Convivencia

La vida cobra sentido cuando no se renuncia a lo que ella nos brinda. Voy, pues, a transcribir los hechos que un día cualquiera me inspiraron la realidad. Tal es la intención que me mueve.

Todo empezó anteayer por la mañana. Me hallaba escribiendo en la pequeña habitación donde me hospedo; mis intentos por hacer el artículo resultaban inútiles. Ensayé palabras nuevas, pero lo que componía no valía; era como un laberinto de frases muertas, que adolecían de realidad. El tiempo transcurría; no hacía más que emborronar cuartillas. Me sentía intranquilo y daba vueltas por la estancia. Sólo de vez en cuando miraba por la ventana a la muchedumbre que se desmenuzaba sobre el pavimento de las calles.

Finalmente decidí no escribir más durante el día; creo que cuando no hay inspiración el alma se retira a un rincón de nuestro cuerpo. Abrí la ventana para airear un poco la atmósfera y ví que el cielo se nublaba como una sombra tupida de terciopelo.

Luego descargó una tormenta y empezaron a caer gotas. A continuación arreciaba la lluvia y las nubes lo ocultaban todo. Pronto salieron a relucir los paraguas; el agua corría como un torrente por las calles. Al cabo de un rato dejó de llover y el sol volvió a lucir.

Más tarde, sonó el timbre, bajé al comedor y me reuní con los demás huéspedes. Recuerdo que los comensales, unos diez aproximadamente, hablaron del poder que tiene el dinero. Ese día, la conservación se había generalizado sobre ese tema, incluso añadieron que lo era todo en la vida. Entonces me preguntaron qué opinaba yo al respecto. Les dije que excusaran, pues no me sentía con ánimo ni humor de responder a tales preguntas. Se hizo una breve pausa. Luego continuaron divagando sobre los acontecimientos político, la crisis económica que atravesaba el mundo, una canción comercial que había tenido éxito en el mercado y, finalmente, la comidilla del día que origina el deporte a nivel internacional; todo ello, tratado de una manera superficial.

No quise tomar café en la pensión y salí a la calle para respirar un poco de aire fresco. Apenas recuerdo el tiempo que anduve sin detenerme. Sentí el sabor de un día aciago; como si la tarde no tuviese destino. Caminé sin rumbo fijo, al azar, y así perderme por la ciudad.

Después de un buen rato de vagar por plazas y calles, entré en una cafetería. Había pocos sitios libres y tomé asiento en un rincón, con un cartel en la pared que prohibía fumar, al lado de una mesa que en aquel momento acababan de ocupar dos mujeres de mediana edad y una hermosa joven elegantemente vestida. El local estaba bastante concurrido, se notaba en el ambiente la animación y el ocio.

Cuando el camarero me sirvió el café, me desabroché el botón superior de la camisa, que me apretaba un poco la garganta y desplegué el periódico sin prestar atención al murmullo de conversaciones que me rodeaban. No oía más que lo que decían mis tres vecinas. Sin duda, las dos mujeres pertenecían a una secta religiosa o eran miembros de una institución benéfica contra la droga y la prostitución. Trataban de influir para que la otra joven fuera por el buen camino.

-Bueno, ustedes dirán… ¿De verdad no desean tomar algo? Café, limonada, una infusión…

-No, gracias –sonrió una de las mujeres-. Ya hemos tomado café al salir de casa. Sólo queremos hablar con usted.

-Sí, lo sé –asintió la joven-. Me han dicho que desean verme.

-Intentaremos ayudarla- continuó la misma mujer-. Ser simplemente amigas.

-Lo sospechaba- sonrió la joven-. Ustedes quieren que vaya por el camino de la virtud. No me importa, pero les advierto que no me convencerán. No obstante, las escucharé con atención y procuraré que reciban una sincera opinión de mi pecadora vida.

-No crea –se apresuró a decir la otra mujer- nos interesa mucho. También nosotras le agradecemos la oportunidad que nos ha concedido, aunque hubiésemos preferido que el lugar fuese más tranquilo e íntimo.

La que parecía tener más edad insistió:

-¿No le preocupa la virtud que estriba en los actos de amor espiritual y moral?

-Miren ustedes, no creo en nada de eso. Precisamente porque soy joven, mis sentimientos respecto a la virtud y la moral siguen bastante oscuros…

-Me parece que no tiene una idea clara de la vida.

-Es posible –respondió la joven-. Obedezco simplemente a ese impulso de mi vida sin comprenderla. Y, sin embargo, aparecen tan a flor de piel todos los pecados del mundo.

Las dos mujeres se miraron sorprendidas. No comprendían como la joven se expresara con tata facilidad.

La muchacha prosiguió:

-Conozco todos los argumentos acerca del uso del cuerpo humano… Aguarden, no me reciben sus lecciones, pues las sé de memoria. Mi forma de ser y mis desvaneos me hacen ganar un dinero fácil que me permite subsistir. Sí, sé que eso no es decente… pero soy como soy y a mi edad ya es muy difícil cambiar.

-Va usted más allá de la ingenuidad, criatura. ¿Cuáles han sido sus sufrimientos, para que pueda tener ese sentido negativo de la vida?

-En primer lugar –replicó la joven-, porque no soy buena. Segundo, porque procedo de una desgraciada familia. Contaba trece años, cuando mi madre me echó de casa debido a que mi padrastro abusó de mí a la fuerza. Y tercero, me tocó vivir en la más absoluta pobreza. Y ahora, si me lo permiten, tengo prisa. Otro día hablaremos con más calma. Adiós señoras…

Tras oír estas palabras, abandoné el local.

Eché a andar de nuevo entre la muchedumbre que pasaba por delante de mí indiferente. Sentí como mi alma se llenaba de pensamientos. Bien sabe Dios que me encontraba muy solo. Nada había que nos uniese más que nuestras semejanzas, incluso llegué a pensar que cada uno de nosotros era un mundo. Deseé por un momento que el tiempo se detuviera. Necesitaba creer en algo que dulcificara la tarde, y así, detenerme a pensar en una humanidad más llena de comprensión, donde las violencias, las pasiones y las contrariedades de una vida acelerada que nos domina, desaparecieran de la faz de la Tierra. Sí, eso llegué a pensar por un instante. Fue como un sueño que me hacía imaginar que cada uno de nuestros atributos constituyen un verdadero progreso de civilización y libertad.

Quise descansar y me senté en un banco público, cerca de la parada de un autobús. Me hallaba en una céntrica avenida. Me parecía la muchedumbre tan amorfa, que empecé a preguntarme si existía realmente en nosotros un vacío, una nada. Pero, en seguida, dominé mi flaqueza y me dije: ¡No!

A veces ocurre que los pensamientos se confunden con los sentimientos y te parece que el concepto de las cosas como sistema de vida humana es bastante hostil. De todo modos, no puedo decir nada acerca de cómo somos. El razonamiento me ha demostrado que debo respetar a mis semejantes. Tan sólo la vida, con el conocimiento del Bien, puede ofrecerme una respuesta lógica, la de comprender que no hay nada más razonable que la convivencia.

A pesar de que nadie me conocía, evoco en estos momentos a unos viejecitos que me saludaron. Paseaban cogidos del brazo y noté que todavía les unía una fuerte ternura. Sonreían felices. Me atrevo a decir que el amor nace precisamente de la necesidad que tenemos de los afectos. ¡Debe ser tan hermoso poder llegar así al fin de nuestros días!

El sol poniente reflejaba el horizonte con unos resplandores naranjas y violetas. Era la hora en que casi todo el mundo había terminado la jornada laboral y pensé regresar a la pensión. Me disponía a hacerlo, cuando de pronto observé como una multitud que bajaba precipitadamente del autobús, avasallaba a una mujer joven, empujándola y haciéndose perder el equilibrio. Llevaba una maleta y un niño en brazos. Se apoderó de mí un sentimiento de rebeldía y me enfrenté con la multitud, pero nadie me hizo el menor caso.

Mientras tanto, la mujer no había pronunciado ninguna queja; solamente se preocupaba de que a su hijo no le hubieran lastimado. Me acerqué para preguntarle si se encontraba bien. La Mujer me miró durante un instante; luego sonrió agradecida mostrándome el niño con el orgullo y la satisfacción de toda madre. Sonreí asegurándole que efectivamente era una hermosa criatura. Ella no me contestó. A continuación, empezó a gesticular una mano para decirme que no me podía oír ni hablar: era sordomuda.

No puedo describir exactamente lo que llegué a sentir de esa pobre mujer al saber que la Naturaleza la había privado del don de la palabra. Lo cierto es que no esperaba encontrarme con un caso así y el efecto que me produjo era triste. Todo sucedió de un modo inesperado. Esa mujer, de apariencia humilde y atractiva figura, personificaba toda la grandeza de la maternidad embarazosa. No sabía qué actitud tomar, si quedarme o irme. Yo no quería que interpretara mal mis buenas intenciones, pero consideraba que iba muy cargada con la maleta y deseaba ayudarla, y, al ver que me sonreía, decidí quedarme. Seguramente le inspiraba confianza.

Nos detuvimos delante de una cafetería. Supuse que la mujer tendría hambre y, con señas, le pregunté si le apetecía comer algo; me respondió tímidamente que sí. Mientras el camarero nos servía, ella me confió el niño para poder sacar de la maleta un bote de alimento infantil. Yo pedí un café.

Dos días después de aquel encuentro, me pongo a pensar sobre ello. Nunca una mujer y un niño hicieron en mí tanta impresión de ternura. Cualesquiera que sean nuestros actos y nuestros esfuerzos por la existencia, no es más que la porfía de nuestros corazones que no descansan porque, en el fondo, todos soportamos el peso del tiempo que se nos pega como una enfermedad.

No sé el tiempo que permanecimos en aquella cafetería. La mujer había terminado de comer y me sonreía dulcemente. Su rostro estaba sonrojado; todo el silencio del local parecía centrarse en su persona. Después me hizo un ademán de que quería irse porque ya oscurecía y el niño se había quedado dormido.

Una vez en la calle, quiso despedirse de inmediato, como si temiera la aparición de alguien. Comprendí que tendría sus razones. Pensé ofrecerle algo de dinero, pero reaccioné considerando que podría ofenderla. Entonces se me ocurrió comprarle algunos alimentos para el pequeño; era lo menos que podía hacer por ellos. Así que la convencí de que aguardara haciéndola entrar de nuevo en el local. Recuerdo que me miraba sin comprender. El camarero me dijo que, a unos cinco calles, encontraría una farmacia.

Era de noche cuando regresé a la cafetería. Había tardado algo más de media hora. Me sorprendió no encontrarla allí y me sentí contrariado. No obstante, le pregunté al camarero si sabía algo de ella; éste me contestó que la mujer acababa de irse, habiéndome dejado unos papeles escritos.

Dí las gracias y salí afuera con la esperanza de encontrarla. Sabía que no andaría muy lejos tan cargada. De súbito, oí unos gritos que me sobrecogieron el alma. Eran ruidos relacionados con la circulación, ya que percibía el silbato incesante del urbano deteniendo el tráfico. Instintivamente pensé en ellos y eché a correr hacia donde se encontraba la gente. No podía ver bien y le pregunté a una señora: ¿qué había ocurrido? Ella me respondió que un hombre acaba de cruzar la calzada sin respetar el semáforo. Confieso que sentí un gran alivio al saber que a ellos no les había sucedido nada.

Volví de nuevo con mis pensamientos mientras caminaba. Lo rememoro y lo transcribo ahora. Me sentí percibidor abstracto, pues creo que cada cual vive su destino como un secreto. Lo cierto es que esa noche la soledad me pesaba en el corazón y todas esas reflexiones se aglomeraron dentro de mí. Al rato, me detuve delante de una casa de modas. La luz del escaparate me sirvió para leer la carta. Tenía una caligrafía clara, aunque se notaba escrita apresuradamente. Las frases fluían sin puntuaciones, sin apartes, haciendo surgir una palabra a la otra. Sin duda, esa pobre mujer se había emocionado, porque advertí algunos borrones causados por las lágrimas.

Me he limitado a copiar su historia, la que narro a continuación:

“Señor, perdóneme. Me resulta doloroso proceder de esta manera, pero me veo obligada a ello, ya que voy huyendo de la justicia. Le escribo de un tirón; creo que le debo una explicación y no quiero irme sin que sepa al menos quien soy. Tal vez cuando lea esta carta me comprenda. Créame, no hecho nada de lo que deba avergonzarme, nada que no sea defender mi dignidad como mujer y como madre…

Estoy sola en el mundo; no tengo nada más que mi hijo de ocho meses. Acabo de llegar a esta ciudad, y llevo las señas de una buena amiga de la infancia. He pasado la mayor parte de mi vida en un pueblecito. Mi madre y yo vivíamos muy humildemente. A su lado fui creciendo con su dulce cariño protector, puesto que mi padre murió de un accidente. Aquella felicidad duró poco tiempo, porque mi madre comenzó a sentirse enferma y los medios escaseaban. Su enfermedad iba empeorando progresivamente y el médico rural nos aconsejó irnos a vivir donde ella pudiese estar atendida debidamente. Allí conseguí empleo en una industria siderúrgica. Pasaba las largas horas en la máquina, y me ahogaba dentro de aquel cargado y tóxico ambiente.

Sin embargo, hubo un brevísimo espacio de esperanza: un compañero de trabajo se fijó en mí y nos enamoramos. Era un muchacho muy atento. Me tenía en su corazón y amaba mi vida como yo la suya. Íbamos a casarnos, pero un mal día, que salió un poco tarde de la fábrica, le sorprendieron unos maleantes que, además de robarle el salario que llevaba encima, le hirieron de muerte.

¡Oh, señor! Quisiera contarle tantas cosas, decirle que este amor que pude tener y no tengo todavía murmura dentro de mí. Imagínese usted cuál fue mi tristeza, ya nadie podía devolverme la felicidad, sobre todo a una muchacha como yo que no puede tener la suerte de escoger… Si de algún modo existo, si no soy más que una pobre mujer, existo tal como soy para llevar a cabo mis desdichas y pueda justificarme ante quién todo lo sabe… Únicamente deseo decirle que me parece usted una buena persona, porque el que es capaz de comprender, no juzga ni es orgulloso.

Teníamos un vecino que era viudo. Mi madre decía que se trataba de un buen hombre, porque de vez en cuando, nos ayudaba económicamente, pero había algo en él que no me inspiraba confianza. Mi pobre madre padecía una enfermedad incurable. Siempre quiso prepararme contra el mundo y durante toda su vida se empeñó en leer y escribir. La idea de dejarme sola le preocupaba; por eso no cesaba de aconsejarme que me uniera en matrimonio con nuestro vecino; lo que significaba un verdadero sacrificio para mí, puesto que nada sentía por ese hombre. Erróneamente pensé que mi madre tenía razón y accedí a casarme. Dos meses después, ella moría… ¡Cuánto mejor hubiera sido que yo la hubiera acompañado al otro mundo, en lugar de casarme! ¿Cómo no supe ver a tiempo todo lo que había de repugnante en él? Debí haber hecho caso a mis sentimientos, ya que a nadie culpo de mi suerte más que a mí misma. Todavía me horroriza recordar que, junto a ese hombre, he sufrido todas las vergüenzas morales y físicas. Ahora veo con claridad que se casó únicamente por esa obsesión que tenía de poseerme. Creo que el matrimonio debe nacer primeramente del afecto y del amor si de verdad existe.

