Matarraña

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Sardinas a la papillote por Alberto Diaz Rueda

 

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Apenas había el fantasma de las Navidades futuras abandonado nuestra sala de estar, en Torre del Compte, cuando ya las campanas del viejo reloj del salón, con su maquinaria vetusta, que sigue su ritmo ocasionalmente pero mantiene una cristalina diafanidad en sus campanadas de carillón, dieron las nueve de la noche. ¿Qué es lo que nos depara la cocina y la suerte? le pregunta uno a su mujer, mencionando el cercano festejo de la nochevieja, cuando los espíritus del año que vence su tiempo dan la bienvenida a los energéticos jóvenes del venidero. Sardinas a la papillote, dice ella y nos sumerge en la sorpresa y las expectativas. ¿Mande? ¿Sabes los que es una papillote?, pregunta la dama. Uno se mosquea por la suposición de ignorancia gastronómica, pero contesta educadamente que conoce la papilllote pero no la habia visto asociada nunca a las sardinas. "Es un manjar muy delicado que viene pintiparado para estas fiestas de excesos alimenticios", me aclara la siempre razonable Anna. "Te reconcilia con tu estómago, es sabroso y comerás las sardinas libres de excesos de olores y con la textura del pescado sutilmente perfumada con cilantro y limón". La cosa prometía. Rodorico, el joven rey de los bayas de cuatrocientos años mal contados, que es nuestro invitado, se relame y pregunta, con tacto, si habrá suficientes para todos habida cuenta de que la gente de su raza suelen tener apetitos sorprendentes. "Por supuesto, majestad, tenemos bastante para los tres. Alberto también tiene buen diente".

Nos sentamos Rodorico y yo cabe la chimenea, pongo la séptima de Beethoven en el tocadiscos y reanudamos nuestra larga e inacabable charla sobre su pueblo. El monarca se muestra interesado por mi libro sobre el mundo baya, que descubrí en el Matarraña hace un año justo en estos días, y se queja de que llevamos un gran retraso sobre su feliz término. "Señor, el libro de los bayas es muy laborioso, no sólo porque los datos y detalles los recibo a cuentagotas, cada vez que alguno de sus súbditos se digna hacerse visible para mí y aún más, condesciende a hablar conmigo, sino porque mis otras actividades y trabajos tampoco me dejan mucho tiempo disponible. Quiero que este libro sea un éxito y debemos dedicarle más tiempo. Azulete y Bermellón, se me han aparecido un par de veces en mis correrías por el Salt de La Portellada  o los aledaños de  Peña Galera, pero necesito más encuentros. Sus súbditos son remisos a esos encuentros. Y no siempre estan de buen humor". El rey bizqueó un poco, se aclaró la garganta, escupió con tino sobre el fuego y me aclaró: "La verdad es que no estamos muy seguros, mis súbditos y yo, en hacer pública nuestra presencia. hace siglos que convivimos anónima y ocultamente aquí en estas viejas tierras del Bajo Aragón, entre vosotros, los humanos, y aunque nos apetece salir de ese silencio, no estamos seguros de que conocer nuestra existencia ayude a resolver el problema". "No se trata de resolver nada, hay demasiadas variables en esta difícil situación. Se trata de hacer consciente a todos de vuestra presencia y de su mensaje implícito: hay que salvar la naturaleza, mejorar la existencia de bosques, ríos, montañas, puesto que de todos ellos dependemos en más sentidos de los que marca la economía o los intereses humanos" Rodorico se acaricia la poblada barba rojiza. "La verdad es que no se si ya estamos a tiempo".  Y comienza un largo discurso sobre la contaminación, el corte abusivo de arbolado, el descuido de montes y bosques, los incendios fortuitos y los provocados, el abandono de los campos y los lugares de vivienda del campesinado, el encegamiento de rios y lagos, el envenamiento de aguas subterráneas y pozos, el abuso humano del territorio y su correlativa falta de control, las urbanizaciones excesivas de lugares de gran valor natural, el cambio climático provocado por el hombre, la desaparición continua e irreversible de especies animales y vegetales, el sobrecultivo de algunas zonas y el arrase de otras... Y no sólo en el Matarraña, que podría considerarse aún un cierto oasis en la decadencia general.

