Andreu Carranza i Esteban Martín a "Lletres Ebrenques"

El programa d’Antena Caro “Lletres ebrenques”, que divendres passat vàrem dedicar a Andreu Carranza i Esteban Martin, no el podem considerar com a “un més”. Va ser tot un luxe. Sens dubte, vàrem rebre una lliçó de bona literatura i d’alta cultura. Carranza és l’escriptor de Denominació d’origen de l’Ebre. Una marca. La darrera producció del tàndem Carranza-Matin, “La clau Gaudí”, els fa donar un impuls formidable a la seva intensa carrera literària. Com a escriptor ebrenc amateur m’admira aquest fet. La Clau Gaudí (Plaça & Janés) té les possibilitats de ser el veritable boom literari català de l’any. L’exploració de la figura de Gaudí en mil detalls, l’enigma que suposa la vida i mort d’aquest català excepcional (fill de Reus), el retrat literari i arquitectònic de la ciutat de Barcelona (la capital de Catalunya per a uns, una ciutat espanyola i ben espanyola per a alguns que manen molt), reuneixen els ingredients per donar peu a un relat fascinant. No és d’estranyar, doncs, l’expectació creada al seu voltant tot i que encara no ha vist la llum. Serà presentada divendres 30 de març, i ja tenen oberts els mercats de Corea, Holanda, Italia, Estats Units, Polònia, Alemanya, França, etc. Tots dos, Carranza i Martin, s’esplaiaren amb conceptes literaris i ens feren gaudir d’una molt bona estona escoltant-los. La ruta literària de “La clau Gaudí” pot ser tot un altre esdeveniment cultural. Els edificis singulars i espectaculars del mític arquitecte reusenc creen vida de ficció i ens hi podem recrear amb ella. La resta del programa la dedicàrem íntegrament al Flix literari, una població íntimament vinculada a Andreu Carranza. A nivell comarcal Flix destaca de manera especial per la qualitat dels seus homes de lletres. És singular i extraordinari el fet que el món de la cultura ha engreixat el de la política, la qual cosa és més que remarcable ja que malauradament el nivell cultural (en general) d’alguns polítics ebrencs no és gaire bo (em vénen alguns noms al cap, precisament). Polítics de gran talla com Pere Muñoz (ERC), alcalde de Flix i expresident del Consell comarcal de la Ribera d’Ebre; Xavier Vega (ERC), Delegat de cultura de la Generalitat a les Terres de l’Ebre; Antoni Sabaté (PSOE), exalcalde de Flix i exdelegat de Cultura de la Generalitat, han sortit de les associacions culturals comarcals. I per suposat els escriptors. Una bona pila i saborosa: Andreu Carranza, el poeta Albert Guiu, Laura Mur i Remei Franch que conreen el conte infantil, Joan Antoni González d’assaig literari, el notable historiador Josep Sánchez Cervelló, configuren un univers literari d’alt nivell. Tampoc no vàrem passar per alt l’efervescència de la blocosfera flixenca. Els flixencs han impulsat un col·lectiu blocaire molt fort, el qual està preparant una nova trobada de blocaires ebrencs al voltant de la diada de sant Jordi. Després de l’Ebresfera que se celebrà a principis de febrer a Tortosa i de la xerrada que es realitzà en el marc de la Fira literària Joan Cid i Mulet a Jesús, Flix agafa el relleu ja que s’ha guanyat un bon nom dintre del panorama literari ebrenc. El programa dedicà les altres seccions a aquesta població riberenca igualment. Vàrem parlar de “La Veu de Flix”, revista que forma part conjuntament amb Ràdio Flix d’un interessant organisme autònom d’informació local. Ja duu 323 números i molts d’anys de tasca informativa important. Parlàrem del CERE, el Centre d’Estudis de la Ribera d’Ebre, que enguany compleix cent anys i que s’ha convertit en un veritable espill de dinamització cultural ebrenca. Un programa molt flixenc, en el marc d’un homenatge a un gran home de lletres com és Andreu Carranza. Aquest programa pot ser escoltat arreu, ja es pot baixar de la web www.antenacaro.com. En un dia tan assenyalat com divendres 23 de març, no podíem acabar sense tenir unes paraules d’estima i record per Lluís Llach, en el seu comiat. Músic i poeta, català resistent, ens deia adéu professionalment. Nosaltres escoltàrem l’Estaca i el tomba tomba que algun dia ens ha d’alliberar.

Emigdi Subirats.
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Las cuencas mineras turolenses

En el centro nordeste de la provincia de Teruel se encuentra una de las comarcas más desconocidas de la geografía hispana; se trata de las cuencas mineras, un territorio formado por 30 municipios y un censo total que apenas supera los 10.000 habitantes; consecuencia, sin duda, de la fuerte emigración de sus habitantes tras el cierre progresivo de la riqueza geológica del suelo: las minas de carbón, cuyos testimonios, a modo de gigantescos termiteros de piedra, se recortan y contrastan en el horizonte, además de las enhiestas chimeneas de ladrillo y los lavaderos del mineral. Pero en este trabajo no queremos llevar al lector a visitar toda esta geografía, porque, dada las dimensiones espaciales de la misma harían falta varios reportajes. Sí, en cambio, vamos a centrarnos en el Parque Cultural del Río Martín, que, a modo de columna vertegral, se localiza en el corazón geográfico de esta comarca aragonesa, en torno al hilo de agua del río Martín, cuyo caprichoso curso genera uno de los espectaculos naturalísticos más sorprendentes de nuestro país; escenarios que no pasaron desapercibidos para nuestros antepasados desde la Edad del Bronce hasta nuestros días, como dejaron testimonio en forma de grabados rupestres y legendarias calzadas. De todo esto, y mucho más, hablaremos a continuación.

Desde las localidades de Escucha a Albalate del Arzobispo, de SO a NE, se extiende el Parque Cultural del Río Martín, en el curso medio de esta corriente fluvial, donde recibe gran cantidad de afluentes. Pero es, sin duda, la villa de Montalbán la que atesora un legado histórico-artístico y arqueológico más interesante. Pero la mejor forma de descubrir una comarca y, más aún, un territorio tan especialmente rico en testimonios monumentales y en tradiciones, ubicado en un paraje de singular belleza natural, como es el Parque Cultural del Río Martín, es recorriendo sus pueblos y aldeas, yacimientos pre y protohistóricos, conversando con sus gentes y respirando ese aire mágico que envuelve este quebrado territorio, donde el paisaje se conforma en vertical, a consecuencia de las gargantas abiertas por el río Martín y sus numerosos afluentes. En este escenario onírico, coincidieron en el espacio, aunque no en el tiempo, pueblos y civilizaciones que se remontan a la Prehistoria y alcanzan los tiempos actuales. Por ello, recorrer hoy, en el siglo XXI, estos parajes supone reconstruir una parte importante de nuestra historia, porque este territorio es un libro abierto para comprender las culturas pasadas.

En este viaje llevaremos al lector en un recorrido de sur a norte, siguiendo el curso del río Martín, desde Escucha a Albalate del Arzobispo. Pero, es preciso recordar, este recorrido no podrá hacerle el lector-viajero en coche en su totalidad, porque hay poblaciones que se encuentran un tanto aisladas, y obliga a llegar a ellas por carreteras locales o comarcales, o bien, en algunos casos, a través de pistas forestales. Sí, en cambio, tienen mayor suerte, los más atrevidos, los amantes del senderismo total que, debidamente pertrechados –botas de montaña, cantimplora, frutos secos, bastón, cuerdas, brújula...- pueden hacer toda la ruta a pie. Pero también puede enfocarse este viaje por el Parque Cultural del Río Martín en forma de itinerarios programados desde las poblaciones que están dentro de su accidentada geografía, tras dejar el vehículo aparcado, debidamente preparado para un senderismo de lo más impactante, en todos los sentidos. Nuestro desarrollo literario se inicia, pues, en el sur del territorio que aparece en el mapa adjunto.

En Escucha -al norte de la Sierra de San Just, población de larga tradición minera, destacable desde la lejanía por sus modernos molinos de viento para la obtención de energía eólica-, se encuentra el modélico museo minero “Se Verá”; en él, el viajero tendrá oportunidad de ahondar no sólo en los trabajos que, hace unas décadas, los mineros llevaban a cabo en las entrañas de la tierra para extraer el carbón, sino también en las formas de vida de las familias de éstos, sus viviendas y costumbres.

Montalbán, un pueblo cargado de incógnitas

La villa de Montalbán, a orillas del río Martín, a 907 metros de altitud, ofrece uno de las patrimonios monumentales más interesantes de la provincia de Teruel, con su iglesia de Santiago (s. XIII y XIV), joya del arte gótico-mudéjar; escepcional fábrica de ladrillo rojo, que se enciende con los rayos del crepúsculo, declarada Bien de Interés Cultural en 1931; arriba, sobre la cresta de la montaña, los restos de un castillo cargado de leyendas, que se confunden con antiguos palomares medievales. Montalbán, según algunas crónicas, fue fundada en el siglo II a.C. por hebreos, quienes la denominaron “Liébana”, de donde deriva la toponimia latina “Monte Albano”, debido al cromatismo blanco de la roca que aflora en la ladera de la montaña que domina el castillo. Otra leyenda asegura que en esta zona estuvo el apóstol Santiago, seguramente para confirmar el que, durante los siglos medievales, allí se fijara una importante encomienda de la Orden de Santiago, tras la conquista de la plaza a los hispano-musulmanes, por el monarca aragonés Alfonso I “el Batallador” y luego, mediados del siglo XII, por el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV. Lo cierto es que esta población transmite una atmósfera especial que atrae al viajero; especialmente, cuando se deambula por su calle mayor, se descubre el barrio judío –que tiene en la calle Emaus, su eje vial-, se pasa bajo sus soportales y la torre de las Prisiones o se admira los símbolos que campean en la fachada de la casa de los masones, cerca del Arco de Daroca. Pero, bajo las casas y calles de la población hay otra historia, no menos interesante, formada por un laberinto de galerías subterréas que, además de servir para la elaboración y envejecimiento de los vinos de la zona, tendrían otra finalidad, como la de pasos de entrada y salidas ocultos en caso de asedios prolongados, o bien, como en las entrañas de la iglesia, al que se desciende a través de una trampilla, en forma de extraña cueva donde brota un manantial, el lugar transmite el misterio de la práctica de unos ritos esotéricos por parte de los templarios, quienes, aunque no hay libros que lo confirmen, estamos seguros que estos caballeros, antes de la llegada de los santiaguistas, tuvieron una destacada presencia en Montalbán, que los historiadores posteriores intentaron de borrarlo; nada más observar el escudo de armas de la villa lo confirma, con una cruz paté que corona un árbol, que bien podría tratarse de un fresno, el árbol sagrado del Temple. A pocos metros de distancia, además, siguiendo el curso del río Martín, se halla un lugar conocido como de la Orden, donde están “Las Fuentes del Baño”, calificadas desde siempre como aguas milagrosas. También, el puente que salva el meandroso curso del río Martín, según se llega desde Alcañiz, es conocido desde siempre como “De la Garona”, a la sombra nordeste del castillo, en clara referencia a los templarios.

Un río creador de paisajes involvidables

A sólo 6 km, al NE, se encuentra Peñas Royas (Peñarroyas), hoy un barrio extremo de Montalbán, uno de los pueblos más fotogénicos de nuestro país, que pasa desapercibido en la lejanía porque sus casas fueron construidas aprovechando la roca rojiza del medio circundante; no se pierda la escuela pública de antaño, conservada tal como quedó cuando dejó de utilizarse hace 40 años. Peñas Royas es el primer anticipo de lo mucho que hay que ver en este singular Parque Cultural. A pocos metros, en dirección a los estrechos del río Martín, verá el conjunto de grabados rupestres, y, por el sendero superior que lleva al Portillo, la antigua calzada, muy bien conservada, que, si la utiliza, tendrá oportunidad de admirar uno de los parajes más sorprendentes de este paraíso natural. Precisamente desde arriba, donde culmina el tramo más empinado de la calzada, que lleva al santuario de Santa Quiteria, en ruinas sobre el mismo lecho del río Martín, aunque vale la pena la excursión, se inicia el sendero que lleva a La Hoz de la Vieja.

Obón, al que sólo se puede llegar en coche desde Josa, es un pueblo que ha quedado tal como era en la Edad Media; su iglesia parroquial, dedicada a la Asunción de la Virgen, en la plaza mayor, con dos puertas de acceso –una para los hombres y otra para las mujeres-, evoca a algunos de los conventos del Temple conservados en el camino de Santiago por tierras del Bierzo; el “Horno de pan cocer, también medieval, sigue en pie. En Obón podrá visitar uno de los centros de interpretación de este Parque Cultural; no se pierda la cueva de los Huesos, o los restos de una interesante alcazaba hispano-musulmana, o las pinturas rupestres; cerca de las cuales, apareció un gigantesco colmillo de un mamut prehistórico de hace medio millón de años. Pocos kilómetros más arriba, siguiendo siempre el curso del río, llegará a Alcaine.