Sin duda, mi esposo se había cansado de mí y pronto comenzó a llenarme de prejuicios, tratándome como si fuera una mujer anormal… Una noche se presentó borracho con una mujer. Sabía que estaba en cinta y a pesar de ello, se ensañaba humillándome delante de ella… Tomando una lógica resolución, recogí mis cosas y le abandoné.

Al cabo de unos días, me denunció a las autoridades reclamando el niño en su momento de nacer. No conozco la ley, e ignoro con quién debe permanecer. En cuanto a las severidades penales, desconozco su comprensión; pero bien sabe el Altísimo que ante el hombre y su ley el niño es mío… Trabajaré, arañaré la tierra si es preciso para que no le falte nada. A pesar de todo, quiero hacerle saber que no odio a mi esposo. Todo cuanto le he pedido es que me deje vivir mi propia vida.

Puede imaginar que la existencia no ha sido fácil para mí. Encontré trabajo en una lavandería, y en el último período de embarazo tuve que ingresar en una clínica pública. Allí van las mujeres mutiladas por una vida gris; las más pobres; las más olvidadas, y como único lazo común: la soledad. Allí, en medio de este mundo desconocido, nació mi hijo. Desde ese instante, mi vida se iluminó por completo.

Ya apenas me queda espacio para escribir… Hacía tiempo que nadie nos trataba con tanta consideración. Me apena no revelarle mi nombre, pero no puedo, créame… Déjeme que únicamente siga siendo para usted una desconocida. Adiós, señor”.

Cuando terminé de leer la carta me quedé impresionado. Era como un sentimiento nuevo que penetraba dentro de mí al igual que un dulce pesar. El frescor suave de la noche3 me hizo estremecer, elevando instintivamente la mirada hacia el cielo, ya estrellado, al tiempo que comenzaba a andar en dirección a la fonda. Recuerdo que reflexioné largamente pensando en esa mujer; me sentía invadido de una paz íntima, como si mi encuentro fortuito con ella se hubiera gravado hasta en lo más hondo de mi ser.

Estoy seguro que el mundo cree en algo, porque pienso que es menester creer para tener conciencia. Si no fuera así, como podría yo apoyarme sobre bases racionales. Todas mis deducciones sobre el conocimiento del Bien carecerían de sentido si no las relacionase con los sentimientos, o por la revelación que he han hecho los libros y que siempre podrá comprobar en mi alma.

Por último, añadiré que me he inspirado sobre el episodio de un día corriente y anormal. Creo que nada del mundo puede perder a quien todo le da importancia y trata de entender a los demás, pues cuando más incapaz me siento de llegar al significado de la Humanidad, más creo en nosotros.

 

Por Jesús Ávila Granados

(Web: www.jag.es.vg)

 

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Un món amb “feres”, afortunadament...pel Jesús Mª Tibau

El pessimisme i el desencant acostumen a sortir a la llum quan es parla dels hàbits de lectura i de la venda de llibres. No tinc dades comparatives a la mà, i no sé si aquesta sensació és una inèrcia on estem instal·lats de veure l’ampolla mig buida o és una realitat. Sovint es parla de la necessitat de fomentar la lectura, cosa que sóc el primer en defensar , però no s’acaba de trobar la vareta màgica per aconseguir-ho, i potser a base d’insistir massa en el tema ens tornem carregosos i feixucs. Per això, com a coordinador del Club de Lectura de Tortosa, ja he deixat d’explicar que aquesta és la seva màxima prioritat; he decidit que la nostra finalitat principal és xalar amb la lectura de llibres i amb el seu comentari posterior en una tertúlia NO virtual. És millor predicar amb l’exemple.

El derrotisme que molts cops flota en l’ambient és el pitjor dels perills. Malgrat tot, afortunadament, podem comptar amb diversos personatges que, carinyosament, anomeno “feres”. Es tracta de persones engrescadores, positives, carregades de projectes i il·lusions encomanadisses i que, contràriament a la sensació general, obtenen fruits sucosos. Em sap greu dir noms i deixar-me’n algun, cosa que lamento i demano disculpes, però me’n sabria encara més no fer-los un petit homenatge. Segur que n’hi ha més, i us prego que me’ls doneu a conèixer, però avui voldria fer esment als següents: Emigdi Subirats, escriptor campredonenc, articulista i estudiós infatigable de la literatura ebrenca; Albert Pujol, ànima del portal llibresebrencs.org i de la Fira del Llibre i de l’Escriptor Ebrenc de Móra d’Ebre; i Octavi Serret, espectacular propietari de la Llibreria Serret de Vall-de-Roures.

Repeteixo que lamento deixar-me algú nom, perquè n’hi ha més. Això no és cap crítica als qui encara no han vist la llum d’un futur esperançador, o als que l’experiència de molts anys ha fet caure en el desànim. Jo mateix, durant un temps, he tingut una actitud més aviat passiva, esperant que altres organitzessin actes on col·laborar, i esperant la seva invitació. Però he descobert que, amb voluntat, es pot aprendre a ser “fera”.

Jesús M. Tibau

Abril de 2007
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Gloria Fandos al Serret Forums

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No hay más....