Me siento cada vez más triste y casi convencido de que ya estamos en plen deterioro y que no hay forma de echar marcha atrás, cuando aparece Anna enfundada en delantal de cocina y una sonrisa. "Sopa de cebolla y sardinas en papillote, señores preparen la mesa y pongan copas de champán que hay una botella de "Mumm" brut, esperándonos".

Rodorico se mesa la barba florida que parece incendiada por la luz de la lámpara de pie que tiene junto a él, y pontifica: "deberíamos tratar a la naturaleza como tu mujer cocina las sardinas, a la papillote. Es decir, rodearla de una envoltura de protección y dejarla que se cocine, que se haga, que se desarrolle como manjar espiritual, físico y nutritivo, a su aire, preservando su esencia y su aspecto. No está mal la metáfora, ¿verdad?" El monarca sonríe autocomplacido. Anna y yo nos miramos con una sonrisa en los labios. Rodorico está orgulloso de sí mismo y fiel a su raza inocente y expresiva da un salto sobre sí mismo y de paso derriba la lámpara y aterriza sobre el sofá muerto de risa. 

Con las sardinas a la papillote, el Mumm y las uvas de la suerte el humor de Rodorico se vuelve divertido, bondadoso  y expansivo (a veces, explosivo). Así acojemos el  2011 con esperanza,  a pesar de lo difícil y trabajosa que amenaza ser la labor quijotesca que nos disponemos a llevar a cabo.

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De La Fresneda a Valdeltormo por Alberto Diaz Rueda

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 De La Fresneda a Valdeltormo

IMG_0626.JPGCaminar por estas tierras antiguas es un privilegio, un placer y un permanente descubrimiento. Salimos de buena mañana desde los altos de La Fresneda, la bellísima población del Matarraña. El camino está señalizado como camino vecinal y tiene una larguísima tradición de uso humano y de paso de rebaños y bestias de carga. Sin embargo desde hace décadas está en desuso y uno echa de menos algo más de atención de los que están al cargo oficial de estos senderos y su mantenimiento, ayuntamientos, la Comarca y concejalía de cultura o deportes del gobierno de Aragón, supongo. Esperemos que las autoridades correspondientes se percaten pronto de que mantener la red de senderos en perfecto estado es un plus económico, turistico, depportivo y social de primer orden.

Al poco de abandonar el caserío espectacular de  La Fresneda, pueblo arracimado en las laderas paralelas de dos colinas coronadas de restos arquitectónicos medievales, bajamos hacia la cerretera general de Alcañiz, la cruzamos y comienza el sendero propiamente dicho, junto a unas grandes masías abandonadas y en ruinas que a uno le dan la impresión de malgasto y defectuoso aprovechamiento del lugar, por su belleza y por la fortaleza de los restos, facilmente remozables, pero en fin...

Una subida suave en sendero con restos de adoquinado, posiblemente una calzada medieval e incluso romana o más antigua (a veces, con Anna, comentamos cómo cuidarían los americanos unos restos arqueológicos de tanto valor y belleza o, sin ir más lejos, los catalanes o los vascos). El camino transcurre entre olivos (la fascinación que tenemos hacia esos árboles es constante) con sus nudosos y retorcidos troncos como esculturas y sus ramas cargadas del fruto amargo, negro brillante, que en esta época, comienza  a ser recolectado. A una hora y media más o menos de pacífica y bella andadura (que nos depara vistas magníficas del caserío montaraz de La Fresneda o del apaciguado estar de las casas de La Torre del Compte en torno a la aguja majestuosa de la torre de la Iglesia de san Pedro Mártir) uno se encuentra en un cruce de caminos, junto a la ruina de una hermosa casa de campo –fotografía adjunta–. Allí el caminante debe estar atento ya que si quiere llegar al destino, Valdetormo, debe coger el ramal que recula bajando hacia la gran riera que nos ha acompañado todo el camino. Si se equivoca y sigue la senda más lógica  irá a la estación del tren estrecho que posee el pueblo unos kilómetros más allá. No hay señalización clara. Siguiendo la vereda equivocada uno va, varios kilómetros más, a  la estación abandonada y el trazado de las vías convertidas en una via verde, la de la Val de Zafán, de la que ya hableremos en otro artículo. No obstante, vale la pena ese desvío, no sólo por los parajes imrpesionantes que recorre uno sino por la constatación de un cierto abandono, en este caso reflejado en las laderas de bosques de pino calcinados por un incendio. Ese lamentable espectáculo de ruína y devastación llena de silencio dramático toda una zona que tiene una blleza plácida que enaltece el éspíritu.IMG_0629.JPG