En Alcaine, donde el río Martín recibe el aporte del Radón, se mantiene viva una leyenda, relacionada con un hechicero que busca un tesoro medieval, escondido por un tirano que sólo gustaba de amasar riquezas y de humillar y a sus vasallos; esta historia, según la leyenda, tuvo un final feliz, porque desapareció el tirano y apareció el tesoro, en forma de un caudaloso río que dio la prosperidad a la población; sobre el lugar se elevó un castillo, provisto de seis torreones –uno de los cuales de planta pentagonal- al que llamaron Arcayne (el arca de las fuentes brillantes); por estos parajes también cabalgó el Cid con sus mesnadas. Numerosas y de lo más interesantes son los senderos que se anuncian para descubrir los alrededores de Alcaine; entre los cuales, debemos recomendar el de los yacimientos de helechos fósiles en la Rueda, camino de Oliete; los Cañones del río Radón, el Embalse de la Cueva Foradada; en el Cabezo de la Ermita podrá admirar uno de los poblados iberos más impresionantes de nuestra geografía, con su muralla ciclópea que recuerda la nuragas de Cerdeña y numerosas de las viviendas; también es del mayor interés el Tamaizal del Pantano.

Tras dejar atrás Alcaine, y siguiendo la corriente del río Martín, se abre el embalse de Cueva Forada, delimitada por su sector oriental con la Sierra de los Moros; recordemos que, como sucede en Cataluña, en Aragón todo lo que hace referencia a la palabra “moros” se relaciona con un enclave protohistórico; no es una casualidad, por lo tanto, que en este lugar abunden los yacimientos iberos.

Oliete, a 542 metros de altitud, que se corresponde con la legendaria Ildulgoite, de donde ha derivado su gentilicio actual, es la siguiente parada. La villa se alza sobre la orilla derecha del río Martín, asentada en la ladera de fuerte pendiente de una colina, de la ladera norte de la sierra de Sancho Abarca. El estratético enclave mereció ya el mayor interés durante la Antigüedad, a tenor de la fuerte presencia de poblados iberos. Las primeras referencias históricas, sin embargo, arrancan en la Edad Media, cuando, en 1297, el monarca Jaime II donó la villa a su escudero Raimundo de Cardona. Oliete conserva buena parte de su recinto amurallado y tres puertas fortificadas de acceso; pero no se olvide de visitar el “Centro de Interpretación de la Cultura Ibérica” que, en esta villa, tiene su punto de referencia, ubicado en las antiguas escuelas. La ermita de San Bartolomé, posible oratorio templario, se halla en el sector más elevado de la población, conocido como “El Muro”.

Simas geológicas y poblados iberos

A pocos kilómetros de Oliete, remontando el espectacular barranco de La Muela, se encuentra Alacón, el pueblo de las bodegas troglodíticas, con más de estas singulas celleres subterráneos sobre los cuales se asienta la población que corona un altozano. Alacón, un verdadero mirador natural sobre el meandroso curso del Martín, rindió culto a San Miguel Arcángel durante los siglos medievales, conservándose una modesta ermita a este santo tan querido para los templarios, así como la del Santo Sepulcro y el Calvario, junto a la “Torre Vieja”, de igual sospechosa tradición del Temple. Algunas de sus torres y fragmentos de murallas medievales siguen ofreciendo ese aire nostálgico; el antiguo horno del Concejo alberga en nuestros días el Centro de Interpretación de Paleontología del Parque Cultural, de obligada visita, porque recoge los calcos de los grandes santuarios de abrigos rupestres que existen en la zona, entre los cuales destaca especialmente el del barranco del Mortero. Sobre la parte más alta de la villa, la iglesia parroquial dedicada a Ntra. Sra. de la Asunción. También merecen una visita algunas de las bodegas subterráneas, cuyas bocas de entrada nos recuerdan a las existentes en la localidad soriana de Recuerda, cerca de Gormaz, lugar que trataremos en otra ocasión.

De regreso a Oliete, dejando atrás los despoblados de Solana Emilia y El Palomar, y ya en el nivel del río Martín, recomendamos que prosiga el curso de este río en dirección a Ariño. Lo primero que le sorprenderá será la espectacular sima de San Pedro, la más impresionante de Europa, con 108 metros de profundidad y un diámetro en su boca de cien metros. Se trata de un escalofriante pozo geológico en cuyo fondo, según los espeleólogos que se han aventurado a bajar, hay un lago de 25 metros de profundidad, que se haya a una treintena de metros bajo el nivel del río Martín, comunicadas ambas corrientes hidráulicas a través de las calizas triásicas y jurásicas; según los especialistas, esta sima se originó, como casi todas las cavidades subterráneas, a consecuencia de la disolución de la caliza y, falto de soporte, el techo terminó hundiéndose. Pero esta impresionante cavidad natural no es sólo geología, también se convierte en un hábitat ecológico de notable biodiversidad, porque se trata de un abrigo para innumerables especies de murciélagos, serpientes, anfibios, peces y aves. Por lo tanto, no se olvide los prismáticos, la ropa de camuflaje, y procure hablar bajo, para evitar la estampida de aves. A pocos metros de la sima, hacia el nordeste, se encuentra el Cabezo de San Pedro, a nuestro juicio uno de los poblados iberos más interesantes de nuestro país; se trata de un recinto amurallado de bloques de roca ciclópeos, provisto de un torreón de vigilancia desmochado por el paso del tiempo, y otro más pequeño, aunque más amplio, en donde estarían las habitaciones protegidas de los guardianes del poblado, en un enclave de singular dominio estratégico, sobre la orilla izquierda del río Martín.

Ariño –conocida en la antigüedad romana como Arinno- es la siguiente población; esta villa se caracteriza por su campanario mudéjar circular de acusada inclinación; el pueblo se alza en la sierra de Arcos, donde el río Martín recibe el caudal del Escuriza; este lugar vuelve a recordarnos que estamos en un territorio de larga tradición minera; las plazas de la Minería y del Minero y el antiguo castillete evocan. A las afueras, dos enclaves condenados por la Iglesia: La Atalaya y el Calapetre, lugares de reunión de brujas y aquelarres durante la corta noche de San Juan. En las inmediaciones de Ariño dos lugares que no deberá perderse: la zona de huellas de dinosaurios, del grupo de iguanodóntidos, a las que se llega tras el pasar que puente que salva el curso del río Escuriza y en dirección a Oliete; y los manantiales de Los Baños, en un encajonamiento del río Martín, por la ruta de la sierra de Arcos, donde el agua, filtrada hacia el interior y acumulada en acuíferos subterráneos, regresa a la superficie en forma de manantial; la mejor panorámica la podrá obtener desde el mirador que domina las Fuentes de Ariño.

Y, ya en el tramo final de nuestro recorrido por el Parque Cultural del Río Martín, tras dejar atrás los manantiales de Los Baños, el santuario de la Virgen de Arcos y las interesantes pinturas rupestres de los Estrechos; todo ello, próximo al lecho del río, llegará a Albalate del Arzobispo; villa que se corresponde con la Albalat hispano-musulmana; el pueblo de típica concepción urbanística árabe, encajado entre colinas, se alza sobre la orilla izquierda del río Martín. La primera referencia histórica se remonta al año 1149, cuando el conde Ramón Berenguer IV de Barcelona concedió la villa y su alcazaba a la Seo de Zaragoza; de ahí el apelativo que ha conservado esta población, famosa desde siempre por su excelente aceite de oliva, que conserva los restos de antiquísimas almazaras. El palacio-castillo Arzobispal, joya del gótico civil (siglos XV y XVI), domina el curso del río; en la población es digno destacar la ermita del Santo Sepulcro, vuelve a evocar a la Orden del Temple. Albalate del Arzobispo forma parte de “La ruta del tambor y el bombo” de la Semana Santa bajoaragonesa. Pero no abandone la zona, sin haber realizado la ruta de las Lastras de San José, donde tendrá ocasión de admirar un conjunto de tumbas altomedievales cristianas, abiertas en forma de hipogeos subterráneos y caracterizadas en la parte superior del roquedal por unos canales trazados en la roca para la extracción del agua pluvial en forma ritual; todo un sistema de ingeniería prehistórico que se remonta al período 12.000 y 6.000 a.C., coincidiendo con el comienzo de la desertización en la cuenca Mediterránea.

Los entornos de Montalbán

Aconsejamos regrese a Montalbán, porque, desde esta población, que consideramos el eje vial de todos los recorridos, puede acercarse fácilmente a los núcleos del sector meridional del Parque Cultural del Río Martín que habían quedado pendientes en la ruta anterior.

El primero de los itinerarios sería La Hoz de la Vieja, villa a la que se llega fácilmente a través de la cómoda A-222, situada a 14 km. al NO de Montalbán. Esta población, asentada en la Sierra de Cucalón, sobre los roquedales y barrancos del Chorredero, el Vidiello y el Barrinquiello, se desataca desde la lejanía por su sólido torreón de mediados del siglo XIV, que garantizaba la seguridad de los pueblos y aldeas de la zona. La población se extiende sobre la empinada ladera de la montaña; la iglesia parroquial, frente al antiguo hospital medieval, tiene la particularidad en su ábside de conservar los huecos en donde se depositaba pan y aceite, para los peregrinos que llegaban de noche y se encontraban con las puertas cerradas, para que no pasaran hambre. Muy cerca de allí, el modélico “Museo del Pan”, de obligada visita.

De nuevo regresará a Montalbán, para iniciar los últimos recorridos por este Parque Cultural del Río Martín. Ahora deberá tomar la dirección a Alcañíz, por la N-211. La primera población, Castel de Cabra (11 km), famosa por su escelente miel artesanal, destaca por su campanario, otrora torre de defensa del desaparecido castillo. En Castel de Cabra deberá tomar la dirección de Torre de las Arcas (7 km), donde pondrá punto y final a este singular recorrido. En Torre de las Arcas le llamará la atención el enhiesto campanario mudéjar de la iglesia de San Miguel Arcángel; a pocos metros, el castillo, bastante deteriorado, donde la Orden del Temple custodiaban los impuestos de las gentes de la zona; y detrás de la fortaleza, entre colmenas, los restos de lo que sería el convento de los caballeros. Pero no se marche de este pueblo sin haber visitado el Centro de Interpretación de la Flora del Parque Cultural del Río Martín, inaugurado en marzo del 2002.

Por Jesús Ávila Granados

(Web: www.jag.es.vg)

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Poemes i narracions

Prudent s’atansa, navega al descobert Encamina l’horitzó amb rostre serè: La terra que mulla li encomana el vertader Favor, d’adobar la terra i romandre verd Constant, viril que la natural per ell fa bola. El cel se’n va, al seu pas, en dolça rima S’omple de blavor i cant, que s’aprima Pels innocents ocellets. El flumen bressola La llavor, canyar, i pels sequiols s’atura, Carregat d’enginy, que ara la flaire és més pura Car roman més arrelada en crus moments. Traspassen els cadenes altres cants d’ocells Que duen a les salines els sons més bells Records d’uns altres temps més eficients.
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El meu Sant Jordi 2007

Aquest any, tot i no tenir cap novetat recent a les llibreries, tinc un bon grapat d’actes al voltant de la festa del llibre. Podríem dir que les activitats van començar el 7 d’abril amb la signatura d’exemplars a la llibreria Serret de Vall-de-Roures, juntament amb la Francesca Aliern. Després he tingut el gust de presentar la darrera novel·la de la Francesca, Camins, a la llibreria Ca’l Sisco, a la papereria Cris i a la Biblioteca Marcel·lí Domingo de Tortosa. El dissabte 21 d’abril participaré en la lectura dels Col·loquis de la insigne ciutat de Tortosa, de Crisfòfol Despuig, juntament amb Josep Alañà i Emeteri Fabregat. El diumenge 22 d’abril presentaré els meus Postres de músic, convidat per la Biblioteca de Torrelles de Foix (Alt Empordà), en motiu del seu tercer aniversari. El dilluns 23 d’abril com és habitual, passejada i signatura de llibres per les diferents llibreries de Tortosa. L’estela de Sant Jordi continuarà durant tota la setmana, de manera que el dimecres 25 participaré en la marató de contes a l’IES de l’Ebre de Tortosa, i el divendres 27 d’abril faré una xerrada als alumnes de l’IES Sòl de Riu d’Alcanar. Jesús M. Tibau Abril de 2007
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Convivencia

La vida cobra sentido cuando no se renuncia a lo que ella nos brinda. Voy, pues, a transcribir los hechos que un día cualquiera me inspiraron la realidad. Tal es la intención que me mueve.

Todo empezó anteayer por la mañana. Me hallaba escribiendo en la pequeña habitación donde me hospedo; mis intentos por hacer el artículo resultaban inútiles. Ensayé palabras nuevas, pero lo que componía no valía; era como un laberinto de frases muertas, que adolecían de realidad. El tiempo transcurría; no hacía más que emborronar cuartillas. Me sentía intranquilo y daba vueltas por la estancia. Sólo de vez en cuando miraba por la ventana a la muchedumbre que se desmenuzaba sobre el pavimento de las calles.

Finalmente decidí no escribir más durante el día; creo que cuando no hay inspiración el alma se retira a un rincón de nuestro cuerpo. Abrí la ventana para airear un poco la atmósfera y ví que el cielo se nublaba como una sombra tupida de terciopelo.

Luego descargó una tormenta y empezaron a caer gotas. A continuación arreciaba la lluvia y las nubes lo ocultaban todo. Pronto salieron a relucir los paraguas; el agua corría como un torrente por las calles. Al cabo de un rato dejó de llover y el sol volvió a lucir.

Más tarde, sonó el timbre, bajé al comedor y me reuní con los demás huéspedes. Recuerdo que los comensales, unos diez aproximadamente, hablaron del poder que tiene el dinero. Ese día, la conservación se había generalizado sobre ese tema, incluso añadieron que lo era todo en la vida. Entonces me preguntaron qué opinaba yo al respecto. Les dije que excusaran, pues no me sentía con ánimo ni humor de responder a tales preguntas. Se hizo una breve pausa. Luego continuaron divagando sobre los acontecimientos político, la crisis económica que atravesaba el mundo, una canción comercial que había tenido éxito en el mercado y, finalmente, la comidilla del día que origina el deporte a nivel internacional; todo ello, tratado de una manera superficial.

