com jo mateix vam poder gaudir d'un viatge des de Tortosa fins a Vall-de-Roures. El viatge va servir per a despedir-nos de la vella carretera i els seus revolts que, amb les properes obres, uniran encara més aquestes dues ciutats. L'objectiu del viatge era venir a signar llibres a la llibreria Serret: la darrera novel·la de la Francesca, Camins, i el meu recull de contes Postres de músic. Ja d'entrada sabíem que la signatura fóra un èxit, perquè coneixem sobradament el talent i l'entusiasme amb què l'Octavi tracta els seus clients i a tots els autors que ens atansem a la seva botiga. tibau-i-aliern-abril-2007-bloc.jpg El dia ens vaa reglar un nostàlgic dissabte de fina pluja, molt benvinguda per tothom, però posava en perill l'assistència de lectors a la signatura de llibres. Però a l'Octavi no li fan por les dificultats i ens va demostrar un cop més quel'avorrida frase de "és molt difícil vendre llibres", no té cap significatper a ell, i que és capaç de convertir la Serret en una de les principals llibreries en venda de llibres en català, tot i trobar-se a l'Aragó. El resultat: vam perdre el compte del nombre de llibres signats i dels projectes que ens va comentar l'infatigable llibreter. tots els comnetaris al Serret Forums: www.serretllibres.com/forums
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B+B: Lolita Bosch

Lolita Bosch Va néixer a Barcelona el 1970 i ha viscut a Albons (Baix Empordà),els Estats Units, l'Índia i, durant deu anys, a Ciutat de Mèxic. És llicenciada en filosofia per la Universitat de Barcelona i té un postgrau en lletres de la Universidad Nacional Autónoma de Mèxic. Ha escrit literatura infantil i juvenil, gèneres que li han aportat diversos premis, Premis literaris Comte Kurt, 2004: En Jon ja sap anar al lavabo! Tirant lo Blanc de l'Orfeó Català de Mèxic, 2004: Muss Sika i el soroll Ciutat d'Olot-Òmnium Cultural de literatura experimental, 2004: Això que veus és un rostre Talent Fnac, 2006: Qui vam ser Llibres publicats Narrativa breu En Jon ja sap anar al lavabo!. Barcelona: La Galera, 2004 [infantil] Novel·la El zoo de la Lolita. Barcelona: Alfaguara - Grup Promotor, 2004 [infantil] Això que veus és un rostre. Girona: CCG, 2005 Elisa Kiseljak. Barcelona: La Campana, 2005 Negra nit. Barcelona: Columna, 2006 [juvenil] Tens set dies!. Barcelona: Planeta & Oxford, 2006 [infantil] Qui vam ser. Barcelona: Empúries, 2006 M. Barcelona: Cruïlla, 2006 [juvenil] Obres dramàtiques representades El formulari. Companyia Mamut de fusta, Mataró: Teatre Monumental, 2004 [infantil] Obra escrita originalment en altres llengües Tres historias europeas, 2005 [novel·la; castellà] M, 2005 [novel·la; castellà] La persona que fuimos, 2006 [novel·la; castellà]
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B+B: Francesca Aliern

Francesca Aliern Nascuda i resident a Xerta (Baix Ebre), és una novel·lista compromesa amb el seu territori i la seua gent. Autodidacta i gran lectora, va començar a estudiar Dret, la seua gran passió, però per motius familiars ho va haver de deixar. Li agraden els personatges humils, així com preservar paraules col·loquials, que es van perdent a les nostres converses. Ha realitzat diversos treballs, barrejant-se amb multitud de personatges que li han permès viure experiències que han servit de base per a les seues novel.les. Els darrers temps ha estat, probablement, l’autora de les Terres de l’Ebre més prolífica i popular, i la presència dels seus llibres, amb constància i bones maneres, s’han convertit en imatge habitual a les nostres llibreries. Els seus lectors fidels, en nombre creixent any rere any, esperen cada nova obra, com un simptoma més de l’arribada de la Primavera i de Sant Jordi. Més informació: www.beaba.info Premis literaris de l’autora Premi poemes infantils, Lugo, el 1974 2n premi de poemes Agrupació Cultural Lugo, 1972 Premi de narrativa curta Carles Jover 1976 Premi Manuel Gener, un sol poema, 1979 Menció honorífica narrativa curta, Mazarrón, 1991 Premi Eslot de Barcelona, 1993 Premi St. Jordi de Sta. Bárbara, 1997 Joan Cid i Mulet de Jesús, 1999 XIII, certamen "Dones d'Ulldecona", 2000 Obres de l’autora Xerta. Recull popular (1995) Records i memòries al voltant d’uns murs (1996) Un otoño, toda una vida (1997) No llores, Laura (1999) El batec de l’aigua (2000) La canela (2001) Misererenobis (2002) La menestrala (2003) La historia innecesaria (2004) El pont de la solitud (2005) Sabó moll (2006) Col·laboracions amb altres autors en: El brogit de l’Ebre (2003) Otras voces (2003) L’altre Nadal (2005)
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ESCRIPTORS DE L´EBRE CAP AL MATARRANYA.