Dejaremos para otra ocasión la llegada y las caracteristicas del pueblo de Valdetormo, a través de un sendero distinto pero paralelo al narrador, el que lleva desde Valjunquera, pueblo al norte de La fresneda hasta Valdetormo. Mañana, dios de la meteorología mediante, saldremos a completar ese recorrido, evitando esta vez la imagen desoladora de los montes quemados, triste en todas partes, pero especialmente dolorosa en estas tierras, a las que ya amamos como si hubiera sido nuestro origen...

 

Ficha: Salida desde las afueras de La Fresneda. Fácil, sin apenas desniveles. Aproximadamente dos horas y media de ida y otras tantas de vuelta, a paso tranquilo y paradas aparte. Se puede hacer en una mañana. Botas de trekking, agua y ropa de abrigo. No tiene dificultades.

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"Falstaff" por Alberto Diaz Rueda

 

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Falstaff

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En "Shakespeare, la invención de lo humano", el crítico Harold Bloom, comenta la enorme humanidad del fanfarrón Falstaff, gordinflón caballero, prepotente y algo ridículo,  demasiado viejo para creerse un galán, arruinado, amoral y cínico pero dotado de ingenio, inteligencia y una capacidad encomiable para soportar las adversidades con una cierta dignidad. Falstaff aparece en las dos partes de Enrique IV (1598) y tuvo tal éxito el corpulento vividor que Shakespeare se vio obligado a volverle a dar vida en una comedia trepidante y llena de melancólica alegría "Las alegres casadas de Windsor".

Pues bien, este es el personaje que el libretista Arrigo Boito perfila para la última ópera que escribiría Giuseppe Verdi, a los ochenta años, tras 54 años de componer: "Falstaff". Estrenada el 9 de febrero de 1893 en la Escala de Milán (y un año exacto después en Madrid), es el más teatral de sus trabajos y se la considera una suerte de testamento artístico de Verdi que aun siendo demasiado poco apreciado por los puristas de la ópera, resulta un fascinante trabajo de arquitectura musical,  con una simplicidad y rítmica belleza que entronca a las mil maravillas con el libreto inspiradísimo de Boito.

La versión dirigida por Fabio Luisi que hemos visto en el Gran Teatro del Liceo, es excelente, gracias sobre todo al enorme (en todos los sentidos) Ambrogio Maestri, dando voz y cuerpo al gran Falstaff, aunque en opinión mía los decorados y el movimiento escénico podrían haber sido más elaborados y ajustados a la fuerza dramática de música y textos. Y así se llega a un soberbio final, con el triste y escéptico recordatorio colectivo de que "todo en el mundo es burla", que nos manda a las Ramblas con una sonrisa melancólica pero complacida.

Las burlas y apalizamientos del pobre sir John, tan convencido de que su apostura le servirá para conquistar a dos hermosas damas casadas de Windsor y asi remediar sus lamentables penurias económicas, se ajusta más o menos a la obra shakesperiana. Aunque el Falstaff verdiano es menos agudo y menos rufián que el del inglés, ambos muestran un fondo humano y una comprensión de la vida, cínica pero también generosa que hacen simpático al excesivo personaje y sobre todo lo convierten en uno de los símbolos de lo humano del que habla Bloom.

