Matarraña

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Francisco Javier Aguirre: “Sinfonía del Matarraña es una obra singular y a la vez plural que pretende dinamizar la comarca”: Entrevista en @aragondigital

 www.aragondigital.es/2021/06/02/francisco-javier-aguirre-sinfonia-del-matarrana-es-una-obra-singular-y-a-la-vez-plural-que-pretende-dinamizar-la-comarca/

Aguirre conoció la comarca del Matarraña hace más de cuatro décadas. Fascinado por la zona, ha escrito siete libros sobre ella. El primero, 
Los duendes del Matarraña, que apareció hace 30 años y alcanzó tres ediciones. En esta edición conmemorativa de la primera, se recogen además otros dos libros y los fragmentos de un tercero, bajo el título general de Sinfonía del Matarraña, con la estructura simbólica de una obra musical, por iniciativa del editor. Los duendes del Matarraña y Noches del Matarraña tienen ya su versión catalana, hallándose en ese mismo proceso La dama del Matarraña. En la colección THOT apareció, en 2014, su libro de relatos Cupido en el Matarraña.
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Los lobos cambian el río: Francesc Miralles

Título: Los lobos cambian el río

Autor: Francesc Miralles

Año de publicación: 2021

Nº de páginas: 312

Editorial: Ediciones Obelisco


Francesc Miralles es un escritor barcelonés nacido en 1968 que se ha especializado en los libros de autoayuda, aunque también ha escrito numerosos relatos y novelas. Los lobos cambian el río, un relato autobiográfico que contiene reminiscencias de los libros de autoayuda, es el primer libro suyo que leo.

La obra abarca desde la niñez del autor, hablando al principio de sus padres, hasta sus treinta y pocos años.

Miralles nos habla de su vida como lo que es (la suya y la de cualquiera): una oportunidad de sentir la existencia como un cúmulo de experiencias, y de personas que entran y salen de ellla dejando en nosotros su impronta, de las que se puede aprender aunque resulten ser individuos de los que haya que mantener distancias.

Guardando un gran cariño hacia su madre y cierta desafección hacia su padre, se nos muestra el autor como una persona desorientada que busca su lugar en el mundo con escasa fortuna, sobre todo en sus primeros años de vida. Trabajos desgradables se mezclan con los viajes al extranjero y unos estudios que no acaban de cuajar, hasta que al cabo de mucho tiempo encuentra la motivación de llevarlos a cabo: ser consciente de que se puede cumplir con las expectativas que los demás esperan de uno mismo. Tampoco se muestra Miralles como un galán precisamente. Todo lo contrario: digamos que “no se entera” con las chicas.

Todas las vicisitudes que se narran a lo largo del libro llevan a que el lector pase las páginas con una sonrisa de comprensión en los labios, porque ciertamente no puede evitarse cierto reflejo autor-lector en ellas, y más si el lector pertenece a la misma generación que el autor, pues se coincide en las modas y en la sociedad de las distintas épocas.

En la obra se describen viajes en verdad épicos, como el que lleva a cabo con JR a Grecia. Pero los que marcan de verdad la vida de Miralles son los dos viajes que describe a la guerra de los Balcanes, donde lo vivido y lo visto en ella lo harán volver varias veces posteriormente, una vez acabada la guerra.

En este libro Miralles nos habla de todo. Por motivos de extensión, a veces pasa superficialmente sobre algunos temas que resultan de verdadero interés, como por ejemplo la creación y la creatividad en los individuos. Sobre esto, hay un diálogo en el libro que me ha llamado la atención:

—Para crear, ¿es mejor estar triste o alegre?

—Los dos extremos son buenos —me contestó en una ocasión—, porque nos despiertan emociones profundas. Si estás triste, bajas a los abismos y tienes acceso a una sensibilidad que normalmente está oculta. Y si estás muy alegre, te conectas de forma muy fuerte con la vida. […] Los estados intermedios no favorecen la creatividad.

Este fragmento y lo que sigue me llamó la atención porque hay una enfermedad mental que antes se llamaba psicosis maníaco depresiva y ahora a las personas que la sufren se les llama bipolares. Se caracteriza porque el individuo nunca se halla en un estado emocional intermedio, sino que o bien está exultante y alegre, o bien se encuentra sumido en una profunda depresión. Es una forma de locura que ha afectado a grandes creadores universales, como por ejemplo Virginia Woolf. Quizás la locura o algunas formas de ella están más relacionadas con el creador y el genio de lo que podamos pensar.

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En busca del tiempo perdido. Volumen 2: A la sombra de las muchachas en flor.

 Título: En busca del tiempo perdido. Volumen 2: A la sombra de las muchachas en flor. 

Autor: Marcel Proust

Año de publicación: 1913-1927

Nº de páginas: 3.496

Primera lectura de la obra: 1996

Segunda lectura de la obra: 2003

Tercera lectura de la obra: 2021



Marcel Proust (1871-1922) fue un novelista francés. A pesar de que había autopublicado la miscelánea Los placeres y los días (1896), y que a través del tiempo han ido apareciendo cartas, ensayos, la novela inacabada Jean Santeuil (1952), y otros textos, se puede decir que en realidad es autor de una sola obra, una novela monumental cuya redacción le ocupó gran parte del final de su vida: En busca del tiempo perdido. Esta novela, gigantesca, está dividida en siete libros. No llegó a verla publicada entera en vida, y no cabe duda de que al autor le hubiese gustado pulir la redacción de los tres últimos volúmenes, pero le sobrevino la muerte antes de que lo pudiese llevar a cabo. Pese  a estos contratiempos, la novela está completa y acabada.

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En busca del tiempo perdido. Volumen 1: Por el camino de Swann.