No quise tomar café en la pensión y salí a la calle para respirar un poco de aire fresco. Apenas recuerdo el tiempo que anduve sin detenerme. Sentí el sabor de un día aciago; como si la tarde no tuviese destino. Caminé sin rumbo fijo, al azar, y así perderme por la ciudad.

Después de un buen rato de vagar por plazas y calles, entré en una cafetería. Había pocos sitios libres y tomé asiento en un rincón, con un cartel en la pared que prohibía fumar, al lado de una mesa que en aquel momento acababan de ocupar dos mujeres de mediana edad y una hermosa joven elegantemente vestida. El local estaba bastante concurrido, se notaba en el ambiente la animación y el ocio.

Cuando el camarero me sirvió el café, me desabroché el botón superior de la camisa, que me apretaba un poco la garganta y desplegué el periódico sin prestar atención al murmullo de conversaciones que me rodeaban. No oía más que lo que decían mis tres vecinas. Sin duda, las dos mujeres pertenecían a una secta religiosa o eran miembros de una institución benéfica contra la droga y la prostitución. Trataban de influir para que la otra joven fuera por el buen camino.

-Bueno, ustedes dirán… ¿De verdad no desean tomar algo? Café, limonada, una infusión…

-No, gracias –sonrió una de las mujeres-. Ya hemos tomado café al salir de casa. Sólo queremos hablar con usted.

-Sí, lo sé –asintió la joven-. Me han dicho que desean verme.

-Intentaremos ayudarla- continuó la misma mujer-. Ser simplemente amigas.

-Lo sospechaba- sonrió la joven-. Ustedes quieren que vaya por el camino de la virtud. No me importa, pero les advierto que no me convencerán. No obstante, las escucharé con atención y procuraré que reciban una sincera opinión de mi pecadora vida.

-No crea –se apresuró a decir la otra mujer- nos interesa mucho. También nosotras le agradecemos la oportunidad que nos ha concedido, aunque hubiésemos preferido que el lugar fuese más tranquilo e íntimo.

La que parecía tener más edad insistió:

-¿No le preocupa la virtud que estriba en los actos de amor espiritual y moral?

-Miren ustedes, no creo en nada de eso. Precisamente porque soy joven, mis sentimientos respecto a la virtud y la moral siguen bastante oscuros…

-Me parece que no tiene una idea clara de la vida.

-Es posible –respondió la joven-. Obedezco simplemente a ese impulso de mi vida sin comprenderla. Y, sin embargo, aparecen tan a flor de piel todos los pecados del mundo.

Las dos mujeres se miraron sorprendidas. No comprendían como la joven se expresara con tata facilidad.

La muchacha prosiguió:

-Conozco todos los argumentos acerca del uso del cuerpo humano… Aguarden, no me reciben sus lecciones, pues las sé de memoria. Mi forma de ser y mis desvaneos me hacen ganar un dinero fácil que me permite subsistir. Sí, sé que eso no es decente… pero soy como soy y a mi edad ya es muy difícil cambiar.

-Va usted más allá de la ingenuidad, criatura. ¿Cuáles han sido sus sufrimientos, para que pueda tener ese sentido negativo de la vida?

-En primer lugar –replicó la joven-, porque no soy buena. Segundo, porque procedo de una desgraciada familia. Contaba trece años, cuando mi madre me echó de casa debido a que mi padrastro abusó de mí a la fuerza. Y tercero, me tocó vivir en la más absoluta pobreza. Y ahora, si me lo permiten, tengo prisa. Otro día hablaremos con más calma. Adiós señoras…

Tras oír estas palabras, abandoné el local.

Eché a andar de nuevo entre la muchedumbre que pasaba por delante de mí indiferente. Sentí como mi alma se llenaba de pensamientos. Bien sabe Dios que me encontraba muy solo. Nada había que nos uniese más que nuestras semejanzas, incluso llegué a pensar que cada uno de nosotros era un mundo. Deseé por un momento que el tiempo se detuviera. Necesitaba creer en algo que dulcificara la tarde, y así, detenerme a pensar en una humanidad más llena de comprensión, donde las violencias, las pasiones y las contrariedades de una vida acelerada que nos domina, desaparecieran de la faz de la Tierra. Sí, eso llegué a pensar por un instante. Fue como un sueño que me hacía imaginar que cada uno de nuestros atributos constituyen un verdadero progreso de civilización y libertad.

Quise descansar y me senté en un banco público, cerca de la parada de un autobús. Me hallaba en una céntrica avenida. Me parecía la muchedumbre tan amorfa, que empecé a preguntarme si existía realmente en nosotros un vacío, una nada. Pero, en seguida, dominé mi flaqueza y me dije: ¡No!

A veces ocurre que los pensamientos se confunden con los sentimientos y te parece que el concepto de las cosas como sistema de vida humana es bastante hostil. De todo modos, no puedo decir nada acerca de cómo somos. El razonamiento me ha demostrado que debo respetar a mis semejantes. Tan sólo la vida, con el conocimiento del Bien, puede ofrecerme una respuesta lógica, la de comprender que no hay nada más razonable que la convivencia.

A pesar de que nadie me conocía, evoco en estos momentos a unos viejecitos que me saludaron. Paseaban cogidos del brazo y noté que todavía les unía una fuerte ternura. Sonreían felices. Me atrevo a decir que el amor nace precisamente de la necesidad que tenemos de los afectos. ¡Debe ser tan hermoso poder llegar así al fin de nuestros días!

El sol poniente reflejaba el horizonte con unos resplandores naranjas y violetas. Era la hora en que casi todo el mundo había terminado la jornada laboral y pensé regresar a la pensión. Me disponía a hacerlo, cuando de pronto observé como una multitud que bajaba precipitadamente del autobús, avasallaba a una mujer joven, empujándola y haciéndose perder el equilibrio. Llevaba una maleta y un niño en brazos. Se apoderó de mí un sentimiento de rebeldía y me enfrenté con la multitud, pero nadie me hizo el menor caso.

Mientras tanto, la mujer no había pronunciado ninguna queja; solamente se preocupaba de que a su hijo no le hubieran lastimado. Me acerqué para preguntarle si se encontraba bien. La Mujer me miró durante un instante; luego sonrió agradecida mostrándome el niño con el orgullo y la satisfacción de toda madre. Sonreí asegurándole que efectivamente era una hermosa criatura. Ella no me contestó. A continuación, empezó a gesticular una mano para decirme que no me podía oír ni hablar: era sordomuda.

No puedo describir exactamente lo que llegué a sentir de esa pobre mujer al saber que la Naturaleza la había privado del don de la palabra. Lo cierto es que no esperaba encontrarme con un caso así y el efecto que me produjo era triste. Todo sucedió de un modo inesperado. Esa mujer, de apariencia humilde y atractiva figura, personificaba toda la grandeza de la maternidad embarazosa. No sabía qué actitud tomar, si quedarme o irme. Yo no quería que interpretara mal mis buenas intenciones, pero consideraba que iba muy cargada con la maleta y deseaba ayudarla, y, al ver que me sonreía, decidí quedarme. Seguramente le inspiraba confianza.

Nos detuvimos delante de una cafetería. Supuse que la mujer tendría hambre y, con señas, le pregunté si le apetecía comer algo; me respondió tímidamente que sí. Mientras el camarero nos servía, ella me confió el niño para poder sacar de la maleta un bote de alimento infantil. Yo pedí un café.

Dos días después de aquel encuentro, me pongo a pensar sobre ello. Nunca una mujer y un niño hicieron en mí tanta impresión de ternura. Cualesquiera que sean nuestros actos y nuestros esfuerzos por la existencia, no es más que la porfía de nuestros corazones que no descansan porque, en el fondo, todos soportamos el peso del tiempo que se nos pega como una enfermedad.

No sé el tiempo que permanecimos en aquella cafetería. La mujer había terminado de comer y me sonreía dulcemente. Su rostro estaba sonrojado; todo el silencio del local parecía centrarse en su persona. Después me hizo un ademán de que quería irse porque ya oscurecía y el niño se había quedado dormido.

Una vez en la calle, quiso despedirse de inmediato, como si temiera la aparición de alguien. Comprendí que tendría sus razones. Pensé ofrecerle algo de dinero, pero reaccioné considerando que podría ofenderla. Entonces se me ocurrió comprarle algunos alimentos para el pequeño; era lo menos que podía hacer por ellos. Así que la convencí de que aguardara haciéndola entrar de nuevo en el local. Recuerdo que me miraba sin comprender. El camarero me dijo que, a unos cinco calles, encontraría una farmacia.

Era de noche cuando regresé a la cafetería. Había tardado algo más de media hora. Me sorprendió no encontrarla allí y me sentí contrariado. No obstante, le pregunté al camarero si sabía algo de ella; éste me contestó que la mujer acababa de irse, habiéndome dejado unos papeles escritos.

Dí las gracias y salí afuera con la esperanza de encontrarla. Sabía que no andaría muy lejos tan cargada. De súbito, oí unos gritos que me sobrecogieron el alma. Eran ruidos relacionados con la circulación, ya que percibía el silbato incesante del urbano deteniendo el tráfico. Instintivamente pensé en ellos y eché a correr hacia donde se encontraba la gente. No podía ver bien y le pregunté a una señora: ¿qué había ocurrido? Ella me respondió que un hombre acaba de cruzar la calzada sin respetar el semáforo. Confieso que sentí un gran alivio al saber que a ellos no les había sucedido nada.

Volví de nuevo con mis pensamientos mientras caminaba. Lo rememoro y lo transcribo ahora. Me sentí percibidor abstracto, pues creo que cada cual vive su destino como un secreto. Lo cierto es que esa noche la soledad me pesaba en el corazón y todas esas reflexiones se aglomeraron dentro de mí. Al rato, me detuve delante de una casa de modas. La luz del escaparate me sirvió para leer la carta. Tenía una caligrafía clara, aunque se notaba escrita apresuradamente. Las frases fluían sin puntuaciones, sin apartes, haciendo surgir una palabra a la otra. Sin duda, esa pobre mujer se había emocionado, porque advertí algunos borrones causados por las lágrimas.

Me he limitado a copiar su historia, la que narro a continuación:

“Señor, perdóneme. Me resulta doloroso proceder de esta manera, pero me veo obligada a ello, ya que voy huyendo de la justicia. Le escribo de un tirón; creo que le debo una explicación y no quiero irme sin que sepa al menos quien soy. Tal vez cuando lea esta carta me comprenda. Créame, no hecho nada de lo que deba avergonzarme, nada que no sea defender mi dignidad como mujer y como madre…

Estoy sola en el mundo; no tengo nada más que mi hijo de ocho meses. Acabo de llegar a esta ciudad, y llevo las señas de una buena amiga de la infancia. He pasado la mayor parte de mi vida en un pueblecito. Mi madre y yo vivíamos muy humildemente. A su lado fui creciendo con su dulce cariño protector, puesto que mi padre murió de un accidente. Aquella felicidad duró poco tiempo, porque mi madre comenzó a sentirse enferma y los medios escaseaban. Su enfermedad iba empeorando progresivamente y el médico rural nos aconsejó irnos a vivir donde ella pudiese estar atendida debidamente. Allí conseguí empleo en una industria siderúrgica. Pasaba las largas horas en la máquina, y me ahogaba dentro de aquel cargado y tóxico ambiente.

Sin embargo, hubo un brevísimo espacio de esperanza: un compañero de trabajo se fijó en mí y nos enamoramos. Era un muchacho muy atento. Me tenía en su corazón y amaba mi vida como yo la suya. Íbamos a casarnos, pero un mal día, que salió un poco tarde de la fábrica, le sorprendieron unos maleantes que, además de robarle el salario que llevaba encima, le hirieron de muerte.

¡Oh, señor! Quisiera contarle tantas cosas, decirle que este amor que pude tener y no tengo todavía murmura dentro de mí. Imagínese usted cuál fue mi tristeza, ya nadie podía devolverme la felicidad, sobre todo a una muchacha como yo que no puede tener la suerte de escoger… Si de algún modo existo, si no soy más que una pobre mujer, existo tal como soy para llevar a cabo mis desdichas y pueda justificarme ante quién todo lo sabe… Únicamente deseo decirle que me parece usted una buena persona, porque el que es capaz de comprender, no juzga ni es orgulloso.

Teníamos un vecino que era viudo. Mi madre decía que se trataba de un buen hombre, porque de vez en cuando, nos ayudaba económicamente, pero había algo en él que no me inspiraba confianza. Mi pobre madre padecía una enfermedad incurable. Siempre quiso prepararme contra el mundo y durante toda su vida se empeñó en leer y escribir. La idea de dejarme sola le preocupaba; por eso no cesaba de aconsejarme que me uniera en matrimonio con nuestro vecino; lo que significaba un verdadero sacrificio para mí, puesto que nada sentía por ese hombre. Erróneamente pensé que mi madre tenía razón y accedí a casarme. Dos meses después, ella moría… ¡Cuánto mejor hubiera sido que yo la hubiera acompañado al otro mundo, en lugar de casarme! ¿Cómo no supe ver a tiempo todo lo que había de repugnante en él? Debí haber hecho caso a mis sentimientos, ya que a nadie culpo de mi suerte más que a mí misma. Todavía me horroriza recordar que, junto a ese hombre, he sufrido todas las vergüenzas morales y físicas. Ahora veo con claridad que se casó únicamente por esa obsesión que tenía de poseerme. Creo que el matrimonio debe nacer primeramente del afecto y del amor si de verdad existe.

