Aunque comenzase a publicar sus libros ya con medio siglo de existencia, no puede decirse que Luis-Felipe Navarro sea un escritor tardío. Por sus elaboradas críticas de jazz en la Cartelera Turia, cuando tenía poco más de veinte años, y por el cuidado y la sensibilidad con que escogía las palabras, en su primera juventud se podía vislumbrar que iba a ser un creador literario. Y de hecho ensayaba ya, como aprendizaje, sus primeros poemas, sin prisas, consciente de que todo lo valioso requiere constancia y esfuerzo.
Se empapó primero de cultura, sobre todo la mediterránea o la dedicada a ella, como la obra de Hölderlin. La asimiló, la hizo suya a través de sus vivencias personales y fue encontrando su propio lenguaje. Pero es ya en la década en que nos encontramos cuando el autor, exigente y pulcro, se decide a hacer llegar sus poemarios al público. Sus tres primeros títulos, Nubes y días, Olas de un mar antiguo y Museo abandonado ya ilustraban sobre la importancia del tiempo y la naturaleza en su obra. Los posteriores títulos líricos De mí y La poesía y yo, como señalaba Cecilio Alonso, podían hacer pensar en una derivación narcisista del autor, mientras que en realidad Luis-Felipe Navarro utilizaba su biografía como prisma desde el que reflejar el mundo, su belleza, su dulzura, su amargura y su fugacidad.
Entre esos dos últimos poemarios, la novela breve Verano en Mora, sobre su infancia pero narrada con el distanciamiento que supone la tercera persona en lugar de la primera, evidenciaba claramente su deseo sostenido de convertir lo local en universal.
En Lo infinito absorto, el redondo libro que ahora presentamos, surgido de los versos centrales de La poesía y yo, Luis-Felipe Navarro deja bien claro que ha logrado sus propósitos. Y lo hace afinando todavía más su realismo sintético, con ecos de un romanticismo vigoroso, y con su clasicismo lingüístico. Es decir, buscando siempre la esencia de las cosas, podando todo aquello que pueda ser superfluo, reflejando su entorno.
Esa trascendencia de lo individual en colectivo y esa depuración formal se manifiestan en expresiones como ésta:
Cuento de un niño/ que fue todos los niños/ y que dejó de serlo/ sin saberlo.
Navarro insiste así en el peso definitorio de la infancia o la adolescencia sobre la vida, la edad en que nos formamos y descubrimos el mundo. En efecto, la amistad, el primer amor y el Instituto. Pero amplía asimismo los aspectos testimoniales antes apuntados levemente y ahora abordados en profundidad: la educación errónea, la épica hueca, la falta de libertad, el compromiso a través de la concienciación en la universidad.
Con referencias sucesivas a la escritura, como tal, o mediante metáforas –la pluma, la tinta--, el poeta retoma su pasado y el del hombre en general para reinterpretar su sentido y sus ecos.
En un principio, frases como “la evocación es manantial de aguas secretas”, o “la infancia es tu tierra, si te acuerdas de ella”, nos hacen recordar la definición de escritor de Torrente Ballester ---es decir, “aquel que nos descubre aspectos que ignoramos de nosotros mismos”— y nos sitúan ante lo no evidente, lo delicado y sutil, que motivan la revelación de unas claves vitales por el escritor.
Frente al paso del tiempo y un escepticismo que nunca acaba de vencerle, el protagonista, elástico, intercambiable con el lector en todo momento, afirma:
“Mis amigos confiaron en mí/ y compartí con ellos/ esperanza y vino.
El hecho de que estimables creadores plásticos, como Gabriel Alonso, Horacio Silva, Anna Sanchis, o ahora Miguel Ángel Ríos hayan acompañado con trabajadas ilustraciones, sus libros, es una muestra de esa amistad tan apreciada.
Tebeos como El jabato y películas como Aníbal anuncian una mitología mediterránea o grecolatina, compartida por todos los muchachos de una época. Luego surge para el poeta en ciernes el descubrimiento de obras capitales como La divina comedia. Y Luis-Felipe Navarro comprende que la mayor ambición pasa por la concreción con apariencia de sencillez, por la búsqueda del vocablo exacto y la ausencia de todo aquel adjetivo que no sea preciso.