Esperamos unos días A que se caiga el odio Y un aroma de azufre Puede que quemado. Nos recogemos ante la maldad Nos miramos de frente Se nos escupe Otra vez, miradas, de frente Damos un giro completo Marchamos No entramos en su juego. Mañana que gotea Dentro del pórtico Esperanza que no se quiebra Amuleto que acondiciona al alma Y la calma que se sumerge Como el aire que se asemeja A su sino. El laurel estaba escondido Como camuflado entre arenas O las hierbas mojadas de la mañana Madrugadas que dilatan las noches Las que son frías y de otoño Que encarnan mañanas ansiadas. Salimos entre hielos Que se esparcen allí....aquí Por donde la escarcha, camina Hay un socorro que pide ayuda Y un adiós que invita a irse. Cada uno debería llevar su carga Como el pastor con las ovejas Sin más miedo que el olvido Sin recompensa Y con el ánimo perdido. La nube esparce señales de plomo esbirros fugaces que juegan desde el aire y hacia una revolución. Aquel rincón era penoso Como el agua que acoge las entrañas O el fugaz recuerdo de una muerte Que llega hasta donde se rompe.... ....el olvido o aquello que llaman recuerdo. La tranquilidad Desequilibrio que rompe actividades Y algunas hostilidades. Frenesí que recorre el olvido... ....resaca de una mala tarde. En el desierto que lleva mi nombre No hay más error que el abismo No hay más viaje que el del ocaso No hay más arrimo que el mediodía. Cansino es el sino del ayer Del que fuese víctima de un espasmo Albatros es el ave que sobrevuela mi muerte Ocaso es la tarde, que se cierra. Miradas hay mil Que se activan bajo el concepto Por el precepto De una vida, mejor Sabías que estaba escrito mi nombre Entre montones de animales Que nos ayudan a mecernos Desde lo más íntimo? El andarín Que era mi amigo Dejó de serlo Por ineficacia del placer Por sentencia de un amanecer. El viento reconoce tempestades Lugares que fueron y ya no son Estrechos que vuelven Para devolverse Cansinas miradas que fueron Aquello que ayer persiguieron Lamentables infiernos que no regresan Donde el viento ya no pesa. Ardiente sol que quiebra montañas Estrecho rugido que quiebra fronteras Miradas que queman la casa vacía, y la quiebran Sin más razón que el sol Sin menos razón que la sal Con todo a favor Y con ya nada en contra. El niño llora Quizás haya una pérdida La suya o la mía La mía o la suya La de su parte más íntima La que acaricia el deseo y esconde la verdad. El puente marea tempestades Que rompen sigilos Y derrochan sentidos Escondites que recobran alientos Y alientos que se rompen, en un chasquido. Nunca escribiré su nombre La lluvia lo borraría O, quizás, el viento lo esparciría Por entre los árboles Por entre los miedos En el almacén de nuestra memoria.... ....allí, le reservamos su lugar, en el tiempo, aún perdido. Escuchamos el agua llegar El viento acechar El sol removerse La calma acercarse Y el viento viajar. El viento recuperó viejos anhelos Caminos que no llegaban a encenderse Estanques que se rompieron desde el amanecer Senderos que no volvieron a ser valles Aguas que se salen del arroyo Aire pesado que no se puede respirar. Llevamos unos años sin existir Desde el corazón ausente Al monte más universal Recorremos un camino peculiar Donde los olvidos pierden Y las almas se esparcen. Cansancio, lenta fatiga del futuro Que cabalga ante mis ojos Y se oye crepitar Con sonidos repetidos, Secos Y sordos.... Cansancio, lenta agonía de actividad Cordel que se quema, casi casual. Mirada que se desprende Ante la marisma que ensombrece El abismo que llevamos dentro En un error que es la mañana. Perdida es la memoria Del ocaso infame De la mentira incorrecta Del pecado latente.... De tu mirada, Que se esconde. Líquido claro que se desparrama Líquido espeso que se refriega Carisma que nos pide limosna Carisma que ayuda, callando. Contrario horizonte Que desgarra paños calientes De filosofías trasnochadas Que se deshace, ante nosotros Como un helado entre dientes. Pesadez Sueño Lucha Honor Dignidad Y otra vez: cansancio enfermizo.... ......sigue la lucha. Un Dios me tocó Puede que el hombro... ...me volví.... ...y derramó una sonrisa... Mundo chocante, éste Las sonrisas las dan los Dioses. El paraíso se secó Entre turbas que no cesan Y humerales de pancarta El paraíso se mermó Ante la mirada cansina Y el olor ha podrido. Paz. Son tres letras para una palabra Son tres deseos para un sufrimiento Es lo más amplio que conocemos Y lo último que pronosticamos. Turba negra Que relanza mensajes de guerra Turba emprendedora Que realza caminos que son estopa Turba que no es turba Sino auxilio del pasado. Y ahora, sólo queda, la turba. Esperanza conformista Escudo que sacude el tiempo Refectorio del propio odio Estruendo de una mirada, sin nada Amigos que lo son todo O no son nada. Venimos de un mismo frente Hacia una misma guerra Qué nos dio el pasado Más allá de la apatía? Chico, que mira y sonríe Que hace que mi cara dibuje sonrisas Que saluda al abismo y al ingenio Que acaricia ante la guerra Chico, al que quiero... ...sin más....sin fin... Preñada luz que abastece la mañana De guijones desmarañados De locales tristes Contemplados desde mejores ojos. Espejismos que derrochan laureles Escondidos detrás de las sombras Sombras y memorias... De un día, Aquel que fue el ayer... ..enterrado en las marismas del pensamiento diurno y nunca tardío. Señalaron el camino Que trataba de sortear desórdenes Miramos al horizonte Y vimos a un hombre Que paseaba por pasear Miraba por mirar... Esperando a la muerte Viviendo por vivir. Nos giramos y vimos ala fila de hombres crecer. Recibir un relevo Desde lo más íntimo y hacia lo más detallado Cerrar las estrategias que giran entorno al barro Que nos salpica, ensuciándonos Volver por el mismo camino Sin más razón que el callar. Oír un rumor Dentro en la noche del espejismo Podría ser el motor De algo parecido a aquel camión Camiones que cargaban a gentes para pasearlas más allá de la noche, de la calle, de la carretera,.. ....llegando a un descampado con la luz de la luna Sin espejismos Sólo con la noche, Y Alguna estrella.... Con la fría aurora que asoma sus pasos. El artista mecía su sombra Entre el crepitar de las gentes Descansaba, pensando, en algo inerte Todavía inerte Colgado del amor más claro. Que se estremece, pensando. Cuando la serpiente relamía Su orgullo, arrastrado La presa ultimaba sus estertores Entre millones de súplicas Mojadas en lágrimas Tardías y cercanas Gélida mañana que no pasa del frío Intenso y viejo aire que no huele, No se ve, no desprende aromas Pero que se palpa y casi sacia… Frío que, en la respiración, Hace que te duela el pecho. Relieves de personajes apasionados Minerales que surcan aires…. ….entonces brillan…. Como los ojos del niño, Que nos mira. Mañana apasionada Que se vuelve viva con la luz Y el grito unánime De una muerte insomne Desde el corazón del alma Que nos espera, errante. Calima escondida Entre la amalgama de colores Vivencias que se quiebran Antes de llegar a la vida Colgantes deseos Por sobrevivir Entre una maraña triste Y agobiada que ha perdido el nombre. Sus ojos me miran Desorbitados y preguntones El aire pesado, me aburre Y las luces invernales…. ….son una alfombra que se abre y se cierra como la noche y el día como la vida y la muerte. Casas Refugios de palabras impenitentes Testigos de vidas y de sonrisas… Sueños Que por la noche encuentran su hogar Su propia casa Esperanza, visión que barre el horizonte Poema helado y descolorido Capricho de un destino que se marcha. Testigo de un sur Que no es como debería Que se tramita en los despachos De capitalistas sin escrúpulos Vendedores de armas y gritos Compradores de diamantes y sudores Traficantes de almas y sueños Portadores de hambre y sed… El otro día vi. una luz girar Y un estruendo que viajaba…. ….dando la vuelta a su compás la calle se tornó gris y…. ….luego negra como el color del alma que disimula su grandeza. Un viaje no es más que un camino Un descosido tormento que nos deja aire Para respirar, aún sin sentido Entre el verano y el otoño Entre el invierno y la primavera Entre el color y la ceguera Entre el olvido y la memoria. Correr significó huir…. ….en un tiempo en que la memoria era triste como el plato que no se llenaba como aquel vino que era un manjar como las olivas como lujo de niños o el regaliz que enmascaraba las caras las rodillas cortadas por el frío y la cara estirada por el viento con la sonrisa que delataba el poco tiempo vivido…. ….y el mucho que les quedaba por vivir. El espacio de un tiempo Que no llega a desaparecer…. Ni siquiera se difumina Ni recoge los lamentos del retraso Las pisadas saben a hiel Y la espera se eterniza Cuando el presente nos trae aquello que queremos y esperamos el aire entra en nuestros pulmones como un alivio imperturbable. El estruendo de la mañana… Se caía con el sol Esperamos una ocasión Para dar de qué hablar… Un pueblo, quieto y sosegado… Espera la llamada de esa mañana Que nos acaricia desde aquella noche… …ahora ya desde lejos. Se precipitó el drama De aquella sonrisa perdida, Ufana y descosida… Una sonrisa que moría de miedo Al tener que dibujarse en la calle, Entre gentes y con sus mentes. Ayer se rompió el dique Aquella travesía que esperaba el aullar de la noche. Entre tanta agua… Surgió un brote de tierra Se agarraron todos a él… Algunos incluso se empujaron… Para terminar mecidos por el diván Y aquel movimiento que nos recuerda a las olas. Sus ojos perdieron la mirada El color marrón se disolvió Y una bruma acusadora se interponía… ….entre su mirada y lo que había de mirar…. quizás, en aquellos días, había perdido la mirada se había sustituido por aquel odio encarnizado que nos llamaba a una lucha que no queríamos y que luchábamos por ahuyentar tenía miedo de que su malicia… …algún lejano día se me hiciese cotidiana y normal…. ….la mirada turbia seguí allí, desafiante. La chimenea crepitada y aquella musiquilla nos acercaba a una noche cerrada que nos demostraba que quizás el hielo atraparía a la escarcha y por hoy, como sentencia.. no hay más. La casa llegó a cerrarse Caída la tarde de un día gris El invierno descargó su furia Teñida de un dolor Que crepitó entre las sombras De aquella noche tranquila La llamada había acercado a dos hombres Hacia un punto desorbitado Entre la tarde llena De un color adormecido, Inquietante, furioso y puede que olvidadizo. Mañana habrá que recordar la memoria Para acariciar la dignidad. Un día levanté la cara Y no reconocí de donde venía el viento… ¿Del este? ¿Del oeste? Parecía que allí no era de donde soplaba ¿Puede que viniese del norte? Pero si fuese del norte sería más fría. También podría haber venido del sur… …aunque las ráfagas que me erizaban …delataban otra dirección …de donde venía era de la nada y de todos los sitios… ……de donde nunca vemos lo que se nos viene encima. Las sábanas caían Desde un sol quejoso Entre brumas saturadas Y el día que no despierta. Aquella mujer se acercaba Su andanza se perdía Desde su casa Sobre el asfalto, húmedo Pasos silenciosos, rápidos, continuos… Es el palpitar del día De una madrugada Que llama al día a día Al trabajo de una mujer Con sus manos arrugadas Inflamadas por el agua Descosidas por el aire Agrietadas entre el frío. Sirviendo a un anhelo Comunicando un deseo Despertando una pasión Deshaciendo enredos Mitigando la rabia Saludando al sol Con las tripas de la pasión. Si necesitas aire… ….mi coraje te ayudará a retenerlo si precisas calor encenderemos toda la leña de nuestras sonrisas si desde el viento, añoras….. ……la palabra libertad… …yo fabricaré unas alas para remontar el vuelo. Desviaremos el odio y oprimiremos el rencor. Muerte El ataud que se desliza Entre húmedas paredes Que son la última casa El nicho de pocos días Y de muchos apegos La caja de pino se adentra Las miradas se lamentan Algunos incluso lloran Otros se disfrazan de miedo Las manos tiemblan Y el sufrido dolor se delata. Cosechas de lugares Que por exóticos ….nos parecen distantes Miramos la escondida timorata Razón que nos llevó al escape Sentimos la palabra libertad Y decidimos que más tarde Sentiremos como el corazón late, desbocado Y amarillo en su letargo. Encendamos la luz del pasaje Sintamos como late nuestro abismo Recapitulemos la palabra libertad Latido el que nos empuja al alba Escenario socorrido por el laberinto… …el que nos sumerge entre el olvido… …apartándonos del recuerdo. La mañana replicó Sonatas que se encontraban con la muerte Nos preguntamos si por una muerte… …temprana, inexperta, miedosa, ingenua… y el viento se llevó el sonido, para transformarlo en prosa que se desarrollaría por la tarde. En un olvido que empezaba por nada… …….quizás por todo, adiós. Extraños sabores coronaban el aire De un día mitigado por el sol De plena jornada en el frío de invierno Con las sombras Presentes y perennes Estáticas y luchadoras Por escaparse de todo lo temido. En la mirada del niño Estaba aquella mezcla de alegría e ilusión Un atisbo de paz que no llegaba y que se presumía abotargado por el miedo o la razón más pura. Tan sólo puedo decir que…. ….quizás mañana vuelva a salir el sol. Aquella especie de odio Puede que miedo encubierto Remoderaba nuevos encuentros Que casi eclipsaban a los pasados Encuentros que supuraban Escenas agrias y secas Los presentes intentaban acercarse Al umbral de un abrazo. Cielo azul Calima de una luna Que se deshace En mimos dentro de un hogar Milagro que pinta el cielo En una noche de marzo. Hombres que lloraban Lágrimas de sal Y que se delatan con huellas de barro Sábanas que enarbolaban mensajes Tormentas que acaloran sentidos Mediaciones que meditan Sobre el color de la sangre. Viento, Aurora que lleva el sentimiento Y el pensamiento…algo común Una fosa descubierta Hasta ayer ignorada Muertos que desvelan su tragedia Esperando ser acogidos Fríos los días en inviernos Asfixia en el estío Impotencia, tristeza en toda estación Allí, no se adivinaban ni los tiempos de cambio Un día se escarbó la tierra Quizás con las mismas palas con que se enterró Y unas manos engomadas Que tocaron una frente… ….la frente para algunos…con nombre frente de hueso y tierra La fosa, al fin de los años… ….se deshizo. Qué drama El del color de la piel Que se deshizo Sin deslizarse En el permiso Que de aquella mirada… ….supuraba. Quizás nunca comprendí el dolor, ajeno Quizás ella también pensaba que los pequeños…. …. Son aquellos detalles que engrandecen la existencia. Quizás venimos al mundo para determinar… ….la desgracia y el drama quizás llegamos a vivir para sonreír y luchar para que la alegría …. Aquella que se fue…simplemente venga Reflejando en los ojos de los demás Impregnando el rigor por la dignidad Dentro todo, sólo quizás, de un día como hoy Cualquier día es válido para empezar a vivir Y a soñar, otra vez. El viento reconoció mi caída Así que si me matan No le llores a él Porque delataría mi nombre Escóndete y saca tu dolor El que después será rabia. Guardo un miedo Por afín que sea Sacudida el alma Entonces el mundo Está preparado Para que al buscar El agua… …ésta se encuentra helada terca, desagradecida, huraña aunque, me temo que… …también desanimada por el desarraigo. Enfado persistente De la razón infame Sabiduría que se rompe Estampida de dolores Que mira la facilidad De un lugar seguido de hambres. El agua se puede escribir Pero su descripción es como pretender tocar el cielo Con sus esponjosas nubes Desde la yema de los dedos… ….de los nuestros… Eso: una ilusión, una utopía, un sueño…. …o quizás, también… …la energía que mueve la vida. Alguien me dijo que la botarga Era una especie de moda libertina Alguien me explicó que, algún día, Necesitaríamos aire entre los dedos Sólo así seríamos libres De disfrutar la libertad Y de temer por perderla Sabremos en algún compás de tiempo Que sus caricias fueron En su corazón Una especie de bálsamo ilustrado Siempre de buenas intenciones No había más… No hay más… No habrá más…. Cantos de pájaros… …no de los de película, si de los carroñeros…. ….aquellos que se comen a los muertos como desayuno, comida o cena esmerándose en los aperitivos y no bebiendo ni una gota de buen vino….. se llevan la carroña, sin gasto y los muertos no notan nada…. …en lo referente al festín. Dicen los monjes de aquellas tierras elevadas Que la esencia del muerto se desprende con su dolor… ……sólo queda la paz y la sensación garbosa de un dilema sin tregua, la vida. Un día se me acercaron para empujarme Me defendí con todas mis fuerzas Y conseguí zafarme, huir, correr…. ….para finalmente, escapar de lo que consideraba un crimen contra mi cuerpo… … contra mi libertad. Aquel frío, derrochaba asperezas Desde un trono al lado de una estufa De un calor contenido, Hoy sin rumbo Cansado, canino, miedoso, quizás piadoso Para buscar templanza con otras temperaturas… Aunque de sobras sabía que acabaría apareciendo. Tristeza Por una alegría, cortada Por no entender el camino en la travesía Gravedad o desenfado… Tanto daba… …por todo recriminaban aunque ella no sabía nunca por qué.. cansada de luchar… y de entenderlos a todos, esforzarse por ello Los ojos pesaban La sonrisa se volvía a la inversa La piel se estiraba La maldita oca callaba… …no le salían las bromas… ni aquellas por las que no la callaban, lo más triste es que todavía entendía desde la comprensión y la tristeza…. esta vez era por estar entretenida… …batallando con rebeldía hacia una batalla sin justificación, sin caricias… …en donde sólo podía salir todo peor… optaba por callar, excusarse en dolores, llorar entre sábanas y sonreír a los demás. De muertes y duendes Si yo quisiera morir ya habría apretado el botón de la muerte un esbrirro de profunda agonía... ... me apresó hasta hacerme llorar, huir... y lidiar con las caricias de la muerte para, jamás, desaparecer. Una noche encontré a un duende errante que me miró hasta su latido final.... ...si el duende resistía , ¿qué no podía hacer yo?. La noche estalló Donde se duermen las hadas, las del pensamiento Cuando relamen al mirar el río… …el de la plata que forman las estrellas en su camino hacia la luna. Adiós y hasta mañana Por un camino de piedras Donde el polvo se hiela … ….bajo un sol calibrado donde las piedras son brasas……. …..entre los fríos y las escarchas, entre el calor y la sequía… Ayer viajamos hasta la zona caliente De un sendero gris Que cambiaba de color , cada segundo… Cada minuto… en cada momento.. Desde el suspiro final. Mi amigo no conocía el nombre de la tarde Desconocía, también, su tranquilidad Y el deseo comprimido… …de la palabra libertad. Así que se adentró, cansado y triste Hacia una noche de invierno Recorriendo pasadizos Que le quemaron la mirada… Sin parpadear y aliviado encontró la mañana , encogida dentro de un sol… mañana que daba paso a una tarde… …ya no tan temida por mi amigo. La esfera de aquella luna Desprendía calor A la espera de un frescor que… Ni se podía soñar Entre la aridez de los polos Y el desierto de una selva… Ni recordada. Miedo Perplejidad que habla por si sola Surcos que miran alrededor De una mirada crispada Tan clara como ampliada Tan embriagada como desértica. …al final del día, sólo se escucha un chirrido un aura caprichosa y errática… …un chantaje del destino, con un futuro turbio… todo esto, inevitablemente…. …es el aliento del miedo. El drama rozó la claridad De un día que no tenía estilo Llegó el tiempo en que el cielo se enturbió, Se cerró y se ennegreció… Se tornó crispado Saliéndole ruidos y chispas… …luces que nos cegaban de pronto gotas de lluvia grandes, vibrantes, cercadas y aburridas los árboles marchitados la tierra recubierta de blanco la acequia, sumergida… El pueblo escucha su canción Desde una habitación… Caldeada por las brasas de un hogar O desde el sótano, escondidos del miedo O en el prado respirando a su compás… El pueblo Escuchaba otro día, más atrás en el tiempo Una canción, su ancestral canción A lo lejos Hasta confundirse con las sombras Que esparcieron el temor Hasta contagiarse en un hoy. Desde la soledad de un agua Que lejos de bajar copiosa y pretenciosa… Prefería acompañarse, mansamente, de un baile regular Ni suelto ni desacostumbradamente enroscado En una danza regular. Cauta, alegre, contenida Desde aquel punto empezamos a recordar Hablando más allá del gota a gota… …..intermitentemente.
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Destins, de Joan Cid i Mulet

Dues coses criden l’atenció al lector dels nostres dies: l’estil del llibre i el document històric que representa. El seu estil ens recorda a cada línia que l’autor és un poeta, i els sentiments que ens fa arribar són el testimoni dels espantosos dies que va viure, en primera persona, a finals de la guerra civil; i no podem quedar-ne al marge. La novel·la narra la història de l’Hipòlit i dels seus amics Xurri, Aureli, Ernest i Vidalet, soldats de l’exèrcit republicà, els últims moments de la guerra civil i els primers de l’exili. Durant aquests dies, els protagonistes van perdent la fe en els seus ideals sota el pes del desastre de la guerra: (p. 60) "Àdhuc l’Hipòlit,que en un temps encara no massa llunyà, arribava al front posseït d’una flameta d’ideal, ara que ha vist que la guerra s’allarga i que els pobles són destruïts, els camps arrasats i els homes convertits en salvatges, com a desferres humanes, inútils i miserables avui i demà, comença a sentir els efectes d’una fatiga patriòtica per tanta visió apocalíptica, i encara que no ho digui, justifica i comparteix la desesperació d’en Xurri”. Quan els milers de persones travessen la frontera de França per a endinsar-se a l’exili, cauen en la desesperança, víctimes d’una derrota física i emocional: (p.86) “…el gest de sorpresa, de desil·lusió, de desencís, amb què tota aquesta dissortada multitud ha rebut el començ de l’exili, ha mancat, però, d’un autèntic sentiment de revolta, perquè ni forces han tingut per a exterioritzar-lo. Tothom ha acceptat el nou estat de coses amb una minsa resignació…” Cal tenir en compte que Joan Cid i Mulet va escriure la novel.la poc després d’acabada la guerra, l’any 1941, quan encara es trobava a l’exili de França. En aquells moments, les esperances del futur del país que ha deixat enrere no són bones: (p. 102) “L’enyor ens cega, als uns (els perdedors de la guerra). L’orgull tornarà cecs els altres (els guanyadors). I mentrestant, el país, ensorrat pels egoistes i pels superbs anirà decandint-se sense afanys, incrèdul i recelós.” (p. 92) “…la guerra civil que acabem de viure és, de totes les guerres que ha viscut el nostre país, la més inhumana i la més cruel de totes! Us imagineu vosaltres els odis, la rancúnia, l’esperit de venjança que hem creat entre tots plegats! Dubto que la nostra generació i la generació que ens segueixi puguin regenerar-se en les aigües del perdó i de l’oblit!”. Tot i haver militat al bàndol republicà, l’espant de la guerra que encara té tan viu no el cega, i quan el fàcil hauria estat expressar sentiments d’odi i rancúnia, l’autor ens mostra el seu talant conciliador, i sap reconèixer que els errors han estat mutus: (p. 93) “Tant ells com nosaltres hem comès barbaritats! La supressió de l’home per l’home ha estat la consigna brutal i salvatge! Ni ells ni nosaltres ens hem recordat que tots som germans i ens hem tarctat pitjor que a enemics! Ells han vençut; hem perdut nosaltres! I entre vencedor i vençuts, hi hem interposat un abisme tan profund que a l’endemà de la pau, recomençaríem una baralla que no ens ha servit d’escarment. És per això que us dic que som incorregibles!”. Destins ens recorda que la guerra només porta follia i desesperació, i una tasca molt llarga de llepar ferides. Cal no oblidar-ho. Per això, afegint-se als actes del centenari de Joan Cid i Mulet, el Club de Lectura de Tortosa comentarà aquesta novel·la durant el 2007. Per a participar en el Club de Lectura es pot sol·licitar informació al correu electrònic clubdelectura@tortosa.altanet.org o a la Biblioteca Marcel·lí Domingo. Jesús M. Tibau Coordinador del Club de Lectura de Tortosa
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Sabó moll i Francesca Aliern

