Matarraña Literario
dijous, 3 de novembre de 2011 | Comentaris
UN CUENTO DE PATRICIO JULVE*
Patricio Julve no creía en fantasmas. Como fotógrafo tampoco le interesaban los castillos, tal vez porque esa labor de encerrarlos en un objetivo la había realizado siempre su maestro Juan Mora Insa. Pero con Loarre, fallecido aquel prodigioso documentalista hacía una década exactamente, creyó que bien podría rendirle un homenaje. Aunque eso, en realidad, lo pensó luego: exactamente cuando el canónigo y archivero Antonio Durán Gudiol le anunció que preparaba “una biografía del castillo”. Añadió aquel hombre menudo, al que conocían en Huesca como “el cura rojo”: “¿Y cómo hablar de un castillo sin las fotos?”. Patricio Julve aceptó la indirecta como una invitación y como un desafío. Nunca se había sentido cómodo ante el lienzo de una pared, repintado por el tiempo y el vaivén de las estaciones. Nunca había tenido sensibilidad para singularizar una mole de torres, un mirador ojival que se abre a un horizonte cristalino, un oratorio íntimo frecuentado por reinas y señores. Ni siquiera se sentía llamado por esa instantánea general y evocadora de una arquitectura majestuosa que escala y recorta el aire invisible, cosida al armazón de los peñascos.
Ya en su estudio de Murallas Romanas, creyó que debía reflexionar acerca de la conveniencia de un proyecto que podía resultar, más que nada, una aventura descabellada. Al fin y al cabo era cojo, y el terreno escarpado y abrupto no facilitaría sus movimientos. Además, el castillo tenía varios desniveles, e iba a exigirle dinamismo, variedad de perspectivas y un poco de osadía física. Buscó en su archivo, donde tenía algunos positivos del maestro, y contempló las cuatro vistas del castillo: tres exteriores y una interior. Las exteriores habían sido fotografiadas desde el llano, desde la explanada de acceso, y desde el fondo de la serranía, con lo cual el castillo parecía un minúsculo mirador de vértigo que penetraba en una región de nubes. Se trataba, sin duda, de la foto más artística de todas. Y la del interior era una toma poco imaginativa, marcada por la confusión de los elementos y quizá por una mala posición del fotógrafo. Dedujo que el maestro Mora Insa, en vísperas de su adiós del mundo en 1969, no le había regalado las mejores piezas de un reportaje de 40 positivos reconocidos y catalogados....
*Este texto sobre Patricio Julve (el fotógrafo que nació en el libro "El testamento de amor de Patricio Julve" (Destino, 1995 y 2000) ha sido incluido en el volumen colectivo "Historias de Loarre" (March), en el que participan Ismael Grasa, Carlos Castán, Ana María Navales, Amadeo Cobas, Ramón Acín, Félix Romeo, Cristina Grande, Damián Torrijos y Óscar Sipán, que ha sido el coordinador y antólogo del volumen.
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