El canto al pueblo, a la vida sin artificios y a una espiritualidad que no tiene nada que ver con la religión, enlaza con las tradiciones recogidas por el antes señalado Hölderlin o por Kavafis. Lo lleva a cabo sin ningún tipo de mimetismos, ahondando en sus experiencias y proyectándolas sobre el presente y el futuro.
Centrándonos en este poema fragmentado pero unitario y brioso, que es Lo infinito absorto, en él se subraya el paso del paraíso perdido de la infancia a la progresiva conciencia crítica ante la realidad.
Aprendí que vivir es luchar/ incluso contra uno mismo.
O, más adelante, siempre con una sensibilidad exenta de cualquier resentimiento, ahondando en una imagen procedente de La poesía y yo a la que se agrega ahora el apunte social de los inmigrados en la propia España, señala:
...al lado de las fábricas sordas pero ensordecedoras/ que prestaban su triste color pardo/ a las dolidas ropas de obreros emigrados.
Por otra parte, el vitalismo que impregna los versos, cargados de variaciones y matices, por el amor a la tierra, adquiere resonancias existenciales. Unas resonancias que se reflejan con fuerza expresiva en los tres versos de los que surge el título del libro. Así, refiriéndose a las nubes como metáfora del tránsito del tiempo, dice Luis Felipe Navarro
Crecía contemplando indeciso/ la fuga de su vuelo/ a lo infinito absorto.
La perplejidad que provocan los cambios producidos a lo largo de los años y la imposibilidad de abarcar con el pensamiento lo infinito se traduce, pues, en un vértigo, en una conciencia de fragilidad y de levedad que hacen barruntar el desenlace, la muerte. De ahí la concisión y la belleza del título.
Su Aragón natal, al que volvió muchos veranos, y la Valencia a la que llegó cuando apenas contaba seis años, son los espacios en que Luis-Felipe Navarro sitúa sus poemas. De ellos se desprende su pasión por estas tierras, pero sin caer nunca en localismos ni costumbrismos. Con la cultura mediterránea siempre de filtro, entre combativo y nostálgico.
Pero la nostalgia e incluso la tristeza por lo que ha transcurrido no impiden que en la obra de este autor arriesgado y original permanezca un sabor grato, por el calor y el aliento humano que vivifica incluso los momentos más difíciles de un itinerario vital. Porque nos hace ver el lado hermoso de cuestiones como la soledad o el fracaso, cuando se ha actuado de manera noble.
Nada más lejos de la literatura light, de los tópicos y el sentimentalismo que los versos con que se intenta explicar Lo infinito absorto.
Algunos escritores no comprendíamos la razón por la que Luis Felipe Navarro no entrega sus originales a editores, convencidos de que lo aceptarían de inmediato y quizá tuviera una mayor atención mediática. Pero cabe aquí recordar la definición de autenticidad que José Luis Falcó utilizó a la hora de definir a otro auténtico poeta, José Luis Parra:
Auténtico es aquel que hace lo que cree que debe de hacer, y no lo que los demás esperan que haga.
Porque como hacían Valle Inclán, Pío Baroja o Gil-Albert, antes de ser relanzados para el gran público, a Luis-Felipe Navarro le gusta elegir él mismo el papel, la tipografía, las ilustraciones... Tiene un concepto puro y artesanal del libro, como objeto artístico y como caja de sorpresas y resonancias.
En este sentido, no hay más que observar la calidad de la edición, que ya raramente se ve incluso en las mejores editoriales.
En cuanto a las aportaciones gráficas de Miguel Ángel Ríos, sus grabados nos remiten con encanto y acierto a la materia principal de Lo infinito absorto: el paso del tiempo, los recuerdos vivos con los que luchamos contra el olvido.