Sin duda, mi esposo se había cansado de mí y pronto comenzó a llenarme de prejuicios, tratándome como si fuera una mujer anormal… Una noche se presentó borracho con una mujer. Sabía que estaba en cinta y a pesar de ello, se ensañaba humillándome delante de ella… Tomando una lógica resolución, recogí mis cosas y le abandoné.

Al cabo de unos días, me denunció a las autoridades reclamando el niño en su momento de nacer. No conozco la ley, e ignoro con quién debe permanecer. En cuanto a las severidades penales, desconozco su comprensión; pero bien sabe el Altísimo que ante el hombre y su ley el niño es mío… Trabajaré, arañaré la tierra si es preciso para que no le falte nada. A pesar de todo, quiero hacerle saber que no odio a mi esposo. Todo cuanto le he pedido es que me deje vivir mi propia vida.

Puede imaginar que la existencia no ha sido fácil para mí. Encontré trabajo en una lavandería, y en el último período de embarazo tuve que ingresar en una clínica pública. Allí van las mujeres mutiladas por una vida gris; las más pobres; las más olvidadas, y como único lazo común: la soledad. Allí, en medio de este mundo desconocido, nació mi hijo. Desde ese instante, mi vida se iluminó por completo.

Ya apenas me queda espacio para escribir… Hacía tiempo que nadie nos trataba con tanta consideración. Me apena no revelarle mi nombre, pero no puedo, créame… Déjeme que únicamente siga siendo para usted una desconocida. Adiós, señor”.

Cuando terminé de leer la carta me quedé impresionado. Era como un sentimiento nuevo que penetraba dentro de mí al igual que un dulce pesar. El frescor suave de la noche3 me hizo estremecer, elevando instintivamente la mirada hacia el cielo, ya estrellado, al tiempo que comenzaba a andar en dirección a la fonda. Recuerdo que reflexioné largamente pensando en esa mujer; me sentía invadido de una paz íntima, como si mi encuentro fortuito con ella se hubiera gravado hasta en lo más hondo de mi ser.

Estoy seguro que el mundo cree en algo, porque pienso que es menester creer para tener conciencia. Si no fuera así, como podría yo apoyarme sobre bases racionales. Todas mis deducciones sobre el conocimiento del Bien carecerían de sentido si no las relacionase con los sentimientos, o por la revelación que he han hecho los libros y que siempre podrá comprobar en mi alma.

Por último, añadiré que me he inspirado sobre el episodio de un día corriente y anormal. Creo que nada del mundo puede perder a quien todo le da importancia y trata de entender a los demás, pues cuando más incapaz me siento de llegar al significado de la Humanidad, más creo en nosotros.

 

Por Jesús Ávila Granados

(Web: www.jag.es.vg)

 

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Un món amb “feres”, afortunadament...pel Jesús Mª Tibau

El pessimisme i el desencant acostumen a sortir a la llum quan es parla dels hàbits de lectura i de la venda de llibres. No tinc dades comparatives a la mà, i no sé si aquesta sensació és una inèrcia on estem instal·lats de veure l’ampolla mig buida o és una realitat. Sovint es parla de la necessitat de fomentar la lectura, cosa que sóc el primer en defensar , però no s’acaba de trobar la vareta màgica per aconseguir-ho, i potser a base d’insistir massa en el tema ens tornem carregosos i feixucs. Per això, com a coordinador del Club de Lectura de Tortosa, ja he deixat d’explicar que aquesta és la seva màxima prioritat; he decidit que la nostra finalitat principal és xalar amb la lectura de llibres i amb el seu comentari posterior en una tertúlia NO virtual. És millor predicar amb l’exemple.

El derrotisme que molts cops flota en l’ambient és el pitjor dels perills. Malgrat tot, afortunadament, podem comptar amb diversos personatges que, carinyosament, anomeno “feres”. Es tracta de persones engrescadores, positives, carregades de projectes i il·lusions encomanadisses i que, contràriament a la sensació general, obtenen fruits sucosos. Em sap greu dir noms i deixar-me’n algun, cosa que lamento i demano disculpes, però me’n sabria encara més no fer-los un petit homenatge. Segur que n’hi ha més, i us prego que me’ls doneu a conèixer, però avui voldria fer esment als següents: Emigdi Subirats, escriptor campredonenc, articulista i estudiós infatigable de la literatura ebrenca; Albert Pujol, ànima del portal llibresebrencs.org i de la Fira del Llibre i de l’Escriptor Ebrenc de Móra d’Ebre; i Octavi Serret, espectacular propietari de la Llibreria Serret de Vall-de-Roures.

Repeteixo que lamento deixar-me algú nom, perquè n’hi ha més. Això no és cap crítica als qui encara no han vist la llum d’un futur esperançador, o als que l’experiència de molts anys ha fet caure en el desànim. Jo mateix, durant un temps, he tingut una actitud més aviat passiva, esperant que altres organitzessin actes on col·laborar, i esperant la seva invitació. Però he descobert que, amb voluntat, es pot aprendre a ser “fera”.

Jesús M. Tibau

Abril de 2007
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Gloria Fandos al Serret Forums

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No hay más....