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El carácter de "teatro musical" de esta obra, obliga a que uno deba sentarse cerca del escenario si pretende gozar totalmente de ella. Los de los últimos pisos, sin prismáticos, gozan la mitad (quizá de ahí venga el poco amor que los "óperamaniacos" sienten por Falstaff).  Tampoco los amantes incondicionales de Shaskespeare y sus personajes se sentirán muy felices con el fanfarrón un poco absurdo de Verdi y echarán de menos al compañero del principe Hal con su poco reverente alegría y su osada presunción, pero también su reducción a ser humano sufriente por el amor a un amigo que será rey. Aunque incluso a estos les sabrá a gloria ver al Falstaff verdiano volverse auténtico cuando canta aquello de que "el honor es una palabra y la palabra sólo es aire que vuela" o, en la conclusión de la obra, cuando espeta al público: "todo en este mundo es burla". A uno le parece estar viendo al gran Giuseppe, ya al final de su vida, sonriendo con escepticismo y sabiduría mientras regala a la música esa frase lapidaria para cerrar con ese coro una de las más ricas trayectorias operísticas de la historia del género.

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POETAP: LOS VERSOS DE MARIO BENEDETTI Y OLIVIER HERRERA INTRODUCEN EL 2011

El poema “Desde los afectos” de M. Benedetti, y los deseos de amor y vida, paz y libertad, solidaridad y democracia, salud y república son el equipaje necesario para comenzar la andadura de 2011.

 

DESDE LOS AFECTOS

Mario Benedetti

 

¿Cómo hacerte saber que siempre hay tiempo?
Que uno sólo tiene que buscarlo y dárselo.
Que nadie establece normas salvo la vida.
Que la vida sin ciertas normas pierde forma.
Que la forma no se pierde con abrirnos.
Que abrirnos no es amar indiscriminadamente.
Que no está prohibido amar.
Que también se puede odiar.
Que el odio y el amor son afectos.
Que la agresión porque sí, hiere mucho.
Que las heridas se cierran.
Que las puertas no deben cerrarse.
Que la mayor puerta es el afecto.
Que los afectos nos definen.
Que definirse no es remar contra la corriente.
Que no cuanto más fuerte se hace el trazo más se dibuja.
Que buscar un equilibrio no implica ser tibio.
Que negar palabras implica abrir distancias.
Que encontrarse es muy hermoso.
Que el sexo forma parte de lo hermoso de la vida.
Que la vida parte del sexo.
Que el "por qué" de los niños tiene un por qué.
Que querer saber de alguien no es sólo curiosidad.
Que para saber todo de todos es curiosidad malsana.
Que nunca está de más agradecer.
Que la autodeterminación no es hacer las cosas solo.
Que nadie quiere estar solo.
Que para no estar solo hay que dar.
Que para dar debimos recibir antes.
Que para que nos den también hay que saber como pedir.
Que saber pedir no es regalarse.
Que regalarse es en definitiva no quererse.
Que para que nos quieran debemos demostrar qué somos.
Que para que alguien sea hay que ayudarlo.
Que ayudar es poder alentar y apoyar.
Que adular no es ayudar.
Que adular es tan pernicioso como dar vuelta la cara.
Que las cosas cara a cara son honestas.
Que nadie es honesto porque no roba.
Que el que roba no es ladrón por placer.
Que cuando no hay placer en las cosas no se está viviendo.
Que para sentir la vida no hay que olvidarse que existe la muerte.
Que se puede estar muerto en vida.
Que se siente con el cuerpo y la mente.
Que con los oídos se escucha.
Que cuesta ser sensible y no herirse.
Que herirse no es desangrarse.
Que para no ser heridos levantamos muros.
Que quien siembra muros no recoge nada.
Que casi todos somos albañiles de muros.
Que sería mejor construir puentes.
Que sobre ellos se va a la otra orilla y también se vuelve.
Que volver no implica retroceder.
Que retroceder también puede ser avanzar.
Que no por mucho avanzar se amanece cerca del sol.