FERNANDO ARIAS
Mossos de papel [La Vanguardia, 5 de febrero de 2009] Rosa M. Piñol La narrativa policiaca en catalán también se pone al día. Ha irrumpido con fuerza una nueva generación de autores, algunos muy jóvenes. Y la actual realidad social y política de Catalunya se refleja en los argumentos. Un síntoma: como puede comprobarse en diversas novelas recientes, los Mossos d'Esquadra han empezado a robar protagonismo a los detectives e inspectores de policía clásicos. E incluso hay agentes que hacen sus pinitos literarios, algunos con éxito, como Marc Pastor, que ganó el premio Crims de Tinta con La mala dona. Nueva cosecha. Varios de los títulos de la última cosecha se han presentado en el marco de la BCNegra. El moderador de la mesa El crim s'escriu clar i català, Àlex Martín Escribà, dio una visión optimista de la actual narrativa negra en catalán: hay un ramillete de nuevos autores, las editoriales apuestan por el género –aunque son reticentes a crear colecciones específicas–, hay espacios especializados (librería Negra y Criminal, biblioteca La Bòbila), blogs, premios, clubs de lectores y muchas traducciones. En los últimos años, a los consagrados Andreu Martín o Ferran Torrent se han sumado nombres como Teresa Solana, con buenas ventas y traducida a varios idiomas. Crímenes en la visita papal. Sebastià Bennasar (Palma de Mallorca, 1976) escribió Jo no t'espere (El Gall) tras ser testigo "indignado" de los miles de peregrinos que "ocuparon" la ciudad de Valencia con motivo de la visita del Papa en el 2006. Aprovechó este marco e inventó una trama en la que son asesinados un cura y una monja vinculados a una trama de corrupción inmobiliaria y de tráfico de drogas. Hay homenajes en la novela: el comisario se llama Jaume Fuster y otros dos pioneros del género, Tasis y Pedrolo, dan nombreados policías inexpertos. El ‘Obama de Montcada’. Jordi de Manuel (Barcelona, 1962) ha presentado la sexta aventura de su inspector Marc Sergiot, Mans lliures (Edicions 62). Esta vez le secunda en la investigación una pareja de jóvenes mossos, Lídia Sánchez y Pau Ribó. Situada en el 2014, la trama aborda la lucha por el poder, a través de la figura de un político, que será asesinado. "Un crítico definió mi personaje como el Obama de Montcada, por su capacidad de seducción y de entusiasmar a la gente. Pero lo creé mucho antes de que surgiera la figura de Obama", dice el autor. Biólogo de formación, De Manuel imagina la Barcelona sergiotiana con unas rondas aéreas, una acusada sequía y dos desalinizadoras, frecuentes disturbios yel DIG (documento de identidad genética) ya implantado. ‘Pulp fiction’ a la catalana. Manel Barrera (Peñarroya, Córdoba, 1955) y Jordi Pijoan-López (Tortosa, 1970) firman a dúo la novela Tu no m'estimes (Llibres de l'Índex), un relato policiaco en clave satírica "sin detective". Su protagonista, Enric Soteras, militante de un partido extraparlamentario y directivo de comunicación de una empresa de autopistas, se verá inmerso en las cloacas del oasis catalán. "Las triquiñuelas de los partidos políticos y los poderes fácticos intervienen en esta trama, que es una especie de Pulp fiction a la catalana y en la que intentamos hacer crítica social con humor", dice Pijoan-López. De policía a escritor. Josep Torrent, ex jefe de la policía municipal en Olot y autor de relatos infantiles, se estrena en el género negro con La Mirora mata els dimarts (Pagès), premiada con el Ferran Canyameres. "Me planteé el reto de escribir una historia de crímenes en cuya primera página se dijera quién es la asesina y que, a la vez, mantuviera la intriga hasta el final". Ambientada entre la Cerdanya y Andorra, esta "historia de venganza" está protagonizada por el policía Damià Sorrell. De Lleida a Bucarest. Ramon Usall, leridano nacido en Barcelona leridano nacido en Barcelona (1977), se ufana de haber creado "el primer detective privado de Lleida". Rafel Rovira protagoniza Tots els camins porten a Romania (Pagès). "Es un sujeto con perfil de perdedor, que espero que despierte ternura y compasión. Y mantiene una relación de amor-odio con un sargento de los Mossos". El asesinato de un jubilado rumano llevará al detective hasta Bucarest, y ello dará pie al autor para recrear los años del gobierno de Ceausescu. El regreso de Wendy. Andreu Martín presenta hoy Wendy ataca (Bromera), segunda aventura de la heroína juvenil que creó hace dos años en La nit que Wendy va aprendre a volar (premio Bancaixa). "No la concebí como personaje en serie, pero ha tenido muy buena aceptación y los editores me pidieron una segunda novela", dice. De la primera, también editada en castellano y en gallego, se han vendido casi 15.000 ejemplares y en breve será llevadaal cine por Mireia Ros. "Wendy es una mossa d'esquadra recién salida de la academia, ingenua, idealista, poco cínica y en cambio muy lanzada, cuyas heroicidades le traen problemas".