Esperamos unos días A que se caiga el odio Y un aroma de azufre Puede que quemado. Nos recogemos ante la maldad Nos miramos de frente Se nos escupe Otra vez, miradas, de frente Damos un giro completo Marchamos No entramos en su juego. Mañana que gotea Dentro del pórtico Esperanza que no se quiebra Amuleto que acondiciona al alma Y la calma que se sumerge Como el aire que se asemeja A su sino. El laurel estaba escondido Como camuflado entre arenas O las hierbas mojadas de la mañana Madrugadas que dilatan las noches Las que son frías y de otoño Que encarnan mañanas ansiadas. Salimos entre hielos Que se esparcen allí....aquí Por donde la escarcha, camina Hay un socorro que pide ayuda Y un adiós que invita a irse. Cada uno debería llevar su carga Como el pastor con las ovejas Sin más miedo que el olvido Sin recompensa Y con el ánimo perdido. La nube esparce señales de plomo esbirros fugaces que juegan desde el aire y hacia una revolución. Aquel rincón era penoso Como el agua que acoge las entrañas O el fugaz recuerdo de una muerte Que llega hasta donde se rompe.... ....el olvido o aquello que llaman recuerdo. La tranquilidad Desequilibrio que rompe actividades Y algunas hostilidades. Frenesí que recorre el olvido... ....resaca de una mala tarde. En el desierto que lleva mi nombre No hay más error que el abismo No hay más viaje que el del ocaso No hay más arrimo que el mediodía. Cansino es el sino del ayer Del que fuese víctima de un espasmo Albatros es el ave que sobrevuela mi muerte Ocaso es la tarde, que se cierra. Miradas hay mil Que se activan bajo el concepto Por el precepto De una vida, mejor Sabías que estaba escrito mi nombre Entre montones de animales Que nos ayudan a mecernos Desde lo más íntimo? El andarín Que era mi amigo Dejó de serlo Por ineficacia del placer Por sentencia de un amanecer. El viento reconoce tempestades Lugares que fueron y ya no son Estrechos que vuelven Para devolverse Cansinas miradas que fueron Aquello que ayer persiguieron Lamentables infiernos que no regresan Donde el viento ya no pesa. Ardiente sol que quiebra montañas Estrecho rugido que quiebra fronteras Miradas que queman la casa vacía, y la quiebran Sin más razón que el sol Sin menos razón que la sal Con todo a favor Y con ya nada en contra. El niño llora Quizás haya una pérdida La suya o la mía La mía o la suya La de su parte más íntima La que acaricia el deseo y esconde la verdad. El puente marea tempestades Que rompen sigilos Y derrochan sentidos Escondites que recobran alientos Y alientos que se rompen, en un chasquido. Nunca escribiré su nombre La lluvia lo borraría O, quizás, el viento lo esparciría Por entre los árboles Por entre los miedos En el almacén de nuestra memoria.... ....allí, le reservamos su lugar, en el tiempo, aún perdido. Escuchamos el agua llegar El viento acechar El sol removerse La calma acercarse Y el viento viajar. El viento recuperó viejos anhelos Caminos que no llegaban a encenderse Estanques que se rompieron desde el amanecer Senderos que no volvieron a ser valles Aguas que se salen del arroyo Aire pesado que no se puede respirar. Llevamos unos años sin existir Desde el corazón ausente Al monte más universal Recorremos un camino peculiar Donde los olvidos pierden Y las almas se esparcen. Cansancio, lenta fatiga del futuro Que cabalga ante mis ojos Y se oye crepitar Con sonidos repetidos, Secos Y sordos.... Cansancio, lenta agonía de actividad Cordel que se quema, casi casual. Mirada que se desprende Ante la marisma que ensombrece El abismo que llevamos dentro En un error que es la mañana. Perdida es la memoria Del ocaso infame De la mentira incorrecta Del pecado latente.... De tu mirada, Que se esconde. Líquido claro que se desparrama Líquido espeso que se refriega Carisma que nos pide limosna Carisma que ayuda, callando. Contrario horizonte Que desgarra paños calientes De filosofías trasnochadas Que se deshace, ante nosotros Como un helado entre dientes. Pesadez Sueño Lucha Honor Dignidad Y otra vez: cansancio enfermizo.... ......sigue la lucha. Un Dios me tocó Puede que el hombro... ...me volví.... ...y derramó una sonrisa... Mundo chocante, éste Las sonrisas las dan los Dioses. El paraíso se secó Entre turbas que no cesan Y humerales de pancarta El paraíso se mermó Ante la mirada cansina Y el olor ha podrido. Paz. Son tres letras para una palabra Son tres deseos para un sufrimiento Es lo más amplio que conocemos Y lo último que pronosticamos. Turba negra Que relanza mensajes de guerra Turba emprendedora Que realza caminos que son estopa Turba que no es turba Sino auxilio del pasado. Y ahora, sólo queda, la turba. Esperanza conformista Escudo que sacude el tiempo Refectorio del propio odio Estruendo de una mirada, sin nada Amigos que lo son todo O no son nada. Venimos de un mismo frente Hacia una misma guerra Qué nos dio el pasado Más allá de la apatía? Chico, que mira y sonríe Que hace que mi cara dibuje sonrisas Que saluda al abismo y al ingenio Que acaricia ante la guerra Chico, al que quiero... ...sin más....sin fin... Preñada luz que abastece la mañana De guijones desmarañados De locales tristes Contemplados desde mejores ojos. Espejismos que derrochan laureles Escondidos detrás de las sombras Sombras y memorias... De un día, Aquel que fue el ayer... ..enterrado en las marismas del pensamiento diurno y nunca tardío. Señalaron el camino Que trataba de sortear desórdenes Miramos al horizonte Y vimos a un hombre Que paseaba por pasear Miraba por mirar... Esperando a la muerte Viviendo por vivir. Nos giramos y vimos ala fila de hombres crecer. Recibir un relevo Desde lo más íntimo y hacia lo más detallado Cerrar las estrategias que giran entorno al barro Que nos salpica, ensuciándonos Volver por el mismo camino Sin más razón que el callar. Oír un rumor Dentro en la noche del espejismo Podría ser el motor De algo parecido a aquel camión Camiones que cargaban a gentes para pasearlas más allá de la noche, de la calle, de la carretera,.. ....llegando a un descampado con la luz de la luna Sin espejismos Sólo con la noche, Y Alguna estrella.... Con la fría aurora que asoma sus pasos. El artista mecía su sombra Entre el crepitar de las gentes Descansaba, pensando, en algo inerte Todavía inerte Colgado del amor más claro. Que se estremece, pensando. Cuando la serpiente relamía Su orgullo, arrastrado La presa ultimaba sus estertores Entre millones de súplicas Mojadas en lágrimas Tardías y cercanas Gélida mañana que no pasa del frío Intenso y viejo aire que no huele, No se ve, no desprende aromas Pero que se palpa y casi sacia… Frío que, en la respiración, Hace que te duela el pecho. Relieves de personajes apasionados Minerales que surcan aires…. ….entonces brillan…. Como los ojos del niño, Que nos mira. Mañana apasionada Que se vuelve viva con la luz Y el grito unánime De una muerte insomne Desde el corazón del alma Que nos espera, errante. Calima escondida Entre la amalgama de colores Vivencias que se quiebran Antes de llegar a la vida Colgantes deseos Por sobrevivir Entre una maraña triste Y agobiada que ha perdido el nombre. Sus ojos me miran Desorbitados y preguntones El aire pesado, me aburre Y las luces invernales…. ….son una alfombra que se abre y se cierra como la noche y el día como la vida y la muerte. Casas Refugios de palabras impenitentes Testigos de vidas y de sonrisas… Sueños Que por la noche encuentran su hogar Su propia casa Esperanza, visión que barre el horizonte Poema helado y descolorido Capricho de un destino que se marcha. Testigo de un sur Que no es como debería Que se tramita en los despachos De capitalistas sin escrúpulos Vendedores de armas y gritos Compradores de diamantes y sudores Traficantes de almas y sueños Portadores de hambre y sed… El otro día vi. una luz girar Y un estruendo que viajaba…. ….dando la vuelta a su compás la calle se tornó gris y…. ….luego negra como el color del alma que disimula su grandeza. Un viaje no es más que un camino Un descosido tormento que nos deja aire Para respirar, aún sin sentido Entre el verano y el otoño Entre el invierno y la primavera Entre el color y la ceguera Entre el olvido y la memoria. Correr significó huir…. ….en un tiempo en que la memoria era triste como el plato que no se llenaba como aquel vino que era un manjar como las olivas como lujo de niños o el regaliz que enmascaraba las caras las rodillas cortadas por el frío y la cara estirada por el viento con la sonrisa que delataba el poco tiempo vivido…. ….y el mucho que les quedaba por vivir. El espacio de un tiempo Que no llega a desaparecer…. Ni siquiera se difumina Ni recoge los lamentos del retraso Las pisadas saben a hiel Y la espera se eterniza Cuando el presente nos trae aquello que queremos y esperamos el aire entra en nuestros pulmones como un alivio imperturbable. El estruendo de la mañana… Se caía con el sol Esperamos una ocasión Para dar de qué hablar… Un pueblo, quieto y sosegado… Espera la llamada de esa mañana Que nos acaricia desde aquella noche… …ahora ya desde lejos. Se precipitó el drama De aquella sonrisa perdida, Ufana y descosida… Una sonrisa que moría de miedo Al tener que dibujarse en la calle, Entre gentes y con sus mentes. Ayer se rompió el dique Aquella travesía que esperaba el aullar de la noche. Entre tanta agua… Surgió un brote de tierra Se agarraron todos a él… Algunos incluso se empujaron… Para terminar mecidos por el diván Y aquel movimiento que nos recuerda a las olas. Sus ojos perdieron la mirada El color marrón se disolvió Y una bruma acusadora se interponía… ….entre su mirada y lo que había de mirar…. quizás, en aquellos días, había perdido la mirada se había sustituido por aquel odio encarnizado que nos llamaba a una lucha que no queríamos y que luchábamos por ahuyentar tenía miedo de que su malicia… …algún lejano día se me hiciese cotidiana y normal…. ….la mirada turbia seguí allí, desafiante. La chimenea crepitada y aquella musiquilla nos acercaba a una noche cerrada que nos demostraba que quizás el hielo atraparía a la escarcha y por hoy, como sentencia.. no hay más. La casa llegó a cerrarse Caída la tarde de un día gris El invierno descargó su furia Teñida de un dolor Que crepitó entre las sombras De aquella noche tranquila La llamada había acercado a dos hombres Hacia un punto desorbitado Entre la tarde llena De un color adormecido, Inquietante, furioso y puede que olvidadizo. Mañana habrá que recordar la memoria Para acariciar la dignidad. Un día levanté la cara Y no reconocí de donde venía el viento… ¿Del este? ¿Del oeste? Parecía que allí no era de donde soplaba ¿Puede que viniese del norte? Pero si fuese del norte sería más fría. También podría haber venido del sur… …aunque las ráfagas que me erizaban …delataban otra dirección …de donde venía era de la nada y de todos los sitios… ……de donde nunca vemos lo que se nos viene encima. Las sábanas caían Desde un sol quejoso Entre brumas saturadas Y el día que no despierta. Aquella mujer se acercaba Su andanza se perdía Desde su casa Sobre el asfalto, húmedo Pasos silenciosos, rápidos, continuos… Es el palpitar del día De una madrugada Que llama al día a día Al trabajo de una mujer Con sus manos arrugadas Inflamadas por el agua Descosidas por el aire Agrietadas entre el frío. Sirviendo a un anhelo Comunicando un deseo Despertando una pasión Deshaciendo enredos Mitigando la rabia Saludando al sol Con las tripas de la pasión. Si necesitas aire… ….mi coraje te ayudará a retenerlo si precisas calor encenderemos toda la leña de nuestras sonrisas si desde el viento, añoras….. ……la palabra libertad… …yo fabricaré unas alas para remontar el vuelo. Desviaremos el odio y oprimiremos el rencor. Muerte El ataud que se desliza Entre húmedas paredes Que son la última casa El nicho de pocos días Y de muchos apegos La caja de pino se adentra Las miradas se lamentan Algunos incluso lloran Otros se disfrazan de miedo Las manos tiemblan Y el sufrido dolor se delata. Cosechas de lugares Que por exóticos ….nos parecen distantes Miramos la escondida timorata Razón que nos llevó al escape Sentimos la palabra libertad Y decidimos que más tarde Sentiremos como el corazón late, desbocado Y amarillo en su letargo. Encendamos la luz del pasaje Sintamos como late nuestro abismo Recapitulemos la palabra libertad Latido el que nos empuja al alba Escenario socorrido por el laberinto… …el que nos sumerge entre el olvido… …apartándonos del recuerdo. La mañana replicó Sonatas que se encontraban con la muerte Nos preguntamos si por una muerte… …temprana, inexperta, miedosa, ingenua… y el viento se llevó el sonido, para transformarlo en prosa que se desarrollaría por la tarde. En un olvido que empezaba por nada… …….quizás por todo, adiós. Extraños sabores coronaban el aire De un día mitigado por el sol De plena jornada en el frío de invierno Con las sombras Presentes y perennes Estáticas y luchadoras Por escaparse de todo lo temido. En la mirada del niño Estaba aquella mezcla de alegría e ilusión Un atisbo de paz que no llegaba y que se presumía abotargado por el miedo o la razón más pura. Tan sólo puedo decir que…. ….quizás mañana vuelva a salir el sol. Aquella especie de odio Puede que miedo encubierto Remoderaba nuevos encuentros Que casi eclipsaban a los pasados Encuentros que supuraban Escenas agrias y secas Los presentes intentaban acercarse Al umbral de un abrazo. Cielo azul Calima de una luna Que se deshace En mimos dentro de un hogar Milagro que pinta el cielo En una noche de marzo. Hombres que lloraban Lágrimas de sal Y que se delatan con huellas de barro Sábanas que enarbolaban mensajes Tormentas que acaloran sentidos Mediaciones que meditan Sobre el color de la sangre. Viento, Aurora que lleva el sentimiento Y el pensamiento…algo común Una fosa descubierta Hasta ayer ignorada Muertos que desvelan su tragedia Esperando ser acogidos Fríos los días en inviernos Asfixia en el estío Impotencia, tristeza en toda estación Allí, no se adivinaban ni los tiempos de cambio Un día se escarbó la tierra Quizás con las mismas palas con que se enterró Y unas manos engomadas Que tocaron una frente… ….la frente para algunos…con nombre frente de hueso y tierra La fosa, al fin de los años… ….se deshizo. Qué drama El del color de la piel Que se deshizo Sin deslizarse En el permiso Que de aquella mirada… ….supuraba. Quizás nunca comprendí el dolor, ajeno Quizás ella también pensaba que los pequeños…. …. Son aquellos detalles que engrandecen la existencia. Quizás venimos al mundo para determinar… ….la desgracia y el drama quizás llegamos a vivir para sonreír y luchar para que la alegría …. Aquella que se fue…simplemente venga Reflejando en los ojos de los demás Impregnando el rigor por la dignidad Dentro todo, sólo quizás, de un día como hoy Cualquier día es válido para empezar a vivir Y a soñar, otra vez. El viento reconoció mi caída Así que si me matan No le llores a él Porque delataría mi nombre Escóndete y saca tu dolor El que después será rabia. Guardo un miedo Por afín que sea Sacudida el alma Entonces el mundo Está preparado Para que al buscar El agua… …ésta se encuentra helada terca, desagradecida, huraña aunque, me temo que… …también desanimada por el desarraigo. Enfado persistente De la razón infame Sabiduría que se rompe Estampida de dolores Que mira la facilidad De un lugar seguido de hambres. El agua se puede escribir Pero su descripción es como pretender tocar el cielo Con sus esponjosas nubes Desde la yema de los dedos… ….de los nuestros… Eso: una ilusión, una utopía, un sueño…. …o quizás, también… …la energía que mueve la vida. Alguien me dijo que la botarga Era una especie de moda libertina Alguien me explicó que, algún día, Necesitaríamos aire entre los dedos Sólo así seríamos libres De disfrutar la libertad Y de temer por perderla Sabremos en algún compás de tiempo Que sus caricias fueron En su corazón Una especie de bálsamo ilustrado Siempre de buenas intenciones No había más… No hay más… No habrá más…. Cantos de pájaros… …no de los de película, si de los carroñeros…. ….aquellos que se comen a los muertos como desayuno, comida o cena esmerándose en los aperitivos y no bebiendo ni una gota de buen vino….. se llevan la carroña, sin gasto y los muertos no notan nada…. …en lo referente al festín. Dicen los monjes de aquellas tierras elevadas Que la esencia del muerto se desprende con su dolor… ……sólo queda la paz y la sensación garbosa de un dilema sin tregua, la vida. Un día se me acercaron para empujarme Me defendí con todas mis fuerzas Y conseguí zafarme, huir, correr…. ….para finalmente, escapar de lo que consideraba un crimen contra mi cuerpo… … contra mi libertad. Aquel frío, derrochaba asperezas Desde un trono al lado de una estufa De un calor contenido, Hoy sin rumbo Cansado, canino, miedoso, quizás piadoso Para buscar templanza con otras temperaturas… Aunque de sobras sabía que acabaría apareciendo. Tristeza Por una alegría, cortada Por no entender el camino en la travesía Gravedad o desenfado… Tanto daba… …por todo recriminaban aunque ella no sabía nunca por qué.. cansada de luchar… y de entenderlos a todos, esforzarse por ello Los ojos pesaban La sonrisa se volvía a la inversa La piel se estiraba La maldita oca callaba… …no le salían las bromas… ni aquellas por las que no la callaban, lo más triste es que todavía entendía desde la comprensión y la tristeza…. esta vez era por estar entretenida… …batallando con rebeldía hacia una batalla sin justificación, sin caricias… …en donde sólo podía salir todo peor… optaba por callar, excusarse en dolores, llorar entre sábanas y sonreír a los demás. De muertes y duendes Si yo quisiera morir ya habría apretado el botón de la muerte un esbrirro de profunda agonía... ... me apresó hasta hacerme llorar, huir... y lidiar con las caricias de la muerte para, jamás, desaparecer. Una noche encontré a un duende errante que me miró hasta su latido final.... ...si el duende resistía , ¿qué no podía hacer yo?. La noche estalló Donde se duermen las hadas, las del pensamiento Cuando relamen al mirar el río… …el de la plata que forman las estrellas en su camino hacia la luna. Adiós y hasta mañana Por un camino de piedras Donde el polvo se hiela … ….bajo un sol calibrado donde las piedras son brasas……. …..entre los fríos y las escarchas, entre el calor y la sequía… Ayer viajamos hasta la zona caliente De un sendero gris Que cambiaba de color , cada segundo… Cada minuto… en cada momento.. Desde el suspiro final. Mi amigo no conocía el nombre de la tarde Desconocía, también, su tranquilidad Y el deseo comprimido… …de la palabra libertad. Así que se adentró, cansado y triste Hacia una noche de invierno Recorriendo pasadizos Que le quemaron la mirada… Sin parpadear y aliviado encontró la mañana , encogida dentro de un sol… mañana que daba paso a una tarde… …ya no tan temida por mi amigo. La esfera de aquella luna Desprendía calor A la espera de un frescor que… Ni se podía soñar Entre la aridez de los polos Y el desierto de una selva… Ni recordada. Miedo Perplejidad que habla por si sola Surcos que miran alrededor De una mirada crispada Tan clara como ampliada Tan embriagada como desértica. …al final del día, sólo se escucha un chirrido un aura caprichosa y errática… …un chantaje del destino, con un futuro turbio… todo esto, inevitablemente…. …es el aliento del miedo. El drama rozó la claridad De un día que no tenía estilo Llegó el tiempo en que el cielo se enturbió, Se cerró y se ennegreció… Se tornó crispado Saliéndole ruidos y chispas… …luces que nos cegaban de pronto gotas de lluvia grandes, vibrantes, cercadas y aburridas los árboles marchitados la tierra recubierta de blanco la acequia, sumergida… El pueblo escucha su canción Desde una habitación… Caldeada por las brasas de un hogar O desde el sótano, escondidos del miedo O en el prado respirando a su compás… El pueblo Escuchaba otro día, más atrás en el tiempo Una canción, su ancestral canción A lo lejos Hasta confundirse con las sombras Que esparcieron el temor Hasta contagiarse en un hoy. Desde la soledad de un agua Que lejos de bajar copiosa y pretenciosa… Prefería acompañarse, mansamente, de un baile regular Ni suelto ni desacostumbradamente enroscado En una danza regular. Cauta, alegre, contenida Desde aquel punto empezamos a recordar Hablando más allá del gota a gota… …..intermitentemente.
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Destins, de Joan Cid i Mulet