El 26 de febrer, a la Biblioteca Marcel·lí Domingo, s’ha reunit el Club de Lectura de Tortosa per comentar la novel·la Sabó Moll, juntament amb la seva autora. Com és habitual al Club, la xerrada ha transcorregut de forma distesa, sense guió establert, i la Francesca ens ha deleitat amb multiutud d’anècdotes en relació amb aquest llibre i l’època on transcorre: els anys cinquanta. Gràcies al funcionament d’aquests clubs, i a la col·laboració de la Institució de les Lletres Catalanes, les trobades amb els autors són molt enriquidores per ambdues parts, molt diferents de les típiques presentacions, ja que els assistents tenen l’oportunitat d’haver llegit amb anterioritat l’obra i poden afegir d’aquesta manera les seves opinions, comentaris, etc. Abans, el coordinador del Club ha confeccionat un tríptic informatiu del llibre i l’autor, i la Biblioteca facilita exemplars en préstec, tot i que ja hi ha contactes amb diverses llibreries per a realitzar descomptes als seus membres. Aquesta obra de Francesca Aliern es considerada per l’escriptor Emigdi Subirats com “una de les grans novel·les ebrenques”. És la segona novel·la d’una trilogia encetada amb El pont de la solitud i que es veu culminada aquest 2007 amb Camins, totes tres publicades per Cossetània Edicions. En primer lloc, a Sabó moll hi destaca el testimoni fidel d’una època, d’una manera de viure, de les il·lusions i els desenganys dels anys cinquanta, entre els que destaca la gelada del 1956 que va provocar la ruïna de molts pagesos i la conseqüent emigració a la ciutat. Aquest testimoniatge és volgut per l’autora, a mena d’homenatge, i converteix la novel·la en una obra idònia per ser llegida als Instituts, que d’aquesta manera coneixeran un passat, no tan llunyà en el temps, però sí en les condicions de vida. En aquests termes, el llenguatge que utilitza Francesca Aliern és ple de modismes i frases fetes que enriqueixen la lectura, com ara els següents: Quedar-se sec com una canya Semblar un cossi badat Ser estret com una fulla de pi Fer la fi del Cagalàstic Bufar amb caldo fred Bufar com el vent de dalt Tenir sortides de panís verd Ser més fart que una vora de riu Ser més dolent que una purga en dejú Tractar com si fos llana de borrego Tenir massa terra a l’Havana L’argument es basa en la contraposició entre dos personatges ben diferenciats: els bons, especialment la Josepa; i els dolents, encapçalats pel Biel. Aquests dos móns, el bé i el mal, estan molt accentuats, fins al punt que la bondat de la Josepa i el seu marit, el Janot, i la felicitat tan completa que comparteixen, capaç de superar totes les adversitats, pot arribar a resultar, de vegades, inversemblant i massa dolça. En canvi, el personatge que realment brilla a la novel.la, i a qui l’autora aboca el pes de la narració, és el Biel. Algunes de les paraules que fa servir l’autora i la resta de personatges per descriure’l són les següents: mesquí, bàmbol, obcecat, maliciós, bufat, golut, animal rabiüt, bacó, tòtil, miserable, llòbrec, estaquirot, fantasma embafat, mascle ambiciós, desconcertant, obscur, degenerat, capfluix, boig, hipòcrita, interessat, intractable, saginero, covard, patètic i, a més, provoca vòmit i no sap somriure; “al Biel no li queien bé les rialles als llavis”. El Biel, tot i haver-se casat amb la Isabel per interessos, estima en secret la Josepa i l’espia d’amagat rera la finestra, fins al punt que: “El Biel notava com les làmines de la persiana se li clavaven als dits”. La resta dels veïns del poble, on abunden les xafarderies, és testimoni presencial de l’argument, i critiquen el Biel, i se’n riuen, i el tracten de boig d’amagat. Però Biel és un perdedor, i ens acabarà fent pena. Tot ho perd: perd l’esperança en l’amor de la Josepa, perd l’herència que esperava rebre de la família de la seva dona, perd l’herència que els seus pares deixen al germà, i perd més coses encara que no cal desvetllar. A la propera reunió del Club, el 26 de març, es parlarà sobre el llibre Patrimoni, de Philip Roth, una de les millors novel·les d’un autor estatunidenc considerat per molts com el més prestigiós de la seva generació. L’obra narra de forma emotiva, directa i corprenedora la història verdadera de la malaltia i mort del seu pare. Jesús M. Tibau Coordinador del Club de Lectura de Tortosa www.escriptors.cat/autors/tibaujm
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Microretratos de vuestras tierras