¿Cómo hacerte saber que nadie establece normas salvo la vida?
 


No dejes de ver la presentación la magnífica presentación de este poema de Benedetti con los lienzos de Robert Ducan y el tema musical Can you feel the love tonight  interpretado por el saxofonista Kenny G. Si quieres ver esta presentación, por favorPINCHA AQUÍ.

 

Si te ha gustado la obra del pintor Robert Ducan, puedes ver su web: http://robert-duncan-art.blogspot.com/

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De la Sin-de a la Con-de, por Alberto Diaz Rueda


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De la Sin-de a la Con-de

El Congreso ha bloqueado la aprobación de la llamada Ley Sinde, o ley antidescargas, que en realidad solo era una disposición adicional del proyecto de Ley de Economía Sostenible. Para ello ha sometido dicho proyecto a un mercadeo vergonzante de negociaciones y contrapartidas en los que estaban involucrados el PSOE, el PNV y CiU (que exigía a cambio de su apoyo concesiones sobre asuntos tan “cercanos” al tema como las cuentas de ahorro vivienda o el trasporte intermodal de mercancías). Pero en realidad lo que se dilucidaba en este sainetesco Congreso de nuestros asombros era  el supuesto conteo de votos de los internautas o la batalla dinámica y oscura entre el lobby de la llamada industria cultural (con cuchara añadida de la industria del cine norteamericano) y el combativo lobby de los llamados internautas (algo tan difuso como la propia red que los -nos- cobija.
Ya se que me dirán que el que esté libre del pecado de bajarse alguna peliculilla o unas canciones, tire la primera piedra-bit, pero lo cierto es que en nuestro país la cultura de la gratuidad -sea del modo y producto que sea- es uno de los baldones más lamentables del incivismo que impera, que glorifica al que se enriquece por la cara y tilda de pardillos a los que sudan la camiseta musical o artística o las neuronas literarias o cinematográficas para ganarse el pan de cada día, cada día más caro y difícil de o0btener. (y no me refiero a divos y divas de la canción o a escritores y directores de moda, sino a los que trabajan en torno a ellos y a los que juegan en tercera división en las artes, es decir la mayoría de los creadores) Nuestro país ya tiene un “envidiable” tercer puesto en el ránking mundial de países piratas en la Red, detrás de Corea y Filipinas, por lo que una ley tímida y seguramente mal estructurada y definida no
era la solución, pero si el comienzo de una solución y sobre todo una enseñanza vicaria de lo que más echa uno de menos: la educación cultural del ciudadano.
Se dice que lo óptimo a menudo es aliado de lo bueno. Quizá un debate en serio, en todos los ámbitos, sobre lo que supone y debe ser una auténtica Ley de  Propiedad Intelectual, sin amenazas extemporáneas al ya muy sufrido consumidor ni tampoco   manipulaciones  interesadas de intereses de tufo capitalista y sin prestarse a las presiones de los dos lobbys antes mencionados, sea una asignatura pendiente de nuestro país, una asignatura que habría que aprobar antes de que nos expulsen del concierto de naciones democráticas. Ya pasaron los tiempos (¿o no?) en que los países mantenían bajo mano a los bajeles piratas para enriquecerse con el saqueo generalizado e impune y así de paso debilitar al poderoso enemigo. Amigo amante del cine, la música o los libros, si usted es incapaz de robar una barra de pan, quedarse con un coche sin pagar cuotas o puentear el contador de la luz o el del agua, e incluso declararse objetor fiscal,  no debe aspirar a que le salgan gratis et amore sus aficiones culturales. Reajustemos los precios de esos productos terminados, pero no consideremos como normal e incluso admirable gozar de ellos sobre las espaldas y los bolsillos de cuantos hacen posible disfrutar de esos bienes. No pasemos de la Sin-de a la Con-de (lito, sverguenza, bacle). La Red no es una entelequia simbólica, es un espacio que debe estar sujeto a las mismas leyes que el mundo real. En caso contrario, lo pagaremos todos ...y mucho más caro.

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