'Resident evil' en el Aneto: "La Invitación" por Alberto Diaz Rueda





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Bueno, llegó la hora. La moda catártica y semiadolescedraculante de los vampiros ha contagiado a algún escritor español. He leído algún relato y hojeado alguna novela de ese singular género sin llegar a prender en el tema, hasta que atraído por su portada y por la personalidad del autor, he respondido, muy atrevido, a la invitación de la "Invitación" una novela con vocación de best seller que ha escrito un interesante tipo, Kim Densalat. No gusto de la moda vampírica y me quedé en el "Drácula" de Bram Stoker, "Nosferatu" o "Carmilla" de Sheridan Le Fanu o el "Soy leyenda" de Matterson, que ya forman parte del imaginario literario de nuestra época. Pero a la sangrienta fiebre de sagas de Anne Rice y sus "Crónicas vampíricas" o las de la Meyer y Claudia Gray "Crespúsculo" y Medianoche", respectivamente, ya no he respondido por falta de interés. Quizá lo único que me fascina de todo esto es la coincidencia (¿) de que las principales autoras sean mujeres. Y mi preferencia por ese cóctel asombroso que se llama "Bloody Mary" (sangrienta Maria) ¿Por qué será?

Pero volvamos a Densalat cuyo listón referencial en el género es muy alto como vemos. Sin embargo hay un punto importante a su favor: la personalidad, un tanto fáustica del autor, no en la acepción de Spengler como hombre creador de la técnica y hacedor de un orden nuevo, sino en el aspecto mítico del término, tal como lo esbozaba Goethe en "Fausto". Apunte: quizá Densalat debería plantearse su propia vida como materia literaria.

El autor juega en su novela a la seducción. Para ello imagina una trama endemoniada (nunca mejor dicho) y trepidante en la que están involucradas la CIA y el Vaticano por el lado "humano" y las distintas familias vampíricas por el lado del mal, dirigidos por una especie de Jano esquizoide que va deambulando de una personalidad a otra para cumplir sus objetivos de poder y sus deseos sexuales. Ese personaje "Dragone" (Densalat sabe que Drácula significa Dragón) tiene su guarida en un castillo en el Pirineo (qué lujos) situado en unos Montes Malditos (quizá los de Tor en el Pallars, aunque por su envergadura y aspecto yo apunto mejor al Pico Maldito -3.350 m.- muy cerca del Aneto y el Maladeta). La acción se desarrolla principalmente en Roma y en otros lugares episódicamente, aunque la sombra del tenebroso castillo enquistado en los Pirineos queda como una amenaza latente, donde los supervivientes de la colosal lucha entre humanos poderosos y vampiros, preparan el "asalto a la eternidad".

La narración de los hechos, aunque bastante predecible, tiene la virtud de mantener vivo el virus del interés en el lector (no en vano, uno de los príncipes de los vampiros Nosferatu, en griego significa portador de enfermedad). Son dos mujeres, una científica representante del factor humano y una vampira negra, dotadas ambas de una sexualidad poderosa, las narradoras. Y como contrapunto un agente de la CIA especializado en Asuntos No Clasificables.

 

Si usted ha seguido las sagas crepusculares y vampíricas o las hecatombres sangrientas de la serie cinematográfica "Resident Evil", Kim Densalat le atraerá. Su novela tiene todos los defectos, reiteraciones y tópicos del género, pero también un cierto nervio, una energía interna, que la hace sugestiva.

 
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