Susanna Anglés MICRORETRATOS DE VUESTRAS TIERRAS. La tristeza es la razón de un corazón que escapa. 1. El pasadizo paralelo al río era un túnel de árboles altos con grandes y verdes hojas, aferradas a las ramas. Mientras tanto, éstas, se aferraban al tronco del recio árbol. Algunas ramas se rozaban con las del árbol vecino y éste hacia lo propio....si los humanos hablamos, ¿por qué no lo pueden hacer los árboles?...a lo mejor incluso van más allá de la comunicación verbal...quizás se rozan y se acarician...quizás se amen. 2. El estrecho camino estaba sepultado por una alfombra voluminosa de hojas...estas eran fruto de los aires del otoño más tardío...hojas ocres que habían caído por los primeros frescores y los vientos tildados de cierzos. Al cabo de unos días de estar, solas, quizás muertas, en el suelo....éstas crujían a mis pasos...se secaban para ser pasto de otros pequeños seres vivos...Esto es el ciclo de la vida en donde nada muere. 3. El cielo de esta tierra, como todos los cielos, tiene algo de especial. Quizás no tenga tanta luz como los cielos de la costa bañada por el Mediterráneo, pero sus tonos de luminosidad mate son todo un acierto, relajante, para los sentidos. Mientras tanto las nubes parecen jugar con él al escondite, camuflando sus dibujos y figuras entre los vientos y las brisas. Ya sólo falta el sol, que abre y cierra el día son sutiles rayos que descomponen los cielos y los devuelve irrepetibles. El valle y la depresión del río se abren y cierran mirando a un cielo diferente y galopante con los sentidos. 4. Agua que baja fibrosa y con una tonalidad como más alegre...es el verano. Meandros, pequeños, pero requiebros de un cauce estable y laminoso con sus riberas. El sonido, su voz quieta y armoniosa nos pone en sintonía...franca fragancia de un día casi mejor que nunca acaba alargándose entre gotas que son más queridas..... Una hoja baja por entre las aguas cristalinas que se entrecruzan con rocas...premonición de la quietud y del ensombrecimiento de las aguas. La calma, bajo el frío intenso, llega con el invierno...las orillas en verano putrefactas, ahora y hoy, se quiebran con pequeños puzzles de hielos que no llegan a cuajar su ofensiva. Una quietud que es tristeza de invierno. 5. Vemos una luz en lo alto del altozano es el sol que le da color a un cielo quieto y que tiene frío. Mientras tanto a mis pies les gustaría ir de camino por una de esas sendas sin nombre...carente de ritmo...traspasada y queda. Me gustaría ir de camino por un sendero sin rumbo donde los pies me llevan casi de la mano como salí de la nada. 6. Quietud y silencio....un cielo casi incoloro y sin aires que vayan y vengan con sus corrientes. Todo parado, como si el reloj del tiempo se hubiese detenido bajo el influjo de un día gélido. Por no haber no habitan ni los sonidos....hoy, no me han despertado los gorriones....ni el surcar de las aguas. 7. Cielos que bajan, a saciarse de aguas, a embestir tierras y suelos que se levantan al verlo y las nubes que parecen algodones de cristal se miran para pedirse permiso y, a la vez, bajar. 8. Quebrada escena que convierte en dormido aquello que viaja todos los días y, en cada momento, de manera continua. Aguas que discurren por su marcada ruta, por el valle, entre choperas y vegetaciones varias....siempre abriéndose camino como las corrientes de aires cambiantes en el cielo, azul.... 9. Después del frío más abrupto, áspero y quebradizo….aparece el sosiego más inesperado, dulce….con los días, el más traidor….detrás de sus caricias cálidas, entre el invierno, nos invade el pavor de un gélido aire que nos duele hasta en el aliento. Después, paz y el poro que vuelve acostumbrarse a la normalidad de un día frío…..de unas jornadas de invierno. 10. Remontábamos un pico y la mirada se nos desparramaba por el cielo, el efecto de subir y subir….algunas nubes, pocas y un azul que iba viajando de tonalidad en tonalidad….Seguimos subiendo y la mirada perdida en el aire….entonces, como si se tratase de una grata sorpresa, aparece, ante nuestros ojos un color rosa, rojo, anaranjado, bermellón….todos los colores…. con los tonos, cálidos de la paleta de aquel pintor que conocí en el mar…las nubes juegan con las luces y las luces remontan el vuelo y el juego para jugar con los aires, las corrientes y sus filtros…el cielo se tiñe de un color casi rojizo…de un tono casi anaranjado….de un aroma que desprende un frío atardecer que traerá viento. 11. Después del frío más abrupto, áspero y quebradizo….aparece el sosiego más inesperado, dulce….con los días, el más traidor….detrás de sus caricias cálidas, entre el invierno, nos invade el pavor de un gélido aire que nos duele hasta en el aliento. Después, paz y el poro que vuelve acostumbrarse a la normalidad de un día frío…..de unas jornadas de invierno. 12. Cristales que se mojan de una fina escena de escarcha que se escurre bajo los primeros rayos de sol…suspiros, desde el interior, al sospechar el gélido ambiente tras los cristales…ambiente que se pega al aire, a la piel, a nuestro respirar….sentidos que se pierden en la madrugada para enfrentarse a la mañana. 13. Fuego. Crepitar de hogueras que se eternizan…humos que se mecen con brisas que, frías, los detienen…cenizas que pasean entre miradas, cuerpos estáticos que se enamoran del fuego, la chispa y la hoguera. Mientras tanto, continua la musiquilla del fuego…la llama que dibuja figuras , algunas de ellas surrealista…otras tan naturales como el susurrante sonido de aquello que se quema: sin pausa, sin prisas, con continuidad y sin compasión. 14. En el camino que serpentea nos guarda una sorpresa: desde la fuente enclavada en la roca….en aquella cueva donde iban a beber los lobos…se levanta una familia de cabras hispánicas. El macho nos mira desafiante, su hembra lo mira cauta y juiciosa y los pequeños se hacen un lío que deshacen enseguida en tan sólo escuchar el silbido del padre. En fila india y con paso firme se disponen a escalar el escarpado…en busca de su casa, su refugio…De vez en cuando se paran para mirarnos,:los padres desafiantes, los cabritillas divertidos y pícaros. Algún día nos desafiarán. 15. Gaiteros que soplan por un madero agujereado y hacen que el espacio, el tiempo y el silencio…se rompan de golpe….entonces surge la música del pueblo…que sale desde lo más hondo. El tambor, que había dado la entrada, se une, otra vez, al certamen musical y el pasacalle empieza a andar. Se paran en corrillo en las calles y en las plazoletas…camina lentamente para impregnar su música por todos los rincones de un pueblo que se estira corriendo adelante y atrás de su camino. El sonido de la gaita y del tambor, del tambor y de la gaita…..invade los sentidos y se recrea en ellos dejando su memoria escrita en el viento. 16. El invierno se asomó en aquel primer año, casi como una presentación: vino, nos enseñó sus cartas y se marchó suspirando aires más propios de su socia la primavera. Las nieblas se disiparon, iniciando un extraño paseo; los aires se caldearon y se hermanaron con finas propuestas de calores impropios; las escarchas se sofocaron, derritiéndose como el helado de la niña en verano; las leñas se amontonaron, aún más….terminaron, muchas, en la hoguera de un San Antonio que pasó por un día tibia. El tío Fabián miró el cielo, el día San Sebastián, con aire sofocado y cuando bajó la mirada dijo, como la sentencia de un juez: “el invierno todavía no ha terminado, esto es un engaño….podemos prepararnos para los próximos días…”. Recuerdo, hoy, que aquel día el Tío Fabián no sonreía y que todos callaron y se miraron…para, poco a poco, reanudar la conversación…una conversación que empezó a hablar de gripes, resfriados, de los árboles en flor que iban a perder su cosecha….Aquel invierno no lo olvidaré nunca, todavía siento escalofríos, la venganza del Dios frío derivó en una actitud más que frívola. 17. Esta tierra es áspera, aunque sus riberas y sendas escarpadas nos enseñan un poco lo mejor de ellas. Todas las tierras con contraste son especiales, creciendo como una mañana de primavera. El sol se levanta y empieza a caldear las sierras….viaja, después, a algunos valles y teje una maraña de buenas impresiones… Los sonidos quedan habitados por los numerosos pajarillos que se reencuentran entre pinares, riberas de río o un prado rodeado de árboles…el viento, incipiente, nos trae sus sílabas y sus palabras. De repente, un ser volador con carácter impreso en su vivienda de roca, nos enseña su vuelo con círculos perfectos. Caminamos por la quejosa senda de regreso a casa cuando el sol empieza su cenit…entonces oímos que unas piedras se precipitan por un escarpado, caen la río y empiezan a reírse de nosotros como demostrando algo que no hemos descubierto…más piedras y más aguas que se levantan al recibirlas…al fin, detrás de unos arbustos en flor y encima de una roca deposito mis posaderas y me dispongo a vigilar el escarpado, cuál naturista infame fuese…entonces no sé si consecuencia de mi cansancio ocular o qué observo como las rocas del escarpado se mueven….y algunas de ellas con una habilidad pasmosa. Creo que trabajo demasiado y tengo la vista cansada. Bajo a la orilla, me agacho y me lavo la cara, refrescándome la nuca. …entonces un silbido alucinante, jamás escuchado por mis oídos, serpentea por el aire, levanto la cara y miro por el escarpado…algunas rocas aceleran su paso y otro silbido me levanta del ensoñamiento a la clarividencia: ante mí una familia de cabras monteses que, en fila y siguiendo las indicaciones del silbador que es el macho, suben, camuflándose, y recitando un susurro entre rocas y piedras. 18. Ruinas de un pasado que no vuelve: puentes que se caen ,desde el polvo que se deshace; iglesias que se derriten ,ya pobres entre la multitud de su tiempo pretérito ; edificios que se entristecen, ante las embestidas del presente y los presagios de un futuro…La piedra en seco envuelve pasillos de tránsito habitados por hierbas , matorrales y despojos vegetales; los árboles son menos numerosos y menos afortunados por el aire que respiran…pero el amigo viene , otra vez, como lo hacía antaño…entre brumas, sobre el barro y desde la senda. Hay cosas que nunca cambian, la curiosidad por conocer tierras, perdurará…. 19. El sol se fue disipando poco a poco…como una despedida que dejaba pasar a las brumas de la sobremesa….aquellas por las que se mueven los rayos hiriendo, más que nunca, la retina que les mira. Después, de esa forma, aparece la tarde que va creciendo y que levanta alguna brisa, todavía cálida, de un invierno atípico. Pero son éstas tierras frías...de inviernos ásperos y quebrados que buscan el sol y se lo tragan para, desde las tierras y algunos aires, paliar los tiempos fríos preñados de cierta dosis de oscuridad. Llega la noche cerrada y el frío vuelve, la madrugada aprieta y el día cae de frío en frío. Al día siguiente: las nieves. 20. El invierno era el crepitar fonambulista de la leña a merced del fuego; el color de las llamaradas gratamente cambiaban, poseídas por no pocos ingredientes de contraste; el calor que desprendía era más que calor….podría hablarse de calor especial. Y el olor desde la chimenea se esparcía por la casa dando calor incluso allí donde no llegaba el propio calor. A veces , en un momento dentro de un instante del tiempo, se produce la simbiosis entre la mirada extraviada, un tanto perdida, y las llamas del fuego que dibujan figuras tan variadas como extrañas; tan claras como alucinantes; tan sosegadas como inquietantes; tan cálidas como susurrantes. 21. Seguir con el tiempo atípico de un invierno que no se sumerge en su clima….sólo lo hizo por unos días en aquel diciembre ya casi perdido en la memoria. De repente, en unas horas, la calima se sacude con vientos y ráfagas muy frías. Nos invade y casi nos atormenta la idea de que el viento será el representante de días mucho más severos….Y otra vez el tiempo se detiene y el viento desaparece. No se mueve nada, ni la luz…la noche entra de un modo turbado, sin darnos cuenta nos atrapa y se recrea con nosotros….juega y hasta quizás se ría, sabe que es ella quien nos ha adormecido Una noche clara visualmente, pero espesa cuando intentas respirar y cuando mueves la mano frente a nuestros ojos…El sueño nos acoge con una paz inusual y la noche nos envuelve entre sábanas. Pasa el tiempo y amanecemos con los tejados blancos de una agua que, a menudo, en Teruel es blanca…los niños saltan, gritan y ríen…hay cosas que no se pagan con dinero. 22. Aquellos ojos miraban al agua bajar y deslizarse por un panorama que salpica indulgencias para pecar con todos y cada uno de nuestros sentidos. Aquellos ojos estaban tristes como el encapotado cielo que deslizaba alguna lágrima fugaz y atemperada. Después el iris ocular se desplaza y observa, detenidamente, a los árboles desnudos, pero en la memoria plagada de un verde casi gótico. El aire que sólo levanta alguna hoja muerta del otoño añorado ya no lleva aquellas alegres conversaciones de pajarillos; las ha guardado entre los aires y corrientes retenidos en el interior de las cuevas y cavidades…saldrán después de que los árboles se vistan del frescor verde. 23. La noche fría sigue llorando lágrimas que viajan de la lluvia a la nieve y cada minuto se apagan más los rumores cotidianos y las voces de lo inerte en la calle…la noche entra en un letargo casi palpable cuando el silencio se puede ver entre una ligerísima neblina que cuando se desvanece deja una luz nocturna tan clara que deja ver los copos recios cayendo por este rincón de País de Cazarabet. Sentimos un sosiego que imita a un a calma total casi inexplicable. Mis ojos casi pretenden retener aquellas imágenes para refrescarme con ellas cuando el invierno nos deje a merced de las más intensas temperaturas. Mientras tanto, pasando una hora relajada, tranquila y que se adormece…se despierta, tras el cristal, cuando veo una calle completamente blanca, los cables eléctricos cargados o los balcones como recogedores d nieves tardías….L que no cambia es la quietud, la paz sin comparación 24. Quietud, más quietud es aquello que surge de la mirada hacia el frío que desprende la nieve cuando, después de depositarse sobre un suelo desprovisto de impermeable, se hiela merced de las bajas temperaturas…las pisadas se delatan bajo un sutil, pero muy presente crujido…inmediatamente la pisada se vuelve a cristalizar, otra vez fría y helada. Las caras curiosas se pegan al cristal de la ventana y sus ojos se abran….el silencio de afuera en la nieve….se les contagia a los habitantes curiosos. Las novedades raras dan motivos y deberes para pensar. 25. Al mediodía, desde el balcón, observé cómo goteaban las casas, el mobiliario urbano…las calles quedaron limpias de nieve y el sol quería disipar las nubes todavía resistentes con sus colores cargados de agua fría y blanca. Decidida abandoné, poco a poco, las calles del pueblo para reencontrarme con los campos de cereal y el monte plagado de una espesa capa blanca de nieve nocturna. Mis pasos se entretuvieron tanto como quería saciarse la mirada; .giraba sobre mis talones y por donde mirase todo estaba espolvoreado de esa agua fría que nos invadió en horas pasadas. Los pinos dibujan formas raras y singulares, mientras que su corteza invisible se adivinaba bajo la nieve escarchada. El camino me llevó hacia una caseta de campo de piedra en seco. Hoy, piedra fría y congestionada con matices de recodos de nieve. Sus tejas, enrojecidas, todavía resaltan más. El conjunto, todo el entorno de la caseta de piedra en seco, destaca ante unos árboles muy solitarios, desnudos, tímidos y entristecidos…El invierno, aún derritiéndose, nos ofrece un intrincado laberinto bucólico por el cual soñar. 26. Fue noche tan fría que la escarcha del borracho se helaba por la calle hasta que el vecino lo ayudó a meterse en casa y a acomodarlo en el sofá. Herminio había perdido el rumbo …ése era el primer día que salía y lo había hecho para emborracharse y pasearse por la aldea de Camarón ,abrupta en su laberinto de escasas calles y gélida a orillas del Guadalope…Herminio aquella noche contempló muchas cosas: observó cómo el hielo le ganaba espacio al agua fundida desde la nieve de la madrugada. Había mirado un cielo que viajaba del negro al azulado y que dejaba brillar todas las estrellas allí presentes estaba tan despejado que la humedad que se despedazaba se fundía con el hielo hasta de adueñarse de la tierra; las gotas de agua y nieve que durante el día se fueron fundiendo entraron, ahora, en un estado catatónico…no se fundían, se quedaron quietas, cristalinas….dejando que las formas más extrañas jugaran con la imaginación del visitante… 27. La tierra estaba impregnada de humedad, su color había cobrado un tono más opaco….como más oscuro. Algunas capas habían aumentado su volumen…la tierra estaba inflamada e inflada por aquella espesa capa de agua fría, helada y cristalizada con gotas que convergían, complementándose, unas con otras. Las brumas se levantaban desde el día en que el sol les daba de lleno con las primeras luces y con las que invaden el primer telón de la tarde. Hacía calor de invierno, aunque cuando llegabas a casa la piel del hueso estaba gélida…no podías estar con más ropas, pero todavía tiritabas….aquel era un frío hipócrita que se acercaba detrás de una calima engañosa, triste, malparada…sol de invierno. 28. En aquel pueblo apenas soplaba el viento, aunque si estaba presente aquella brisa que relamía el intenso frío de la ribera y lo trasladaba hacia el pueblo cruzando el camino que hoy es ya asfalto. La brisa inflamada por la humedad del río y el frío intenso de las escarchas y heladas se esparcía por un pueblo acostumbrado más a la quietud que a corrientes de aire buscándose unas a otras por los callejones, calles y escondites del laberinto urbano…De alguna manera, aunque el decirlo sea una locura, echaba de menos al viento y a los soplidos que parecían silbidos dándole música a un día extenso, pero oscuro. Aquel viento que llevaba el salitre de un mar cercano. Estamos dentro de un día de invierno que ya empezaba a sentir como las aguas de los cielos primaverales se acercaban por el horizonte de un calendario elegante y pretencioso. En aquel pueblo, sosegado y quieto, si querías sentir el silbido del viento tenías que acercarte a la ribera y para mayor regocijo de los sentidos, lo propio era buscar a las choperas que emiten un sonido que viaja entre la abundancia de sus hojas verdes, amarillas u ocres y la desnudez esbelta de un ramaje escuálido que esconde verdaderas sonrisas, desde el viento armónico, dentro del olvido del pueblo que ahora duerme. 29. Sol aparente; aquel que se teje entre las nubes, dejando un paso reposado, sutil…casi armonioso entre capas blanquecinas que ayer fueron grises, aunque su primera tonalidad fue negruzca como el atardecer de un día de verano entre los altos riscos. Sol, estos rayos, que salpican fuertes arraigos de otros soles de paso por sus sombras…pero las consignas de aquel día eran claras, había que dejar paso a los soles para que aniquilasen a las sombras, aunque con aquellos soles la lucha iba a ser cruda sólo las amenazas de vientos, detrás de las sombras de las nubes, permitirían el paso de los grandes rayos. Así la balanza, de la guerra y de la justicia, se movería. 30. La humedad que se había instalado sobre nuestras miradas compartidas, evitaba que las corrientes de aire jugasen entre nosotros….así, el día estaba quedándose estático y quieto, pero lejos del sosiego. Aquella capa de nula aireación había congelado el rostro de muchos hombres y mujeres, ya de por sí sumergidos en aquella droga triste y arriesgada. Si con el calor la humedad nos afectaba de tal modo que ni nuestro aliento podía salir con cierto esfuerzo de nuestros pulmones, sofocándonos hasta empaparnos de sudor. Con el frío, la humedad, se apoderaba de la médula de nuestros huesos trasladándonos a un estado en el que unos y otros nos encogíamos sobre nuestros propios pliegues, sobre nuestros propios poros, sobre nuestros propios escalofríos. Con el estío nos podíamos ir quitando ropas y piezas…pero ni aún así el aire de una brisa nos levantaba del sofoco…..en el aletargado y moribundo invierno, colapsado de humedad, ni sumergirse debajo de la manta más gruesa, nos libraba de tiritar con cierto miedo. 31. El vecino del piso de la hermana del padre de aquel chico perdido entre los libros. Me contó una historia que no llegué a entender porque se inventaba raros nombres para raras situaciones que descarrilan entre abotargados anhelos, supersticiones y no pocas suposiciones. Llegué tan perdida un día entre galopantes escenas de colores que me abrigué para con el sudor, alegrado por la chimenea, provocase el vomito, por los poros, de todos los rencores que provocan, en mí, aquellas historias descarriladas. Después despertaba lejos de todo recuerdo y con unas ganas inmensas de ver, escuchar y compartir algunas historias con el vecino del piso de la hermana del padre de aquel chico perdido entre los libros. 32. ¿Cómo podía aquel tipo saber tan poco de mí y a la vez saber que estábamos sumergidos en aquella lucha?; ¿por qué el viento se había desecho de la porquería y había dejado los papeles en su sitio)? ; ¿por qué el olor a muerto seguía siendo intenso, después de tantas horas?; ¿por qué me encontraba atada en una cama tan fría como dura?..... Quizás porque, la verdad, aunque sólo sea en mínimas ocasiones, sale a flote. 33. Atrapamos el hielo con las manos, por primera vez el agua quedábase detenida entre los dedos, entre un frescor casi carente de toda vida….aunque en lo más íntimo de mi conciencia yo supiese que el frío era el latido incesante en el verbo vivir. Allí sentada oía mi pálpito y el ritmo de mi corazón….allí entre las aguas socorridas de aquel día de invierno, mis ojos lloraban al sentir correr dentro de mí un escalofrío que nos invadía de un nuevo espinazo para con el aliento…..aquel que compone la vida. 34. Los árboles todavía se levantaban firmes entre las brumas de un día sumergido en humedades. Desde el balcón tenías que afinar con la vista para distinguir, torpemente, la esbeltez de la chopera. El aire estaba quieto, impasible, estático y casi quebrado...Mi aliento, el más cálido, lo alisaba para volverse, enseguida, frío, inmóvil y húmedo. El día se quedaría así: sin sol, entre brumas y descompuesto…como el alisado escenario de una vida inerte. 35. El sol apareció de repente, casi de sopetón, entre unas nubes en suspenso, suspendidas entre racimos…. espesas, blancas y perdidas dentro de un cielo azul quebrado que late tiempos de horas que se estiran con temperaturas que se tranquilizan viajando hacia la bonanza. El día , a mediados de invierno, es un juego que se enorgullece de ser servil y acorde con las pretensiones de aquel niño que, para vestirse ,pregunta qué hace el tiempo: reír , llorar, soplar, gruñir, enfadarse…o mantenerse impasible, sin más. 36. Viajamos entre aires perpendiculares y nos encontramos con la salida de un sufrido mecanismo que alisaba las maneras y rehusaba ganas de dormirse entre ramas acolchadas de un estío que llegará en unos meses…antes, todavía han de explotar las flores de los árboles frutales y han de espabilarse de verde los árboles, los campos, las noches y, aún más, las mañanas con sus tardes. Hasta entonces soñaremos con lo de antaño. 37. El aire estaba pringado de un aroma a ceniza caliente que despoblaba las virtudes en un rincón insaciable. Miguel no había vuelto a sonreír porque pensaba en las latitudes de aquel futuro viaje tan incierto e insaciable como amargo y triste. Las pobladas armonías se escondían entre restos de pensamientos carcomidos por un odio desinhibido. El tren, después de anunciada su llegada, paró y abrió de par en par sus puertas…el andén se pobló de los cansinos descendientes, para enseguida, poblarse por la quietud de los pocos que esperaban otro tren. Miguel, no estaba en el andén….tristemente había tomado su último tren. 38. El estruendo llegó hasta donde descansaba el viento de un verano encarrilado por entre anticiclones pesados. La estampida rompió el color de la noche…los rayos empezaron a caer incesantemente y las luces se esparcían cual gotas de agua fuesen cayendo entre el campo árido de cereales. Subimos a una alcoba natural en la pared del Tío Marcelo…nos protegimos de un tembleque futuro sospechando que aquello iba a prolongarse mucho en el tiempo. 39. La saeta de los minutos, en aquel pueblo, caminaba con más apuro…el idealista se daba prisa: había visto sangre y los nombres escritos en la pared de un modo serio y austero. Se asustó y emprendió la huída…de vez en cuando se miraba el reloj……y el corazón se desbocaba hasta casi perder un control mimetizado y casi ausente. Debía afanarse para llegar a la hora convenida y así poder saltar la alambrada de toda opresión…de no hacerlo él seria el próximo nombre venerado en la pared, pero también el siguiente charco rojo sobre la cuneta. 40. La humedad aprisionaba al valle…por las mañanas los cristales estaban saturados de una lluvia que no había llegado como cortina del cielo; en el paso del río sus aguas sosegadas se unían con finos halos de humos húmedos a los espesos ropajes de bruma estática que llegaba del cielo….El sol sólo salió un rato dos tardes, pero enseguida fue sepultado entre una humedad de nubes grises…seguro que le costó salir y que cuando lo hizo fue para decirnos que seguía allí…pero que había perdido la batalla. Pasan unos días y durante las hierbas de la tarde nuestra chimenea emite turbadores y persistentes zumbidos……son sordos, casi me dormiría con ellos. El viento juega con ella y se delata, con su sintonía, entre las llamas del fuego. Me acerco al balcón, mis ojos viajan al aire y contemplo como algunas nubes se esparcen, otras llegan…se atisba un azul añil en el cielo….por un momento y sólo en mi particular mundo pienso que la lluvia y los días grises han encontrado su destino final. Me equivoco, con un nuevo día, el viento ha traído nuevas y espesas nubes que descargan repentinas y breves cortinas de agua….para más relajación de mis sentidos: el viento sigue allí moviendo la lluvia a su antojo. 41. Dicen los entendidos en lluvias que éstas son incoloras. Yo las imagino azules en tormentas; amarillas en verano; verdes en primavera; naranja en otoño….privadas de color y blancas en invierno. En definitiva, en mi país particular la lluvia tiene color, mucho color, el auténtico color. 42. Un hombre escribía pasos de polvo, después de andar pensativo y casi cansino. Los pasos de polvo se dibujaron en el suelo como en una cobarde sinfonía dentro de una mañana inerte. El camino, ante el hombre, llega…dislocado en el tiempo. Las huellas son blancas y el viento gris en el atardecer. Mientras tanto la mente es entera y cansina. Después, sólo un adiós. 43. Entró en la habitación, carente de cualquier coraza. Se espabiló y siguió su camino. Llegó hasta la ventana y contempló el atardecer en un día de otoño, mientras tanto, podía oír como el viento soplaba relamiendo la chimenea y haciendo que ésta se quejase cual lobo fuese. 44. En un callejón del mediterráneo, las sombras entraban por la ventana….la gente utilizaba la ventana y la luz emitía ratos de respiro a los largos días de sol crispante y chispeante…eran tiempos de cambio en que todo se había vuelto ocre, rojo, naranja….las aguas se evaporaban y el verde eran un recuerdo dentro de la memoria del último infante., 45. Sueño, resaca de una noche donde las luces del alba pesaron demasiado….miedo que recorre el cuerpo durante la mañana .Las luces jamás se duermen si no que se acompañan de unas nubes que, como almohadas, las acunan meciéndolas para deslizarlas en la noche más esperada. El sueño vuelve, se va y retoma el camino… esperemos no perderlo nosotros. 46. El verano del 36 fue bochornoso, como las calimas que se asoman por un recuerdo dominado y maniatado…he tardado años en entender que debía separarme del camino, estrictamente dibujado, para adentrarme en el corazón de un olvido que todavía se puede reparar. Mañana: forzaré a la memoria y juntos nos acordaremos de algo más. 47. Las nubes forman dibujos tridimensionales…son como papeles esponjosos colgados del cielo con tantos colores como matices tiene el mismísimo arco iris. Todos los días las nubes, más o menos puntuales, se aparecen entre los colores del cielo…desde abajo jugamos a imaginarnos formas en los cielos y lo conseguimos gracias a ellas sin valorar que cada día se disponen tan diferentes como pueden para hacer frente a nuestra pretenciosa creatividad. 48. Cuenta la leyenda que en aquel lejano país hubo un hombre que descubrió, sin querer, la profecía del recuerdo...pero también cuenta la leyenda que para poder llegar a ese descubrimiento tuvo que vivir todo un seguido de ilusiones con aventuras insertadas. Yusuth era pastor de sus propias cabras, todos los días, en los que el sol salía por la montaña del Hombre que Espera, abría la valla y empezaba a silbar con una gran variedad, sin nombre ni comparación. Las cabras se reunían, se iban distribuyendo en clanes, seguimientos social, desfilando en una delgada fila india, ante Yusuth al que miraban como reprochándole que éste les hubiese despertado de su sueño de cabra. Yusuth gozaba de adentrarse por caminos, sendas, campos y fincas. Allí, el paisaje, aunque áspero eclipsaba la atención del pastor. Pensaba en cómo llevarse a casa algunas de las miradas sobre el paisaje, impregnado de colores cálidos, pero Yusuth no sabía ni podía llegar a adivinar cómo llevarse aquellos recuerdos para disfrutarlos en las noches, a la luz del fuego que crepita. Ante esta deuda consigo mismo...se marchaba, Yusuth, esperando a que el paso de los días le aportase la solución. Un día de verano, bajo un sol que enmudecía el canto de los pájaros....legó a la pequeña aldea donde habitaba Yusuth un mercader cargado de compras que esperaba vender. Venía cansado y sofocado después de horas y horas de viaje. Yusuth como hacía con otros viajeros, de las rutas comerciales que bordeaban el desierto del sur del Rincón de Cazarabet...éstos encontraban en la aldea de Samsatam un lugar de acogida en donde la casa de Yusuth se convertía en su propia casa. El viajero de aquel asfixiante día era un hombre alto de piel morena y curtida; de mirada amable y de voz acaramelada, de ademanes ligeros y precisos. Nyckym había cambiado sus viajes nómadas por el norte del país por estas tierras, simplemente porque le gustaba cambiar y variar aquello que podía ver, palpar, oler.....De todas formas, explicó en la taberna, él llevaba aquellas visiones en sus alforjas. Ante esta revelación todos se miraron y se interrogaron agudamente con la mirada. Dentro de la noche, reposando con la bebida de Papai, sentados bajo un cielo de estrellas de colores (así eran los astros en País de Cazarabet) Yusuth con timidez, pero vencido por la curiosidad, le preguntó a Nyckym cómo conseguía guardar sus recuerdos para disfrutar de ellos cuando gustaba. Nyckym se limitó a mirarle con unos ojos que sonriendo, parecía que acariciasen la cálida oscuridad del aire. Se levantó y sacó de las alforjas lo que parecía un libro...empezó a abrirlo desplegándose un abanico de sorpresas imaginativas: dibujos que, según Nyckym, se llamaban fotos; imágenes de árboles, hechas con un lápiz más negro que el carbón; imitaciones de paisajes en los que los tonos y colores respiraban sensibilidad.....palabras que, escritas, explicaban rasgos de una imagen, de un rincón, de una mirada... Yusuth se quedó fascinado y aquella noche durmió más profundamente, sabiendo que ya nunca perdería sus recuerdos entre la maraña de su memoria. Tres días después le encargó a Hyckym un cuaderno de recuerdos (ahora conocido como álbum) al que empezó a acariciar antes de llegar a sus manos. 49. Mi abuelo era un perdedor, perdió una guerra que después se prolongó….siendo su sentimiento el de vivir dentro de un viaje perdido….por eso no hablaba mucho, por eso no perdió, nunca, sus ideas. Mi tío era un prófugo, lo empujaron con fuerza de su país hasta un lejano lugar del que sólo volvió intermitentemente,….el día que lo hizo para quedarse, fue en la ceremonia de su sepultura…..su talento estuvo añorándose de una tierra que no reconocía. Mi otro tío se desdibujó entre una prisión y su sentencia a muerte…cuando salió vivió muchas décadas con una condena errante que le privaba el aire, jamás pudo aplicar aquella enseñanza que fue su utopía y la de muchos…su mirada fue siempre reservada. Vivir en tu campo la derrota más amarga; tener que marcharte por que quedarte es morir; sentir el miedo para tener sólo libertad en la desilusión. Mi otro abuelo mató a muchos nombres quemando papeles en aquel oscuro pozo de la prisión...decía que no le gustaba y volvía enfermo de estas misiones, pero su casaca azul le pesaba…Cuando murió, demasiado joven, lo hizo intranquilo. Puede que, en realidad fuese otra víctima o puede que sea yo lo que desee pensar. 50. El escritor derramó desesperación ante un sinfín de historias que se acumulaban en su cabeza esperando ser escritas en un papel y leídas por no pocos compatriotas…aquellos que estaban huérfanos de su tierra como él. Las historias le desesperaban porque estaban llenas de la realidad que habían vivido durante los años pasados y de esta presente y quebrada ilusión....pero escribir era lo único que sabía y podía hacer; mientras que lo único que esperaba era ser leído. En la habitación continua de aquel motel cercano al puerto, se encontraba un músico que deslizaba sus dedos entre las cuerdas de su guitarra. Dedos ágiles que hacían casi lo que deseaban con las cuerdas de la guitarra…dedos que impulsaban toda una secuencia concertada de sonidos que escuchaban compatriotas con y sin tierra….como himno a su desesperación
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Quan parlava.