Título: En busca del tiempo perdido. Volumen 1: Por el camino de Swann.

Autor: Marcel Proust

Año de publicación: 1913-1927

Nº de páginas: 3.496

Primera lectura de la obra: 1996

Segunda lectura de la obra: 2003

Tercera lectura de la obra: 2021



Marcel Proust (1871-1922) fue un novelista francés. A pesar de que había autopublicado la miscelánea Los placeres y los días (1896), y que a través del tiempo han ido apareciendo cartas, ensayos, la novela inacabada Jean Santeuil (1952), y otros textos, se puede decir que en realidad es autor de una sola obra, una novela monumental cuya redacción le ocupó gran parte del final de su vida: En busca del tiempo perdido. Esta novela, gigantesca, está dividida en siete libros. No llegó a verla publicada entera en vida, y no cabe duda de que al autor le hubiese gustado pulir la redacción de los tres últimos volúmenes, pero le sobrevino la muerte antes de que lo pudiese llevar a cabo. Pese  a estos contratiempos, la novela está completa y acabada.

El primer libro de la novela se titula Por el camino de Swann.

El Narrador entra en el relato comentando que no puede dormir y que se despierta continuamente. A partir de este momento comienza a evocar su niñez en Combray, niñez cuyo mayor tesoro era el beso buenas noches de su madre.

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La itinerante mano del panadero. - Luis Brenia

 Título: La itinerante mano del panadero

Autor: Luis Brenia

Año de publicación: 2018

Nº de páginas: 104


Luis Brenia (1963), es un escritor indie extremeño leído y reseñado por mí hace poco debido a su relato Verdadero cuento del pastorcillo mentiroso y el lobo (2017). Ahora vuelve a ocupar mi atención con un cuento de muy distinta temática, pero no menos interesante. Este escritor posee en su haber una obra literaria bastante abultada en cuanto a número de títulos, y, debido a su alto promedio de calidad literaria, no cabe duda de que aparecerá nuevamente entre mis reseñados en un futuro.

La itinerante mano del panadero es un cuento que funciona con algunas premisas de ficción que el lector debe aceptar de antemano.

Un Rey ha leído de un gran filósofo que quien sabe gestionar el obrador de una tahona y hacer buen pan está preparado para gobernar el mundo. Partiendo de este concepto sobre quien ha de ser un buen mandatario, dicho Rey hace llamar a uno de sus mejores maestros panaderos, Remigio Escotas Rivas, para que instruya al Principe en el arte de hacer pan. El panadero comenta al Rey que para que eso se pueda llevar a cabo, el Príncipe debe tener la mano derecha de tan excelso obrador del pan, o sea, él mismo. Luego queda referido que el panadero no hizo en serio el comentario, pero el Rey así se lo toma, y le da a aquél la opción de escoger una mano que no tiene por qué ser la del Príncipe. Por fin, toma la mano derecha de un gran escritor, Apolinar Llagaria Hernández. El caso es que el panadero tiene, una vez intercambiadas las manos derechas de los tres protagonistas del cuento, mediante esa mano, la capacidad narrativa del escritor; éste posee una mano principesca que le resultaría útil si se desenvolviese en ese mundo; y el Príncipe, con semejante mano, la del panadero, está preparado para conocer todos los secretos de amasar el pan para que quede perfecto, que a su vez le servirán para un mejor gobierno en su futuro reinado.

Del argumento, ya no explicaré más, pues con los datos vertidos en lo que va de reseña se puede advertir que estamos ante un cuento mágico, con reminiscencias orientales tipo Las mil y una noches. El principal escollo de estos relatos siempre es el de romper el factor de inverosimilitud, ya que es complicado, de buenas a primeras, que el lector considere que porque te trasplanten una mano de alguien que está especializado en alguna tarea en particular, ya se tiene la capacidad de llevar a cabo esa tarea igual que si se fuese el dueño original de dicha mano. Debo decir, en lo que a mí respecta, que, aunque ese factor en un principio me ha parecido renqueante, a medida que el relato avanzaba no he tenido problemas en creer que las cosas son tal y como las cuenta el narrador. En un momento determinado, al encontrarse el escritor, quien tiene problemas de rango mental debido a que no puede escribir como antes de que le usurparan su mano diestra, y el panadero, ahora muy talentoso escribiendo ya que es poseedor de la mano del escritor, le dice éste al escritor: […] y los cuentos siempre han de tener como componente lo extraordinario […]. El panadero, que en ese momento es un gran escritor, hace hincapié en que en el cuento lo imposible puede ser posible, con lo cual el relato se justifica a sí mismo y se inviste de mayor credibilidad ante el lector.

Es un cuento amable, simpático, que acaba como tiene que acabar; muy bien escrito y que por momentos hará las delicias del lector en facetas que son muy poco habituales en cuanto a la literatura se refiere, como por ejemplo que se haga referencia a cómo se ha de hacer el buen pan. El relato, al ser tan breve, no hace hincapié en la psicología de los personajes, pero bien es cierto que los define con mucha claridad, e incluso diría que con desparpajo. Las oraciones largas que nos expone el autor demuestran que hay mucha habilidad y oficio en el arte de escribir, y en absoluto se pierde el lector cuando incursiona en ellas, ya que son claras y transparentes, sin alambicamientos innecesarios.

A cualquier persona que tenga poco tiempo para leer, pero sienta ganas de pasar un buen rato con ello, le va a servir este cuento, de modo inexcusable, para incursionar en el campo de la narrativa de ficción. Lo mejor de todo es que cualquiera que lo haga dará vuelta a la última página del libro con una sonrisa en su rostro. Creo que con esto está todo dicho.





Pedro Carbonell Castillero

23/09/2020


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