Dues coses criden l’atenció al lector dels nostres dies: l’estil del llibre i el document històric que representa. El seu estil ens recorda a cada línia que l’autor és un poeta, i els sentiments que ens fa arribar són el testimoni dels espantosos dies que va viure, en primera persona, a finals de la guerra civil; i no podem quedar-ne al marge. La novel·la narra la història de l’Hipòlit i dels seus amics Xurri, Aureli, Ernest i Vidalet, soldats de l’exèrcit republicà, els últims moments de la guerra civil i els primers de l’exili. Durant aquests dies, els protagonistes van perdent la fe en els seus ideals sota el pes del desastre de la guerra: (p. 60) "Àdhuc l’Hipòlit,que en un temps encara no massa llunyà, arribava al front posseït d’una flameta d’ideal, ara que ha vist que la guerra s’allarga i que els pobles són destruïts, els camps arrasats i els homes convertits en salvatges, com a desferres humanes, inútils i miserables avui i demà, comença a sentir els efectes d’una fatiga patriòtica per tanta visió apocalíptica, i encara que no ho digui, justifica i comparteix la desesperació d’en Xurri”. Quan els milers de persones travessen la frontera de França per a endinsar-se a l’exili, cauen en la desesperança, víctimes d’una derrota física i emocional: (p.86) “…el gest de sorpresa, de desil·lusió, de desencís, amb què tota aquesta dissortada multitud ha rebut el començ de l’exili, ha mancat, però, d’un autèntic sentiment de revolta, perquè ni forces han tingut per a exterioritzar-lo. Tothom ha acceptat el nou estat de coses amb una minsa resignació…” Cal tenir en compte que Joan Cid i Mulet va escriure la novel.la poc després d’acabada la guerra, l’any 1941, quan encara es trobava a l’exili de França. En aquells moments, les esperances del futur del país que ha deixat enrere no són bones: (p. 102) “L’enyor ens cega, als uns (els perdedors de la guerra). L’orgull tornarà cecs els altres (els guanyadors). I mentrestant, el país, ensorrat pels egoistes i pels superbs anirà decandint-se sense afanys, incrèdul i recelós.” (p. 92) “…la guerra civil que acabem de viure és, de totes les guerres que ha viscut el nostre país, la més inhumana i la més cruel de totes! Us imagineu vosaltres els odis, la rancúnia, l’esperit de venjança que hem creat entre tots plegats! Dubto que la nostra generació i la generació que ens segueixi puguin regenerar-se en les aigües del perdó i de l’oblit!”. Tot i haver militat al bàndol republicà, l’espant de la guerra que encara té tan viu no el cega, i quan el fàcil hauria estat expressar sentiments d’odi i rancúnia, l’autor ens mostra el seu talant conciliador, i sap reconèixer que els errors han estat mutus: (p. 93) “Tant ells com nosaltres hem comès barbaritats! La supressió de l’home per l’home ha estat la consigna brutal i salvatge! Ni ells ni nosaltres ens hem recordat que tots som germans i ens hem tarctat pitjor que a enemics! Ells han vençut; hem perdut nosaltres! I entre vencedor i vençuts, hi hem interposat un abisme tan profund que a l’endemà de la pau, recomençaríem una baralla que no ens ha servit d’escarment. És per això que us dic que som incorregibles!”. Destins ens recorda que la guerra només porta follia i desesperació, i una tasca molt llarga de llepar ferides. Cal no oblidar-ho. Per això, afegint-se als actes del centenari de Joan Cid i Mulet, el Club de Lectura de Tortosa comentarà aquesta novel·la durant el 2007. Per a participar en el Club de Lectura es pot sol·licitar informació al correu electrònic clubdelectura@tortosa.altanet.org o a la Biblioteca Marcel·lí Domingo. Jesús M. Tibau Coordinador del Club de Lectura de Tortosa
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Sabó moll i Francesca Aliern

El 26 de febrer, a la Biblioteca Marcel·lí Domingo, s’ha reunit el Club de Lectura de Tortosa per comentar la novel·la Sabó Moll, juntament amb la seva autora. Com és habitual al Club, la xerrada ha transcorregut de forma distesa, sense guió establert, i la Francesca ens ha deleitat amb multiutud d’anècdotes en relació amb aquest llibre i l’època on transcorre: els anys cinquanta. Gràcies al funcionament d’aquests clubs, i a la col·laboració de la Institució de les Lletres Catalanes, les trobades amb els autors són molt enriquidores per ambdues parts, molt diferents de les típiques presentacions, ja que els assistents tenen l’oportunitat d’haver llegit amb anterioritat l’obra i poden afegir d’aquesta manera les seves opinions, comentaris, etc. Abans, el coordinador del Club ha confeccionat un tríptic informatiu del llibre i l’autor, i la Biblioteca facilita exemplars en préstec, tot i que ja hi ha contactes amb diverses llibreries per a realitzar descomptes als seus membres. Aquesta obra de Francesca Aliern es considerada per l’escriptor Emigdi Subirats com “una de les grans novel·les ebrenques”. És la segona novel·la d’una trilogia encetada amb El pont de la solitud i que es veu culminada aquest 2007 amb Camins, totes tres publicades per Cossetània Edicions. En primer lloc, a Sabó moll hi destaca el testimoni fidel d’una època, d’una manera de viure, de les il·lusions i els desenganys dels anys cinquanta, entre els que destaca la gelada del 1956 que va provocar la ruïna de molts pagesos i la conseqüent emigració a la ciutat. Aquest testimoniatge és volgut per l’autora, a mena d’homenatge, i converteix la novel·la en una obra idònia per ser llegida als Instituts, que d’aquesta manera coneixeran un passat, no tan llunyà en el temps, però sí en les condicions de vida. En aquests termes, el llenguatge que utilitza Francesca Aliern és ple de modismes i frases fetes que enriqueixen la lectura, com ara els següents: Quedar-se sec com una canya Semblar un cossi badat Ser estret com una fulla de pi Fer la fi del Cagalàstic Bufar amb caldo fred Bufar com el vent de dalt Tenir sortides de panís verd Ser més fart que una vora de riu Ser més dolent que una purga en dejú Tractar com si fos llana de borrego Tenir massa terra a l’Havana L’argument es basa en la contraposició entre dos personatges ben diferenciats: els bons, especialment la Josepa; i els dolents, encapçalats pel Biel. Aquests dos móns, el bé i el mal, estan molt accentuats, fins al punt que la bondat de la Josepa i el seu marit, el Janot, i la felicitat tan completa que comparteixen, capaç de superar totes les adversitats, pot arribar a resultar, de vegades, inversemblant i massa dolça. En canvi, el personatge que realment brilla a la novel.la, i a qui l’autora aboca el pes de la narració, és el Biel. Algunes de les paraules que fa servir l’autora i la resta de personatges per descriure’l són les següents: mesquí, bàmbol, obcecat, maliciós, bufat, golut, animal rabiüt, bacó, tòtil, miserable, llòbrec, estaquirot, fantasma embafat, mascle ambiciós, desconcertant, obscur, degenerat, capfluix, boig, hipòcrita, interessat, intractable, saginero, covard, patètic i, a més, provoca vòmit i no sap somriure; “al Biel no li queien bé les rialles als llavis”. El Biel, tot i haver-se casat amb la Isabel per interessos, estima en secret la Josepa i l’espia d’amagat rera la finestra, fins al punt que: “El Biel notava com les làmines de la persiana se li clavaven als dits”. La resta dels veïns del poble, on abunden les xafarderies, és testimoni presencial de l’argument, i critiquen el Biel, i se’n riuen, i el tracten de boig d’amagat. Però Biel és un perdedor, i ens acabarà fent pena. Tot ho perd: perd l’esperança en l’amor de la Josepa, perd l’herència que esperava rebre de la família de la seva dona, perd l’herència que els seus pares deixen al germà, i perd més coses encara que no cal desvetllar. A la propera reunió del Club, el 26 de març, es parlarà sobre el llibre Patrimoni, de Philip Roth, una de les millors novel·les d’un autor estatunidenc considerat per molts com el més prestigiós de la seva generació. L’obra narra de forma emotiva, directa i corprenedora la història verdadera de la malaltia i mort del seu pare. Jesús M. Tibau Coordinador del Club de Lectura de Tortosa www.escriptors.cat/autors/tibaujm
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Microretratos de vuestras tierras

