UN SABIO NO TIENE IDEAS





Alberto Díaz comenta: un libro valioso difícil de encontrar. Los de la comarca pídan a Serret que lo busque, a los demás lectores que prueben por doquier. Vale la pena.
Magnífico y esclarecedor libro de François Julien, filósofo y sinólogo francés de consolidado prestigio entre los especialistas en la cultura tradicional china, que presenta un revolucionario trabajo sobre las diferencias entre la filosofía y la sabiduría. En el libro de Renée Weber,"Diálogos con científicos y sabios" (La liebre de marzo) hallé una frase que podría compendiar el sentido definitivo del magnifico libro de Jullien. Dice así: "La filosofía...en su origen...buscaba la estructura profunda de las cosas...objeto que en los últimos siglos se ha convertido en estudio de la ciencia. La física, más próxima a la naturaleza, da la sensación de tratar con la estructura profunda de ésta, aunque años después descubrí que lo que más se aproximaba a ella era el misticismo (la sabiduría esencial), por ser más abstracto y a la vez más interior que la ciencia y obsesionarse mas con la simplicidad y la unidad". Mas tarde cita una frase del físico Nobel Max Plank: " La ciencia no puede resolver el misterio final de la Naturaleza porque, en el último análisis, somos parte de la Naturaleza y por lo tanto parte del misterio que tratamos de descubrir". Jullien, apoyándose en su extenso y profundo conocimiento de la sabiduría (que no filosofía) china nos da en su libro la clave que apunta las citas anteriores: no hay misterios que descubrir, hay que vivir gozosamente en el misterio, formando parte de él, porque no nos compete ni siquiera saber si tratamos con un misterio o con un caos natural y perfecto cuyo orden oculto no nos es dado conocer ni comprender. Por eso el sabio no tiene ideas, no tiene nada que decir de las cosas "ya que decir obstaculiza su proceso regulado (¿les suena a Wittgenstein?) y hay que desconfiar de las ideas porque no solo distancian sino que además, al fijar y codificar el pensamiento, lo vuelven definitivamente parcial y privan a la mente de su disponibilidad creativa...y la alejan del fondo de inmanencia que subyace en todo lo existente". Como decía Wittgenstein, "la idea ya está agotada, ya no vale par nada...es como el papel de plata, que ya no puede alisarse una vez que ha sido arrugado". Evidentemente estamos hablando de sabiduría, no de ciencia o de filosofía. Es decir de algo poco práctico o útil, que no se enseña en la Universidad y que está social y culturalmente devaluado en estos tiempos de voraz tecnología ingobernable. Solo se trata de algo que nos enseña a vivir como seres humanos. Algo pues poco importante que consideramos caduco como frías cenizas del pasado mas remoto. Porque la sabiduría consiste en no privilegiar ninguna idea sobre otra sino en mantenerlas a todas en el mismo plano, todas accesibles, sin que ninguna de ellas, al anteponerse, tape otra o le haga sombra; en definitiva, sin que ninguna quede sobre las demás, no estar en posesión de ninguna, ni prisionero de ella. Y es que cuando un de ellas nos posee en exclusiva todo lo pensable retrocede y ella nos envuelve en un círculo arbitrario que aprisiona nuestra libertad creativa que excluye todo contacto con la riqueza de lo posible. .El punto de vista del sabio concierne a la totalidad. En este punto el amigo Jullien ya ha marcado las diferencias esenciales entre la filosofía, su ambición teórica, empírica y científica, su vocación sistemática, su sueño estructural y la sobriedad y simplicidad estoica de la sabiduría, una actitud, una actividad "sub especie aeternitatis". No interesa aquí entrar en esa brillante separación entre los métodos y objetivos de la filosofía, suficientemente reflejados en la misma historia de la filosofía, ni debemos suponer que Jullien menosprecie en absoluto ese soberbio despliegue de esfuerzos, brillantez y genialidad, sencillamente se nos pone en evidencia la diferencia, el amplio foso que las separa. No ha lugar el debate o la discusión sobre prioridades o diferencia. Ambas cumplen objetivos distintos, aunque al principio parecían ser los mismos (filo-amigo,amante; sophia, sabiduría). La sabiduría es ahistórica, ancestral y arcaica, nutre todas las tradiciones culturales del planeta, se mantiene un modesto rincón popular, detrás de proverbios y consejas del pensamiento, su sola mención despierta cierto sarcasmo valorativo, está al margen de cualquier uso, utilitarismo o academicismo y parece habitar los polvorientos rincones de bibliotecas poco visitadas y los gabinetes de estudio de unos pocos eruditos u orientalistas que hacen un trabajo callado y sin relieve alguno en una sociedad que prima la formación técnica y el progreso tecnológico sobre la educación humanística y los valores y principios de la ética. Como escribe Jullien, "mejor que buscar la verdad, es encontrar la congruencia...el sabio ve por dónde aparece la congruencia, su visión es armónica, en lugar de ver de manera fija, aferrándose a su punto de vista, su posición gira para responder eficazmente a cada situación y en ello encuentra la conformidad y la armonía con lo que es". Y añade: "la sabiduría consiste no en juzgar sino en comprender" (pág. 158). ¿Discutible?¿Revolucionario? ¿Provocador? ¿Difícil de entender bajo los criterios analíticos y pragmáticos de la actual forma de pensar? Sin duda. Sólo les he proporcionado una cata. El melón sigue entero, gustoso y provocador. (Hay más en diariodemimochila.over-blog.es) FICHA UN SABIO NO TIENE IDEAS.- fRaNCOIS jULLIEN. Ed.Siruela.-Trad. A.Helene Suárez. 252 págs
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