Dos de les promeses mes fermes de Escriptors de Les Terres del Ebre, faran cap a la Llibreria Serret de Vall-de-Roures (Matarranya), aquesta Setmana Santa...amb la novetat (per part de la Francesca Aliern del seu nou llibre "Camins" que ja el podeu trobar a la web de Llibreria Serret: www.serretllibres.com i fisicament el podeu comprar tambe a la Llibreria. tibau-i-aliern-abril-2007-bloc.jpg dsc00886.JPG de Llibreria Serret agraim l'articul de Susanna Angles que apareix a continuació. Jesús Mª Tibau i Francesca Aliern visiten Valderrobles signant llibres. dsc00887.JPG dsc00888.JPG totes les fotos amb pdf. alierm-i-tibau-mars-2007.pdf Francesca Aliern i Jesús Mº Tibau són dos escriptors que apleguen des de terres banyades per l´ Ebre . Aquestes dos plomes tenen molt a dir, a contar, a escriure i a veure per escriure. Tot això juntament les seves plomes fermes fan que la seva visita, a un dels cors del Matarranya, sigui quelcom més que un plaer per a ells i per als seus anfitrions. Francesca Aliern és una narradora excepcional... una de les persones que millor ha reflexat, mitjançant la seva ploma envers els coneixements de la seva gent i de l´ entorn, la vida de les terres impregnades per l´ Ebre.. Alien té passió pels personatges humils, així com preservar paraules col•loquials, que es van perdent a les nostres converses. Les seves obres són fermes estant amb constant contacte amb la seva gent. Això es pot veure amb la trilogia que començà amb “El Pont de la Solitut” , “Sabó Moll”... Ha escrit, també, literatura envers el lesbianisme “No me llames cariño” o en “Un otoño toda una vida” Jesús Mª Tibau, en canvi, és del Priorat, tot i que viu a Tortosa des de fa un bon grapat d´ any... així que s´ ha ficat molt endins d´ aquest poble tan interessant com posseït per una idiosincràsia i un caràcter ferms i característics. En Tibau compagina el seu treball a l’Ajuntament de Tortosa amb l’escriptura, a la qual hi dedica cada cop més temps. La seva afició pel relat curt s'inicia l'any 1992, quan escriu el conte A l'ombra dels ametllers. D'entre les seves obres destaquen els reculls de contes breus Tens un racó dalt del món i Postres de músic, ( que aconsegueix el Premi Marian Vayreda de la ciutat d'Olot l´ any 2005; aquest és el resultat de quatre anys d'escriptura intermitent, del 2001 al 2004; Els relats poden semblar excessivament curts, però estan carregats d'expressivitat que l’autor s'encarrega, en primera persona, de sintetitzar amb força i amb una veu personal que es nota al darrere de cadascun. Els seus relats són originals, amants de certa bona dosi de ironia i recreant-se un poc cada vegada que pot utilitzar quelcom que tingui a veure amb la sorpresa. Participà en un recopilatori de relats que edità Cossetània, es tracta de L´angoixa del retratista; En aquest llibre es recullen els contes premiats en el II Premi de Narrativa Curta per Internet Tinet (Premis Ciutat de Tarragona 1998) i una selecció de les millors narracions que es van presentar en aquest certamen. Susana Angles.
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B+B: Jesús M. Tibau

Jesús M. Tibau Fill de Cornudella de Montsant, un petit poble del Priorat, el record i els paisatges del qual l’acompanyen en gran part de la seva obra. S’estableix a Tortosa l’any 1988, després dels seus estudis de Magisteri a Tarragona, on va conèixer la seva dona. Actualment compagina el seu treball a l’Ajuntament de Tortosa amb l’escriptura, a la qual hi dedica cada cop més temps. Més informació a la web de l’Associació d’Escriptors en Llengua Catalana: www.escriptors.cat/autors/tibaujm Premis literaris - Accèssit als Jocs Florals de Torroja del Priorat, l’any 1992. - Finalista del III Certamen Literari de la Biblioteca Municipal de Salou, l’any 1997. - 2n premi al Concurs Literari de Sant Antoni del Perelló, l’any 1998. - Accèssit del XXIV Concurs Literari Sant Jordi 98 de Balenyà. - 2n premi al Concurs Literari dels 4 gats de Barcelona, l’any 1998. - Finalista del II Premi de Narrativa Curta per Internet “Tinet” de Tarragona, l’any 1998. - Finalista del XXV Premi Literari Goleta i Bergantí, al Masnou, l’any 2003. - Guanyador Premi literari de Valldoreix 2004. - Guanyador del 39è Premi Marian Vayreda de la ciutat d’Olot, l’any 2005. - 1r accèssit del Premi “Joan Cid i Mulet” de Jesús, l’any 2006. - Guanyador del 19è Premi de les Lletres de la Vila de Corbera, el 2006. - 3r Premi dels Premis La Mar de les Lletres 2006 de Calafell Altres obres de l’autor Tens un racó dalt del món, editorial Montflorit, l’any 2001. Col•laboració amb altres autors en els reculls de contes: - L’angoixa del retratista, d’Editorial Cossetània, l’any 1999. - El brogit de l’Ebre, d’editorial Cossetània, l’any 2003. - Contes Coordinats, d’editorial Montflorit, l’any 2006, en benefici de la Fundació Esclerosi Múltiple. - L’altre Nadal, d’editorial Aeditors, l’any 2006.
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