Quan parlava Les meves paraules no se les emportava Allò que anomenem vent Se les emportava l´ aigua O la suor del demà Que ens deixa, ara El salobre d´un dia de treball. Sentir-se mermat pel passat Un passat que quan parlava Era de colors No pas deixant de palpitar Més aviat deixant de sentir Com l´ arbre que ja no sap qui el mira Però recorrent el camí...farem senda. El sol que escalfava Quan parlava Va fer trontollar els aires D´un dia tou i esquifit Com la vida al nord del planeta O la mort dins el sud de la vida, La de l´ altre. I demà es tornarà a fer de dia. El caure de la torre Em va fer pensar En quan parlava de les misèries Sense joies Sense colors vius ...amb l´ ombra de l´ adéu i el testimoni que mira al mirall. Dins la vesprada D´ aquella tardor que callava Quan parlava el silenci Vaig encerclar la tova migdiada D´ uns somnis plàcids On la teva carn era meva... ...pot ser, per última vegada. Descosida era la paraula Que acompanyava A aquell amic Quan parlava... Tots miraven, Ell pensava... Tots pensaven. Un home desconegut Va aixecar la veu El sol era la seva llum Quan parlava aquell migdia L´ estància estava paralitzada La llaor era tova I els aires , pudents. Tot va començar anar bé Quan es va trencar aquell llaç Ja l´ amistat despuntava Quan parlava , ell Amb altres formes Mai hagués volgut caure Ni patir cap davallada. Baix entrar a la vellesa D´ una manera inconformista Com l´ amic Aquell...solitari Que, quan parlava Enterrava les paraules Sota una llacuna de fang. La tarda va dormir en forma de pedra Mentrestant feia fred Massa fred per subsistir Massa flaire per respirar Massa calor per viure Massa gelor per somriure Massa escalfor per a ésser lliure Mentrestant es negava a la vida Ja quan parlava.... Va deixar, simplement, d´ existir. Quan parlava ,mai callava Era una repetició d´ idees Una fam per explotar La vida per condicionar La mort per vestir. La mar es trencava Quan parlava Quan estirava els mots i els feia emmudir Quan mai arrossegava l´ espenta Quan parlava.... ....el mar callava i les ones es sentien. Vaig estrenar una nova veu Quan parlava Vaig mirar de desfer l´ alè Els meus avis em miraven I jo anava creixent... Mentrestant, quan parlava Em canviava la veu Aquell minyó No era el mateix Que mantenia la mirada perduda Quan parlava entenent la vida. Vam estrenar un munt de paraules Entre les ombres de l´estiu Eren paraules disperses, Seques i fosques que es perdien, quan parlava. La mare d´ aquella noia trista Quasi no es sentia Quan parlava Per plorar les joies. El riu del poble Baixava amb l´ aigua sense moviment Era el fred de l´ hivern Era la vida que ens esperava Quan parlava l´ hivern. La claror va invadir la nit Una nit carregada de salitre Estava la vida enmig la neu Estava el vent parlant sense fi Estaves amb la mirada perduda Quan parlava la nit. Quan lluitava. El mes passat, Entre les falagueres més atapeïdes, Vaig trobar un racó desert Dins l´ ànima perduda Entre els fusells que es pansien Des de que no feia la lluita Mentre recordava el temps quan lluitava. Quan lluitava el meu avi En aquella guerra perduda Ens trobàvem perduts entre la nit Aquella fosca, dolenta i gelada Que ferí les il·lusions Trencant les llibertats I emmudint honestedats. L´ home que caminava perdut Va trobar per fi Allò que més valorava La raó per la qual podia dir això de
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BMD: Patrimonio, Philip Roth, pel Jesús Mª Tibau

El passat 26 de març, els membres del Club de Lectura de Tortosa ens vam reunir a la Biblioteca Marcel·lí Domingo per a comentar un llibre extraordinari: Patrimonio, de Philip Roth. Philip Roth (1933) és l’autor estatunidenc més premiat de la seva generació i un dels més prestigiosos. The New York Times Book Review, anuncia el 2006 els resultats d’un estudi sobre els millors llibres de ficció dels últims 25 anys a EEUU on es troben sis de les seves novel·les. La seva obra es caracteritza per analitzar amb humor fi les desesperances i fantasies dels jueus nord-americans, encara que també pinta d’una manera sarcàstica i despullada la classe mitja en general. En aquest llibre, l’escriptor és testimoni de la història veritable de la malaltia, degradació física i mort del seu pare, i la narra amb fragments plens de cruesa i tendresa alhora. Però en aquesta decadència del seu pare hi retroba sentiments perduts, i un contacte físic que no els unia des de la infància. El fill es transforma en pare, ha de carregar amb una memòria que és l’autèntic patrimoni. El llibre posseeix aquella bellesa tràgica, sublim i nostàlgica que sentim quan recordem els nostres avantpassats. Els comentaris sobre el llibre van servir als membres del Club de Lectura assistents per a iniciar una amena tertúlia sobre temes diversos, deixant-nos portar pels camins on ens duia la xerrada, i vam intercanviar experiències i sensacions que ens enriquiren mútuament. Compartir el plaer íntim per la lectura i, al mateix temps, el del contacte humà directe a través de la paraula, sense intermediaris informàtics ni telefònics, potser no està de moda, però continua sent tan enriquidor com sempre. La propera trobada del Club de Lectura de Tortosa, el 7 de maig de 2007, on comentarem el llibre Tot un caràcter, d’Imma Monsó, ens promet més emocions, ja que, gràcies a la col·laboració de la Institució de les Lletres Catalanes, compartirem tertúlia amb aquesta escriptora, recent guanyadora del premi Salambó a la millor obra publicada durant el 2006, per la seva darrera novel·la, Un home de paraula. Els interessats en participar del Club de Lectura poden informar-se a l’adreça electrònica clubdelectura@tortosa.altanet.org o a la mateixa Biblioteca Marcel·lí Domingo. Jesús M. Tibau Coordinador del Club de Lectura de Tortosa
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Pedro Gomez al Serret Forums

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¡Cariño, no te pierdas!