Cinc mossos de novel·la • BCNegra comença debatent sobre la nova narrativa negra en català ERNEST ALÓS (BARCELONA) Els antecedents són respectables: els desapareguts Jaume Fuster i Manuel de Pedrolo, els veterans hiperactius Ferran Torrent i Andreu Martín... Però mai havia proliferat fins a aquest punt la novel.la negra en català. ¿Potser l'existència d'una policia autonòmica fa que flueixi amb més naturalitat? Bé, a la taula rodona dedicada al tema en la primera jornada de la setmana BCNegra hi eren presents cinc mossos i un expolicia local. Dos de carn i ossos: Marc Pastor, guanyador de l'últim premi Crims de Tinta amb La mala dona i l'excap de la policia municipal d'Olot, Josep Torrent (La Mirora mata els dimarts). Quatre més, de tinta i paper. Lídia Sánchez i Pau Ribó són una parella de Mossos que acompanyen l'inspector Marc Sergiot a Mans lliures, l'última novel.la de Jordi de Manuel. El sergent Joan Palau és el contrapunt del detectiu privat lleidatà creat per Ramon Usall a Tots els camins porten a Romania. I el mateix Torrent ha incorporat a la seva novel.la el fictici cap d'homicidis Damià Sorrell. Una constatació: els mossos ja no han de ser xitxarel.los perquè les novel.les siguin versemblants. QUÈ HI HA I QUÈ NO HI HA Els escriptors congregats coincideixen que ja hi ha autors -ells en són els ultimíssims: encara s'hi ha d'afegir Teresa Solana, Pau Vidal...-, que hi ha editorials, que hi ha premis, que hi ha llibreries, biblioteques i clubs de lectura, que no els fan prou cas... No hi ha col.leccions, però sobre això hi ha divisió d'opinions. Marc Usall hi està a favor: la mítica Cua de Palla el va portar cap al gènere. Sebastià Bennasar (autor de Jo no t'espere, amb monja i capellà assassinats fruit de la seva irritació per la visita del Papa a València), hi està en contra, per defensar la normalitat. Ai, a València no hi ha Mossos, i és terreny fèrtil. És clar, hi ha corrupció urbanística, polítics indescriptibles i una hampa local pintoresca. Però compte, adverteix Jordi Pijoan, tortosí coautor amb Manel Barrera de Tu no m'estimes. Els polítics i els poders fàctics fan d'aquest país, de la Costa Brava a la Costa Blanca, "una mina" per a un gènere nascut per fer crítica social. "És absolutament necessari, immillorable, per explicar la realitat d'un territori concret i el que es vol amagar", afegeix Usall. Però encara falta alguna cosa, i ja no és ni una policia autòctona, ni autors, ni col.leccions... Sentencia Pijoan: "Falta deixar enrere el to políticament correcte i d'acolloniment d'aquest país".
Dissabte 7 de febrer, els autors de "Tu no m'estimes" estarem a la Llibreria Negra i Criminal de Barcelona (C/ de la Sal, 5; metro Barceloneta), a les 12 del migdia, en el que va a ser una trobada informal dels autors de novel·la negra a mode de cloenda de la BCNegra09.
Us hi esperem!