Susanna Anglés MICRORETRATOS DE VUESTRAS TIERRAS. La tristeza es la razón de un corazón que escapa. 1. El pasadizo paralelo al río era un túnel de árboles altos con grandes y verdes hojas, aferradas a las ramas. Mientras tanto, éstas, se aferraban al tronco del recio árbol. Algunas ramas se rozaban con las del árbol vecino y éste hacia lo propio....si los humanos hablamos, ¿por qué no lo pueden hacer los árboles?...a lo mejor incluso van más allá de la comunicación verbal...quizás se rozan y se acarician...quizás se amen. 2. El estrecho camino estaba sepultado por una alfombra voluminosa de hojas...estas eran fruto de los aires del otoño más tardío...hojas ocres que habían caído por los primeros frescores y los vientos tildados de cierzos. Al cabo de unos días de estar, solas, quizás muertas, en el suelo....éstas crujían a mis pasos...se secaban para ser pasto de otros pequeños seres vivos...Esto es el ciclo de la vida en donde nada muere. 3. El cielo de esta tierra, como todos los cielos, tiene algo de especial. Quizás no tenga tanta luz como los cielos de la costa bañada por el Mediterráneo, pero sus tonos de luminosidad mate son todo un acierto, relajante, para los sentidos. Mientras tanto las nubes parecen jugar con él al escondite, camuflando sus dibujos y figuras entre los vientos y las brisas. Ya sólo falta el sol, que abre y cierra el día son sutiles rayos que descomponen los cielos y los devuelve irrepetibles. El valle y la depresión del río se abren y cierran mirando a un cielo diferente y galopante con los sentidos. 4. Agua que baja fibrosa y con una tonalidad como más alegre...es el verano. Meandros, pequeños, pero requiebros de un cauce estable y laminoso con sus riberas. El sonido, su voz quieta y armoniosa nos pone en sintonía...franca fragancia de un día casi mejor que nunca acaba alargándose entre gotas que son más queridas..... Una hoja baja por entre las aguas cristalinas que se entrecruzan con rocas...premonición de la quietud y del ensombrecimiento de las aguas. La calma, bajo el frío intenso, llega con el invierno...las orillas en verano putrefactas, ahora y hoy, se quiebran con pequeños puzzles de hielos que no llegan a cuajar su ofensiva. Una quietud que es tristeza de invierno. 5. Vemos una luz en lo alto del altozano es el sol que le da color a un cielo quieto y que tiene frío. Mientras tanto a mis pies les gustaría ir de camino por una de esas sendas sin nombre...carente de ritmo...traspasada y queda. Me gustaría ir de camino por un sendero sin rumbo donde los pies me llevan casi de la mano como salí de la nada. 6. Quietud y silencio....un cielo casi incoloro y sin aires que vayan y vengan con sus corrientes. Todo parado, como si el reloj del tiempo se hubiese detenido bajo el influjo de un día gélido. Por no haber no habitan ni los sonidos....hoy, no me han despertado los gorriones....ni el surcar de las aguas. 7. Cielos que bajan, a saciarse de aguas, a embestir tierras y suelos que se levantan al verlo y las nubes que parecen algodones de cristal se miran para pedirse permiso y, a la vez, bajar. 8. Quebrada escena que convierte en dormido aquello que viaja todos los días y, en cada momento, de manera continua. Aguas que discurren por su marcada ruta, por el valle, entre choperas y vegetaciones varias....siempre abriéndose camino como las corrientes de aires cambiantes en el cielo, azul.... 9. Después del frío más abrupto, áspero y quebradizo….aparece el sosiego más inesperado, dulce….con los días, el más traidor….detrás de sus caricias cálidas, entre el invierno, nos invade el pavor de un gélido aire que nos duele hasta en el aliento. Después, paz y el poro que vuelve acostumbrarse a la normalidad de un día frío…..de unas jornadas de invierno. 10. Remontábamos un pico y la mirada se nos desparramaba por el cielo, el efecto de subir y subir….algunas nubes, pocas y un azul que iba viajando de tonalidad en tonalidad….Seguimos subiendo y la mirada perdida en el aire….entonces, como si se tratase de una grata sorpresa, aparece, ante nuestros ojos un color rosa, rojo, anaranjado, bermellón….todos los colores…. con los tonos, cálidos de la paleta de aquel pintor que conocí en el mar…las nubes juegan con las luces y las luces remontan el vuelo y el juego para jugar con los aires, las corrientes y sus filtros…el cielo se tiñe de un color casi rojizo…de un tono casi anaranjado….de un aroma que desprende un frío atardecer que traerá viento. 11. Después del frío más abrupto, áspero y quebradizo….aparece el sosiego más inesperado, dulce….con los días, el más traidor….detrás de sus caricias cálidas, entre el invierno, nos invade el pavor de un gélido aire que nos duele hasta en el aliento. Después, paz y el poro que vuelve acostumbrarse a la normalidad de un día frío…..de unas jornadas de invierno. 12. Cristales que se mojan de una fina escena de escarcha que se escurre bajo los primeros rayos de sol…suspiros, desde el interior, al sospechar el gélido ambiente tras los cristales…ambiente que se pega al aire, a la piel, a nuestro respirar….sentidos que se pierden en la madrugada para enfrentarse a la mañana. 13. Fuego. Crepitar de hogueras que se eternizan…humos que se mecen con brisas que, frías, los detienen…cenizas que pasean entre miradas, cuerpos estáticos que se enamoran del fuego, la chispa y la hoguera. Mientras tanto, continua la musiquilla del fuego…la llama que dibuja figuras , algunas de ellas surrealista…otras tan naturales como el susurrante sonido de aquello que se quema: sin pausa, sin prisas, con continuidad y sin compasión. 14. En el camino que serpentea nos guarda una sorpresa: desde la fuente enclavada en la roca….en aquella cueva donde iban a beber los lobos…se levanta una familia de cabras hispánicas. El macho nos mira desafiante, su hembra lo mira cauta y juiciosa y los pequeños se hacen un lío que deshacen enseguida en tan sólo escuchar el silbido del padre. En fila india y con paso firme se disponen a escalar el escarpado…en busca de su casa, su refugio…De vez en cuando se paran para mirarnos,:los padres desafiantes, los cabritillas divertidos y pícaros. Algún día nos desafiarán. 15. Gaiteros que soplan por un madero agujereado y hacen que el espacio, el tiempo y el silencio…se rompan de golpe….entonces surge la música del pueblo…que sale desde lo más hondo. El tambor, que había dado la entrada, se une, otra vez, al certamen musical y el pasacalle empieza a andar. Se paran en corrillo en las calles y en las plazoletas…camina lentamente para impregnar su música por todos los rincones de un pueblo que se estira corriendo adelante y atrás de su camino. El sonido de la gaita y del tambor, del tambor y de la gaita…..invade los sentidos y se recrea en ellos dejando su memoria escrita en el viento. 16. El invierno se asomó en aquel primer año, casi como una presentación: vino, nos enseñó sus cartas y se marchó suspirando aires más propios de su socia la primavera. Las nieblas se disiparon, iniciando un extraño paseo; los aires se caldearon y se hermanaron con finas propuestas de calores impropios; las escarchas se sofocaron, derritiéndose como el helado de la niña en verano; las leñas se amontonaron, aún más….terminaron, muchas, en la hoguera de un San Antonio que pasó por un día tibia. El tío Fabián miró el cielo, el día San Sebastián, con aire sofocado y cuando bajó la mirada dijo, como la sentencia de un juez: “el invierno todavía no ha terminado, esto es un engaño….podemos prepararnos para los próximos días…”. Recuerdo, hoy, que aquel día el Tío Fabián no sonreía y que todos callaron y se miraron…para, poco a poco, reanudar la conversación…una conversación que empezó a hablar de gripes, resfriados, de los árboles en flor que iban a perder su cosecha….Aquel invierno no lo olvidaré nunca, todavía siento escalofríos, la venganza del Dios frío derivó en una actitud más que frívola. 17. Esta tierra es áspera, aunque sus riberas y sendas escarpadas nos enseñan un poco lo mejor de ellas. Todas las tierras con contraste son especiales, creciendo como una mañana de primavera. El sol se levanta y empieza a caldear las sierras….viaja, después, a algunos valles y teje una maraña de buenas impresiones… Los sonidos quedan habitados por los numerosos pajarillos que se reencuentran entre pinares, riberas de río o un prado rodeado de árboles…el viento, incipiente, nos trae sus sílabas y sus palabras. De repente, un ser volador con carácter impreso en su vivienda de roca, nos enseña su vuelo con círculos perfectos. Caminamos por la quejosa senda de regreso a casa cuando el sol empieza su cenit…entonces oímos que unas piedras se precipitan por un escarpado, caen la río y empiezan a reírse de nosotros como demostrando algo que no hemos descubierto…más piedras y más aguas que se levantan al recibirlas…al fin, detrás de unos arbustos en flor y encima de una roca deposito mis posaderas y me dispongo a vigilar el escarpado, cuál naturista infame fuese…entonces no sé si consecuencia de mi cansancio ocular o qué observo como las rocas del escarpado se mueven….y algunas de ellas con una habilidad pasmosa. Creo que trabajo demasiado y tengo la vista cansada. Bajo a la orilla, me agacho y me lavo la cara, refrescándome la nuca. …entonces un silbido alucinante, jamás escuchado por mis oídos, serpentea por el aire, levanto la cara y miro por el escarpado…algunas rocas aceleran su paso y otro silbido me levanta del ensoñamiento a la clarividencia: ante mí una familia de cabras monteses que, en fila y siguiendo las indicaciones del silbador que es el macho, suben, camuflándose, y recitando un susurro entre rocas y piedras. 18. Ruinas de un pasado que no vuelve: puentes que se caen ,desde el polvo que se deshace; iglesias que se derriten ,ya pobres entre la multitud de su tiempo pretérito ; edificios que se entristecen, ante las embestidas del presente y los presagios de un futuro…La piedra en seco envuelve pasillos de tránsito habitados por hierbas , matorrales y despojos vegetales; los árboles son menos numerosos y menos afortunados por el aire que respiran…pero el amigo viene , otra vez, como lo hacía antaño…entre brumas, sobre el barro y desde la senda. Hay cosas que nunca cambian, la curiosidad por conocer tierras, perdurará…. 19. El sol se fue disipando poco a poco…como una despedida que dejaba pasar a las brumas de la sobremesa….aquellas por las que se mueven los rayos hiriendo, más que nunca, la retina que les mira. Después, de esa forma, aparece la tarde que va creciendo y que levanta alguna brisa, todavía cálida, de un invierno atípico. Pero son éstas tierras frías...de inviernos ásperos y quebrados que buscan el sol y se lo tragan para, desde las tierras y algunos aires, paliar los tiempos fríos preñados de cierta dosis de oscuridad. Llega la noche cerrada y el frío vuelve, la madrugada aprieta y el día cae de frío en frío. Al día siguiente: las nieves. 20. El invierno era el crepitar fonambulista de la leña a merced del fuego; el color de las llamaradas gratamente cambiaban, poseídas por no pocos ingredientes de contraste; el calor que desprendía era más que calor….podría hablarse de calor especial. Y el olor desde la chimenea se esparcía por la casa dando calor incluso allí donde no llegaba el propio calor. A veces , en un momento dentro de un instante del tiempo, se produce la simbiosis entre la mirada extraviada, un tanto perdida, y las llamas del fuego que dibujan figuras tan variadas como extrañas; tan claras como alucinantes; tan sosegadas como inquietantes; tan cálidas como susurrantes. 21. Seguir con el tiempo atípico de un invierno que no se sumerge en su clima….sólo lo hizo por unos días en aquel diciembre ya casi perdido en la memoria. De repente, en unas horas, la calima se sacude con vientos y ráfagas muy frías. Nos invade y casi nos atormenta la idea de que el viento será el representante de días mucho más severos….Y otra vez el tiempo se detiene y el viento desaparece. No se mueve nada, ni la luz…la noche entra de un modo turbado, sin darnos cuenta nos atrapa y se recrea con nosotros….juega y hasta quizás se ría, sabe que es ella quien nos ha adormecido Una noche clara visualmente, pero espesa cuando intentas respirar y cuando mueves la mano frente a nuestros ojos…El sueño nos acoge con una paz inusual y la noche nos envuelve entre sábanas. Pasa el tiempo y amanecemos con los tejados blancos de una agua que, a menudo, en Teruel es blanca…los niños saltan, gritan y ríen…hay cosas que no se pagan con dinero. 22. Aquellos ojos miraban al agua bajar y deslizarse por un panorama que salpica indulgencias para pecar con todos y cada uno de nuestros sentidos. Aquellos ojos estaban tristes como el encapotado cielo que deslizaba alguna lágrima fugaz y atemperada. Después el iris ocular se desplaza y observa, detenidamente, a los árboles desnudos, pero en la memoria plagada de un verde casi gótico. El aire que sólo levanta alguna hoja muerta del otoño añorado ya no lleva aquellas alegres conversaciones de pajarillos; las ha guardado entre los aires y corrientes retenidos en el interior de las cuevas y cavidades…saldrán después de que los árboles se vistan del frescor verde. 23. La noche fría sigue llorando lágrimas que viajan de la lluvia a la nieve y cada minuto se apagan más los rumores cotidianos y las voces de lo inerte en la calle…la noche entra en un letargo casi palpable cuando el silencio se puede ver entre una ligerísima neblina que cuando se desvanece deja una luz nocturna tan clara que deja ver los copos recios cayendo por este rincón de País de Cazarabet. Sentimos un sosiego que imita a un a calma total casi inexplicable. Mis ojos casi pretenden retener aquellas imágenes para refrescarme con ellas cuando el invierno nos deje a merced de las más intensas temperaturas. Mientras tanto, pasando una hora relajada, tranquila y que se adormece…se despierta, tras el cristal, cuando veo una calle completamente blanca, los cables eléctricos cargados o los balcones como recogedores d nieves tardías….L que no cambia es la quietud, la paz sin comparación 24. Quietud, más quietud es aquello que surge de la mirada hacia el frío que desprende la nieve cuando, después de depositarse sobre un suelo desprovisto de impermeable, se hiela merced de las bajas temperaturas…las pisadas se delatan bajo un sutil, pero muy presente crujido…inmediatamente la pisada se vuelve a cristalizar, otra vez fría y helada. Las caras curiosas se pegan al cristal de la ventana y sus ojos se abran….el silencio de afuera en la nieve….se les contagia a los habitantes curiosos. Las novedades raras dan motivos y deberes para pensar. 25. Al mediodía, desde el balcón, observé cómo goteaban las casas, el mobiliario urbano…las calles quedaron limpias de nieve y el sol quería disipar las nubes todavía resistentes con sus colores cargados de agua fría y blanca. Decidida abandoné, poco a poco, las calles del pueblo para reencontrarme con los campos de cereal y el monte plagado de una espesa capa blanca de nieve nocturna. Mis pasos se entretuvieron tanto como quería saciarse la mirada; .giraba sobre mis talones y por donde mirase todo estaba espolvoreado de esa agua fría que nos invadió en horas pasadas. Los pinos dibujan formas raras y singulares, mientras que su corteza invisible se adivinaba bajo la nieve escarchada. El camino me llevó hacia una caseta de campo de piedra en seco. Hoy, piedra fría y congestionada con matices de recodos de nieve. Sus tejas, enrojecidas, todavía resaltan más. El conjunto, todo el entorno de la caseta de piedra en seco, destaca ante unos árboles muy solitarios, desnudos, tímidos y entristecidos…El invierno, aún derritiéndose, nos ofrece un intrincado laberinto bucólico por el cual soñar. 26. Fue noche tan fría que la escarcha del borracho se helaba por la calle hasta que el vecino lo ayudó a meterse en casa y a acomodarlo en el sofá. Herminio había perdido el rumbo …ése era el primer día que salía y lo había hecho para emborracharse y pasearse por la aldea de Camarón ,abrupta en su laberinto de escasas calles y gélida a orillas del Guadalope…Herminio aquella noche contempló muchas cosas: observó cómo el hielo le ganaba espacio al agua fundida desde la nieve de la madrugada. Había mirado un cielo que viajaba del negro al azulado y que dejaba brillar todas las estrellas allí presentes estaba tan despejado que la humedad que se despedazaba se fundía con el hielo hasta de adueñarse de la tierra; las gotas de agua y nieve que durante el día se fueron fundiendo entraron, ahora, en un estado catatónico…no se fundían, se quedaron quietas, cristalinas….dejando que las formas más extrañas jugaran con la imaginación del visitante… 27. La tierra estaba impregnada de humedad, su color había cobrado un tono más opaco….como más oscuro. Algunas capas habían aumentado su volumen…la tierra estaba inflamada e inflada por aquella espesa capa de agua fría, helada y cristalizada con gotas que convergían, complementándose, unas con otras. Las brumas se levantaban desde el día en que el sol les daba de lleno con las primeras luces y con las que invaden el primer telón de la tarde. Hacía calor de invierno, aunque cuando llegabas a casa la piel del hueso estaba gélida…no podías estar con más ropas, pero todavía tiritabas….aquel era un frío hipócrita que se acercaba detrás de una calima engañosa, triste, malparada…sol de invierno. 