“En buen momento se me ocurrió pasar el fin de semana con este botarate. ¡Turismo rural! ¡Lugares con encanto! Yo que odio el campo, lleno de bichos y sin ningún tipo de confort”, piensa Pilar malhumorada, achinando los ojos para entrever, tras la cortina de agua, la carretera difuminada con el vaho de los cristales, entre pasada y pasada del limpiaparabrisas. Sujeta en la mano, como un talismán, el teléfono móvil en estado cataléptico desde hace dos horas, al que echa continuamente incrédulas miradas. Involuntariamente pisa un freno inexistente en cada una de las innumerables curvas, a pesar de que circulan a una velocidad irrisoria y si algo tiene José en exceso, es prudencia.

Prudencia que no le impidió considerar una excelente idea realizar una excursión a un entrañable rincón del Maestrazgo para poner a prueba su capacidad de convicción con Pilar y las prestaciones de su nuevo “todoterreno”. A juzgar por los recientes acontecimientos, debe felicitarse por la elección del flamante vehículo que se comporta con la entereza y profesionalidad que cabe esperar, sin embargo, no puede decirse lo mismo de su amiga, tensa, disgustada y al borde de la histeria. Le gusta mucho la chica, guapa, un poco pija y terriblemente esquiva, y él, hombre paciente y perseverante, lleva tiempo cercándola con resultados poco alentadores. Pretendía y esperaba que el contacto obligado durante estos dos días la predispusiera a una relación más estrecha, pero no contaba, por supuesto, con una combinación tan nefasta de los elementos, así que ahora a lo máximo que aspira es a que ella no lo mande al cuerno definitivamente.

Desde luego, no podían haber empezado peor. Con las primeras nieves, media Barcelona había decidido dirigirse a la montaña y tardaron lo indecible para salir. Cuando dejaron la autopista, era noche cerrada y bien por la ancestral impericia de las hembras para descifrar los mapas, bien por el poco interés que la copiloto ponía en ello, después de trotar largo tiempo con una lluvia torrencial por carreteras secundarias y algún que otro tramo de pista pedregosa, puede decirse que están irremediablemente perdidos. El hecho de no haber encontrado en todo el trayecto ni un miserable pueblo o caserío donde preguntar, acentúa la impresión de irrealidad y confiere a su inocente desorientación la magnitud ominosa de un cuento de terror, y aunque José es un hombre de temple, no puede evitar contagiarse de la aprensión de Pilar ni sacudirse la sensación de hallarse en un inextricable laberinto. Por si fuera poco, el piloto luminoso le hace guiños maliciosos indicándole la precariedad del depósito de gasóleo. No dice nada al respecto para no inquietar más a su compañera, pero ésta se ha dado cuenta y tras un par de alarmadas imprecaciones, ha pulsado frenética, una y otra vez, la tecla de emergencias del móvil, hablar con alguien, al menos, aunque no podamos indicar nuestra ubicación, ya nos buscarán, pero, inexplicablemente, después de alardear durante tanto rato su disponibilidad para “sólo emergencias”, el maldito aparato se ha saltado las más elementales normas de conducta y, aparentemente, ha fenecido: se ha apagado como la llama de una vela y no hay forma de devolverle la vida. José aduce, para conjurar los malos augurios de Pilar, que seguramente se ha terminado la batería, demasiado tiempo manteniéndolo innecesariamente activo cuando era evidente que no había cobertura y, ya se sabe, esto produce más desgaste y...

-¡Pero, no, de ninguna manera! -Grita ella- ¿Me tomas por idiota? Estaba recién cargado cuando he salido de casa.

-Bueno, pues se ha descargado. ¡Mira! ¡A la derecha! Allí al fondo se ve una luz, debe ser una masía.

-¡¡¡Cuidadoooo!!!

Con la emoción del hallazgo y la escasa visibilidad ha girado demasiado rápido para enfilar por un sendero en dirección al objetivo avistado, y se ha metido en la cuneta.

-Tranquila, mujer, no pasa nada, tiene tracción en las cuatro ruedas y si pongo la reductora...

-¡Tranquila, dice! ¡No pasa nada! ¡Y una mierda! ¡Mecagoenelcampo y en los aprendices de boy scout!

Como era de esperar, ni reductora ni nada, el motor emite unos agónicos carraspeos y vuelve al sueño de los justos. ¡Hala, como en las películas, ahora sólo falta que aparezca un tipo con una sierra mecánica!

José trata de contemporizar y, de paso, tranquilizarse a sí mismo:

-Aceptemos la realidad y no saquemos las cosas de quicio: Nos hemos perdido, se ha terminado el gasoil y la batería del móvil.

-Y está lloviendo a cántaros –puntualiza la chica.

-Sí, está lloviendo. Podemos quedarnos aquí toda la noche, tengo mantas, y esperar la luz del día. Y también tengo chubasqueros y botas...

-¿Tenías previsto rematar la excursión con una jornada de pesca? –interrumpe sarcástica Pilar.

-Si amaina un poco –sigue José, ignorando la pulla-, y si te apetece, podemos salir y acercarnos a la masía. No debe estar lejos. ¿Ves la luz?

-Sí, al final del túnel...

Efectivamente, en medio de la negrura destaca una pálida luz, aunque la apreciación del chico peca de optimista, pues es imposible calibrar la distancia que la separa de la pareja.

-Hace rato que tengo pis y ver caer tanta agua no ayuda mucho –dice ella-. Si para un poco saldré, pero ¿no será peligroso? ¿No habrá jabalís, osos, serpientes, ¡qué sé yo!? El campo me da un repelús... ¡Ay, por Dios, qué desastre! ¡Me estoy meando!

-Parece que llueve menos –Mira las gotas a través del foco de luz del coche y en voz queda, casi tímidamente, manifiesta:- Yo también quiero ir al lavabo.

-¡Al lavabo! –Repite ella despectiva- ¡Toma, y yo! Pero ¿Dónde demonios vamos a encontrar un lavabo? Tú lo tienes fácil, pero yo tendré que agacharme, sin ver nada, y con todos esos bichos por ahí... ¡Habrá sapos! ¡Y arañas! ¡Qué horror! Me subirán por las piernas y ¡Aggghs! ¡No quiero ni pensarlo! ¿Qué puedo hacer?

Lo mismo se pregunta él y no porque le den miedo los bichos, bueno, un poco, comprende perfectamente los reparos de Pilar, no es un gran conocedor de la fauna ni de su comportamiento, pero no lo tiene tan fácil como imagina la chica. Si sólo fuera mear... No le apetece comentar detalles que no contribuirán a mejorar su imagen, pero él tiene, desde hace rato, a causa de la tensión y los nervios acumulados, unos terribles retortijones, aviso ineludible de que su depósito, al contrario que el del coche, está lleno y precisa un pronto vaciado. ¿Qué reacción tendrá un jabalí si se topa con un tipo en cuclillas y con los pantalones bajados? Ha oído decir que son agresivos. Desde luego, no le hace ninguna gracia abonar el bosque de forma tan rudimentaria, pero la necesidad aprieta, nunca mejor dicho y sí, parece que está dejando de llover, sólo unas gotitas, habrá que arriesgarse.

-Mira, yo voy a salir –dice José poniéndose el anorac-. Espérame si quieres, no tardaré.

-¡No! ¡Espera! No me dejes sola. Ya te he dicho que me estoy meando.

-Si dejamos los faros encendidos agotaremos la batería –Comenta pensativo el hombre, antes de cerrar la puerta. Los apaga y las tinieblas lo envuelven todo. La mujer chilla.

-¡Enciende eso! ¿Para qué quieres la batería si no tenemos gasoil?

Obedece y los vuelve a encender. No hay más remedio. De lo contrario no pueden dar un paso. Pilar está tan asustada que no se atreve a separarse del vehículo, se apoya en él como un pollito buscando el reconfortante calor de la madre. José, apurado, comienza a andar en busca de la intimidad precisa para su cometido, cuestión de alejarse lo indispensable del haz de luz, encontrar un buen árbol y parapetarse tras él emboscado en los abundantes matojos.

-¿Adónde vas? –Vuelve a gritar la chica-. No quiero quedarme sola. ¡Ven!

-Vuelvo enseguida. –Contesta sin dejar de andar, no tiene el cuerpo para parlamentos.

El miedo propicia extrañas reacciones. Pilar pensaba orinar allí mismo, total, no hay nadie que pueda verla y, en cambio, ella sí puede distinguir el menor movimiento en la broza alertándola de la presencia de algún reptil. Esperaba que el chico hiciera otro tanto en el lado opuesto del coche, pero ante su súbito alejamiento, olvidando el propósito inicial y sus fundados recelos, ha salido disparada en pos del explorador, en cuatro zancadas le ha dado alcance y también ha dado al traste con las esperanzas de una defecación inminente y privada.

No hay más remedio, pues, que dar una explicación si quiere que Pilar suelte el brazo al que se aferra cual tabla de salvación. Con tacto y excesivos circunloquios refiere su necesidad: Que por favor, sólo será un momento; es que… tengo que hacer algo más que pis, ¿entiendes? Que tengo un menester… Algo que nadie puede hacer por mí. ¡Que me estoy cagando, vamos! Entonces, como si el espíritu del bosque quisiera remarcar la evidencia, al dar un paso, en lugar del razonable crujido de las ramas, el bochornoso e inconfundible sonido de una ventosidad acentúa sus palabras. La primera, perfectamente audible, es ignorada educadamente, pero la segunda, coincidiendo también con una zancada, hace que ambos se paren en seco. Él, mirando en todas direcciones, más extrañado que avergonzado; ella, mirándole a él, escandalizada.

-Bueno, chico, contente –dice Pilar, apartándose.

-Pero si yo no...

Y al dar otro paso, un cuesco fenomenal atruena el bosque. Otro paso, otra resonante flatulencia. Otro, y la vibración sacude las hojas de los árboles. José corre ofuscado hacia la penumbra acompañado de una clamorosa secuencia de pedorretas variadas.

Como artista ovacionado abandonando el escenario, una vez sale fuera del foco de luz, vuelve la calma. Desde su rincón oscuro puede ver a Pilar de pie, indecisa, y adivinar su gesto adusto, su mueca de profundo desagrado. ¿Cómo ha podido ocurrir? ¿Qué broma o, lo que es peor, qué bromista...? Porque él no ha sido, ¡Por Dios, ¿Cómo iba él ...?! ¿O sí? Su vientre se contrae y lo imperioso de la necesidad hace que deje las preguntas para más tarde. Aprovechando la invisibilidad de su aislamiento, empieza a bajarse los pantalones. Está en cuclillas, a punto para soltar la primera carga cuando el chillido de la mujer le paraliza. Mira pero no ve nada. Pilar le llama a gritos, desesperada, y él comprende el motivo evidente de su crispación: se han apagado las luces. El vehículo que les iluminaba, su último amparo, se ha extinguido como otrora lo hizo el teléfono. Interrumpido su cometido, haciendo un esfuerzo para calmarse, trata de hacerse oír. Quizás, piensa, si consigue dominar la situación, recupere también el respeto de su compañera. Afortunadamente, ésta no puede verle, pues la imagen de José, de pie, con los pantalones en los tobillos, bramando estúpidas consignas para serenarse, no es la más adecuada para que una dama confíe en el caballero que va a sacarla del laberinto. Están tan nerviosos que no consiguen establecer un código auditivo: ambos gritan a la vez, sin que uno entienda al otro y, a continuación, agotados, callan al mismo tiempo. El silencio espectral hace que reanuden sus llamadas “¡Joséeee! ¡Pilaaaaar!” Como si fuera el inicio de un villancico. ¡"No te muevas!” Ha conseguido escuchar ella entre el fuego cruzado de contraseñas. “No te muevas del sitio o te perderás, ya voy yo hacia ti” Olvidando momentáneamente su precaria indumentaria, al dar el primer paso se traba el chico con sus pantalones y va de bruces al suelo. Se estremece y se revuelve con el tacto frío y húmedo de la maleza.

-¡Joséeeee! ¿Dónde estás? ¡Joséeeee, por favor! -solloza la mujer en algún lugar del bosque.

-Tranquila Pilar, ya voy. Me he caído pero... -No me he hecho nada, iba a añadir, cuando el tacto inconfundible pero invisible de una cálida mano acariciando sus nalgas le hace callar preso del pánico- ¿Qué? ¿Quién? ¿Qué pasa? –Gira y bracea en la oscuridad, arañándose con algunas ramas.

-¡Joséeeee! ¿Qué haces?

“¡Subirme los pantalones! Subirme cuanto antes los malditos pantalones, eso es lo que debo hacer”, piensa José, olvidado ya, con tanto ajetreo, el motivo inicial de la bajada. Ha conseguido arrodillarse y busca frenético el cinturón enrollado en las piernas. Lo encuentra, intenta ponerse en pie pero vuelve trastabillar y cae sentado. Está tan liado, física y emocionalmente, que considera lo mejor empezar por el principio, es decir, quitarse los pantalones, que se han ovillado en sus piernas y, una vez destrincada la madeja, volvérselos a poner. Tranquiliza por enésima vez a Pilar, quién a estas alturas, lejos de estar tranquila está además convencida de que todos sus problemas son fruto de la ingente estupidez de su compañero, a quien considera un gafe y un patoso temerario. Por tanto, haciendo acopio de valor, decide prescindir de él y encaminarse hacia la luz de la casita que, una vez acostumbrada a la oscuridad y gracias a la tajada de luna que aparece intermitente entre nubarrones, no parece tan lejana. Dice: “Voy hacia la casa, ya vendrás” y sin esperar respuesta, escudriñando el suelo, agradeciendo la inestimable protección de sus gruesas botas, con los brazos extendidos como una sonámbula para apartar ramas y siniestras aves nocturnas, se pone en marcha.

Él sólo ha oído “...casa, vendrás”. Da igual, al menos ha dejado de azorarle con su miedo infantil. Tiene el culo frío y no se permite pensar sobre qué puede estar sentado, pero se ha quitado las botas y también los pantalones con las perneras enroscadas en los calzoncillos como anguilas. Normal que se enredase, si al tacto aprecia que las dos prendas parecen un destornillador. Después de varias vueltas las enarbola triunfante, listas para ser de nuevo ocupadas. Y entonces, justo cuando iba a ponérselas y las sujetaba con ambas manos confiado, le son arrebatadas por una fuerza incorpórea, un zarpazo o un soplo de aire. De nuevo manotea, se levanta, da vueltas sobre sí mismo escrutando la maleza y grita “¡Pilar!” “¡No estoy para bromas!” Porque tiene que ser ella, ¿Quién si no? Se está pitorreando, la muy ladina. “¿Dónde estás? ¡Dame los pantalones!” Pilar no responde ni le oye. Pilar avanza cautelosamente, aprovechando la luz que se cuela por los resquicios de las nubes. José busca en vano, tanteando cual gallinita ciega la presencia de su compañera o la procelosa rama en la que tal vez se han enganchado sus ropas. Juraría haber oído una risita, una risita de conejil, a ras de tierra, pero los conejos no ríen. La luna se oculta de nuevo, juguetona, y deja a nuestros amigos otra vez en tinieblas. Tiene frío pero ve imposible, con semejante oscuridad, encontrar su vestimenta, si es que la ha perdido. Vuelve a llamar a su compañera, por la fuerza de la costumbre, sin esperar respuesta. Pensando en el penoso aspecto que ofrece, se quita el anorac y se lo ata a la cintura, cubriendo de esta manera el trasero y, vislumbrando entre ramas la titilante lucecita de la masía, avanza también en esa dirección. Afortunadamente ha conservado sus botas y puede triscar a gusto, aunque las zarzas y otras lindezas campestres le arañan inmisericordes las pantorrillas. Levantando excesivamente los pies para evitar las desolladuras, no tarda en tropezar y caer de nuevo. Tras la conmoción inicial, cuerpo a tierra, percibe con nitidez el inequívoco ruidito de un ser moviéndose cerca. Se levanta aterrado y con tal ímpetu, que una rama le golpea la frente y le tira de rebote en la hojarasca. Unos graznidos lejanos retruenan en el bosque y son contestados por un lastimero aullido. Por si fuera poco, la maleza a su alrededor rebulle como removida por cientos de reptiles y se oyen siseos y risitas, silbidos y gorgoteos. Se lleva las manos a la cabeza, aturdido por el golpe y paralizado por el miedo. El aleteo de un ave nocturna le lleva a creer que es un vampiro atraído por la sangre que mana de la herida que la caída le ha producido en la sien. Vuelve a gritar (¡Qué pesado!) el nombre de Pilar, deseando convencerse de que es ella la causante de los extraños fenómenos y por eso no contesta a sus llamadas, parecía tener mucho miedo al principio, pero quizás fingía, las mujeres son en eso grandes expertas.

Con la adjudicación de los inexplicables fenómenos a su pérfida compañera, José asegura el nudo de su anorac y reemprende la marcha más tranquilo, pensando en la forma de seguirle el juego y darle un buen susto a la chica, que no debe andar muy lejos.

Efectivamente, o ella es la reina del camuflaje o ahora sí se ha enganchado en una rama, pues a los pocos pasos, el rudimentario taparrabos le ha sido arrebatado como antes los pantalones. Esta vez no dice nada, sólo maldice en voz baja, “¡Ya me las pagarás, zorra!” Un obstáculo. “¿Qué es eso que me impide el paso?” Avanza el pie y toca. Mira. Es el tronco de un árbol caído o talado. Puede pasar por encima y está en ello, a horcajadas, cuando es agredido en la retaguardia con un sonoro cachete. Más risitas, el ruido de pies que se alejan y un fuerte crujido, como si un gran bulto chocase contra un árbol, seguido de un llanto infantil que se pierde paulatinamente en lontananza. “¡Hombre, parece que se ha la pegado!” piensa José satisfecho. “¡Me alegro! Aunque... quizás se ha hecho daño. ¿La llamo? ¡Bah, ya he hecho bastante el primo! Si quiere seguir con su estúpido juego, allá ella. Aún se perderá”.

El frío le aguijonea y le recuerda su ridículo aspecto, por ello barrunta que si Pilar se extravía no podrá él recuperar sus ropas y ¿cómo va a presentarse en plena noche a unos masoveros con las vergüenzas al aire? Pensarán que es un loco exhibicionista y le azuzarán los perros o le coserán a perdigones. Maldice la inconsciencia de la chica y su particular sentido del humor pero comprende que no tiene más remedio que llamarla, buscarla y convencerla del peligro que comporta su imprudente e impertinente jueguecito. Empieza, pues, a dar voces.

Paralelamente, Pilar sigue su objetivo ajena a las responsabilidades que le otorga su compañero y ha recorrido ya una cierta distancia, la suficiente para que las conminaciones de éste le lleguen como un eco a través de los árboles. Ha encontrado un paso desbrozado que le permite avanzar con cierta soltura y que, sin duda, es la senda que conduce a la masía. “¿Qué demonios querrá este pesado?” Se dice sin detenerse. “¡Ya me alcanzará y, si no, que le zurzan!” Oye un crujido. “¿José?” pregunta escrutando a su izquierda. “José, ¿Dónde estás?”, repite más alarmada. Distingue un bulto que se mueve torpemente entre los árboles a pocos metros y paralelamente a ella. Farfulla algo incomprensible, como una letanía quejumbrosa, ajeno a su presencia y gesticulando. Está asustada y no osa moverse ni hablar, porque la sombra que ahora se perfila como un ser bajito y rechoncho no puede ser su compañero y tiene un halo irreal, le recuerda al enanito cascarrabias de los cuentos infantiles. Ahora el tipo se ha parado y callado, alertado sin duda por un grito lastimero que pone los pelos de punta a Pilar, un alarido entre humano y animal, entrecortado, que termina en un gorgoteo vomitivo. Convocado por el espeluznante graznido, el pequeñajo se ha puesto en marcha a toda prisa, dando unos saltitos grotescos acompañados de resoplidos e interjecciones. Pilar no sabe qué hacer. Desearía estar cerca de José, pero no se atreve a llamarle. El recién descubierto habitante del bosque le da muy mala espina y, si es el dueño de la masía, prefiere volver al coche antes que pasar lo que queda de noche en tan extraña compañía, pero ¿Por dónde? Si no distingue apenas nada y posiblemente ha estado andando en círculos. La única referencia es la luz de la casucha y confía en que su amigo también se dirija a ella. Sí, es lo único que puede hacer. Conforme se acerque tendrá más visibilidad y cuando esté con José se sentirá más reconfortada. Da unos pasos lentos, más por irresolución que por las dificultades del terreno y se fija, ahora que la luna está casi libre de nubes, en que hay una valla metálica a su derecha. Se acerca. La toca. Dos ascuas despuntan en la oscuridad al otro lado y se acercan a toda prisa. En un instante, una exhalación en forma de perro, grande, negro y mudo, incrusta sus fauces en la verja y expele su fétido aliento en la cara de Pilar, que recula horrorizada. El animal gruñe quedamente, muestra sus dientes, afilados e impresionantes, pero no emite ningún ladrido. Erizada como un gato, Pilar agradece la protección salvadora que la separa de la fiera, pero aún así se aparta todo lo que puede. Toma aire para darse ánimos y lo suelta aliviada al comprobar que, tal cual había venido, el animal ha desaparecido tragado por las tinieblas, pero apenas ha andado unos metros cuando un resuello a sus espaldas la paraliza. Antes de volverse ya sabe lo que va a encontrarse, pero no por ello el impacto es menor. El fantasmal mastín napolitano que ha atravesado la valla como por ensalmo, babea y la mira inescrutable a dos pasos de distancia. Cuando la mujer cree que va a ser devorada, el monstruo se aleja ágilmente como si ella no existiera, a pesar de que, extenuada con los últimos sobresaltos, Pilar cede a la histeria y empieza a llorar y chillar como una demente. Las lagrimas le impiden ver al nuevo visitante que se acerca con la cabeza ladeada por la curiosidad: un hombretón fornido y rubicundo, calzado con botas de goma por encima de las perneras de un pijama estampado con ositos y un incongruente batín acolchado que apenas cubre su voluminoso vientre. Cuando llega a su lado, le da unos toquecitos en el hombro. Pilar, desencajada, da un respingo y un grito. Se restriega los ojos, mira de abajo a arriba al tipo que permanece impasible y obsequioso, como un criado que espera recibir órdenes y le pregunta, entre hipidos, quién es. El interpelado asiente con la cabeza, mueve la boca sin decir palabra, como si hiciera un ejercicio de distensión, y sonríe mostrando una dentadura lamentable. Hace un extraño gesto con las manos y da un paso en dirección a la chica, quien hace otro tanto hacia atrás, para repeler la aproximación. El individuo redobla sus gestos y sus muecas, como poseído por una angustia interior e intenta alcanzar a la chica que al ver semejante despliegue gestual ha empezado a gritar de nuevo y a correr horrorizada, sin importarle las rasgaduras y enganchones, ni volverse para comprobar que nadie la perseguía, puesto que al ver su espanto, el mimo se ha limitado a encogerse de hombros, ajustarse el batín y volver sobre sus pasos.

Sin resuello, Pilar ha llegado a la explanada donde se encuentra la quimérica casita. Jadeando se sienta en el poyo y no tiene tiempo de preguntarse por su compañero cuando éste aparece corriendo desenfrenado, tropezando y mirando hacia atrás. Con las partes pudendas balanceándose al fresco.

-¡Una bestia, un monstruo...! -Balbucea entrecortadamente conforme se acerca a la chica, sin dejar de mirar hacia el bosque- ¡Llama a la puerta! ¡Deprisa! ¡Tienen que abrirnos antes de que llegue! -Conmina con aspavientos vehementes.

Pilar no puede apartar los ojos de la mitad inferior del chico, fascinada. Está como ida y no reacciona. Viendo su pasmo, él se cubre un instante con las manos, pero considerando el pudor un lujo superfluo en tan desesperadas circunstancias, las usa para aporrear la puerta con puñetazos pugilísticos.

-¡Abran, abran, por favor! –Se dirige a Pilar- ¡Tienen que abrirnos, me persigue un perro enorme!

En lugar del can referido, sale del bosque un individuo bajito que se impele al andar para alcanzar el ritmo que las prisas de José convocan y que sus cortas piernas le niegan. Instando al silencio conforme se acerca, al llegar se pone en jarras ante los dos intrusos, bufando iracundo y mirando descarada y reprobadoramente la desnudez de José, que vuelve a taparse como puede.

-¿Quiénes son ustedes? ¿Qué hacen aquí? –Su voz es aguda y malhumorada- ¡Cochinadas, naturalmente! ¡Sinvergüenza! ¡Gamberros! ¡No respetan nada! Esto es una propiedad particular. ¡Váyanse a hacer sus guarradas a otra parte! –Está rojo como un pimiento y señala con el brazo extendido la salida cual ángel expulsando a Adán y Eva del paraíso.

-¡Oiga, no es lo que parece...! –Aduce estúpidamente José-. Nosotros hemos tenido un percance y...

-¡Muy poca vergüenza es lo que tienen! ¡Vístase y váyanse, antes de que les vean ellos!

Pilar le da un tirón al jersey. “Vámonos, no compliquemos más las cosas”, quiere decir, pero José no está dispuesto a enfrentarse de nuevo a las fauces del cancerbero, doblemente desprotegido por su desnudez, con su virilidad cual vianda expuesta en un bufet libre para la fiera canina.

-Pero es que hay un perro...

Efectivamente, subrayando sus palabras, el animal aludido sale de la maleza con el anorac de José en la boca. A mitad del claro se detiene, ladea la cabeza, escuchando, y atendiendo una llamada inaudible, echa a correr y se interna de nuevo en el bosque, sin soltar su presa.

-Es Jacinto –dice lacónicamente el hombrecillo-. Un buen perro. No hace nada.

-¡Pero se ha llevado mi anorac! –replica José viendo esfumarse la posibilidad de recuperar su prenda y la coartada para justificar su decencia.

-Si no hubiera ido desnudándose por ahí... ¿No querrá echarle la culpa al perro, verdad? ¿Acaso le ha quitado él los pantalones? ¡Animalito! ¡Es como un hijo para Eusebio! No sé qué haría sin él –Y recuperando el tono autoritario- ¡Venga, largo, váyanse! Ya está amaneciendo. No quiero que ellos les vean así, cualquier incidente los altera.

-¿Quién es Eusebio? –interviene por primera vez Pilar.

El hombrecillo la mira, como si reparara ahora en ella y, condescendiente, se aviene a una somera explicación:

-Es el guarda y dueño del perro. Un buen hombre. Sordomudo de nacimiento. Recogió a Jacinto cuando era un cachorro y algún desalmado de los que se pierden por aquí –mira por el rabillo del ojo a José- lo abandonó. Desde entonces son inseparables y el animal, bien por solidaridad o bien porque ha vivido siempre en silencio, no sabe ladrar. Eusebio lo llama con un silbato inaudible para el resto de los oídos.

-¿Y no podrían devolverme mi ropa? –aventura José esperanzado.

-Oiga, perdone, pero ¿podría decirme dónde estamos? –pregunta Pilar con toda la amabilidad del mundo.

-Están ustedes en “El paraíso perdido”, granja alternativa de integración e innovación terapéutica –recita solemnemente el anfitrión.

A José se le escapa un “¡Coño!” merecedor de una mirada increpadora por parte del orgulloso hombrecito. Pilar, muy seria, asiente e inquiere con interés:

-¿Drogadictos?

-No señora. Disminuidos psíquicos. Reciclamos papel y con él confeccionamos objetos de adorno o escritorio –Sacando pecho y levantando la barbilla, de corrido-: Una interesante y satisfactoria labor para la integración social de personas discapacitadas que ha merecido y merece el reconocimiento y admiración de todos los estamentos médicos, administrativos y sociales. Comprenderán que no pueden profanar con su irresponsable e indecorosa conducta este reducto de paz. Cualquier minucia fortuita puede alterar el frágil equilibrio que tanto nos cuesta alcanzar. Precisamente esta noche, dos de ellos, han abandonado su pabellón y he tenido que ir a buscarles al bosque. Uno ha tropezado y se ha roto la nariz. El otro, al ver la sangre, se ha desquiciado. ¡Espero que no hayan contemplado su denigrante espectáculo de fornicación! ¡Estaban realmente fuera de sí cuando los he encontrado! ¡Son como niños! Se asustan con cualquier cosa. Ahora debo ocuparme de ellos. Sigan el sendero y llegarán a la carretera.

-¿No podría utilizar el baño? –Pide humildemente Pilar, con la vejiga a punto de reventar.

-Lo siento. No puede. Su presencia produciría alteraciones imprevisibles, inconvenientes y, por tanto, desaconsejables. Pero el bosque es grande... Usted misma. ¡Adiós!

-Adiós.

Enfilan ambos el sendero, perfectamente perfilado con las primeras luces del día.

-Como pille yo al subnormal que me ha quitado los pantalones...

Pilar mira la grotesca estampa de su compañero.

-¿Qué manera es esta de hablar? ¡Cómo te oiga el pequeño gran hombre de la moderna psiquiatría! ¡Ja, ja, ja...! ¡Qué pinta tienes! ¡Ay, que me meo! ¡Ay que me meo de risa!

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