28. En aquel pueblo apenas soplaba el viento, aunque si estaba presente aquella brisa que relamía el intenso frío de la ribera y lo trasladaba hacia el pueblo cruzando el camino que hoy es ya asfalto. La brisa inflamada por la humedad del río y el frío intenso de las escarchas y heladas se esparcía por un pueblo acostumbrado más a la quietud que a corrientes de aire buscándose unas a otras por los callejones, calles y escondites del laberinto urbano…De alguna manera, aunque el decirlo sea una locura, echaba de menos al viento y a los soplidos que parecían silbidos dándole música a un día extenso, pero oscuro. Aquel viento que llevaba el salitre de un mar cercano. Estamos dentro de un día de invierno que ya empezaba a sentir como las aguas de los cielos primaverales se acercaban por el horizonte de un calendario elegante y pretencioso. En aquel pueblo, sosegado y quieto, si querías sentir el silbido del viento tenías que acercarte a la ribera y para mayor regocijo de los sentidos, lo propio era buscar a las choperas que emiten un sonido que viaja entre la abundancia de sus hojas verdes, amarillas u ocres y la desnudez esbelta de un ramaje escuálido que esconde verdaderas sonrisas, desde el viento armónico, dentro del olvido del pueblo que ahora duerme. 29. Sol aparente; aquel que se teje entre las nubes, dejando un paso reposado, sutil…casi armonioso entre capas blanquecinas que ayer fueron grises, aunque su primera tonalidad fue negruzca como el atardecer de un día de verano entre los altos riscos. Sol, estos rayos, que salpican fuertes arraigos de otros soles de paso por sus sombras…pero las consignas de aquel día eran claras, había que dejar paso a los soles para que aniquilasen a las sombras, aunque con aquellos soles la lucha iba a ser cruda sólo las amenazas de vientos, detrás de las sombras de las nubes, permitirían el paso de los grandes rayos. Así la balanza, de la guerra y de la justicia, se movería. 30. La humedad que se había instalado sobre nuestras miradas compartidas, evitaba que las corrientes de aire jugasen entre nosotros….así, el día estaba quedándose estático y quieto, pero lejos del sosiego. Aquella capa de nula aireación había congelado el rostro de muchos hombres y mujeres, ya de por sí sumergidos en aquella droga triste y arriesgada. Si con el calor la humedad nos afectaba de tal modo que ni nuestro aliento podía salir con cierto esfuerzo de nuestros pulmones, sofocándonos hasta empaparnos de sudor. Con el frío, la humedad, se apoderaba de la médula de nuestros huesos trasladándonos a un estado en el que unos y otros nos encogíamos sobre nuestros propios pliegues, sobre nuestros propios poros, sobre nuestros propios escalofríos. Con el estío nos podíamos ir quitando ropas y piezas…pero ni aún así el aire de una brisa nos levantaba del sofoco…..en el aletargado y moribundo invierno, colapsado de humedad, ni sumergirse debajo de la manta más gruesa, nos libraba de tiritar con cierto miedo. 31. El vecino del piso de la hermana del padre de aquel chico perdido entre los libros. Me contó una historia que no llegué a entender porque se inventaba raros nombres para raras situaciones que descarrilan entre abotargados anhelos, supersticiones y no pocas suposiciones. Llegué tan perdida un día entre galopantes escenas de colores que me abrigué para con el sudor, alegrado por la chimenea, provocase el vomito, por los poros, de todos los rencores que provocan, en mí, aquellas historias descarriladas. Después despertaba lejos de todo recuerdo y con unas ganas inmensas de ver, escuchar y compartir algunas historias con el vecino del piso de la hermana del padre de aquel chico perdido entre los libros. 32. ¿Cómo podía aquel tipo saber tan poco de mí y a la vez saber que estábamos sumergidos en aquella lucha?; ¿por qué el viento se había desecho de la porquería y había dejado los papeles en su sitio)? ; ¿por qué el olor a muerto seguía siendo intenso, después de tantas horas?; ¿por qué me encontraba atada en una cama tan fría como dura?..... Quizás porque, la verdad, aunque sólo sea en mínimas ocasiones, sale a flote. 33. Atrapamos el hielo con las manos, por primera vez el agua quedábase detenida entre los dedos, entre un frescor casi carente de toda vida….aunque en lo más íntimo de mi conciencia yo supiese que el frío era el latido incesante en el verbo vivir. Allí sentada oía mi pálpito y el ritmo de mi corazón….allí entre las aguas socorridas de aquel día de invierno, mis ojos lloraban al sentir correr dentro de mí un escalofrío que nos invadía de un nuevo espinazo para con el aliento…..aquel que compone la vida. 34. Los árboles todavía se levantaban firmes entre las brumas de un día sumergido en humedades. Desde el balcón tenías que afinar con la vista para distinguir, torpemente, la esbeltez de la chopera. El aire estaba quieto, impasible, estático y casi quebrado...Mi aliento, el más cálido, lo alisaba para volverse, enseguida, frío, inmóvil y húmedo. El día se quedaría así: sin sol, entre brumas y descompuesto…como el alisado escenario de una vida inerte. 35. El sol apareció de repente, casi de sopetón, entre unas nubes en suspenso, suspendidas entre racimos…. espesas, blancas y perdidas dentro de un cielo azul quebrado que late tiempos de horas que se estiran con temperaturas que se tranquilizan viajando hacia la bonanza. El día , a mediados de invierno, es un juego que se enorgullece de ser servil y acorde con las pretensiones de aquel niño que, para vestirse ,pregunta qué hace el tiempo: reír , llorar, soplar, gruñir, enfadarse…o mantenerse impasible, sin más. 36. Viajamos entre aires perpendiculares y nos encontramos con la salida de un sufrido mecanismo que alisaba las maneras y rehusaba ganas de dormirse entre ramas acolchadas de un estío que llegará en unos meses…antes, todavía han de explotar las flores de los árboles frutales y han de espabilarse de verde los árboles, los campos, las noches y, aún más, las mañanas con sus tardes. Hasta entonces soñaremos con lo de antaño. 37. El aire estaba pringado de un aroma a ceniza caliente que despoblaba las virtudes en un rincón insaciable. Miguel no había vuelto a sonreír porque pensaba en las latitudes de aquel futuro viaje tan incierto e insaciable como amargo y triste. Las pobladas armonías se escondían entre restos de pensamientos carcomidos por un odio desinhibido. El tren, después de anunciada su llegada, paró y abrió de par en par sus puertas…el andén se pobló de los cansinos descendientes, para enseguida, poblarse por la quietud de los pocos que esperaban otro tren. Miguel, no estaba en el andén….tristemente había tomado su último tren. 38. El estruendo llegó hasta donde descansaba el viento de un verano encarrilado por entre anticiclones pesados. La estampida rompió el color de la noche…los rayos empezaron a caer incesantemente y las luces se esparcían cual gotas de agua fuesen cayendo entre el campo árido de cereales. Subimos a una alcoba natural en la pared del Tío Marcelo…nos protegimos de un tembleque futuro sospechando que aquello iba a prolongarse mucho en el tiempo. 39. La saeta de los minutos, en aquel pueblo, caminaba con más apuro…el idealista se daba prisa: había visto sangre y los nombres escritos en la pared de un modo serio y austero. Se asustó y emprendió la huída…de vez en cuando se miraba el reloj……y el corazón se desbocaba hasta casi perder un control mimetizado y casi ausente. Debía afanarse para llegar a la hora convenida y así poder saltar la alambrada de toda opresión…de no hacerlo él seria el próximo nombre venerado en la pared, pero también el siguiente charco rojo sobre la cuneta. 40. La humedad aprisionaba al valle…por las mañanas los cristales estaban saturados de una lluvia que no había llegado como cortina del cielo; en el paso del río sus aguas sosegadas se unían con finos halos de humos húmedos a los espesos ropajes de bruma estática que llegaba del cielo….El sol sólo salió un rato dos tardes, pero enseguida fue sepultado entre una humedad de nubes grises…seguro que le costó salir y que cuando lo hizo fue para decirnos que seguía allí…pero que había perdido la batalla. Pasan unos días y durante las hierbas de la tarde nuestra chimenea emite turbadores y persistentes zumbidos……son sordos, casi me dormiría con ellos. El viento juega con ella y se delata, con su sintonía, entre las llamas del fuego. Me acerco al balcón, mis ojos viajan al aire y contemplo como algunas nubes se esparcen, otras llegan…se atisba un azul añil en el cielo….por un momento y sólo en mi particular mundo pienso que la lluvia y los días grises han encontrado su destino final. Me equivoco, con un nuevo día, el viento ha traído nuevas y espesas nubes que descargan repentinas y breves cortinas de agua….para más relajación de mis sentidos: el viento sigue allí moviendo la lluvia a su antojo. 41. Dicen los entendidos en lluvias que éstas son incoloras. Yo las imagino azules en tormentas; amarillas en verano; verdes en primavera; naranja en otoño….privadas de color y blancas en invierno. En definitiva, en mi país particular la lluvia tiene color, mucho color, el auténtico color. 42. Un hombre escribía pasos de polvo, después de andar pensativo y casi cansino. Los pasos de polvo se dibujaron en el suelo como en una cobarde sinfonía dentro de una mañana inerte. El camino, ante el hombre, llega…dislocado en el tiempo. Las huellas son blancas y el viento gris en el atardecer. Mientras tanto la mente es entera y cansina. Después, sólo un adiós. 43. Entró en la habitación, carente de cualquier coraza. Se espabiló y siguió su camino. Llegó hasta la ventana y contempló el atardecer en un día de otoño, mientras tanto, podía oír como el viento soplaba relamiendo la chimenea y haciendo que ésta se quejase cual lobo fuese. 44. En un callejón del mediterráneo, las sombras entraban por la ventana….la gente utilizaba la ventana y la luz emitía ratos de respiro a los largos días de sol crispante y chispeante…eran tiempos de cambio en que todo se había vuelto ocre, rojo, naranja….las aguas se evaporaban y el verde eran un recuerdo dentro de la memoria del último infante., 45. Sueño, resaca de una noche donde las luces del alba pesaron demasiado….miedo que recorre el cuerpo durante la mañana .Las luces jamás se duermen si no que se acompañan de unas nubes que, como almohadas, las acunan meciéndolas para deslizarlas en la noche más esperada. El sueño vuelve, se va y retoma el camino… esperemos no perderlo nosotros. 46. El verano del 36 fue bochornoso, como las calimas que se asoman por un recuerdo dominado y maniatado…he tardado años en entender que debía separarme del camino, estrictamente dibujado, para adentrarme en el corazón de un olvido que todavía se puede reparar. Mañana: forzaré a la memoria y juntos nos acordaremos de algo más. 47. Las nubes forman dibujos tridimensionales…son como papeles esponjosos colgados del cielo con tantos colores como matices tiene el mismísimo arco iris. Todos los días las nubes, más o menos puntuales, se aparecen entre los colores del cielo…desde abajo jugamos a imaginarnos formas en los cielos y lo conseguimos gracias a ellas sin valorar que cada día se disponen tan diferentes como pueden para hacer frente a nuestra pretenciosa creatividad. 48. Cuenta la leyenda que en aquel lejano país hubo un hombre que descubrió, sin querer, la profecía del recuerdo...pero también cuenta la leyenda que para poder llegar a ese descubrimiento tuvo que vivir todo un seguido de ilusiones con aventuras insertadas. Yusuth era pastor de sus propias cabras, todos los días, en los que el sol salía por la montaña del Hombre que Espera, abría la valla y empezaba a silbar con una gran variedad, sin nombre ni comparación. Las cabras se reunían, se iban distribuyendo en clanes, seguimientos social, desfilando en una delgada fila india, ante Yusuth al que miraban como reprochándole que éste les hubiese despertado de su sueño de cabra. Yusuth gozaba de adentrarse por caminos, sendas, campos y fincas. Allí, el paisaje, aunque áspero eclipsaba la atención del pastor. Pensaba en cómo llevarse a casa algunas de las miradas sobre el paisaje, impregnado de colores cálidos, pero Yusuth no sabía ni podía llegar a adivinar cómo llevarse aquellos recuerdos para disfrutarlos en las noches, a la luz del fuego que crepita. Ante esta deuda consigo mismo...se marchaba, Yusuth, esperando a que el paso de los días le aportase la solución. Un día de verano, bajo un sol que enmudecía el canto de los pájaros....legó a la pequeña aldea donde habitaba Yusuth un mercader cargado de compras que esperaba vender. Venía cansado y sofocado después de horas y horas de viaje. Yusuth como hacía con otros viajeros, de las rutas comerciales que bordeaban el desierto del sur del Rincón de Cazarabet...éstos encontraban en la aldea de Samsatam un lugar de acogida en donde la casa de Yusuth se convertía en su propia casa. El viajero de aquel asfixiante día era un hombre alto de piel morena y curtida; de mirada amable y de voz acaramelada, de ademanes ligeros y precisos. Nyckym había cambiado sus viajes nómadas por el norte del país por estas tierras, simplemente porque le gustaba cambiar y variar aquello que podía ver, palpar, oler.....De todas formas, explicó en la taberna, él llevaba aquellas visiones en sus alforjas. Ante esta revelación todos se miraron y se interrogaron agudamente con la mirada. Dentro de la noche, reposando con la bebida de Papai, sentados bajo un cielo de estrellas de colores (así eran los astros en País de Cazarabet) Yusuth con timidez, pero vencido por la curiosidad, le preguntó a Nyckym cómo conseguía guardar sus recuerdos para disfrutar de ellos cuando gustaba. Nyckym se limitó a mirarle con unos ojos que sonriendo, parecía que acariciasen la cálida oscuridad del aire. Se levantó y sacó de las alforjas lo que parecía un libro...empezó a abrirlo desplegándose un abanico de sorpresas imaginativas: dibujos que, según Nyckym, se llamaban fotos; imágenes de árboles, hechas con un lápiz más negro que el carbón; imitaciones de paisajes en los que los tonos y colores respiraban sensibilidad.....palabras que, escritas, explicaban rasgos de una imagen, de un rincón, de una mirada... Yusuth se quedó fascinado y aquella noche durmió más profundamente, sabiendo que ya nunca perdería sus recuerdos entre la maraña de su memoria. Tres días después le encargó a Hyckym un cuaderno de recuerdos (ahora conocido como álbum) al que empezó a acariciar antes de llegar a sus manos. 49. Mi abuelo era un perdedor, perdió una guerra que después se prolongó….siendo su sentimiento el de vivir dentro de un viaje perdido….por eso no hablaba mucho, por eso no perdió, nunca, sus ideas. Mi tío era un prófugo, lo empujaron con fuerza de su país hasta un lejano lugar del que sólo volvió intermitentemente,….el día que lo hizo para quedarse, fue en la ceremonia de su sepultura…..su talento estuvo añorándose de una tierra que no reconocía. Mi otro tío se desdibujó entre una prisión y su sentencia a muerte…cuando salió vivió muchas décadas con una condena errante que le privaba el aire, jamás pudo aplicar aquella enseñanza que fue su utopía y la de muchos…su mirada fue siempre reservada. Vivir en tu campo la derrota más amarga; tener que marcharte por que quedarte es morir; sentir el miedo para tener sólo libertad en la desilusión. Mi otro abuelo mató a muchos nombres quemando papeles en aquel oscuro pozo de la prisión...decía que no le gustaba y volvía enfermo de estas misiones, pero su casaca azul le pesaba…Cuando murió, demasiado joven, lo hizo intranquilo. Puede que, en realidad fuese otra víctima o puede que sea yo lo que desee pensar. 50. El escritor derramó desesperación ante un sinfín de historias que se acumulaban en su cabeza esperando ser escritas en un papel y leídas por no pocos compatriotas…aquellos que estaban huérfanos de su tierra como él. Las historias le desesperaban porque estaban llenas de la realidad que habían vivido durante los años pasados y de esta presente y quebrada ilusión....pero escribir era lo único que sabía y podía hacer; mientras que lo único que esperaba era ser leído. En la habitación continua de aquel motel cercano al puerto, se encontraba un músico que deslizaba sus dedos entre las cuerdas de su guitarra. Dedos ágiles que hacían casi lo que deseaban con las cuerdas de la guitarra…dedos que impulsaban toda una secuencia concertada de sonidos que escuchaban compatriotas con y sin tierra….como himno a su desesperación
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